La pálida sombra. ®.

 

La pálida sombra. ®
Relato. Suspense. Misterio. Paranormal.
Autor: Jorge Ofitas. ®

Personajes.

Dionisio Ravel.
Dakini Baumeister.

Ocurrió una vez en una finca apartada del mundo civilizado. Dionisio Ravel antropólogo y coleccionista de amuletos y objetos antiguos arribó en su auto a aquel extraño lugar que no parecía de este mundo. Llovía incesantemente y muchos truenos galopaban la noche. Cuando bajó del coche la lluvia cesó. La hacienda se encontraba en medio de un bosque y un gran roble presidía la entrada. Había una cancela enorme con sus hierros mohosos y en la casa no se veían luces. Quedó paralizado sin saber qué hacer, por suerte las nubes habían desaparecido y la noche clareó. Entonces vislumbró una sombra humana en una de los pisos superiores, el ser en cuestión portaba una vela, no logró adivinar si era hombre o mujer, al instante la imagen desapareció. De repente la puerta hizo un ruido cómo descalabrándose de sus bisagras y se abrió cayéndose toda la verja. Por unos segundos a punto estuvo de regresar a su vehículo y salir de allí a toda prisa, lo que veía le mantenía bloqueado de miedo y pavor aunque consiguió rehacerse.

Días antes desde su piso en la capital había contactado con una chica tibetana de origen alemán por parte de padre con la que concretó un trato para comprar “la pálida sombra”. A saber, un grisgrís de poder que poseía la capacidad de proteger la salud de por vida y conceder un deseo inalcanzable. Ravel seguía allí sin atreverse a cruzar la verja ahora caída. Una de las ventanas de la casa se abrió y la voz de una mujer susurró al viento:

- Venga, tengo lo que busca. No tema, cruce la verja…

Armándose de valor cruzó la línea que separaba la casa de aquel raro bosque con árboles y floresta que nunca había visto y que no eran propios de la zona en cuestión. No había luna, la noche era oscura e inestable. Cuando dio el primer paso y situó su cuerpo en las lindes del caserón la intensa lluvia y los truenos regresaron cómo una maldición. No podía andar deprisa. A unos cinco metros se erigía un gran roble impresionante y bajo su tronco observó que había un extraño animal con un solo ojo avizor y amenazante que le pareció un legendario basilisco mitológico, claro que era imposible, se dijo. De repente tropezó y se arañó uno de sus brazos con una puntiaguda ortiga las había por todas partes. Se chupó la pequeña herida y la sangre cesó.

Se quedó allí quieto sin intención de sobrepasar el gran árbol debido a ese animal que debido a la oscuridad de la noche no podía distinguir bien, aquel ojo seguía mirándole amenazadoramente pero no emitía ningún ruido. Entonces gritó:

- ¡Eh, señora Baumeister si no baja me marcharé!

Pero no recibió respuesta. Seguía lloviendo y los truenos seguían partiendo el aire…

Cuando volvió a girar la cabeza el supuesto basilisco había desaparecido. Entonces comenzó a oír unos extraños gemidos aterradores que provenían del interior de las ortigas del camino. Se dio la vuelta definitivamente para marcharse de allí pero al girarse una mujer alta de aspecto blanquecino con parte del rostro tapado le cogió la mano. Solo le dijo sin soltarle:

- Venga, no tema nada, acompáñeme. Tengo lo que está buscando. Venga conmigo, le gustará…

Dionisio parecía haber perdido la vitalidad desde que ella lo tocó y cómo un pelele siguió a la misteriosa mujer hasta el interior de la casa oscura, de refilón vio otra vez al animal del árbol introducirse en el interior del caserón cómo una sombra veloz y en esta ocasión emitía unos lloros y rugidos propios del mismísimo infierno. A esas alturas Ravel sabía que su vida ya no le pertenecía. ¿Cómo pudo caer en aquella trampa? Por otro lado, aquello era tan extraño y nauseabundo que nadie podía haber imaginado aquel escenario. Dilucidó. Ni siquiera poseía ya la iniciativa, porque segundos después una vez cruzó la puerta de la lúgubre vivienda se desmayó y perdió el sentido.

Minutos más tarde volvió en sí. Se encontraba tumbado en una cama muy débil y no podía mover el cuerpo solo los ojos. Cuando torció la mirada hacia la estancia pudo ver decenas de camas; en todas estaba él mismo y todos esos cuerpos iguales a Dionisio Ravel le miraban y le imploraban que le ayudaran. Entonces echó un vómito y comenzó a temblar, tal vez estuviese muriéndose, él no lo sabía porque su mente se encontraba extinta…

Cuando el primer rayo de Sol entró por la ventana Dionisio Ravel despertó. Oía cantos de pájaros y se encontraba en una preciosa habitación. Había un florido balcón que daba a un patio y este a su vez a un inmenso precipicio arbolado y escarpado. La señorita Dakini Baumeister desayunaba mientras revisaba su teléfono móvil, entonces ella giró la cabeza y con una amplia sonrisa le miró, luego con breve gesto le invitó a que bajase a desayunar.

Ravel hizo lo que dijeron y bajó por una escalera de caracol hasta el patio. Por lo visto había llegado muy cansado y se desmayó. Al parecer había tenido mucha fiebre y tuvo que inyectarle un calmante, también sufrió horribles pesadillas.

- Me ha hecho usted pasar una noche angustiosa señor Ravel, pero ahora me alegro que ya esté mejor. Tome en esta cajita tiene lo que anhelaba. No lo abra hasta llegar a la ciudad. Es una regla de oro, si lo hace no me hago cargo. Je, je, je. Venga anímese y tome algo el día es maravilloso. ¿Se quedará aquí unos días? Está usted invitado.

Pero él dijo que debía volver a la ciudad esa misma mañana y tras pagarle a la señorita Baumeister arrancó su auto y volvió por dónde había venido. Recordaba la pesadilla con absoluta nitidez y ni por un momento tuvo ni la más mínima certeza de que la experiencia de la noche anterior hubiese sido otra cosa, solo eso, una espantosa pesadilla. Quedó muy impresionado por la belleza de Dakini y el ostentoso palacete que poseía; donde había pasado la noche más horrible de su vida, por otro lado se encontraba muy repuesto e intentó olvidarlo todo.

Antes de llegar a la ciudad paró en un rellano de la carretera para ver el amuleto codiciado y abrió la cajita, cuál fue su sorpresa cuando vio aquella pequeña pintura de la horrible mujer de la pesadilla. ¿Quién sería? Le hizo una foto con el móvil y buscó en Internet algún boceto similar por si existía y lo que encontró es que estalló su móvil apagándose de inmediato. Enfureció un poco hasta que comprobó que la cajita tenía un compartimento cerrado con truco que supo abrir de inmediato y allí estaba su amuleto. Por fin. Era un Basilisco mitológico de oro blanco incrustado en un gran roble, tenía grabadas unas letras en un idioma desconocido y extraño parecido al Hindi, lo besó y se lo colgó del cuello reemprendiendo el camino. Sonrió pensando cómo aquella pesadilla había sido la premonición de tan maravilloso y poderoso amuleto con una antigüedad incalculable.

Cuando bajó del auto para subir a su piso oyó un susurro en el aire que decía: - Pida el deseo inalcanzable, pida el deseo inalcanzable… Entonces comenzó a sudar. ¿Qué le estaba ocurriendo? Subió los dos pisos algo acelerado hasta su puerta e intentó introducir la llave en la cerradura para abrirla pero no podía, oyó unos pasos, alguien se acercaba desde el interior de su propio apartamento. No puede ser, se dijo, nadie sabe que vivo aquí y tampoco nadie tiene mi llave ¿Quién hay en mi casa? Su rostro se convirtió en espanto puro y horror cuando comprobó que la persona que abría la puerta era él mismo con su ropa y su taza y detrás aparecía la señorita Baumeister con el mismo amuleto que él llevaba colgado del cuello. Ella decía:

- ¿Quién es amor mío a estas horas tempranas?
- Hay fuera no hay nadie Dakini, que extraño. No veo tampoco a nadie en las escaleras. Miraré el timbre más tarde, debe estar averiado…

Y la puerta fue cerrada de un portazo. ¿Qué ocurrió a Dionisio Ravel que se quedó sin cuerpo? ¿Era Dakini una hechicera qué le robó el alma? ¿Qué era pues lo que deambulaba solo entre las gentes que ni lo veían ni lo podían percibir de cualquier modo? Además, su cuerpo vivía otra vida no elegida por Dionisio con una desconocida. Y lo más importante: - ¿Qué haría a partir de ese momento? Y cuál sería el destino de su espíritu… La sombra de Ravel se quedó anclada en uno de los rellanos de la escalera… ¿Podría solucionarlo? ¿Cómo?... 

FIN
(Continuará)

 

Nota del autor: Si algún lector tiene alguna duda sobre el desenlace del relato deje su comentario.
Jorge Ofitas.

Autor relato: Jorge Ofitas. ®
Europa. 2017. ®.

 

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