Helarte. (Una odisea del helado) ®.

 
HELARTE. 
(Una odisea del helado)
 
Por fin el sol se había “mojado” y se atrevió a salir entre las nubes blancas. La temperatura subió un diez grados y Helarte sacó al parque su kiosco ambulante de helados a saber caseros, la verdad es que estaban demasiados buenos y en solo dos horas se le terminaban. Cuando llegaba al sitio ya había paseantes esperándole y Helarte sonreía hasta que regresaba, a nadie sabe donde, algunos le siguieron, pero nadie logró averiguar donde acampaba de noche ni donde pasaba el resto del día. La obsesión por sus helados llegó al punto de hacer desesperar a algunos, finalmente otros comenzaron a murmurar que los helados de Helarte contenían droga, las mujeres opinaban que no, que todo era una manta de mentiras para manchar la imagen del risueño y simpático heladero.
Helarte vivía en un OVNI, y por supuesto no era terrestre, aunque si muy bonachón y poco dado a la violencia pues allá en la galaxia de la que provenía no existía las disputas extrañas de los hombres. Le acompañaba su jefe de máquinas el leal Ambrosito de Urano, que a cambio de que él pudiese experimentar, pasaba los días enclaustrado dentro del OVNI con, una extraterrestre, que lo trastornaba y lo volvía loco.
Helarte traía un traje de camuflaje para salir del aparato, todo comenzó en su primera misión a nuestro sistema planetario y sintió la profunda atracción de nuestro planeta, sin pensarlo llegó hasta aquel pueblecito costero y camuflado vivió en éxtasis las fiestas veraniegas de un pueblo mediterráneo. Allí conoció el helado y también se enamoró de una chica que reparaba redes en la arena, claro que él era feo para los ojos humanos y decepcionado decidió regresar al planeta de donde provenía. En esta ocasión se había procurado un camuflaje casi perfecto, 1,80 de altura, buen aspecto, y se hizo con una colección de ropa primavera- verano, comía solamente dátiles y otros frutos secos y helados por supuesto, en un día podía comerse más de un kilo.
Aquel día pronto de primavera no había nadie esperándole y desde el lugar donde aparcaba vio que todos sus clientes se relamían de gusto al otro lado del lago. ¡Le había salido un competidor! Fue hacía allí para probar los helados de la competencia pero cuando llegó no quedaban. 
– Me ha quitado mi clientela, quiero probar esos maravillosos helados. 
– ¿Tú eres el Helarte? 
– ¿Y tú? – Mi nombre es Lazulín. 
Helarte quedó atrapado más de dos horas en una conversación con la heladera y esta le invitó a comer un perrito con mostaza y “tomato”, pero Helarte no podía comer esas cosas, debía ir al OVNI para quitarse aquella envoltura que desaparecería cuando el sol se ocultase por la verdes colinitas de aquel parque del estío marinero. Así lo hizo, logró escabullirse de aquella invitación muy a pesar que le hubiese gustado quedarse, Lazulín, que bello nombre, le recordaba de cuando viajó a la galaxia Laspyziluzia, una rara sensación lo abordó. Comió su dieta y durmió hasta el amanecer, Ambrosito sin embargo se pasó la nocturnidad practicando la copulación con su amiga extraterrestre Lokitaxia que le dio a probar anís de cazalla y tuvieron que comprar tres cajas...
Pero había algo más, Helarte no estaba allí por placer, no podía permitírselo, solo que sus superiores le dejaban con la condición que localizara a tres individuos que se habían escapado de su multiverso y había que devolverlos o neutralizarlos, Helarte no sabía aún de quién se trataba, ni se lo dirían hasta que no se diera el momento propicio.
Al día siguiente cambió de lugar y vendió todos los helados, puso doble nevera y un pequeño luminoso en color rojo que destellaba; “Helarte”... “Helados”... “Helarte”... La tarde fue buena y una hora antes de caer el sol reprendió el camino de vuelta. 
- ¡Hola Helarte! 
- Hola Sinfonina. 
- ¿Cómo has dicho? 
- Ninfafonia. 
- Ja, ja, ja. Pero, ¿qué te ocurre? 
- Lazulín. 
- Veo que por fin lo dices bien. ¿Estás nervioso?
- Tengo que irme llevo mucha prisa... 
- No, no, hoy no te vas, traigo dos entradas para ver cine en la    noche del parque. 
- Me encantaría, pero es imposible para mí. 
- De eso nada Helarte se queda. 
- ¿Puedo hacer una llamada? 
- Veee, esto no es la comisaría, cogeré uno de tus helados. 
- Eh, ese que queda es para mí. 
- Anda ve, que bueno este helado... 
 
Pero Helarte no volvió, pues no podía ya que el camuflaje no funcionaba de noche. Así es que Lazulín se echó a buscarlo por toda la playa y el pueblo. Por supuesto no lo encontró...
Helarte volvió al día siguiente con una nueva remesa de helados que se terminaron antes de tiempo, estuvo mirando pero no consiguió ver a la bella heladera. Silbaba algo mientras llevaba su carrito por lo caminitos del parque, entonces, alguien le lanzó un helado a la cara. 
– Hola Mazunín. Perdón quería decir Lazulia. 
– Eres odioso. ¿Lo sabías? 
– ¿Qué quieres Lazulín? 
– Quiero que esta noche vengas conmigo al cine del parque, hoy se inaugura la temporada yang. 
– Tengo asuntos importantes que atender. Lo siento. 
– ¿Has bebido? ¿A que hueles? 
– Es mi merienda, anís de cazalla. 
– Ja, ja, ja. La merienda dice. Deja el carrito amarrado ahí y vámonos. 
– Está bien. Que tarde más preciosa. 
– Tú si que eres precioso, te invito a una limonada. 
– Vale, um, que bien huele. 
– Si, a estas horas con esta brisa... Ahí hay un kiosco. ¿Qué quieres beber Helarte? 
– Tinto. 
– No, alcohol no hay más. 
– Vale, entonces beberé un mosto sin alcohol. 
– Deme dos mostos sin alcohol, aquí tiene, gracias. Vayamos junto al lago. 
– ¿Qué película ponen? 
– Es una antigua. El halcón y la flecha. ¿La viste? 
– No. 
– Bueno que más da. 
– ¿Puedo besarte? 
– Eres un poco patoso. 
– Eso creo, disculpa debo irme. 
– No, quédate Helarte, quería compensarte por haberte dejado sin clientela. 
– No puedo quedarme de noche. 
– ¿Qué eres el hombre lobo? 
– Algo parecido. 
– Pues te veo muy atractivo, venga. 
Helarte se la jugó, si el camuflaje desaparecía en plena noche se desintegraría. 
– Prométeme algo. 
– Lo que quieras. 
– Si no nos vemos más guardarás esta piedra de la luna para ti. 
– No digas eso, es el alcohol, humor negro ¿eh? Vaya con Helarte…
 
Algo extraño y misterioso ocurrió, pues Helarte no se desintegró al caer la noche y cuando acabó la película besó a Lazulín y se enamoraron de tal manera que pasó más de una hora allí, en la sala descampada y desierta. Tras esto unos extraterrestres camuflados esperaban a Helarte y Lazulín no se percató por lo que le besó prometiéndole que se verían al día siguiente y se marchó después de recoger su carrito de helados, especialidades en vainilla, nata y fresa.
Aquellos presuntos extraterrestres apresaron a Helarte acusándole de violar ciertas normas... 
- Helarte. Has violado el tratado de convivencia astral. 
- Lo sé y estoy dispuesto a saldar mi deuda. 
- ¿Debemos revisarle su mente? ¿Cómo ha podido enamorarse de un ser tan diferente a nosotros? 
- No tengo explicación para eso. Lo siento. 
- Ya habla otra vez así expresando sentimientos 
- Es cierto. Dijo otro. Vamos a devolverle a la galaxia Laspyziluzia. 
- No por favor. 
- Ya está relevado, pronto estará dormido, dormido, dormido, recuerdo extinguido...
 
Pero cuando Helarte despertó recordó todo perfectamente. La galaxia Laspyziluzia poseía un sistema planetario al que llamaban el sistema Zelestin y como en nuestro sistema solo había un planeta que albergaba vida, el planeta Kaprak. Todo parecía en orden hasta que vio su imagen reflejada en aquel lago. Se tocó, ¿qué le había ocurrido? Sin embargo los demás no eran como él, y muchos se acercaban para apresarle, quedó sorprendido cuando vio en un luminoso la misma película que vio con Lazulín en el parque de la tierra, corrió hacia la sala, quería ver de nuevo la película y recordar aquella noche pero se echaron encima de él, de repente Helarte se convirtió en un rico helado y comenzó a derretirse, la noche había caído y todos niños y mayores querían atraparle para comérselo, y lo que le atrapó fue una bella mujer que estaba apostada junto a los jardines, esta lo recogió del suelo. 
– Este helado es bueno, me lo comeré. Ya lo tengo... 
Pero el helado derretido de muerte se transformó en Helarte versión humana y Lazulín rompió a llorar pues le recordó. 
– Aquí acaba mi viaje. Dijo Helarte. 
– No, verás, ahora qué hago. Ay que pena más grande… 
– Pues congélame y ponme en un aparador refrigerado. Ja, ja. 
– Traga esto. 
– ¿Qué es? 
– Un helado nuevo que he inventado para ti, Helarte.
– Um que bueno. Con este helado y contigo, a mi lado, no me importaría morirme de frío ni quedarme congelado, te amo… 
 
FIN
 
Autor relato: Jorge Ofitas.
Autor ilustración: Jorge Ofitas. 
Sevilla. 2008. ©. ®. 

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