El ángel de piedra y el fantasma.

Las historias tristes provienen del mismo lugar que las alegres. Dijo un ángel de piedra a un fantasma que se aferraba a la tierra. Puedo salvarte, dijo el ángel, y llevarte hacia los confines del más allá, estoy aquí para liberarte, dijo el ángel al fantasma, este último sin embargo no sabía que había muerto y vagaba por el cementerio buscando su cuerpo ahora enterrado bajo las pesadas lozas de mármol. Sin embargo el fantasma intentaba recordar quién era y que hacia allí dando vueltas y viendo a los familiares y amigos de los difuntos rondar las tumbas, unos con flores, otros con llantos, había tantos… 

Tiempo atrás el fantasma vivió una vida como los demás, una vida llena de aconteceres y experiencias interesantes, hasta que un día cayó enfermo y perdió sus facultades intelectuales y otras físicas. Sentado en su silla del sanatorio, miraba a Alejandra, que había sido el motivo de su existencia, su amor por ella le aferró a la vida, no era consciente de que sus horas estaban contadas, tampoco que había perdido sus facultades, ella lo mantenía vivo con su mirada tierna, brillosa y gris, y durante el tiempo que estuvo postrado en aquella silla su elixir de inmortalidad fue ella, siempre ella, era tan bella, hasta que le aplicaron la eutanasia y murió sin saberlo… 

Alejandra vio la nebulosa estampa espectral transfigurada de su ex compañero tras el cristal mojado de lluvia. Había sufrido mucho con la enfermedad del ahora desaparecido, aunque ella nunca lo amó, lo cuidó por misericordia, claro que el fantasma nunca llegó a saber esto, y creyendo que ella lo necesitaba seguía dando vueltas por la tierra buscando su cuerpo, se encontraba hambriento y desolado, le parecía que los demás no le veían, él sin embargo podía ver a todos, incluida a ella, que aquella noche tormentosa, se sentó junto a la ventana, susurró una oración al muerto y le dijo que se fuera, que su alma ya no era de este mundo… 

Al otro lado de la calle esperaba el ángel de piedra que se acercó a la ventana y echó un brazo por encima al cuerpo astral del fantasma, diciéndole:

 - Olvídate del mundo. Has muerto y no puedes aferrarte, ya sabes que ella nunca te amó y que nunca volverás a verla, ni a ella ni a sus bellísimos ojos grises… 

Tras las palabras del ángel de piedra, el fantasma sintió una pena tan honda al comprender por fin la verdad de su situación que finalmente desapareció entre lágrimas que llevaban el perfume de ella, si, aquella lluvia incesante eran el triste llanto de su hondo desengaño y Alejandra vio desaparecer su espectro para siempre a través del cristal... 

 FIN

 Autor micro-relato: Jorge Ofitas. Sevilla. 2013. ©. ®. 

 

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