CRÓNICAS AMATISTAS. ®.

Si la miraba podría salvarse el mundo completo, indecentes incluidos. Era para él tan bonita y completa como la bella pintura del dueño de las estrellas.  Y era  al sentir esto cuando determinaba seguir tirando “palante”, mas solamente poseía un par  de amatistas que miraba y miraba en el trasluz de la tarde caída, nunca hubo comprobado si realmente eran buenas y aunque alguien le conminó a hacerlo presentía que eran “ciertas” como ella, claro qué las amatistas no podían amarse como a una musa verdadera;  aunque tenía claro que ciertas piedras si sentían y a veces también hablaban pues las oía en su alma…

De repente sonó el teléfono  y lo descolgó, tal vez fuese un comprador para una de sus pinturas  azules del mar. Pero no albergaba esa suerte…

- Pasa usted mucho tiempo observando esas dos amatistas.

- ¿Quién es usted? ¿Cómo sabe eso? ¿Es un espía?

-  ¿Es usted conservador  o de izquierdas?

- La política es basura para mí y ahora o me dice quién es usted o cuelgo.

- Parece usted muy enamorado de esas dos gemas y de alguien que conozco.

- Un momento. ¿Cómo sabe eso?

- Le observo hace algún tiempo.

Retiró el cortinaje, podría estar en alguna de aquellas cientos de ventanas. Más siguió hablando con aquel extraño personaje.

 - Me conocen por Mister Pitterman y soy aficionado a las joyas al mar y al amor imposible.

- Bueno, la broma ya ha terminado y colgó, pero el timbre sonó nuevamente.

- Llamaré a la policía.

-  No sea bobo señor, debería saber que de alguna manera todos somos observados y con más hincapié los artistas libre pensadores y soñadores sin remedio.

- No soy un libre pensador solo un pintor fracasado amante de las piedras preciosas de segunda clase y de una Diosa de carne y hueso que nunca alcanzaré ellas manejan mi pincel…

- Quiero presentársela.

- ¿A quién se refiere?.

- A la mujer de sus sueños.

Finalmente decidió desconectar el teléfono y fue a por sus prismáticos, aún así era prácticamente imposible averiguar desde que lugar podrían estar observándole, durante todo lo que restó de tarde no volvió a sonar y Chety se puso a pintar una bahía azulada de noche plácida. De vez en cuando las miraba como si fuesen el amor de su vida y en ocasiones susurraba; “algún día os regalaré a mi gran amor, bromeaba como si las dos amatistas hablaran”

- Debes saber que yo no pienso irme con nadie…

- Ni yo tampoco. -  Parecía exclamar la otra amatista- 

Tras oírlas sonreía y pasaba su pincel empastelado por alguna zona “calva” del lienzo y seguía sumido en su pensamiento más ocultos soñando en ella…

Es bello escudriñar vuestra mirada amatista/ con eso pierdo la vista/ y también el corazón/ que se agita de pasión/ con la mera idea/ de encontrarte entre mis sueños…

Había caído la noche: - Las lluvias deberían haber cesado ya amado Júpiter, y miró un grabado del Dios romano que colgaba de una de sus paredes, luego de esto, besó a sus dos joyitas y siguió pintando sus bahía azul de verano con ella dentro de sus sueños amatistas…

 

FIN.

 Crónicas Amatistas. Jorge Ofitas. Europa. 2017. ®. 

Nº visitas

1966

Mis ebook en

  • Icon 01
  • Icon 04
  • Icon 05
  • Icon 01
  • Icon 04
  • Icon 05
UA-99982081-1