APOLOGÍA DE MURILLO. ®.

Relato de ficción contemporáneo. Drama.

Basado en hechos reales.

NOTA DEL AUTOR:

Relato Dedicado a Don Blas Murillo Martín y todos esos miles de hombres de mediana edad suicidados en España durante los últimos 15 años por motivos de exclusión social, marginación laboral  y otras fobias “invisibles” y políticamente incorrectas de las que nunca hablaron ni hablan los medios de comunicación españoles.

El autor.

APOLOGÍA DE MURILLO

Arriesgarse por amor está pasado de moda y la venganza se sigue sirviendo fría, se dijo Murillo antes de dejar atrás la sociedad consumista y viciosa a la qué pertenecía desde qué nació. Me iré, se dijo, esto no hay quién lo soporte. En este país no hay forma de ganarse la vida con 40 años y mucho menos tener un techo donde cobijarse…

El viaje sería largo. Solamente tenía una amiga lejana y muy poca familia o ninguna y no podía marcharse a la francesa, a fin de cuentas no pensaba regresar jamás,  sentía todo esto mientras meditaba delante de la ventana del hostal observando la pajarería volante, dudaba en extremo si sería una buena idea dejarse llevar por un golpe de intuición cómo el qué  azotaba sus entretelas aquel tardío día de primavera y en aquel preciso momento donde sufría de soledad cocodrila.

Siempre le había gustado su barrio sevillano. Los matrimonios jóvenes hacían gala de su amor estrenado mientras paseaban con sus niños futboleros y traviesos, los bares de tapas, qué nunca frecuentó, los domingos televisivos de fútbol, la gracia de su gente, el ir y venir de los cotilleos mal sanos qué transporta el aire y otras cosas en las que no solía inmiscuirse por miedo a nada...

“La Luna se levanta tiento a tiento”... Sonaba en una de las emisoras de la ciudad, pero él, sentía que todas esas cosas ya no le pertenecían; Se las tragó el tiempo perdido, mientras esperaba una idea romántica,  soñó con la semana santa y su cristo de La Salud, le pareció oír al capataz levantando al “Manué”:

  • - “Tó por iguá valiente, ¡a eeeste!”- Y tras el martillazo regresó…

Luego de esto sintió hondamente qué su primavera se había marchado para siempre, sin apenas lamentarse...

Con su maleta vieja emprendió su último viaje recordando a Boabdil el Chico, supuso que cualquier Andaluz que se preciara serlo debía saber quién fue ese último Rey Andalusí, pero no, ya lo intentó en el pasado y la mayoría ni caían o andaban deambulando por otras lindes culturales más recientes, falsas o de ideos políticamente falsificados, sin embargo todos o casi todos, analfabetos incluidos, sabían o habían oído hablar del Hidalgo de la Mancha, la verde blanca está muerta, pensó mientras ojeaba su billete de tren, ya no queda conciencia de esa bandera y ese himno que inventó Blas Infante, uno de los héroes más insignes que tuvo estas tierras y qué por supuesto, casi nadie recordaba tampoco, sin embargo todos sabían quién era El Cid Campeador, asesino ilustre de Andaluces consagrados. Y luego estaban todos aquellos saqueadores de la nueva era con sus pellejos políticos qué siempre acababan desplumándole todos sus trabajos por las buenas o por la malas. Y así durante 40 años. Ladrones de élite de retórica demoniaca habían sumido a su región en la peor de las cuevas de Alí Babá…

– Ave con destino a Barcelona vía número... –

Murillo oyó el aviso pero su billete no indicaba ese destino, entró en el servicio de la estación para refrescarse un poco, una pareja jadeaba en uno de los escusados, parecían correrse, un hombre qué se enjuagaba a su lado le sacó la lengua.

  • - ¡Por favor! Soy heterosexual,! Se dijo, ni siquiera se puede decir ya macho, con lo bien qué suena, así están las cosas…

Los “heteros” de mediana edad somos ahora los marginados en todos los sentidos, los mismos que fueron “fumigados” por las drogas en los años ochenta. La misma generación sacrificada por las élites políticas tras la muerte de Franco. El hombre supuestamente gay se fue sonriendo como si hubiese bromeado, hacía más de cuarenta grados y quería salir de allí, la pareja del baño continuó “encalomada” y con una nueva “ristra” de jadeos, ella cada vez chillaba más, cómo las gatas fornicadas de los tejados nocturnos oscuros y secretos, algún guardia de seguridad aparecerá en breve, pensó, debo irme y salió  aprisa con el sudor recién secado, antes vio a alguien que esnifaba coca en uno de los baños sin ni siquiera cerrar la puerta, vaya por Dios, qué clase de servicios y sociedad es esta, es que no pueden esperar a llegar a sus casas... ¿Dónde fue la honestidad y el respeto por los demás? La decencia, la ética, la poesía, el amor…

Nunca imaginó qué tendría valor para aquello, se iría muy lejos, tan lejos cómo le fuera posible, tan lejos cómo para volverse invisible. Miró aquel cartel anunciando una película pornográfica interpretada por adolescentes drogadictos, promiscuos qué se encerraban en un chalet para hacer gala de la homosexualidad, la drogadicción y las orgías como si esto fuese la bandera de la nueva evolución. Y encima lo pusieron en la televisión nacional y subvencionado por el gobierno central.

  • - Tren con destino a Sodoma y Gomorra, vía número trece – Se balbuceó con sorna indignada…

Aquello le recordó el monstruo Austríaco que violó a su hija y tuvo hijos con ella, entre otras porquerías producidas por la educación qué imparten en las escuelas  a las criaturas inocentes, follen, beban, dróguense y no lean ni escriban, no se culturicen, olviden la filosofía y la poesía, nosotros vuestros políticos os daremos créditos que pagarán otros/as, para qué vosotros los hombres del mañana seáis los esclavos serviles de nuestras siglas por los siglos de los ojú…

El ultra limpio cristal de un anuncio de tabacos le devolvió su propia imagen cansina amarrado a su vieja maleta, la preciosa voz de la estación aún no había anunciado su tren.

  • – ¡Te la chupo por 20! ¡Qué te parece!

El ofrecimiento de aquella chica joven le hizo sudar un poco.

  • – ¿Tanto se me nota?
  • – ¡Oh sí!. Desde que le vi entrando en la estación sabía qué usted está “falto” de mamada...
  • – ¿Falto de qué? ¿Qué dice usted?
  • – De sexo hermosura, de sexo. ¡Es el nuevo progresismo! Lo proclaman los partidos progresistas maravillosos…
  • – No soy ninguna hermosura y respecto a ese progresismo no sé qué relación tiene con la entrepierna, las drogas y los beberes…

En fin, charló todo esto con aquella chica qué finalmente no consiguió sus 20. Tras salir de los servicios vio a  una mujer preciosa con un pelo de ciencia-ficción y una piernas que por el perfil de sus muslos harían desmayar al mismísimo Hércules. Incluso le inspiró unos versos qué no plasmó en ninguna parte. La bella fumaba mientras no apartaba la vista del cartel que anunciaba las salidas y entradas de los trenes, salida y entrada, salida y entrada... ¡Qué barbaridad de mujer! ¡Vamos de esas que ya no se ven por las calles al uso!...

Daría su vida por aquella hembra  de aspecto elegante le juraría amor eterno, por supuesto, con las más absoluta sinceridad, sería una relación basada únicamente en un preludio interminable de besos, caricias y luego del interminable orgasmo cada uno a su cama… Y vuelta a empezar hasta la muerte… ¡Hasta la muerte, Sevilla, hasta la muerte!... Ya hubiera querido yo poder morir aquí… - Se dijo -

Tomó un güisqui casi helado de un solo trago en uno de lo ambigú de la estación de ferrocarriles; el trasiego estacionario transcurría con desparpajo ante sus ojos cansados y su alma excluida socialmente, amputada por políticos para qué estos fueran aforados y pudiesen llevar corbata; viejos, no tan viejos, jóvenes, mascotas, vendedores, charlatanes, agoreros, políticos de pelotazo, no tan políticos, abigarrados, meditativos, aburridos, desgarbados, elegantes, sumidos, enamorados, viciosos/as qué abundaban  y otros muchos sin catalogar y por supuesto muchos/as enamorados de sus móviles, embebidos por las pantallas táctiles de esos cacharros qué vuelven a los hombres y mujeres zombis bien vestidos y jóvenes abducidos qué nunca aprenderán a leer y a escribir…

La bellísima seguía allí,  mirando el gigantesco cartel anunciador de los horarios ferroviarios y parecía algo inquieta, tal vez esperara a alguien especial o estuviese ardiente de amor, deseosa de ser poseída por un buen tío o una qué se la comiera a besos… Una cosa es la homofobia y otra bien distinta la exclusión social de los heteros de mediana edad, jóvenes aún, pero viejos, muy viejos para todo, sonrió y se le escapó un pedo qué provocó alguna qué otra huida o mirada de asombró… “Va por ti Leocadia”…

  • – Hola Murillo. ¿Adónde te diriges?. No me creo que abandonas tu amada Sevilla. 
  • – ¡Hola! No esperaba qué me saludaras, ahora nadie lo hace y yo no estoy por la labor, ya sabes que la hipocresía me resulta harto indiferente.
  • – Tú sabes que yo siempre ese sido auténtica contigo. No soy falsa…
  • – Eso me ha parecido. ¿Te apetece un trago?.
  • – Sí.
  • – ¿Y tú que haces en la estación?.
  • – Espero a mi novia, es aquella qué está allí. 25 añitos.
  • – ¡No!.
  • – Pues sí, ¡eh!. ¡Apolonia! Estoy aquí cariño. –
  • – Creo qué te ha oído. ¿Dónde has encontrado a ese monumento? 
  • – Ni lo sueñes Murillo, es bollera cómo yo y me ama y dulce cómo los bollitos de leche, además artista hasta la médula, es pintora…
  • – Pero tú eras bisexual…
  • – Hola mi amor.
  • – – Hola. – La recién llegada era la hermosa chica qué Murillo vio minutos antes  y lo dejó con la mente estacionada en la lujuria más amorosa…
  • – Te presento a Murillo un “viejo” amigo que está a punto de irse.
  • – Bueno todavía me faltan dos horas y muchos años. Encantado señorita…

Apolonia se quitó sus amplias gafas de sol y clavó su profunda mirada color del valle de los sueños en Murillo qué se puso a sudar cómo una fuentecilla de angustias.

  • - ¿Conoces a Murillo? – Dijo algo celosa su compañera-
  • - No, solo qué me parece haberle visto en algún otro lugar. – Tal vez su nombre de pintor. ¿Pintas cómo Murillo?
  • - También pinto, lo cierto es que soy poeta, escritor de fábulas y filósofo místico. Fracasado por supuesto. – Apolonia dejó de mirarlo y besó a su compañera, después la habló:
  • - Me alegro de verte amor, estoy enfadada contigo por marcharte sin despedirte de la última fiesta orgásmica, pero ya estoy mejor, has venido mi amor… Ambas sonrieron y se marcharon cogidas de la mano y dando saltitos por entre el tumulto de la estación si ni siquiera despedirse de Murillo…

Murillo pidió otro trago, y las perdió de vista. Le había ocurrido en los últimos años con más asiduidad de lo deseado, solía fijarse en mujeres que luego siempre tenían pareja, eran drogadictas, ninfómanas, lesbianas o bisexuales, él, un novelista fracasado, pero tradicional y casto a la hora del amor, una hecatombe espiritual le azotó entonces y bebió cuatro tragos más, quedando dormido en una de las sillas de la cafetería, una de las camareras le despabiló pasada una hora y media.

  • - ¡Murillo!. Despierte, tiene que coger un tren.
  • - ¿Cómo ha sabido mi nombre?.
  • - Lo pone en su maleta de viaje. ¿Adónde va?
  • - Pues a Ronda.
  • - Está a tiempo, corra, vía 13. ¡Aprisa!...

Subió a su tren regional algo mareado, logró hacerse in extremis con una botella de agua fría y fue poniendo en orden sus ideas, debía acometer su plan sin dejar el más mínimo resquicio, tirarse por el Tajo de Ronda no era cosa de broma ni tarea fácil quería que ella viese sus sesos estallados en los riscos Rondeños, al fin y al cabo compartió con ella momentos inolvidables qué a Murillo le hubiese gustado que fuesen para siempre… Su maquinaria suicida también se nutría de la frustración que le provocaron algunos políticos de la ciudad que arruinaron su carrera, siempre robándole sus libros e inventos en la propiedad intelectual y dónde hiciera falta…

Sonrió al pensar qué saldría en los titulares de los medios de comunicación y ella lo sabría, porqué lo dejaría bien anotado, antes pasaría la noche contemplando la Luna llena desde el balcón y merodeando por las preciosas calles del pueblo, bebería, fumaría algún canuto si había suerte y justo antes de que el Sol iluminara la campiña serrana se iría para siempre con su Luna, volaría  desde lo alto. Pensaba que le hubiese gustado ir a la cueva del gato, no muy lejos de allí, pero lo dejaría para otra vida. Esperaba reencarnarse en Málaga, Sevilla ya tiene un Murillo, para qué otro. Tras esto pensó en voz alta:

  • - No te culpo, Leocadia, encontraste a otro más hombre que yo, más lanzado y no fui lo suficiente para ti y se durmió en su asiento de tren hasta que uno de los empleados del ferrocarril le avisó que había llegado a destino...

Apolonia la bollera cogió aquel papel del suelo del bar y lo guardó, lo leyó cuando hubo llegado a casa. Tuvo que esperar para ir al baño, su novia era bastante celosa y haría preguntas, la nota decía así:

“Hola soy Murillo. Quién lea esta nota que sepa que me tiré del Tajo de Ronda por morir en este sitio tan Andaluz y bello y para que lo sepa Leocadia Martinete, a la qué no amaba a la hora de tirarme, pero a la que amé demasiado años, hasta qué me echó de nuestra casa, habiéndola pagado yo, después ya no me quedaron muchas ganas de amar a nadie, espero qué estés orgullosa de ver mis sesos esparcidos cerca de ti y maldigo al puto partido político qué robó mis libros y mis ideas” Firmado. Murillo.

  • - Oye mi amor. Voy a por tabaco.
  • - No tardes Apolonia, hemos quedado para cenar en el Santa Cruz.
  • - No tardaré...

Murillo se hospedó en un viejo hostal, donde solían alojarse legionarios y parejas escaqueadas, la tarde Rondeña caía y la luz del Sol Mediterráneo dibujó los ojos tristes de Murillo con deseos nuevos de despedida.

Tras darse una ducha se vistió bien y se colocó un crucifijo de oro, debía morir como nació, Cristiano y eso que dudaba de todo, pero fiel a sus costumbres tomó esa determinación. Sin embargo salió alegre a las calles y tomó varias copas, alcanzada la madrugada la vista desde el paseo era abrumadora y callejeó durante horas bajo aquel cielo maravilloso teñido de mare nostrum. Sentado en un pretil cerca del Tajo esperó la mañana medio morado y acongojado por su inminente marcha de este mundo entonces se acordó de Apolonia cuando la vio allí de pie en la estación sin imaginar que era el amor de su única amiga, por unos instantes estuvo profundamente enamorado de ella, pero no podía dar crédito a esos sentimientos, cualquier ser humano podría enamorarse de una mujer así en un momento tan critico como el suyo. La hora había llegado y se sintió muy contrariado al no encontrar la nota qué preparó, de todas formas siempre llevaba una pluma y redactó una nueva asegurándose que sería encontrada junto a sus sesos. Pidió perdón a su Dios antes de tirarse, estaba seguro que le perdonaría, por matarse por hastío y exclusión social no es mala cosa, mientras no mates a nadie contigo y se subió al pretil lanzándose al vacío, aunque no pudo ver su final porqué se golpeó en la cabeza antes de aterrizar en  el fondo del abismo qué se tiñó de rojo y trocitos de cerebro por todas partes el cabezazo fue tan certero cómo el mar de lágrimas abismales de una viuda sin herencia, sin paga de viudedad, sin casa y sin seguro de vida…

De repente un intenso aroma a jazmines le cubrió el ser. Le costó abrir los ojos, vio el mar iluminado por la Luna y estaba tumbado en una cama plantada en medio de un jardín precioso cubierto de jazmines plateados, tenía una venda en la cabeza. Sin duda Dios le había perdonado, había triunfado sin duda al pensar que todo ser humano va después de la muerte allá donde desea. Oyó unos pasos y la vio, traía colocado un vestido blanco de lino que dejaba entrever su precioso cuerpo y unos senos bellos de locura…

  • - ¿Apolonia?.
  • - Si, soy yo.
  • - ¿Estoy muerto?.

Ella se arrodilló junto al camastro silvestre y le cogió las manos.

  • - No vas a creerme pero cuando te vi en aquella estación, sabía qué andaba buscándote toda la vida.

Murillo quiso incorporarse pero le dolía todo el cuerpo o tal vez fuese el alma…

  • - ¿Cómo he llegado hasta aquí?.
  • - Te tiraste del Tajo y te golpeaste en la cabeza, por suerte había una red porqué hacían unos arreglos en el puente y te han resucitado…
  • - No entiendo nada. ¿He muerto o no?
  • - ¡Por supuesto Murillo! Ahora prométeme qué me amarás incluso después de la muerte.
  • - Oh, eres tan bella. Qué muerte tan dulce…
  • - Promételo.
  • - Claro, y la besó... ¿Y ese aroma narcótico… ¿De dónde sale?

Ella se abrió el vestido y le dijo; Bésame y acaríciame todo lo qué desees, mira, estás en el jardín de Apolonia... Hasta la mismísima eternidad… Es el nuevo progresismo. ¿No lo sabías?

FIN

EPÍLOGO.

¿Qué ocurrió realmente a Murillo? ¿Murió? Esto sería más razonable qué pensar qué Apolonia la bollera se cambio de acera y fue salvarle y a entregarse a él para siempre, aunque claro, hay una máxima en metafísica qué dice qué: - “Cuando morimos todos/as vamos a donde queremos ir” Que cada uno vaya dónde quiera y arribe, aunque muera… El pobre Murillo se tuvo que ir del mundo porqué no había trabajo ni prestaciones para la gente de mediana edad y eso qué él siempre fue un hombre de talento.

Murillo tal vez lo consiguió… Y este humilde escribano hace esta escueta apología para salvar la imagen del gran Murillo qué del tajo de Ronda se tiró, sólo por ser un tío trabajador, sabiendo cómo sabía, de arte y amor…

A la memoria:

De Don Blas Murillo Martín.

FIN

AUTOR RELATO: Jorge Ofitas.

Sevilla. Europa. 2017. ®. Todos los derechos reservados. ®

 

 

 

 

 

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