Su latido y mi vereda.

Qué soledad trasciende
de este mortal desapego
soñando contigo a veces,
perdido en tu mirada vuelo.
 
Veo a los hombres retóricos,
disputando los poderes,
mientras sonríe el imperio,
acumulando placeres...
 
Musiquilla del mendigo,
cantares alados del paseo,
mira que niña bonita,
disfrazada en el espejo.
 
Una lágrima se desliza,
la última que me queda,
que lejos quedó el camino,
su latido y mi vereda.
 
Autor poema: Jorge Ofitas. 
Sevilla. 2004. ©.®.
 

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