Y qué jamás vuelva amanecer.

Pues si. Prefiero el romanticismo al cinismo, el cortejo bucólico al sexo alcohólico. Una mesa con velas, tú eres mi esencia, con dos copas de licor en nuestras bocas, son cohetes lo que tocas, lo prefiero, al apareamiento sin sentimiento de amor. El misticismo sin petulancia a la violencia sangrienta que no tiene gracia. La “rebeca” brillantina de tu mirada divina que abriga el alma, a la posteridad del sexo sin nexo con cupido. Te invito a pasear por los jardines de nuestros corazones, llenos de maravillas perfumadas y coloristas, me gusta rozar tu pelo con las yemas de mis dedos y hacer el amor con nuestras miradas en celo. Quién da más. Tú boca que todo lo disloca puede conquistar el mundo, más, no se puede elevar la magia de tu abrazo, sin que antes se trastoquen las corrientes aladas del deseo inacabado. Esto no es represión, es amor del bueno. Naife de libertad. Construido gema tras gema, aroma tras aroma, beso tras beso, sueño tras sueño, cariño tras cariño… Y un largo elenco de emociones cimentadas en una amistad bien mezclada, con el deseo más profundo, de navegar contigo por estrellas sin postigo, hasta conquistar el mundo. ¿Es esto amar o estar moribundo? Déjame que vuelva a besar tus ojeras malvas, entre gritos de gloria, se nos resbalará la paz de nuestras manos… A ti porque té amo, te regalo el mundo enjoyado de tu benjuí enamorado… Y que jamás vuelva a amanecer… 
 
Autor prosa poética: Jorge Ofitas. 
Sevilla. 2013. ©. ®.

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