Los domingos junto a los gansos. ®.

 

Los domingos junto a los gansos. ®.
Novela rústica de suspense. Ficción.
Autor: Jorge Ofitas. ®.

Personajes extracto 1º.

Padre Tomás.
Norberto Huerta.
Rosaura Flor.
Jacobo Vendimia.
Aurelia de la Calle.
Pancracio Amor.
Ruth Repiso.
Elizabeth Cristal.
Mofletes el payaso.
Musí. (Gato)
Castaño. (Perro)

Introducción.

Dos matrimonios de agricultores sexagenarios llevan casi toda su vida en el campo trabajando sus pequeñas huertas. Un día de invierno aparecieron tres jóvenes con sus mascotas interesados en quedarse a vivir por la zona e invertir su dinero en pequeñas parcelas. Norberto Huerta accede a darles cobijo mientras se deciden cediéndoles su bonita cabaña junto al lago de los gansos.

Capítulo. 1.

El matrimonio de Rosaura y Norberto siempre pareció feliz como el de Jacobo y Aurelia. Los cuatro habían sido amigos desde la infancia. Ambas parejas vivían de la agricultura artesana y poseían parcelas de frutales y otras verduras. También criaban gallinas, pavos y otros animalitos más nunca tuvieron cerdos por lo complicado que era mantenerlos y el esfuerzo que suponía criarlos y después matarlos.

Las dos parejas llevaban casi cuarenta años casados por la iglesia y sus tierras lindaban unas con las otras aún sin ser grandes les daban para vivir no sin esfuerzo que no pocas grietas hendían sus ojos tras largos años de lucha con los elementos. Aunque no era este el motivo de sus secretas infelicidades.

Se veían una vez a la semana el día de domingo y no para ir a misa, no, no porque no fuesen creyentes, sino porque dedicaban el día de descanso para reunirse los cuatro juntos; en la ribera de un lago donde anidaban gansos y había un gran bosque con una cabaña acogedora dentro de las propiedades de Norberto. En este enclave disfrutaban de tregua si el tiempo acompañaba y de sus risas, confidencias y viandas; éstas preparadas con cariño durante toda la semana por Aurelia y Rosaura.

Norberto Huerta había sido en su juventud un mozo bien de la comarca de los Arales. Su padre don Augusto Huerta le dejó en herencia dinero y muchas tierras aunque él decidió venderlas y guardar el efectivo a plazo fijo. Contaba la edad de sesenta y cuatro años lo mismo que su esposa, Rosaura Flor; qué casó con él por su guapura, posición y buen porte a caballo. Ambos eran altos medían casi uno noventa y ambos creyeron desde el primer día que estaban hechos el uno para el otro. Este no era el caso de sus amigos Aurelia de la Calle y Jacobo Vendimia, que descendían de gente más humilde y su trabajo les costó conseguir aquella porción de tierra donde incluso había acebuches y alerces aromáticos. Sin embargo, como Norberto no fue nunca clasista pues su padre le enseñó bien enseñado, se hizo amigo en la adolescencia del inteligente Jacobo que a pesar de haber ido a la universidad un par de años decidió seguir los pasos de su amigo y casó pronto con Aurelia una mujer que llegó al pueblo desde la ciudad un triste día de invierno buscando invertir sus ahorros en un trozo de tierra de aquella fructífera comarca de arrozales y otros “paraísos” de arroyos juglares y hermosos…

Las tierras de Norberto y las de su amigo Jacobo se encontraban a unos cincuenta kilómetros del pueblo más cercano, Arales del sur. Una vez al mes ambos labriegos dejaban a sus esposas a cargo de las tierras e iban a Arales a por provisiones pasando allí un día entero saludando también a otros agricultores pues Norberto aunque las apariencias engañasen seguía siendo y con mucho el más rico de Arales.

Llegaban por la mañana antes de que saliese el sol y regresaban ese mismo día sobre la media noche con la camioneta bien cargada de provisiones para todo el mes. Muchos vendedores agrícolas le esperaban ese día para ofrecerles sus productos, semillas, máquinas u otras cosas para la huerta.

Un día de febrero Norberto y Jacobo conocieron a tres jóvenes en el bar de la cacería, el ventero le dijo al Norberto que éstos buscaban una pequeña hacienda para invertir y querían conocer la rica zona propiedad del agricultor, así que cuando llegó la hora de regresar, ambos amigos consintieron que les tres mozos/as les siguieran en su propio vehículo un mono volumen de alta gama, eran dos chicas y un chico; Pancracio Amor, Ruth Repiso y Elizabeth Cristal, un gato al que llamaban musí y un perro orejón llamado castaño. Norberto avisó a Rosaura y Jacobo hizo lo propio con Aurelia vía telefónica, así que decidieron dejarles la cabaña que poseían junto al inmenso lago de los gansos los días que estuviesen por allí, sin coste alguno por supuesto.

Pancracio no tenía ni un duro pues era un artista en ciernes solo que Ruth su compañera era rica y andaba muy enamorada de él. Elizabeth tenía su propio dinero y ansiaba encontrar un enclave con una pequeña huerta para ella sola, los tres jóvenes rozarían la treintena de años y desengañados y hastiados de la gran ciudad tomaron la decisión de irse a vivir al campo para siempre, sin duda la buena de Aurelia empatizaría con ellos.

El padre Tomás los vio marcharse aquella noche, pues los dos labriegos siempre pasaban por la parroquia a la salida de Arales para dejar la limosna mensual; los necesitados que atendían las monjitas del convento de las hermanitas descalzas siempre se lo agradecerían…

Continuará…

Advertencia.

Esta obra está protegida por derechos de propiedad intelectual. Prohibida su reproducción o copia en cual medio o soporte que no sean los botones propuestos en la redes sociales por las distintitas aplicaciones. Este extracto es una contribución del autor Jorge Ofitas a la cultura.

El autor. ®.

Autor novela: Jorge Ofitas. ®.
Europa. 2017. ®.

 

 

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