La Dama de París. ®. ©.

 

La dama de París. ®. ©.

Una novela romance de Jorge Ofitas.

Introducción. 

La dama de París leía aquella mañana de verano una novela repudiada por el mundillo literario Europeo. Tuvo suerte de encontrarla, su autor la tenía descatalogada y la lectura de obras de ese “pelaje” estaba considerada de mal gusto por los círculos influyentes de lectura y escritores consagrados.  Sobre todo por los clubs literarios elitistas de la nueva era que por un defecto solamente repudiaban y marginaban grandes libros y talentos. La Dama sonrió y siguió leyendo bajo aquella arboleda que la protegía del sol, la brisa sin embargo resultaba agradable. Entre aquellos bellos árboles y un libro de…

La dama no podía ni debía salir a la calle sin protección, su belleza física era la viva imagen de un sueño maravilloso, aunque esta no era la única razón para ser protegida. Su familia era muy rica y necesitaban protección todos sus miembros.

Todo fue fortuito e inesperado. Ocurrió un día que viajó a Andalucía, al sur de España. En el barrio Santa Cruz de Sevilla se encontró de bruces con un gran escritor francés amigo suyo. Se abrazaron y fueron de compras y a tomar unos vinos andaluces juntos. El día era espléndido y no hacía mucho calor, Anthony se coló sin avisar en una gran librería que encontró a su paso y La Dama le siguió.

Estuvieron buscando guías de viaje o algún libro interesante que leer en los ratos de ociosidad de las vacaciones, más no encontraron lo que buscaban y se marcharon, entonces La Dama vio un libro nuevo tirado en la papelera. Preguntó al librero que hacia aquel libro en la papelera, el hombre contestó que perteneció a un escritor fracasado de la ciudad  que iba por las librerías intentando vender sus obras. Ella comenzó a ojear el libro y preguntó su precio, el librero sin embargo se lo regaló y le dijo que era una pérdida de tiempo. – Ya me lo dirá – Concluyó. 

En su regreso a París la primavera dejaba paso al verano. La Dama había dejado el libro olvidado en una de sus maletas de viaje y prosiguió con su vida. Un domingo cualquiera que no tenía compromisos se fue a pasear en bicicleta muy temprano, además, la noche anterior había encontrado la novela y le picaba la curiosidad por saber si todos aquellos críticos llevaban razón respecto del libro y del escritor. Dos horas después regresó para ir almorzar en la villa de verano de sus padres con una amiga de su juventud con la que volvió a reencontrar gracias a las redes sociales.

Tras despedir a su amiga se echó en uno de los divanes con vistas al mediterráneo y siguió leyendo el libro hasta que lo concluyó. Luego lo puso en su biblioteca personal y telefoneó a Anthony para darle su opinión sobre el libro de la papelera. Anthony prometió leerlo mientras intentaba reprimir una sonora carcajada.

La dama de París era una chica muy elegante, su elegancia radicaba en su sencillez. Siendo de alta alcurnia, nunca salía con los de su clase. Solamente frecuentaba ambientes literarios, poéticos o bohemios. Sus amigas y amigos eran considerados como la nueva chusma intelectual. La dama siempre tenía que disimular su belleza, si no, levantaba pasiones como había ocurrido con anterioridad. No en pocas ocasiones sus amigos varones tuvieron que intervenir ante la insistencia de los mujeriegos que se enamoraban a primera vista con solo verla, percibir su fragancia o rozar su pelo. Había momentos que la dama no sabía si vestirse elegantemente o ir sencilla, de cualquier forma, los hombres la perseguirían y las lesbianas también.

Esa mañana se colocó un anillo que Anthony le regaló en Sevilla. Era un pequeño pero precioso zafiro montado en plata. Se sentó delante de su ordenador para buscar en las redes sociales referencias sobre el libro que había leído y su autor. Por suerte lo encontró de inmediato, en apariencia parecía un profesional de la escritura por todas las páginas de Google que incluían información del escritor, sin duda, también deseaba conocer su aspecto. ¿Será guapo? Se preguntó. Pues tras leer su novela había decidido ir a conocerle personalmente, no sin antes cerciorarse si era una persona respetable. La dama se fue a descansar esa noche con el libro entre sus brazos para releerlo un poco más antes de dormir…

Fin introducción.

La Dama de París. ®. ©.

Autor: Jorge Ofitas.

Sevilla. 2015. ®. ©.

 Capítulo. I. 

Anthony Beaumont compró una esencia a La Dama de París en una perfumería de la Rue de Castiglione. Antes de volver a verla en la costa azul por su cumpleaños. Al percibir tan de  cerca aquella exquisita y carísima fragancia creyó estar a su lado y enamorado para siempre, como buen bohemio consciente. Siempre la amó. Desde que la vio por vez primera aquel día por los Campos Elíseos, enfadada con otro conductor en un atasco. Aceleró y enfiló veloz con su Morgan color gris marengo la carretera hacia la playa donde poseía una coqueta villa y pasaba largas temporadas escribiendo sus obras literarias de bolsillo. Pensaba en ella cuando le sonó el móvil. Sonrió y colgó. La Dama estaría algunos días en la Riviera junto con los amigos del café de la boheme, propiedad de Deborah Fontaine, una pintora surrealista de gran talla. Por fin lo habían confirmado, La Dama iría en su propio yate para celebrar su cumpleaños abordo de su nave con todos ellos. 

Durante algunas semanas estuvo confuso y triste respecto de sus sentimientos. No podía o no quería creer que ella hiciera un viaje a Andalucía ese mismo verano y que no dejara que la acompañase. Intentaría hacerla cambiar de opinión, sin duda y escribiría una nueva historia de amor. La Dama tampoco deseaba acostarse con él, aunque no se lo había dicho, era evidente que no lo deseaba lo suficiente. Al literato le atribulaba tanta negativa de la Dama a practicar sexo libremente entre dos amigos que se gustan. La Dama era así con todos los aspirantes a cortejarla, muy difícil de contentar, exigente consigo misma y más espiritual que material, una Venus soñadora, rica y muy amiga del mundillo del arte. Sin embargo y debido a su actitud poco lasciva con los hombres comenzaron a surgir ciertos rumores y sospechas sobre sus gustos o costumbres sexuales. La Dama solía adaptarse a su entorno con suma facilidad y uno de sus camuflajes era aparentar que solo le interesaba nada más que las artes, el sexo y la ciencia, aparte de lo inusualmente de moda. Salvo contadas excepciones casi nadie sabía cuáles eran sus gustos de lectura, la razón no era propiamente por celo intelectual, más bien porque no quería que nadie supiese que le encantaban las novelas  “espesamente” románticas y adoraba los cuentos de hadas y princesas. Sin embargo no le importaba en absoluto que todos sus amigos rojos supiesen que jugaba al  póquer con turistas norteamericanos fumando deprisa cigarrillos negros con abundantes vasos de bourbon y siempre  con hombres. También se rumoreaba que los jugadores varones, hechizados, siempre la dejaban ganar. A buen seguro si la Dama lo hubiese sabido habría dejado de jugar con ellos. Ella creía en la buena suerte de su “estrella rutilante”.

Los comentarios groseros sobre su persona susurrados a su espalda, nunca llegaban a oídos de La Dama de París. Sus incondicionales lo impedían. En realidad y aunque parezca poco condescendiente nadie la conocía en profundidad y podría resultar peligroso intentarlo, sin duda muchos y muchas la extrañaban y temían. ¿Quién era realmente la hermosa Dama de París?... Que tantos la llevaban en corazón y mente… Y otras tantas odiaban a muerte de puro celo y envidia, pues sin duda era la mujer más bella de París en muchos sentidos… 

Todos esperaban en la gran terraza colgante al mar, La Dama abrazó a Anthony y este la intentó besar en la boca pero ella esquivó el beso con un diplomático roce de sus labios carmesíes brillantes. Sin demora y esbozando un leve sonriso agarró la mano del escribano y juntos fueron a ver el Mare Nostrum, aquel día color verde botella desde el pretil blanco y con ella. Cual piedra preciosa este mar de patio y rosa. Yo quiero estar contigo, no amo otra cosa… 

 - Feliz cumpleaños. 

- Oh, querido Anthony, gracias. ¿Qué es? Creo que ya lo sé…

- Tendrás que abrirlo, mi Dama. 

- Ay, mi bello Anthony. Um, mi perfume preferido, es muy caro. Anthony no deberías de… - Él la robó un beso y luego sonrió. Ella se alejó un poco por una llamada de móvil y luego le hizo señas desde el jardín de la villa.

Fue cuando apareció Deborah Fontaine, que siempre quiso al escritor y sentía terribles celos escondidos por La Dama de París. 

- ¿Ya estáis comprometidos? 

- Hola, me alegra verte, Deborah.  Qué bonita estás… - Dijo Anthony-

- Qué bien hueles tú, Dama de París. Te lo ha regalado este, verdad. 

- Hola, Deborah. Si. Yo no se lo he pedido… Mi Anthony es así de hermoso y detallista. 

- Hola, Anthony. ¿Puedo hablar contigo, a ser posible a solas?

- ¿No felicitas a nuestra amiga, Deborah?

- Ya se felicita sola… Un beso Dama, te veré en tu barco, gracias por invitarme. 

- No hay de qué. Y no, no estoy comprometida con nadie, si esto te sirve de consuelo… 

- ¡Ahora vuelvo, amor! – Exclamó el escritor de “ojos enamorados” 

El literato se marchó con Deborah, y La Dama lloró, solo fue un llanto breve e intenso, pero de honda tristeza. ¿Se habría enamorado?...

Luego se fueron todos en el yate a realizar una singladura de divertimento por la ribera del Mediterráneo Francés. Haría luna llena, la mar estaría calmada y pasarían la noche en una cala.  Veintitrés personas iban a bordo de La Dama de París. Todos relacionados con el mundo del arte y la cultura. El barco había sido regalo de un rico enamorado y ella aceptó por estricto consejo de sus padres, unos de los más ricos de Francia. 

Aquel día en el barco llevaba puesto un ligero traje de lino color blanco sin ropa interior que dejaba entrever una silueta que embobaba a casi todos. El resto se desnudó completamente, a ella le avergonzaba y dispuso la excusa de que la capitana del yate no podía practicar nudismo, pues debía estar en el puente de control, al pie del cañón y no le faltaba razón. Anthony fue tras ella al puente pero le cerraron la puerta por dentro, Deborah y otra joven Italiana bellísima que decidieron ayudar a la capitana a patronear el yate y de paso beber ron con  limón, champán helado y, hacer chistes morbosos sobres los cuerpazos de cubierta. 

La tarde cayó y La Dama ordenó al jefe de la tripulación fondear el barco en un paraje no frecuentado por curiosos o turistas veraniegos. El agua era calma cristalina y todos fueron a asearse antes de cenar en cubierta con sus bellos amores bohemios de luna llena y cócteles de amor, Mediterráneos… 

Por supuesto la cena y la fiesta no fueron como cupiera esperar. Al ser todas gentes del mundo artístico y literario se organizó una tertulia en cubierta que inició varios diálogos entre intelectuales, filósofos, escritoras/es pintores/as, cineastas, una actriz preciosa y algún poeta, también había una bailarina de danza, La Dama de París. Los camareros no daban abasto sirviendo las más exquisitas viandas. 

- ¿Te gustaba más Picasso qué yo, Anthony? – Susurró Deborah- 
- Nunca ocurrió eso, éramos niños cuando murió, no pudo gustarme antes qué tú. 
- Sin embargo tu Dama lleva toda la noche sin parar de hablar con ese filósofo que estudió en Sevilla.
- Si, se le ha metido en la cabeza viajar al infierno… 
- ¡No exageres, Anthony! Allí dicen que surgió la civilización, ja, ja, ja…. 
- ¿Dónde has leído eso? ¡Traiga otra botella de estas por favor! ¡Y más ostras! 
Serena Bon Amour era una bellísima actriz que iba acompañada de un productor y un director de cine.  Se sentó junto a Anthony y le besó los labios, luego le sonrió y bebió champán… 
- Bueno, creo que hoy no pintaré ningún cuadro más… ¿Te vienes a follar?
- No, me quedaré un poco más, he pedido champán y ostras…
- Despídete de La Dama por mí, te esperaré, aunque no creo que acabes en mi cama. 
Deborah se marchó al camarote tambaleándose y enfadada por el nuevo desplante de su amor platónico… 
- Se nota que le gustas. Hola me llamo Serena, Anthony. 
- Es un placer conocerte… Gracias.  Vi tú última película. Me encantaste tú, pero el film me decepcionó.
- Ah, sí. ¿Qué te pareció? 
- Demasiados efectos especiales y poca interpretación. ¡No es qué no me gustara, no! No es esto, solo que para mí el cine se acabó hace dos décadas. 
- Te comprendo, te comprendo. Algunos opinan lo mismo. 
- ¿A sí? ¿Y qué me dirías si yo te besara?
- ¿Estás borracho?.... 
La Dama no se percató de que Anthony y Serena se besaban. Se encontraba sumergida en una conversación sobre el sur de Europa con Abraham Florit, un profesor de filosofía en la universidad de la Sorbona que conocía bien Andalucía y sus costumbres,  poseía una casita en la Alpujarra Granadina donde iba cada año en sus periodos vacacionales.  Este grupo de intelectuales franceses conocía mejor la situación política del sur de Europa que la propia España.  La Dama puso música desde el puente de mando y mandó despertar a todos los que dormían ya la borrachera o se habían atiborrado de biodramina por pánico al mareo que provoca la navegación primeriza. Ninguno de ellos se negó a subir de nuevo a cubierta, pues había que apagar las velas  Buscaron a Anthony y Serena pero se habrían perdido por el barco. De repente se oyeron unos gritos desde la playa iluminada por la luna…. 
Anthony y Serena se habían marchado a la playa en la embarcación fuera borda de salvamento y nadie del barco se percató. Una vez en la cala encendieron una gigantesca hoguera y sacaron bebidas, pusieron música y gritaron a los del yate para que se unieran. No todos lo hicieron. Por suerte había otra lancha a estribor y La Dama, Abraham Florit y cuatro personas más pusieron rumbo a la playa. Deborah Fontaine se quedó a bordo durmiendo la borrachera y su desamor. Muchos artistas se enamoran y encuentran tal inspiración para crear que temen perder esa luz que la otra persona provoca en su don artístico. Y esto exactamente le ocurría a Deborah. Sin duda sin amor no hay arte, tampoco sin su contrapunto. Sueños, pincel, poesía, un giro, danzarina de estela perfumada… 
Si el amor y el arte desapareciesen yo moriría con ellos. Solía decir La Dama a su mejor amigo. Carl Le Monde. No fueron pocos los que la relacionaban con aquel actor de cine y su estrella en alza. Tras la noche en la cala Anthony terminó enamorándose de la bonita Serena que sin embargo se encontraba ya a miles de millas de París rodando su próxima película. La Dama se reencontró con Carl en un viejo zoco a las afueras de París, cuando ella compraba unas sandalias y unos perfumes. Se besaron y se fueron a beber café cogidos por la cintura mientras reían por haberse reencontrado de aquel modo tan causal…
- ¿Qué libro es ese? ¿Me dejas qué lo vea?
- No. Ni cuando lo termine, este libro es un regalo del destino, voy a escrutarlo, ja, ja, ja….
- Conociéndote, no me dejarías ningún libro de los tuyos. Da igual, me tiraría de ese puente si ahora mismo me lo pidieses… 
- Nunca te pediría eso. Te invito almorzar… 
- Será un placer, mi Dama… Intuyo que quieres decirme algo… 
- Ja, ja. Me conoces un poquito, sí. Tengo que pedirte consejo sobre algo. 
- De acuerdo… ¿Te importa si fumo un poco de hierba allí sentado bajo aquel árbol?… 
- No, nunca me importó… 
- Pero no te gusta que lo haga en público… 
- En efecto. ¡Por qué en vez de fumar ese cigarro me regalas un perfume!
- Ya compraste varios. 
- Estoy hechizada por una nueva fragancia de un joven mago perfumista, pero no recuerdo su nombre. 
- ¿El del perfume o el del perfumista?.... 
- Ninguno de los dos… 
- Ja, ja, ja, ja… 
- Lo olvidaba, esta tarde tengo partida, debo irme… 
- Oh, cariño. 
- Lo siento. ¡Adiós te veré en el museo!... 
- ¡Espera!.... 
La partida tendría lugar en un tugurio de "mala muerte" de las afueras del viejo de París… 
Antes de abordar su partida de póker con unos jugadores profesionales muy ricos, la Dama fue a la inauguración de un negocio de alta joyería. El joyero, mucho mayor que la bailarina andaba muy enamorado de ella aunque lo mantenía bien oculto. Cuando la vio entrar sonrió de un modo un poco sarcástico y poco simpático, todo para disimular sus sentimientos. La Dama no estaba allí por él. Buscaba una joya de colección que se pondría a la venta el primer día y por supuesto sus informadores se quedaron cortos al describirla, también en su precio.  Todos los que asistieron pasaron a un salón donde Michel Ange daría un cóctel de bienvenida y enseñaría la maravillosa pieza de colección y otras joyas. La joya en cuestión era una esmeralda montada en oro blanco y perteneció a un antiguo rey noruego que la tuvo durante caso quinientos años. Su precio era prácticamente incalculable, Michel no quiso subastarla, si finalmente nadie la compraba se la quedaría él, pues la gema tenía fama de traer muy buena suerte… 
Capítulo II. 
La Dama ignoraba completamente por qué todos le dieron la espalda repentinamente, incluido su enamorado Anthony encaprichado con Serena. Sin embargo, alguien se encargaría de averiguarlo por ella. La Dama se refugió en su casita de la playa con la mascota y lloró, incluso no asistió a la función operística donde ella era la bailarina protagonista; por temor a un desplante del público… ¿Qué le había ocurrido a la impoluta imagen de la bella y sensible Dama de París? Sin duda alguien con influencias podría haber puesto en circulación alguna calumnia demoniaca contra ella para destruirla, porque su luz invadía todas las sombras pero despertaba envidias asesinas. Y así fue… 
El caso llegó a oídos del primer ministro Francés que secretamente abrió una investigación porque conocía personalmente a la familia de la Dama de París y sabía que la danzarina era una persona de moral intachable. Por consejo de su familia y de la policía secreta decidió hacer sus maletas y desaparecer de París con destino incierto, por supuesto. 
Lo primero que se supo extra oficialmente sobre el caso “Calumnia” fue que el rumor que habían difundido era que la Dama de París jugaba a las cartas y bebía bourbon, mientras fumaba apresuradamente. Muchos y muchas que la amaban la desterraron de sus corazones cuando oyeron las diferentes historias de la doble vida de la bailarina preciosa. Otros lloraron su pérdida, sabedores de la gran mentira orquestada. ¿Quién pudo hacer tal cosa? La persona o personas que obraron la maldad se preocuparon muy escrupulosamente de no dejar rastros pues a la hora de hablar nadie sabía nada de la calumnia e incluso se preocupaban por la salud de la Dama… Hasta que un día Deborah Fontaine perdió la razón en una de sus borracheras… 
Medio disfrazada subió a un autobús de viajeros. Regresaría cuando todo se hubiese acabado y resuelto. En principio su idea era de viajar a Roma y después a Florencia donde vendían perfumes muy caros y delicados, sobre todo uno de ellos. Más allá de la duda, sentía una honda pena, más se rehízo y continuó con su viaje; solo que al meter la mano en su bolso cambió de opinión y puso rumbo a  España.  Destino: Sevilla. 
 
La lectura de aquel libro escrito en español le había producido un extraño sentimiento. Bajó en el aeropuerto de Madrid dispuesta subirse a un tren de alta velocidad con dirección a Andalucía, si bien sus planes se vieron torcidos antes de que pudiese sacar su billete en la estación de Atocha un señor de mediana estatura con bueno modales y de aspecto distinguido la abordó.
 
- Señorita, disculpe. ¿Me firma un autógrafo, por favor?
- Oh, cómo no.
- La vi en la ópera que representó usted aquí en Madrid en el teatro real. Magnifica.
Aquí tiene.
- ¿Va usted al sur señorita?
- ¿Cómo se atreve
- Discúlpeme, yo también voy en clase vips. Permítame. Soy el Conde de    la Barqueta.
- ¿Es usted aristócrata?
-  No madame, así se llama mi libro.
- Sí, lo he visto en Internet. Lo he leído. Me gusta la literatura en demasía y también suelo comprar libros en español.
- ¿Qué le ha parecido? – La Dama sonrió tras su amplias gafas de sol –
- Encantador y simpático sin duda.
- Gracias, madame.
- ¿De dónde es usted?
- Soy Madrileño de nacimiento pero me crié en Sevilla, es decir soy sevillano de adopción. Mi nombre es Aurelio de la Reja.
- Ya sabe mi nombre encantada, Aurelio me encantó su libro.
- ¿Me permitirá acompañarla  a mi ciudad?
- No entiendo porqué no.
- Es un honor madame.
- Por favor, Aurelio hábleme de tú y dirígete a mí llamándome Dama. ¿Comprende?
- Por supuesto mi dama…

A la Dama de París comenzó a gustarle la compañía de Aurelio de la Reja,  escritor famoso de las tierras Ibéricas y galán entre las damas por el éxito de su último libro el Conde de la Barqueta… Muy pronto estuvieron juntos en un compartimento privado del tren charlando y disfrutando de una copa de champagne… La Dama se dejó agasajar, para ella solo significaba en principio una agradable compañía antes de adentrarse en la Sevilla que adoraba desde que de niña sus padres la llevaron a disfrutar de la Semana grande y la feria de abril, pues su progenitor siempre mantuvo inversiones allí y además, era un enamorado de la tauromaquia…

Aurelio de la Reja sin embargo ya estaba embobado de antemano, la excelsa belleza y porte de la Dama no era para menos, en su París natal la preciosa bailarina sufría a veces de este tipo de acosos por parte de hombres y lesbianas. Lo que no sabía la Parisina es que Aurelio se estaba enamorando perdidamente, aunque ella ni por un momento pensó en mantener ninguna relación con aquel extraño, solo que inesperadamente algo cambiaría para ella al conocerle. Sin embargo un turbio asunto le produciría un intenso dolor a su exquisita sensibilidad.

La Dama tenía reserva en el distinguido hotel Alfonso XIII para las dos semanas siguientes, hasta que de la Reja le preguntó donde se hospedaría en Sevilla y la charla tomó otro derrotero.

- ¿Le suena este autor sevillano Aurelio? Encontré su libro por casualidad. Su nombre es José Fitto, su apellido es de origen Italiano.

- Déjeme ver… - Aurelio esgrimió una sonora carcajada que contrarió a la Dama –

Seguidamente cogió su móvil de última generación y tras localizar un sitio web el escritor enseñó algo a la Dama que quedó atónita y con gesto contrariado.

- ¿Lo ve? ¿Es este su escritor? Ja, ja, ja, ja…

La Dama preguntó qué significaba aquello aunque de ningún modo le causó gracia lo qué Aurelio le había enseñado en el móvil.

- Dígame. ¿Qué significan esas imágenes? ¿De quién es esa casa?

- De su escritor. Hace años que todos lo ven, vive con su madre, la ve, es esa mujer bajita que discute con ese desgraciado. Ja, ja, ja, ja, escritor y poeta, ja, ja, ja…

- ¿Qué es una especie de concurso de gran hermano o algo así?

- ¡Oh, no! Ja, ja, ja. Ellos no saben nada. Son el hazme reír de toda España.

- No alcanzo a comprender este asunto Aurelio. No lo entiendo.

- Se lo explicaré bella Dama…

En ese instante entró en el camarote una mujer bellísima del mundo de la moda qué residía en Nueva York conocida por la Dama y llamada Graciela Bottonchí.

- Buenos días Dama de París, un placer saludarla. ¿Os importa qué viaje con vosotros? No me gusta el acompañante de mi departamento. Caballero. Encantada.

- Le presento al Conde de la Barqueta, bueno quería decir Don Aurelio de la Reja, el otro nombre es el título de su novela.

- He leído su libro, es enamorador y enternecedor.

- Gracias, no nos han presentado, pero yo sé quién es, usted es la esposa del campeón del mundo de golf  Vira Bola….

- Todos los del mundo de la belleza la conocen…, agregó la Dama.

La bailarina se excusó y salió de su acomodo aduciendo qué debía hacer una llamada en privado cuando en realidad se marchó al excusado vips para llorar por lo qué acababa de presenciar en el teléfono móvil de Aurelio de la Reja, éste quedó prendado con su nueva acompañante una de las mujeres más deseadas del mundo… La Dama no volvió aparecer por el reservado del tren y bajó en Sevilla disfrazada y con destino incierto tras el varapalo que le produjeron aquellas vergonzosas imágenes…

El afamado escritor y Graciela Bottonchí a los pocos minutos de salir de la estación de Santa Justa de Sevilla ya iban cogidos de la mano, ella llevaba amplias gafas de sol y un pañuelo que le recogía todo su pelamen, lo qué no esperaba Aurelio es que la famosa modelo fuese acompañada de un niño de unos 8 años hijo del matrimonio de ésta con Vira Bola ausente y engañado. A la Bottonchí la esperaba un coche con chófer al qué invito a subir a don Aurelio…

La Dama de París se refugió en su suite del hotel Alfonso XIII de la bella Sevilla y muy pronto hubo contratado vía telefónica los servicios de un detective privado para ahondar en el sucio asunto relacionado con aquel libro qué encontró en la papelera de la afamada librería sevillana meses atrás…

A la mañana siguiente tras desayunar en su lujosa suite La Dama de París leyó algunas de las noticias en los diarios más punteros de la ciudad. Se disponía a salir a pasear por el casco antiguo cuando recibió una llamada del recepcionista del hotel. Graciela Bottonchí y Aurelio de la Reja la esperaban para beber té juntos. Minutos después la modelo residente en Nueva York pero de origen Norcoreano subió a la suite para hablar con la Dama de París. Ésta la recibió con los buenos modales que la caracterizaban y ambas comenzaron a charlar sobre un asunto que interesaría a la Dama. Primero hablaron de ropa y perfumes, la Dama le preguntó si su matrimonio con Vira Bola iba bien a lo que Graciela respondió con un sí sin contemplaciones. Ir más allá ya sería de mala educación, lo que la Dama no sabía es que la top model había pasado la noche con de la Reja en su casa del barrio Santa Cruz… Luego de esto la famosa bailarina de ópera pregunto a la modelo que hacia en Sevilla, la respuesta de la chica de la pasarela la sorprendió aún más.

- ¿No has oído hablar de él?

- ¿De quién Graciela?

- Del hombre con poderes especiales.

- No sé a qué te refieres.

- Aurelio no lo sabe pero he venido desde Nueva York con la intención de casarme con él.

- ¿Con Aurelio de la Reja? – Contestó la Dama –

- No, con el qué conocen cómo al niño.

- Espera, Graciela, tú ya estás casada con el campeón Vira Bola y por lo qué veo enrollada con de la Reja…

- Mi ex marido y yo estamos en trámites de divorcio pero no lo sabe nadie porque afectaría a mis finanzas y a mi boludos contratos con las grandes firmas de París, sin incluir a mi extremista familia comunista. Además, no voy a volver a Corea del norte, cómo bien comprenderás. Y lo de Aurelio es solamente un “toreo” cómo dicen en Sevilla… Ja, ja, ja…

- Sigo sin entender. ¿Quién es ese niño?

- Un hombre con súper poderes de aquí de la ciudad, lo qué ocurre es que lo tienen oculto, pero yo ya lo he seguido desde hace cuatro años, di con su paradero en las playas de Cádiz donde compré una mansión frente al mar, él suele visitar aquellas playas porque nació por allí.

- Extraña historia Graciela, ¿tiene nombre ese mago?...

- Sí, de momento no te lo diré…

La Francesa sabía que la salud mental de la Bottonchí dejaba mucho qué desear. El teléfono de la habitación volvió a sonar avisando a la Dama que su detective privado había llegado. Quedó con verse más tarde con otrora modelo de alta costura y tras marcharse la bailarina recibió al investigador especial…

Tras exponer la Dama lo qué quería el detective se levantó y dijo.

- Lo siento, madame. Ni yo ni ninguna empresa de detectives de este país le ayudará en ese asunto. Ahora debo irme.

- ¡Un momento señor! ¿Por qué no?

- Tampoco puedo responderle a eso. Será mejor para usted que olvide a ese escritor, es un buen consejo…

La Dama de París se quedó contrariada y sin tener costumbre encendió un cigarrillo mientras observa por el trasluz de su ventana el perfil de la torre almohade reina de Sevilla. Supuso que aquella negativa del investigador privado despreciando todo aquel montón de dinero podría estar relacionada con las imágenes qué Aurelio de la Reja le había enseñado en el vagón del tren de alta velocidad, lo que aún ignoraba la Parisina es que su escritor humillado y el mago niño del que hablaba Graciela Bottonchí eran la misma persona. Así que la Dama se puso a escribir a pluma sobre el coqueto escritorio hotelero, sin saber lo más importante de la historia, se encontraba dispuesta a llegar hasta el final de aquella rocambolesca jácara, además, aquel libro de la papelera había sido el más bonito que jamás leyó y cómo además venía de un desaire calumnioso de algunos de sus próximos decidió inmiscuirse hasta el tuétano en el deshonor sufrido por José Fitto. O al menos aquel asunto tenía el aspecto de una violación fragante de los derechos humanos más esenciales. También habló vía telefónica con sus padres para decirles qué se encontraba bien y a salvo en la ciudad Hispalense y preguntó a su progenitor por alguien de confianza de la ciudad andaluza con el qué contactar si llegado el momento necesitaba algún tipo de ayuda o cobertura legal. Cuando hubo concluido sus gestiones se lanzó a la calle con la intención de encontrar a Françoise Pasteur administrador de los negocios familiares en la ciudad del Guadalquivir.

Nada más anduvo unos pasos por la avenida de la Constitución vio al lejos a Graciela Bottonchí con un famoso fotógrafo italiano que llevaba una guitarra española enfundada y colgada a su espalda haciéndole fotos a la top model frente a la imponente catedral de Sevilla. La Bottonchí ni se percató la bailarina extrajo su móvil y los fotografió sorpresivamente pues la modelo besaba en los labios a Mauricio Terrano bien conocido por las chicas más excelsas del mundo de las pasarelas de las grandes firmas. ¿Qué habría sido de Aurelio de la Reja?...  La Dama sabía que la modelo de raíces Norcoreanas tenía bien ganada la fama de promiscua alocada de buen corazón y aunque a ella poco importara las costumbres de la bella ex-actriz en este caso se sentía involucrada y comprometida sabedora de la información qué podría aportarle Graciela sobre ciertos aspectos de la ciudad que ella misma desconocía. Por supuesto no creyó ni una palabra de lo de aquel supuesto mago de poderes especiales, ya en otras ocasiones había oído historias en París sobre las excentricidades y erróneas opiniones de la bonita consumidora eventual de cocaína tan sobradamente bien pagada. Si su escritor José Fitto se encontraba en la ciudad lo encontraría. Esperó camuflada entre el gentío hasta qué logró abordar a la modelo para preguntarle por Aurelio de la Reja necesitaba aquella dirección de Internet y saber más sobre José. Entonces vio a la Bottonchí dirigirse hacia ella, Mauricio había desaparecido y la elegante y seductora Graciela se acercaba con su amplia sonrisa de nácar. La Dama le devolvió el sonriso y luego intercambiaron un par de besos antes de que aquella la invitara a almorzar en casa de Aurelio de la Reja.

Aurelio se encontraba preparando la presentación de su libro "El Conde la Barqueta" por España. La Dama aceptó la invitación por secreto interés en conocer y descubrir lo que vio en el móvil del escritor, aunque no estaba dispuesta a parecer interesada. Así qué  preguntó a la Bottonchí sobre la carrera profesional de ésta ahora ya casi extinguida pues la ex modelo se había retirado oficialmente de las pasarelas debido a su avanzada edad para estas lindes, aunque aún anunciaba productos y aceptaba contratos millonarios exclusivos de quién los quisiera pagar. De la Reja no las dejó iniciar la conversación y las conminó a salir a la calle para irse a almorzar a un famoso restaurante céntrico de la capital Sevillana, luego irían a una de las cadenas televisivas de la ciudad por expreso interés de Graciela qué quería enseñar algo muy interesante a la Dama de París.

La Dama denegó la oferta del chulesco escritor cuando vio de refilón una pistola en uno de los bolsillos de su cazadora. Éste le miró y la insistió la Dama de París aprovechó para sonreírle y decirle qué quería volver a ver aquellas imágenes qué Aurelio le mostró en el tren de alta velocidad. De la Reja le dijo qué si les acompañaba vería algo mucho más interesante y cómico relacionado con aquel asunto, añadiendo:

- ¿Sigue interesada en él verdad? – La Dama negó -

- Oh no, no. No era lo qué yo imaginaba.

- Hay cosas qué no sabes Dama. – Agregó la Bottonchí –

- ¿Sí? ¿Qué cosas Graciela?

- La vida de José Fitto está secuestrada. Y todos sus escritos también. ¿Verdad amor? – Aurelio siguió hablando –

- Así es. No podemos decir quién lo ha hecho, pero así es. Acompáñanos. Te hartarás de reír bella Dama.

- He venido a relajarme y disfrutar. No me resulta nada fácil salir de París con mis compromisos, no quiero problemas. Esta noche tal vez, si estáis por aquí o mejor os invito a cenar en mi hotel, sobre las ocho.

- Cómo quieras Dama, dijo la Bottonchí mientras daba un pico a su acompañante. - Este adivinó de alguna manera que la exitosa y bonita bailarina de ballet clásico ocultaba algo pero no sabía con certeza el qué-

Lo cierto es que a ella le hubiese gustado acompañarles pero al ver aquel revólver se asustó y por momentos no sabía con tipo de gente estaba tratando, conocía a Graciela, sí, aunque también había rumores tal vez infundados, de qué la Bottonchí traficaba cocaína con el este asiático, huyó disimuladamente de allí con la firme intención de dar con el paradero de su enlace Francés en Sevilla, Françoise Pasteur. Cuando Françoise recibió la llamada de la hija de su jefe no tardó ni media hora en presentarse en la suite del hotel dónde la artista de danza se hospedaba.

Capítulo. III.

Françoise Pasteur era un atractivo, elegante  y culto hombre de negocios de unos treinta y cinco años. Llevaba las empresas del grupo francés en Sevilla propiedad del padre de la Dama, era un hombre alto, fornido de gimnasio diario masculino y muy educado.

- A su servicio señorita.

- Merci, Françoise. Gracias por venir tan deprisa

- Su padre me llamó, cree que a usted le ocurre algo. ¿Se encuentra bien? ¿Necesita ayuda? ¿En qué puedo servirla? Pídame lo qué desee y lo haré. No lo dude… Mataría por madame... La noto triste... 

Continuará...

La Dama de París. ®. ©.
Autor: Jorge Ofitas.
Sevilla. 2015. ®. ©.
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