La Casa Bogdánov. ®.

 

La Casa Bogdánov. ®.

La casa Bogdánov. ®. I parte.
Novela. Histórica. Drama. (Ficción)
Revolución del octubre rojo.
JorgeOfitas. Autor.
Todos los derechos reservados. Spain. 2015. Europe. 2020. ®.

Índice.

Portada.
Índice.
Dedicatoria.
Nota del autor.
Introducción.
Frase.
Capítulo. 0. El comienzo del final.
Capítulo. I. Kirill Vinográdov.  
Capítulo. II. Atrapado en Petrogrado.
Capítulo. III. Heridas de amor y guerra.
Capítulo. IV. Rumbo al exilio.
Capítulo. V. Reencuentro en el Octubre Rojo.
Capítulo. VI. La clave SIS.
Capítulo. VII. Y más de diez mil millones de libras para gastar.
Epílogo.
Personajes de la obra.
Banda sonora: Sergei Rachmaninov. Tema central. Vocalise. (Otras)
Contraportada. Sinopsis.

 

Dedicatoria.

Dedico esta obra a todas esas personas que dejaron su vida en contiendas cruentas provocadas por la política; creyendo mejorar el mundo y no les sirvió de nada. Entre éstas a todos mis antepasados.

El autor. 

 

Nota del autor

Estado de aporía.

El objetivo de esta novela es absolutamente culturizar y entretener. Este escritor no cree en la política por lo que no se me puede achacar y endosar etiquetas politizadas, para mí son la filosofía y la poesía las madres que ganarán a la ignorancia en el futuro si es que realmente existe. Observad. La política mundial desde que esta perdura es la creadora de todos los problemas que azotan a nuestras sociedades desde hace dos mil quinientos años aproximadamente, Platón la llamaba la sofisma él sabio filósofo griego luchó con ardor contra esta lacra que bien sabía crearía graves problemas a la humanidad, el discurso carente de contenido moral avalado por las ordas del materialismo más cruento y la avaricia enfermiza que esclaviza a los hombres y mujeres de esta bolita circundante donde vivimos. Esto no quiere decir que haya que amputar nada como han hecho ellas y ellos (política y materialismo) solamente se trata de cambiar nuestro modo de vida hasta una medida responsable; que como ya está demostrado está acabando con nuestra casa, la madre Tierra. Es como si nuestras sociedades vivieran en un laberinto insondable que siempre desemboca en destrucción y vuelta a empezar, nunca hemos intentado de verdad alcanzar nuestro hilo de Ariadna para salir del laberinto del minotauro que es para nosotros el desequilibrio que envía nuestro barco de la vida a la demora con rumbo a la ignorancia como si la tierra fuera cuadrada y nos gustase el destino que conduce al abismo del infierno. Podemos hacerlo, lo lograremos aunque habrá primero que cambiar los patrones de educación en manos de la política el materialismo y los dogmas falsos que tanto daño hacen al alma del hombre.

Sobre las religiones o dogmas solamente diré que la humanidad siempre poseyó una sola religión y que deberá regresar a examinar sus asuntos del espíritu y practicarlos correctamente para que los frutos sean buenos y todos aquellos creyentes encuentren una respuesta científica a todos esos dogmas que no practican con el ejemplo estando algunos de ellos más cerca del materialismo que del alma del hombre.

La política de izquierdas consideró a Platón un hombre sin creencias espirituales, un ateo en resumidas cuentas y no es así pocos hombres en la historia de la humanidad han tenido la certeza de Dios como aquel hombre de espaldas anchas o como Pitágoras o el mismísimo Jesús de Nazar pero las historias que han enseñado de ellos en las escuelas y universidades del mundo durante demasiado tiempo ha sido la que le ha convenido al poder establecido, nos lo han cambiado todo para que no encontremos nuestro mapa del tesoro existencial y es hora de que nos devuelvan lo que nos pertenece, basta ya. La política de derechas se ha hecho llamar progreso y sería así si no echásemos un vistazo al planeta y su historia y viésemos cuantas desgracias nos ha traído ese mal llamado progreso, resulta contradictorio ver como las personas de esta ideología se enfundan el traje de creyentes en Dios sin cumplir los mandamientos que deben cumplir.

Hay más cosas que nos atan a la ignorancia, un filósofo dijo que la religión era el opio del pueblo, mentira, las religiones eran odiadas porque impedían la dominación del vulgo para otros dogmas políticos o materialistas, además, ahora este opio es la tecnología que esclaviza a nuestro jóvenes y mayores, nos dan el cambiazo pero no nos enseñan el verdadero sendero de la felicidad que realmente, existió y existe. No hay nada nuevo bajo el Sol, todo es plagio remasterizado… Mirad, observad a nuestros hermanos y hermanas de la Tierra, confundidas, enfermas, vagando entre sombras sin ninguna intención de cambiar las cosas. No pueden hacerlo, ellos y ellas están ciegos y “el que no sabe es como el que no ve” Sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos.

Jorge Ofitas.

 

Introducción de la novela.

La obra literaria que aquí presento es la número seis en orden de publicación y espero que sea de vuestro agrado y os cueste dejar su lectura; si así ocurre sin duda sería un premio inestimable para este escritor.

Esta novela histórica de ficción cuenta la vida de un rico y joven aristócrata ruso que a principios de 1912 quedó atrapado con toda su fortuna en medio de uno de los conflictos bélicos más enrevesados de la historia humana; la revolución rusa del octubre rojo.

Vasiliev Bogdánov sufre también una presión incesante extramuros para que abandone Rusia con absoluta presteza desde el otro lado de las fronteras rusas, familiares y coetáneos ricos europeos cómo él le advierten incesantemente de que si realmente quiere salvar su vida y hasta el último penique de plata de su inmensa fortuna debe salir de Petrogrado (anterior San Petersburgo) inmediatamente. En caso contrario Lenin le bloquearía los fondos y quedaría sin nada en la mejor de la situaciones sería recluido en algún campo de concentración perdido; arrestado cómo aristócrata por los Soviets, Bolcheviques o algún otro grupo extremista; pues no eran pocos los que querían matarle a él y toda su estirpe en la proyectada Unión Soviética. En su huida hacia adelante Vasiliev se cruza en su camino con René Natasha Vólkova (Vocalís la protagonista de nuestra novela) una mujer bella y sencilla que adora la causa roja y está dispuesta a dar su vida por sus ideales.

Todos los personajes, sus nombres y el argumento de la obra son absolutamente producto de la imaginación del autor. Los datos históricos del contexto en el que se escribe la novela deberían ser ciertos si los datos registrados y publicados por las naciones implicadas en los conflictos beligerantes son correctos y verdaderos.

La primera parte de esta novela comienza con la noticia del hundimiento del Titanic (1912) y concluye en plena guerra civil rusa una vez concluida la I guerra mundial. La segunda parte engloba el final de la revolución del octubre rojo y la instauración de la URRS o repúblicas socialistas soviéticas y después la terrible II guerra mundial hasta su final. En este escenario se mueven nuestros personajes, cómo ya cité anteriormente fruto exclusivo de la imaginación del autor.

La Casa Bogdánov es una novela escrita en el transcurso de las dos primeras guerras mundiales y la revolución rusa del 25 de octubre de 1917 por el calendario juliano 7 de noviembre para el resto de occidente. Sin duda esta obra tiene tintes dramáticos y belicosos (entre otras cosas) teniendo en cuenta el contexto hostil al que se enfrentan los personajes. También romanticismo y poesía.

Este escritor no opina sobre las ideologías extremistas de aquellos tiempos (en la actualidad pintan bastos bolcheviquismos y extremismos a derecha e izquierda con más ardor si cabe, han vuelto, craso error) ni sobre las clases sociales y sus protagonismo en esta revolución rusa y el nazismo alemán y no opino por respetar las culturas y las tradiciones de los pueblos; cuando yo aún no existía para verlo con mis propios ojos. ¿O tal vez sí qué lo vi? Sólo traslado el efecto de aquellas causas a mis personajes en la medida de lo posible y que cada uno saque sus propias conclusiones, creo que es lo más correcto y leal.

Como ya dije los datos supuestamente verídicos del contexto histórico que os traslado son para vuestra absoluta comprensión sobre lo que realmente estaba ocurriendo en Europa con los extremismos que rompieron la cuerda a lo largo y ancho del planeta. Una vez y no más; Santo Tomás ¿Guerras de cifras y de poder? ¿Guerra económica? ¿Aniquilación de seres humanos cómo negocio? ¿Guerra de familias? Bueno, bueno… Porque las personas de a pie si tienen sus necesidades básicas cubiertas no quieren participar en guerra alguna. ¿Quién o qué las obligaba? ¿Quién o qué las obliga? Seguimos adelante…

La revolución rusa y las dos guerras mundiales fueron los acontecimientos más incomprensibles y hostiles sobre las revoluciones de los pueblos de la historia conocida de la humanidad y tenemos mucho que aprender aún de ellas y de la guerra civil española, pues en todas las contiendas vergonzantes y vergonzosas el motivo siempre es el mismo, la degradación de las clases obreras por una parte, la manipulación de estas clases por parte de líderes (en el caso de España) que una vez comenzada la guerra civil huyeron del campo de batalla dejando a sus hermanos matándose con sus hermanos, expolios degradantes a familias y personas sin ideología política, genocidios encubiertos bajo siglas o falsas banderas más otras injusticias de la que este escritor puede atestiguar su veracidad debido a que la sufrieron personas allegadas como mis antepasados.

No hay grandes diferencias entre las guerras sean cual sean su índole ni lo motivos por las que se inician; encontrareis siempre los mismos patrones de inconformidad e intolerancia cuando se trata de justificar una contienda armamentística o de extinción vírica. Si no, examinad la historia que os han contado, la verdad suele ser siempre escondida bajo los anaqueles de los intereses económicos. También otros poderes fácticos utilizaban la confusión política para controlar a las masas, cómo también todas las guerras acontecidas en el continente Europeo no han servido sino para acrecentar la posibilidad de una nueva conflagración entre pueblos hermanos y limítrofes durante demasiados siglos. ¿Aprenderemos de nuestros errores? Algunos lo intentaron a otros les faltó muy poco para conseguirlo.

Lo que aquí se expone es el “hogar metafísico” de todo lo que acontece a los personajes y sus destinos en el transcurso de una de las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad aunque ciertamente los motivos que tuvo el pueblo ruso para acabar con la teocracia distan mucho de lo que originó las dos guerras mundiales y la guerra civil española.

Os dejo con La Casa Bogdánov una novela escrita, pensada y sentida para que las nuevas generaciones comprendan que la paz que ellos disfrutan no es gratis, más bien costó un altísimo precio en vidas y en recursos de sus antepasados próximos o no. No soy muy amigo de los refranes y las máximas cuando éstas no están pensadas y escritas por almas y espíritus sin ideologías extremistas ni creencias limitantes, sobre todo una que dice; “El hombre (yo diría la especie humana) es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Esto no es cierto porque hay seres humanos a los que no les ocurre, pocos, sí, pero no hay que darlo por hecho. Me gusta más “la especie humana es la única que no termina de aprender de sus errores”

Qué la disfrutéis. Vosotros tenéis la palabra amigos de la literatura.
Un fuerte abrazo, con todo mi cariño.
Jorge Ofitas.

Poeta y escritor de Andalucía. España. Europa. Planeta Tierra. Sistema solar. Vía Láctea. Universo infinito. Espíritu…

“Conozcámonos a nosotros mismos”
“Es muy largo y muy difícil pero siempre nos sobrará tiempo dónde el tiempo no existe.

Jorge Ofitas.

Los hijos muertos de Europa regresarán de sus tumbas clamando la paz robada entre música dramática de violines y flores mustias.

Jorge Ofitas.

 

San Petersburgo. Rusia. 1888.

Los hijos muertos de Europa regresarán de sus tumbas clamando la paz robada entre música dramática de violines y flores mustias. No a la violencia. No a la guerra. Di siempre no a la violencia o a cualquier tipo de confrontación que esté exenta de sabiduría, hijo mío. Aunque perdieses todo lo qué poseyeras. Procura siempre no confraternizar con ignorantes que no saben que no saben y si no te queda otro remedio intenta amigarte con ellos; pero no te unas a su causa y por supuesto que jamás te acobarden. Sean de donde sean y vengan de donde vengan, recuerda que no pueden venderte nada porque tú ya lo tienes y sabes todo. Utiliza el buen talante y el intelecto para la sociedad y el corazón para los que quieras y ames pero huye de la violencia de cualquier índole cómo de la peste; ésta es la verdadera ignorancia. Bueno, sobre el corazón hay cosas que solo tú podrás descubrir por ti mismo.

- ¿Has oído bien, Vasiliev?
- Sí señor, le comprendo…
- Eso espero de ti. Intenta no defraudarme hijo, esperamos mucho. La familia te necesita más que nunca.
- No, señor, no le defraudaré.

Vasiliev Petrov Bogdánov nació un día del mes de marzo de 1884 dentro del seno de una de las familias más ricas del continente europeo y del mundo. Sus primeros años no pudieron ser felices porque simplemente no conocía la infelicidad, al carecer de elemento de comparación se sentía imposibilitado para apreciar lo que poseía. La educación que recibió no ayudó demasiado pues todos sus deseos eran concedidos de inmediato, aunque ciertamente, la casa Bogdánov podía permitirse cualquier cosa comprable de este mundo. En ese entorno se fomentaba la egolatría, la imagen, vivir en las alturas requería demostrar antes los demás, entre otras cosas, ser sobradamente poderoso e invencible. Con vicios o virtudes, daba igual. “Lo más importante es el dinero, lo demás son monsergas”, solían decir los Ingleses más materialistas. Aunque el primogénito y futuro heredero a simple vista podría no parecer cómo los de su clase, sin duda, pertenecía a ella.

 

Capítulo. 0.
San Petersburgo. 1912.

La noticia del hundimiento del Titanic enmudeció a Petrov Bogdánov. Sin embargo sonrió a todos los del salón. Aquella primavera de 1912 sintió que su enfermedad le robaba la vida y aún no tenía todo bien resuelto. Es más caro cuesta más dinero morir que vivir rico; se decía Petrov Bogdánov que conocía bien los astilleros Harland and Wolff en Irlanda del norte y a sus armadores. Aunque casi toda su flota mercante fue construida en los astilleros navales de San Petersburgo; él personalmente había encargado al armador inglés varias naves de transportes de mercancías para su multinacional. También conoció a dos matrimonios de San Petersburgo que se sumaron al viaje de inauguración del RMS Titanic terminada trágicamente. Encendió su penúltimo puro y bebió dos largos sorbos de gran coñac francés.

- Señor, tiene un telegrama urgente de Moscú.
- Gracias, Dimitry. Retírate. Que no me molesten quiero estar solo.
- Sí, señor.

En el telegrama recibido uno de sus contactos en la Ojrana (Policía del Zar) le avisaba de posibles represalias contra los ricos en San Petersburgo, Petrov no se amilanó y mandó llamar a uno de sus políticos “amigos”. Esa misma tarde un nutrido grupo de mencheviques y anarquistas se personaron en la mansión Bogdánov. Olenka Bogdánov asustada hizo llamar a la guardia pero eran demasiados. Por fortuna el influyente político amigo de Petrov apareció y logró disolver el tumulto. Corría el año 1912. Rachmaninoff triunfaba en el teatro Bolshói de Moscú y era un músico consagrado a pesar de su juventud y una nueva generación de pintores nacía de la revolución socialista. Aquellos años las nuevas corrientes revolucionarias marcarían un antes y un después en la historia teocrática rusa.

El baile no hizo más que empezar y Vasiliev no apareció. La bella hija de los Koslov lo sentenciaría. Durante la adolescencia se habían divertido juntos las noches de fiesta por las cuadras de la casa Bogdánov y la bonita Koslova lo quería para siempre, sobre todo desde que la invitó a disfrazarse de trabajadora del pueblo e iban al café del tranvía haciéndose pasar por pobres. Ella seguía enamorada de esas aventuras del pasado. Hubiese sido un matrimonio rico y bien avenido si Vasiliev hubiese olvidado un poco su desmesurada afición, al caviar, el vodka, los diamantes y las bailarinas de danza. A sus veintiocho años el primogénito de los Bogdánov no tenía pensado contraer nupcias tampoco deseaba a nadie para tal menester. Las solteras ricas de mediana edad lo consideraban el mejor partido para contraer matrimonio, aunque pareciera un gigolo engreído en ocasiones, no pocas jóvenes de su círculo deseaban emparejarse con él.

Al considerarse que San Petersburgo era un nombre demasiado alemán, el día 31 de agosto de 1914 pasó a llamarse Petrogrado. Influyó sobremanera para este cambio de nombre el enfrentamiento ruso alemán de la I guerra mundial. Este mismo día los Bogdánov darían una fiesta nocturna para celebrar el fin de la temporada veraniega y agradar a sus amigos influyentes y millonarios.

Vasiliev había perdido esa noche mucho dinero en los naipes y se atiborró de alcohol. Luego se sumergió en un sueño profundo y olvidó su cita con la aristócrata y sensible Koslova. En realidad siempre la evitaba debido a la sutil presión que ella ejercía sobre él para que se casaran. Vasiliev no solía faltar a ninguna de sus citas y en la mayoría de ocasiones era educado y cumplidor, desde que supo de la enfermedad mortal de su padre medio enloqueció y casi a diario ansiaba huir de la mansión apenas despuntaba el día. Teniéndolo todo nada podía darse a sí mismo.

Petrov sentía una honda preocupación por el único heredero de su estirpe. El multimillonario mandó buscar al afamado psicoanalista judío alemán Sigmon Freud y llevarlo hasta San Petersburgo. No había tiempo que perder. Pero el afamado padre del psicoanálisis llegó demasiado tarde, Vasiliev había entrado en coma tras una de sus interminables borracheras Afortunadamente semanas más tarde consiguió salir del estado comatoso, para entonces su padre había fallecido y su madre, Olenka, respiró aliviada al ver a su esposo dejar de sufrir. Todo se realizó tras su fallecimiento cómo el patriarca dejó por escrito. Un funeral lento y breve y solamente para nosotros. Tras las pompas fúnebres y algunas semanas de riguroso luto recibió una llamada desde Londres donde se encontraba la central de Bogdánov Industries World con Bryant Books al mando de la gigantesca empresa creada siglos antes. Olenka Bogdánov no dudó del consejo de Bryant y comenzó hacer preparativos. Debía salir aprisa de la convulsionada madre Rusia, lo antes posible y para siempre. La enfermedad de su hijo la retrasó en sus objetivos. Sentía un hondo pánico y desprecio por los bolcheviques. Fue su esposo Petrov quién la avisó que se avecindaban muy malos tiempos para Rusia y fue él quien fingió chantajearla amenazándola con dejarla fuera de su testamento si no abandonaba el país cuando él faltase. Olenka no se iría sola, su séquito y la familia de éstos irían con ella al nuevo mundo. Solo le faltaba saber si Vasiliev también lo haría. Finalmente convinieron que Dimitry Semiónov, el jefe de la casa, cuidaría del heredero y ella partiría a las Américas con el servicio personal y su administrador. Por estricta recomendación de sus más sagaces consejeros debía abandonar el país inmediatamente. Y así fue como Vasiliev Bogdánov se quedó solo con más de mil millones de libras para gastar…

En la Rusia de principios del siglo XX había un gran descontento social. A esto, había que añadir la derrota de los soviéticos en la guerra contra Japón y el degaste sufrido en la I guerra mundial en Europa, aunque victoriosa a Rusia le esperaba una guerra entre hermanos. Tras ser derrocado el zar Nicolás II en febrero de 1917 se instauró un gobierno provisional. Meses después, en octubre, finalmente los bolcheviques se hicieron con el poder derrocando al gobierno provisional y creando la Unión Soviética, aunque antes tendría lugar una de las guerras civiles entre hermanos más cruentas de la humanidad, la guerra civil rusa. En este contexto histórico vivió la familia Bogdánov, una estirpe con casi quinientos años de antigüedad con visos de extinguirse ante lo que se avecindaba. Pero esto ocurría tres años más tarde…

Petrov Bogdánov viajó a Londres donde se encontraba la sede central de la multinacional que poseía. La capital del Támesis era para él su segundo hogar. Desde allí controlaba todos los negocios que poseía a lo largo y ancho del globo, su hombre de confianza no era otro que Bryant Books; un eminente genio de las finanzas y amigo de Petrov desde que ambos coincidieron en la universidad de Harvard. Fue Petrov el que cambió la fortuna de la casa Bogdánov. Antes de su entrada en los negocios familiares, casi todas las empresas del grupo eran ruinosas, así que hubo que vender patrimonio a otros ricos para recuperar liquidez. Petrov cambió todo esto con su descubrimiento minero y con la contratación de Bryant. Entre otras cosas, pues había rumores de que también traficaba con armas, aunque nadie pudo demostrarlo, se sospechaba que en su más de un centenar de barcos circulaba material de guerra de un lado a otro del globo. Rumores infundados, decía él malhumorado cuando la prensa roja y sus folletines querían presionar a los más ricos.

Finalmente aceptó los designios médicos pero en ningún caso se resignaría a morir drogado en un camastro cómodamente sedado por la morfina. Aquel día de invierno se adentró por el Londres de las catacumbas y la niebla inmensa. Buscaba fumar un poco de opio en casa de Li Chuang para rebajar la intensa tensión de su extravío emocional al saberse condenado por la naturaleza misma y también para calmar aquellos intensos dolores. La influencia asiática en el imperio Británico iba más allá del oro y las riquezas, se tumbó en un diván y su amigo secreto le cargó la pipa. Comenzó a sudar hasta que se sumergió en la bruma opiácea.

Había conseguido más de diez mil millones de libras esterlinas con sus negocios de oro joyas preciosas y grandes inversiones inmobiliarias, también el petróleo comenzaba a ser una de las fuentes de riquezas. Ser uno de los hombres más ricos del planeta no era tarea fácil. Pensó en su hija, dónde estaría la bella Valentina, el gran amor de su vida, aún sentía su abandono, prefirió ser pobre por amor a estar con los suyos. Para él era la tragedia de su vida. Y no la desheredó por casarse con un hombre de color lo hizo porque creyó que con aquella elección sería muy desgraciada. Algunas noches cogía su brújula y la ponía dirección sur y así pensar un rato e intentar adivinar, intuir cómo le iban las cosas. Años atrás había tenido dos hombres en África vigilando todos los pasos de Valentina por si necesitaba ayuda pero ella los descubrió e informó a las autoridades del país. Debida a la influencia que ejercía su marido en el ámbito cultural no dejaron cruzar más la frontera a ninguno de esos detectives privados enviados por su padre. Valentina entró una noche en la casa de los detectives y los pilló con dos amigas a las que ella misma había pedido ayuda para desenmascararlos. Por fin fueron descubiertos y los llevaron hasta el aeropuerto donde estuvieron tres días esperando un avión que los devolviese a Inglaterra.

Hacía años que moría poco a poco por fervor a los suyos y todo lo emocional tiene un alto precio. Debía ocultar toda su fortuna para que no cayese en manos de los sóviets o de algún chivato y por el momento no veía capacitado a su hijo para suplirle, tal vez sea el último de mi estirpe, se decía, pensando en Vasiliev. - Qué será de él – Solía en ocasiones murmurarse a sí mismo.

Bryant Books se apeó de su elegante auto color negro y abrazó a Petrov, este le correspondió afectuosamente. Sin duda eran buenos amigos. Subieron al edificio de Bogdánov Industries y se reunieron con el consejo. Corría el año 1912. Al parecer la sospecha bursátil de una guerra a gran escala en Europa había afectado considerablemente al negocio de joyas y otras manufacturas sin contar los sucesos revolucionarios de Rusia. Finalmente Petrov Bogdánov salió de Londres con todo resuelto. En un principio más de nueve mil millones de libras quedarían ocultas en cuentas opacas de un banco de Berlín, solo si el heredero iba cumpliendo ciertos requisitos algún día podría acceder a la cuenta cifrada, pero en ningún caso tendría certeza ni sospecha de la existencia de tal fortuna. Era plenamente consciente de que aferrarse a la vida cuando todo estaba perdido es objeto de personas cobardes o inconscientes, aunque nunca se suicidaría, Petrov era un gran devoto de la iglesia gregoriana, al menos en apariencia.

Algo no iba bien en la mente del heredero tras despertar del coma. La casa se cerró y Dimitry puso un telegrama a su madre Olenka Bogdánov, también llamó al médico de la familia pero este había salido de Rusia con destino incierto. Y cómo el doctor muchos rusos abandonaron el país, todos los que tuvieron mucho que perder, cómo en toda guerra solamente se iban quedando los pobres que serían los sacrificados en los posteriores enfrentamientos bélicos. Una trágica y desconsolada ironía. ¿Verdad?

Vasiliev Bogdánov ordenó a su mayordomo despedir a todo el servicio y cerrar todas las puertas y ventanas de la mansión. También mandó vender todos los caballos de pura raza, los muebles, pinturas y joyas, la colección de coches y carruajes, quemar los libros, tirar los buenos vinos y vender todo lo caro. Luego dispuso que le llenaran el salón principal de leña para las chimeneas. Dimitry intentó hablar con él y hacerlo entrar en razón:

- Señor, Bogdánov. Le llaman constantemente de Londres, lord Bryant insiste que debería usted viajar allí de inmediato se trata de algo muy urgente relacionado con sus empresas…

Vasili no respondía a los reiterados mensajes de su mayordomo, seguía allí con sus ojos encendidos observando el fuego y sus llameantes chasquidos. Tal vez intentara recuperar la magia extraviada de otro tiempo o a buen seguro había perdido la razón para siempre y no sabía en absoluto que haría con toda aquella fortuna y los negocios. Leía una y otra vez la novela del irlandés Bram Stoker, Drácula, muy de moda por aquellos años. Barajaba también la idea de viajar y conocerle personalmente. ¿Qué habría inspirado a Bram Stoker aquel monstruo sediento de sangre?... Se veía cómo el personaje del novelista Irlandés. Un monstruo que necesita la sangre de los demás para seguir vivo…

La mansión Bogdánov era la joya del imperio inmobiliario ahora propiedad de Vasiliev. Fue construida por su tatarabuelo sobre el 1700 tras el auge del descubrimiento de las Américas. Aunque los rusos no fueron en principio pioneros en el nuevo mundo, sin duda, la alianza de la casa Bogdánov con un destacado comerciante inglés de origen judío dio espectaculares beneficios a ambas partes. A partir de entonces la Bogdánov Industries Worlds centró toda la dirección de sus negocios en la capital londinense.

El padre de Vasiliev mandó decorar la mansión con los objetos más caros del mercado. Iluminó las paredes de ámbar y pinturas de los artistas más destacados, contemporáneos y de otros tiempos. Compró esculturas milenarias a otros coleccionistas, tratantes de arte o expoliadores en la sombra de museos y ruinas arcaicas. Más allá del horizonte debe haber alguna antigüedad que me pertenece, decía Petrov a sus tratantes de arte londinenses. Había recibido muchas quejas de grupos socialistas y anarquistas rusos por llevarse todo su capital y sus negocios a Inglaterra, claro qué, los Bogdánov habían sido siempre buenos amigos de los Románov y éstos habían ganado mucho dinero con aquellos durante varios siglos. Los Zares ya había intentado otorgar títulos nobiliarios a los Bogdánov pero estos siempre los rechazaban por qué no creían en ellos, aunque estas razones las guardaran celosamente en secreto en el círculo familiar. De todas maneras casi todos los amigos influyentes que tenían eran aristócratas europeos más otros multimillonarios que como Petrov habían hecho fortuna en el nuevo mundo. El globo vivía tiempos difíciles, sobre todo Europa, convulsionada y sin identidad con una guerra en puertas. Él sabía qué algo así ocurriría en Rusia desde la abolición de la servidumbre en 1861. Todos los obreros del campo emigraron a las grandes ciudades y poco a poco se fueron creando grupos revolucionarios obreros opositores a la monarquía rusa ante el serio descontento social nunca oído.

Alexandra Olenka Sídorova amó a Petrov Bogdánov desde muy niña. Su padre de origen inglés y de origen ruso, siempre cuidó de que su hija tuviera un gran casamiento. Lo logró con poco esfuerzo. Olenka no era rica como Petrov, su progenitor había sido diplomático Inglés en la Rusia del zar y su abuelo también, aunque tuvo acceso a una buena educación y conoció a grandes personalidades de la política y la empresa, siempre se comportó como una mujer sencilla que gozaba con las pequeñas cosas. Amante de las flores, la poesía y la astrología, pasaba muchas tardes en su buhardilla estudiando los libros de célebres ocultistas, poetas y filósofos. Mujer muy culta a la que le encantaban también los caballos de pura raza, los gatos y los perros pekineses. Nunca estuvo de acuerdo con la suntuosidad con la que su marido había decorado la mansión. En suma era una de las mujeres más ricas del mundo pero odiaba la aristocracia, el protocolo y la arrogancia aunque mantenía todos sus secretos a buen recaudo. Sentía un recelo escondido hacia su marido por desheredar a su hija Valentina con la que seguía manteniendo correspondencia vía valija diplomática y en total secretismo para que su esposo no tomara represalias.

El misterio que rodeaba la vida privada de la hermana de Vasiliev Bogdánov llamaba la atención de curiosos o periodistas rusos de cotilleos. Al parecer, en un viaje de placer a Kenia, Valentina se enamoró perdidamente de un jefe tribal occidentalizado y nunca más regresó a Europa. Su madre intentó ir a visitarla pero la heredera se cambió los apellidos y renunció a la herencia Bogdánov de motu propio. Así que todos en la familia se comportaban como si hubiese muerto y de un modo muy especial el patriarca; que prohibió formalmente y para toda la vida pronunciar el nombre de la hija en su presencia. Se rumoreaba que Olenka seguía manteniendo correspondencia con su hija como así era.

En el bello y cultural San Petersburgo habían vivido siempre los de la casa Bogdánov. Desde que el primer Bogdánov reseñable regresara de las Indias orientales con un barco cargado de oro, perlas y otras piedras preciosas. Dos décadas más tarde el pionero falleció y lo heredó todo una única heredera que vivió siempre en Londres, muy lejos de la madre Rusia. Un halo de misterio rodeaba a esta Bogdánov que según comentaban, como “abejitas atareadas” en la casa las mujeres de la familia; había sido ella la que más aumentó la fortuna de la estirpe, siendo decisiva para la supervivencia del linaje. La llamaban en el círculo familiar la “Bogdánov salvaje” por los enrevesados y sutiles métodos que utilizó para ampliar el imperio Bogdánov.

Sin duda el fallecido Petrov había superado con creces a su antepasada, había otro rumor callado y escondido muy delicado para la relación de los Bogdánov con la casa de los Románov, es decir, la casi extinguida casa real rusa. Ese rumor lo fabricó un espía del zar que presentó un informe aduciendo fundamentadas sospechas sobre Petrov Bogdánov al que consideraba un traidor por ser comunista en la sombra. El zar lo mandó degollar por mancillar la imagen de su amigo Petrov con el que siempre compartió pingues beneficios.

La mansión también era célebre por sus suntuosas fiestas. Las más importantes la de navidad, primavera y dos en verano, ésta última siempre tenía lugar en los bellos y excelsos jardines. El palacio contaba con doscientas habitaciones para invitados sin sumar las otras cincuenta del ala familiar de la casa. La cuadra Bogdánov era bien conocida mundialmente, sus carísimos y sensibles caballos andaluces propiedad de la matriarca competían en las carreras más afamadas de Europa. Parte de su caballeriza estaba en Londres, sus mejores jacos eran cuidados y montados allí. La doble vida ruso inglesa de esta riquísima familia era fundamentalmente por motivos de negocios. Aunque era Petrov en los últimos tiempos el único qué salía del país con frecuencia, su esposa lo hacía esporádicamente y sus viajes siempre estaban relacionados con las carreras de caballos. Vasiliev era más ruso. Él amaba Rusia y casi nunca salía del país. También amaba la música de Rajmáninov y la del Italiano Giuseppe Verdi con su preciosa Traviatta, el vodka, la danza, el juego, el caviar, los diamantes, el té, las bellas e inteligentes mujeres y los autos de última generación. Cada vez que conocía a una chica le regalaba un coqueto y pequeño diamante, siempre llevaba encima una bolsita repleta de gemas y otras piedras preciosas para sus amores que solían durar una sola noche y, en la mayoría de casos un rato, aunque en los últimos tiempos intentara en vano serenarse con los gastos, pues siempre llegaba a la misma conclusión. ¿Quién iba arruinarse? Soy uno de los hombres más ricos del mundo, ja, ja, ja, ja…

El patriarca decidió dar una celebración para despedirse de sus más allegados y queridos amigos y colegas. Por supuesto no diría el verdadero motivo de la fausta velada nocturna en los jardines, además, aquellos ricos no necesitaban motivos para dar sus fiestas y casi nunca daban explicaciones de sus particularidades. Ninguno de los que asistió sabía nada del estado de salud de Vasiliev Bogdánov ni del delicado estado de salud del dueño de la casa. No había lugar para milagros, Petrov nunca creyó en ellos. La falta total de fe en su heredero y el destino incierto de su patria eran mucho peor que padecer aquella maldita enfermedad. Navegaba entre tanta fortuna que no había cabida para la palabra ruina en su inmenso y entramado diccionario financiero.

Petrov dio el discurso de apertura anunciando a todos su retirada del mundo de los negocios. Muchos aplaudieron, todos y todas bebieron vodka y degustaron caviar, algunos aprovecharon la velada para cerrar un gran negocio y otros desaparecían sin dejar rastro entre las caballerizas o los bellos jardines. Vasiliev no despertaba del coma y Olenka decidió no asistir a la fiesta ni salir del ala familiar. La orquesta tocaba “Vocalise” dirigida por el propio Sergei Rajmáninov que fue muy bien pagado y aplaudido.

Hablar de sueños, poesía o libros ocultos era trivial entre una parte de la aristocracia Europea, en realidad siempre lo había sido. Los Medici o los Borgia podrían dar buena cuenta de esto siglos atrás. Muchos de los allí presentes eran masones o pertenecían a alguna logia esotérica. No en vano el ocultismo y la teosofía eran de común lectura entre la alta alcurnia y los intelectuales espiritualmente avezados sobre todo desde que rusos ilustres trajeron de Oriente tratados secretos para Occidente que los orientales ocultaban con celo a los cristianos europeos, la madre Rusia se vio beneficiada de esta confianza desde siglos atrás. Sin embargo y aunque Rusia era vanguardista en conocimientos profundos sobre la ciencia natural la espiritualidad brillaría por su ausencia a corto plazo, aunque pocos imaginaran el letal desenlace de aquella revolución en puertas. Finalmente Olenka bajó a saludar a los invitados y bailar una pieza con su esposo tras llorar antes largo rato junto al cuerpo inerte de su hijo que parecía no regresar.

Aquel día cuando Petrov Bogdánov regresó de Londres su hijo Vasiliev le estaba esperando. Su padre lo citó para almorzar en privado. Sin testigos. El joven aristócrata no sospechaba la terrible noticia que recibiría aunque en apariencia pudiese parecer que no le importaba nada en absoluto, amaba a su padre y a sus raíces más de lo que él mismo nunca imaginó. La conversación fue bien hasta que Petrov dijo a Vasiliev que apenas le quedaban seis meses de vida. El joven rico entró en un estado de shock inconsciente e intentó consolar a su progenitor y animarle, conminándole a viajar a los Estados Unidos de América donde vivían dos doctores adelantados a su tiempo de excelsa sabiduría. Petrov se negó en rotundo e intentó nuevamente mantener una charla con su hijo sobre los negocios familiares, Vasiliev despreocupado, hundido y triste, salió del restaurante con la vista puesta en su nuevo automóvil de motor ruso y su pensamiento en la botella de vodka que guardaba bajo el asiento una vez acabada su petaca dorada. Ingirió dos largos tragos de vodka y arrancó el motor con la firme intención de hacer kilómetros por los caminos polvorientos.

Petrov Bogdánov falleció una madrugada del invierno de 1914. Casi dos años después de la fiesta en los jardines cuatro años antes del Octubre Rojo. El dolor intenso se apropió del espíritu del heredero; no haber podido despedirse de su padre le producía sufrimiento y una ansiedad desconocida para él. Lamentaba haberse marchado de aquel almuerzo como lo hizo y sobre todo haber cometido el error de conducir ebrio y caer en el coma.

El mayordomo de la casa, Dimitry Semiónov, tuvo cuidado de no obedecer al enloquecido nuevo señor Vasiliev. Puso todo lo de valor a buen recaudo y fingió ser un empleado obediente. El nuevo patriarca se ancló en su sillón delante de la chimenea con sus botellas de alcohol y sus atormentados recuerdos. Dimitry no tenía potestad para encerrar a su jefe en un manicomio y por esto lord Bryant Books, nuevo presidente de la empresa Bogdánov viajó desde Londres hasta San Petersburgo, ya que sus numerosas llamadas nunca eran atendidas por el heredero. El estallido de la primera guerra mundial en Europa el verano de 1914 no hizo sino palidecer al presidente de Bogdánov Industries World. Aunque Bryant no llegaría a ver a Vasiliev por aquellos días.

El detonante para que estallase la primera gran guerra tuvo su origen en el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria por parte de un nacionalista Serbio. Este acto brutal creó una gran crisis diplomática entre Austria – Hungría y Serbia. A partir de aquí Rusia se alió con el Reino Unido y Francia en la recién instaurada I guerra mundial, estas tres potencias adoptaron el sobrenombre de la triple entente. Al otro lado del “campo” se encontraba la triple alianza, formada por Austria- Hungría y el imperio Alemán, los supuestos agraviados. Comenzada la guerra otras grandes potencias se unieron a la triple entente que junto a Estados Unidos, Australia, Bélgica, Canadá, Nueva Zelanda y otros países menos influyentes formaron la gran alianza para derrotar a los imperios alemán y austrohúngaro. Alemania comenzó invadiendo Bélgica y Luxemburgo para dirigirse después hacia la Francia. La guerra se abrió rápidamente con dos frentes esenciales, el frente oriental y el frente occidental.

Petrov Bogdánov fue avisado por la Ojrana (policía del Zar) del accidente de su hijo aunque su actitud no cambió. Siguió desencantado con su vástago y ni siquiera fue a verlo al hospital, para más inri sufrió una recaída en su enfermedad, nunca más vería a su heredero.

Olenka estuvo junto a él hasta el final y el sepelio fue de lo más privado. Muchos en Petrogrado se conmovieron por el inesperado fallecimiento de uno de los hombres más importantes e influyentes de la historia reciente de la ciudad, claro qué, otros tantos de las nuevas corrientes anarquistas y socialistas rusas se alegraron e incluso fueron hasta la mansión para mostrar su alegría por la muerte del jefe de la casa Bogdánov.

Todo cambiaría para Vasiliev Bogdánov. Cuando despertó del coma vio la ancha sonrisa de su madre que le besó en la frente y lo acarició. Luego derramó una lágrima y miró fijamente a su hijo, este adivinó enseguida el esperado y fatal desenlace.

Tras la marcha de Olenka y su séquito al nuevo mundo, donde Bogdánov Industries obtenía la mayor parte de sus suculentos beneficios, Vasiliev, como apunté anteriormente, quedó bloqueado y asqueado de todo, sin duda había enfermado emocionalmente o definitivamente se había vuelto loco. Tanta abundancia y despilfarro lo acabaron degradando, aunque algunos murmuraban que estaba enfermo de amor por una bella, otros lo tildaban de borracho irresponsable o cosas peores. Nunca había estado enamorado seriamente ni comprometido. Su madre siempre le dijo que sus antepasados eran aficionados al vodka y al juego, que no se preocupara que era algo normal, le venía de familia. Más allá de toda duda era un hijo mal criado y él se dio cuenta demasiado tarde, pensó. Mientras intentaba telefonear a Bryant para excusarse. Sentía tanto desprecio de sí mismo, que decidió lapidar toda su fortuna lo antes posible y retirarse a las montañas perdidas de algún país europeo donde nadie nunca jamás volviese a encontrarle. Nunca poseyó conciencia de clase y en su mundo no poseer conciencia de clase significaba ser comunista, enfermo mental o en el mejor de los casos un ser débil.

Dimitry llevó té a Vasiliev y la prensa del día. Rusia había entrado en guerra y las tropas del gran duque se veían desfilar a todas horas, hasta que finalmente la mayoría marchó hacia el frente oriental. Al norte de Europa, Rusia sería la encargada de frenar los avances imperiales de Austria y Alemania, al sur, Inglaterra y Francia. Todo este contexto de guerra era letal para las finanzas de las industrias Bogdánov, además tuvieron que cerrar temporalmente el comercio con oriente y esto produjo notables pérdidas. El difunto visionario Petrov lo dejó todo bien atado antes de morir, una de las razones por las que ocultó el grueso de sus riquezas fue precisamente por el estado lamentable de guerra que atravesaba Europa y el mundo, sin contar lo que ocurriría en su madre Rusia cinco años después de fallecer. El heredero tras la marcha de su madre a los Estados Unidos de América fue invitado por Bryant a trasladar su residencia a Londres, pero el Támesis quedaba para él tan lejos como conseguir sanar su corazón de la zozobra inconsciente y reprimida que padecía.

En la navidad de 1914 ocurrió algo inesperado. Vasiliev sufrió una enajenación mental severa y desapareció. El mayordomo de la casa hizo lo que debía y tenía prescrito por la matriarca; ponerse en contacto inmediato con la policía secreta del zar. Enseguida se pusieron a buscarlo por media Rusia, sin éxito por supuesto. Al mando de la investigación pusieron a un oficial muy laureado de su majestad con fama de asesino y represivo para bolcheviques, obreros y sóviets. Los ricos y aristócratas sin embargo consideraban al capitán Igoriok Záitsev un ejemplo a seguir. Y así fue como en los preámbulos de la navidad Dimitry Semiónov cerró provisionalmente y hasta nueva orden la casa Bogdánov. Él seguiría cuidando del palacio y recibiendo órdenes desde América. Mientras tanto Alejandra Olenka Bogdánov fue aconsejada por Bryant Books de no acercarse a Europa donde la guerra se había vuelto demasiado cruenta. ¿Pero hay guerra qué no lo sea? Lagrimeó Alejandra Olenka.

 

 Capítulo. I.
Kyrill Komarov.
1915- 1916.
(Guerra mundial 1914 - 1918)

La guerra Europea en el frente oriental se había recrudecido y Polonia era invadida por el imperio alemán. Kyrill Komarov se arrastró hacia la guerra sin apenas ser consciente y fue reclutado nada más le vieron aparecer con tan buen porte. Komarov logró eludir el reclutamiento pues debido a su acusado estado de alcoholismo lo tomaron por un mendigo enfermo, suerte que no le acribillaron. También por un cierto y disminuido nivel intelectual que apreciaron los oficiales rusos, dejándole marchar, no sin antes mofarse de él hasta la extenuación o eso creyeron ellos. Siguió su camino con la inconciencia ruborizada, humillado, “pisoteado”, y lo que era aún peor; nunca fue consciente de ello. Tampoco le hacía falta. “Los imbéciles no sufren” Dijo un sabio español.

La verdad es que a primera vista daba la impresión de ser un achicado intelectual por sus comportamientos algo inmaduros impropios para su edad, según lo prestablecido por la doble moral humana y la nueva psicología al uso, más otras conductas raras advertidas por todos aquellos que encontró a su paso. “Un extraño más”. Fue caminando hacia el norte siguiendo el curso del río Nevá buscando el nacimiento de este en el lago Ládoga.

Olvidó un extraño sueño que había tenido donde viajaba a África, Asia o América y fue dejando durante el mordiente y hambriento trasiego gran parte de su memoria hasta que olvidó quién era. No sabía cómo pedir para comer perdió el habla y balbuceaba, extraños sonidos, esta pérdida de facultades eran debidas al abuso intensivo de vodka.

Muy pronto estaría muerto o alguien le haría daño al intentar robarle. Afortunadamente vio al lejos un pueblo rivereño que parecía próspero. Por supuesto no sabía dónde se encontraba ni qué lugar ocupaba en el mapa. Tenía los pies cubiertos de llagas y cebaduras de tanto caminar por angostos carriles embarrados. Cuando arribó a la humilde urbe comprobó que había estado en lo cierto. Una luz misteriosa pareció crearle una inusitada sonrisa de alivio en su rostro infantilizado, él mismo se sintió sorprendido. De repente pareció recobrar algo de lucidez y resiliencia. 

Mucho antes de recobrar la capacidad mental suficiente para averiguar donde se encontraba se podía adivinar a simple vista, incluso para un disminuido intelectual, que aquellas gentes sobrevivían con la pesca, algo de agricultura y también con la relativa proximidad del puerto de Petrogrado, su cercanía aportaba beneficios a la villa. Entonces, vio una gran casa de madera donde parecía vivir alguien de buena posición. Cuando quiso darse cuenta era demasiado tarde le golpearon por detrás y le dejaron casi inconsciente. Oyó la voz de una mujer grosera en su aturdimiento:

- Eh tú, rubio! ¡Levántate!
- ¿Quién eres?…
- Mujer de favores. Cambio favores, yo hago uno y usted me hace otro. Bueno, eso dicen…
- No tengo nada para canjear, vete a otra parte. Eres una mujer grosera…
 -No robo a mendigos retrasados, desagradecido de mierda. Vengo a decirte que pareces tener cara de buena persona, no te tendré en cuenta, es cierto soy grosera. Y tú tienes cara de necesitar ayuda urgente… ¿Me equivoco? No. Mira, en aquella casa de las antorchas necesitan un jornalero. Adiós cabrón. Hijo puta… Algún día me buscarás para agradecérmelo… Ya no te invito a té…

Nadie lo había tratado nunca de esa manera tan grosera, ni antes oyó a nadie y menos a una mujer, vituperar en un tono de voz tan horrendo. A pesar de su “exquisita” tontura, por momentos pareció recobrar una inteligencia impropia en él ¿Quién le habría golpeado? Miró hacia todas partes y no vio a nadie, entonces una voz grave le habló a su espalda.

- La prostituta dice que buscas trabajo.
- No sé de quién habla. No conozco a nadie así…
- ¿Pero quieres el trabajo o no? Doy comida, techo y 5 monedas diarias. Nadie dará aquí una oportunidad a un desgraciado indigente como tú. ¿Aceptas? ¡Pues levanta del suelo!
- Está bien, dónde debo ir.
- Sígueme borracho… Pronto tendrás cosas importantes que celebrar…

Mucho antes de amanecer el patrón lo llamó para qué se levantase. Llegó al campo de noche, el invierno moribundo dejaba entrever los últimos bultos de nieve entre los lentiscos. Tiritaba de frío. Ni siquiera le habían facilitado ropa para qué se abrigase e iba vestido igual que semanas atrás sin cambiarse ni siquiera de zaragüelles y por supuesto olía muy mal sin asearse y no se podía estar a su lado. – De repente Komarov tuvo un impulso de mejoría y habló al corpulento cazador -

- ¿Señor, podría adelantarme algo de dinero para comprar ropa?
- No, no es posible. Primero lávate hueles a perro podrido.
- No puedo hacerlo sin tener ropa limpia. Me escuece todo – De repente el forzudo agricultor le arreó un puñetazo en la cara y le partió dos dientes -
- Levántate desgraciado. No tengo todo el día, te estoy haciendo un favor. ¡Te enteras! Venga, recoge la cacería…

Kyrill volvió a perder el sentido. En su fuero interno sentía qué merecía sobradamente todo lo que le acontecía. No era para menos. Fue educado en la conciencia cristiana. Así que por momentos creyó ser Job y Dios le respondía con todos aquellos tormentos por los cuantiosos pecados cometidos en su pasado por él o por su familia. Ahora su imagen iba más acorde con la nueva representación Komarov. Dos policías se acercaron al patrón y comenzaron hacerle preguntas, al parecer buscaban a un personaje muy importante que había desaparecido en alguna de las regiones limítrofes de Petrogrado. Los policías no lo advirtieron. No fijaron su vista en él ni en su boca ensangrentada, ni en su cuerpo llagado, ni siquiera vieron su sombra.

Aquella mañana fría de invierno se sintió algo mejorado y pudo acometer el trabajo encomendado. Komarov iba detrás de su patrón cogiendo la cacería del suelo y guardándola en el zurrón. Acongojado y humillado por aquel hombre bestial desconocido, decidió guardar silencio y aguantar todo. Cuando regresaron, Strélnikov le envió a limpiar las habitaciones de la casa y la chimenea. Ni siquiera le permitió lavarse las heridas o asearse. Tras varias horas concluyó su labor y se presentó a Igor, éste le dijo que se diera un baño, que apestaba a perros muertos y luego lo envió al pueblo con una lista de compras. Le adelantó dos monedas de su salario y le sugirió que no entrase en la taberna, pero Komarov necesitaba con urgencia un par de tragos de vodka o tal vez morir para siempre ahogado en él.

Cogió uno de los carromatos del patrón y enfiló el camino embarrado que llevaba al pueblo. Algunos adinerados estrenaban automóviles. Extrañamente se sintió feliz de pasar tan desapercibido a pesar de las heridas y los maltratos. Mientras tanto, la policía buscaba por todas partes a un rico heredero desaparecido de la antigua San Petersburgo. Los rumores de la presencia de un extraño mendigo alcohólico en la zona no pasaron inadvertidas para los chivatos de la Ojrana*. (Policía del Zar) que estaban por todas partes.

Dejó la carreta a buen recaudo dirigiéndose a la tienda de suministros. Una vez dentro, le dio la lista de la compra al propietario del establecimiento, éste le animó a beber un trago en el bar mientras preparaba el encargo. Kyrill hizo lo que el tendero dijo y se marchó a la cantina más próxima. Una vez en la calle no vio ningún “abrevadero” para saciarse. Alguien comenzó a sisearle…

- ¡Me debes una copa por haberte encontrado trabajo! Eh, si, si, aquí. ¡Eh, cara de rico estoy aquí!

Recordó aquella voz del día anterior, no quería mostrarse aludido con la grosera, tampoco sabía tratar a las mujeres de aquella calaña. A lo largo de su corta vida solo conoció algunas prostitutas “distinguidas” hacia tanto tiempo que no besaba unos labios aunque tampoco los había sentido todo para él había sido juego.

- ¿Me invitas a un trago? Tengo frio. – Él la miró. Ella sonrió -
- No hay cantinas por aquí, lo siento, además voy con prisas.
- Pues dame el dinero.
- No tengo dinero. Me han enviado aquí por suministros.
- Ten mucho cuidado con Strélnikov… Es un puto bolchevique encubierto. Adiós. Me debes otro favor.

Un hombre borracho de buena presencia apareció de repente en la calle, como “lanzado de una casa”.

- ¡Eh puta del demonio me debes algo! Usted, detenga a esa puta, deténgala le digo, se ha quedado con mi monedero y no ha hecho nada es una estafadora…

El borracho se abalanzó sobre la mujer y la cogió por el cuello la estaba ahogando, de repente Kyrill le arreó con una pala en la cabeza y lo mató sin querer. Era la primera vez en su vida que esgrimía violencia con el prójimo. Volvió a sorprenderse a sí mismo y cuando comprobó la consecuencia de su acto palideció de terror. Le había quitado la vida a un hombre que no le había hecho nada, estaré condenado para toda la eternidad (se dijo) y tras esto enmudeció de frio, unos temblores anodinos le bloquearon. René le urgió para que se marchase lo antes posible.

- ¡Vete de aquí! Aprisa, si te cogen te matarán o te encarcelaran. – Exclamó la supuesta grosera -
- No me iré. He actuado conforme a la ley.
- ¿Sabes quién es este? Es hermano de un zarino. Sangre real amigo, estás muerto. Te machacarán. La Ojrana te troceará en el mejor de los casos.
- No sé qué hacer. Espera a lo mejor vuelve en sí. ¿Qué haré ahora?
- Está muerto. Se escuchan caballos, ven, ocultémonos. Aprisa idiota…
- El tendero nos habrá oído y si nos ha visto estamos perdidos… Sobre todo yo.
- Imposible. El mal nacido es sordo y me debe un favor qué le hice a cambio de un poco de carne. Si sabe algo, no te preocupes sé que le gusto…
- ¿Por qué dices esas groserías? Ni siquiera me conoces, no lo entiendo. Además, no va con tu talante. ¿Intentas impresionarme quizá?
- Sabía qué no eras retrasado desde la primera vez qué te eché mi ojo de bruja…
- Tienes unos ojos muy bonitos… Sí, es cierto, perdí la testa, ahora estoy mejor…

- ¿Te importaría abrazarme? Siento un intenso frio…
- No sé abrazar. Besar sí…
- ¿Qué no sabes abrazar? Uy, ven, es así, aprieta fuerte, espera que me desabroche la blusa mis senos nos abrigaran, bésame asesino…
- No soy un asesino…
- Estoy algo nerviosa…

Kyrill sintió hondo deseos de besarla y ella le dejó, tal vez fuese esta la manera de agradecerle haberla salvado la vida o quizá no fuese este el motivo o tal vez el miedo provocó el estrés deseo. Toda la calle se llenó de erguidos guardias a lomos de caballos uniformados, curiosos, vecinos y policías, por suerte, Komarov había aparcado su carruaje en otro lugar y nadie se fijó en él, tampoco los vieron.

- Debo irme. – Repuso Komarov -
- Gracias por tu calor y no me debes nada tonto…
- ¿Puedes decirme cómo te llamas? ¿Tienes nombre? Siento curiosidad. – Ella lo miró de un modo intenso y accedió a decírselo. –
- Aquí soy mujer de favores, pero si quieres saberlo te lo diré, me llamo René Vólkova. ¿Y tú cómo te llamas alma sensible? Besas muy bien…
- Para ti siempre seré Kyrill Komarov. Adiós, René, gracias por tu ayuda…
- ¿Volveré a verte? Debes ocultarte, yo no diré nada…
- No lo sé, de veras… Nunca en mi vida maté a nadie…
- ¡Vayámonos a París ahora! ¡Huyamos!... – Kyrill hizo oídos sordos y siguió su camino -

Dio dos o tres vueltas con la carreta y regresó a la tienda. El viejo tendero ni se había percatado de lo ocurrido en la calle. René no se equivocó, por lo que Kyrill respiró aliviado al poder regresar sin ser objeto de sospecha. Cuando por fin arribó a la casa, el patrón lo estaba esperando con cara de pocos amigos. Descargó la carreta y entró en el almiar para lavarse un poco las manos. Strélnikov lo emboscaba con garrote en diestra para darle una soberana paliza. En esta ocasión él nuevo chico de los recados, también lo estaba esperando, pero en ese preciso instante y por suerte para Komarov aparecieron soldados de la Ojrana real de caballería.

- ¡Qué ocurre aquí!
- ¡Capitán Igoriok! Es todo un honor, la realeza en persona…
- Hola Strélnikov. Cuidado con esa lengua de Vodka. ¿Quién es éste?
- Trabaja para mí. Vive aquí.
- Desde cuándo. Ven acércate, deja qué te vea. ¿Cómo te llamas?
- Mi nombre es Kirill Komarov – Fue cuando intervino el patrón -
- Lo encontré tirado en el camino. Alguien me lo dijo, que extraño, no recuerdo quién.
- ¿Tienes papeles o alguna identificación? Contesta…

Komarov no contestó, solo hacia gesticulaciones, el capitán no sabía si llevárselo o descartarlo de sus pesquisas. El mismísimo Zar había ordenado encontrar al multimillonario Vasiliev Petrov Bogdánov desaparecido en extrañas circunstancias.

- No, no creo que sea él. ¡Todos a los caballos! Adiós Strélnikov. Pórtate bien.
- ¡Adiós Capitán! ¡Venga cuando plazca!...

En la ciudad el jefe de policía decidió esa tarde pasear por la zona del asesinato. Tenía honda sed de venganza por la muerte de su hermano. Las nieves cubrían toda la calle y el frío era agudamente doloroso, se apostó frente a la tienda de suministros y comenzó a gritar para comprobar si salían vecinos o curiosos al oír los gritos, pero nadie salió a la ventana y el comerciante semita era sordo. Cruzó y sorprendió al dueño del comercio que le reconoció de inmediato.

- Hola, viejo judío. ¿Tienes algo para mí?
- ¡Volodia! Shalom. ¿Cómo te va? Siento mucho lo de tu hermano. Ha sido terrible. ¿Verdad? – El detective miró hacia la calle nevada –
- ¿Viste u oíste algo extraño esta mañana en la calle?
- Ya vinieron tus compañeros y me interrogaron, les dije todo lo que sabía.
- Si, ya sé, quería asegurarme. A lo mejor recuerdas ahora algo nuevo.
- Pues sí, ahora que lo dices. Llegó un hombre, si ahora recuerdo. Trabajaba para el pescador agricultor Strélnikov. ¿Lo conoces?
- Si, le conozco, dime, qué ocurrió después.
- Se marchó y volvió al rato, recogió su pedido y no le he vuelto a ver. Nada más.
- ¿Tienes ahí la dirección de ese Strélnikov?...

Komarov limpiaba el jardín, al día siguiente iría a pescar de altura. Su nuevo jefe también era pescador de cota. Aquella noche llegó a la casa la tripulación formada por cuatro curtidos hombres de mar, todos llegaron borrachos y medio “muertos” de cansancio.

- ¡Eh tú! Sirve a mi tripulación y búscales sitio para dormir, yo me marcho al barco. Dormiré allí, si es qué duermo.
- Sí, señor. Eso está hecho. Vaya tranquilo.
- Si mañana me haces alguna trastada te tiro al mar. ¿Lo entiendes?
- Sí, señor, lo entiendo perfectamente.

Cuando por fin pudo tumbarse para descansar lo primero que pensó fue en el pobre borracho que mató en la nieve. Cómo había podido hacer una cosa así. ¿Por una mujer de la vida? Imposible. Alguien diría algo y encontrarían una pista que al final le descubriría. Se acordó de René. ¿Le delataría para salvarse ella? Se encontraba tan cansado que tras cerrar los ojos, el sueño lo embargó fugazmente, muy pronto estaría abordo de un barco de pesca por primera vez en su vida…

Se despertó sobresaltado al oír un ruido en la ventana. Alguien comenzó a pegar con los nudillos en la ventanita del pequeño cuarto. Sólo eran las tres de la mañana. ¿Quién sería? Retiró un poco la cortinilla y vio a René que había saltado la verja de la casa, menos mal que Strélnikov no estaba…

- ¿Qué haces aquí a estas horas? Si te ven te matarán René. No sabes cómo las gasta esta bestia salvaje.
- Tienes que irte ahora mismo del pueblo, Kyrill, ya. ¡Aprisa! ¡No queda tiempo! Al amanecer el detective Morózov viene a detenerte. Cree que eres el asesino de su hermano. Pero todo esto es muy raro, me equivoqué no mataste al hombre con aquella pala… ¿De qué te acusan entonces?...
- Es un gran alivio para mí ser saber que no maté a nadie, siempre tienes cosas buenas para mí… ¿Quién te ha hecho eso en la cara?
- No tiene importancia, cuídate mucho, yo me voy ya. ¿Te vienes?
- No sé… ¡Espera! Voy a coger unas cosas y cobrarme los golpes de ese ser funesto…

Ahora Komarov era un perseguido por la justicia en su insana inocencia, era buscado por dos motivos muy diferentes. Lo buscaban por el asesinato del hermano de Morózov y por la desaparición del aristócrata Vasiliev Bogdánov. El detective Morózov no descansaría hasta encontrarle…

Huyó junto a René en un carromato del que tiraba un mal caballo, aunque gracias a la ventaja que llevaban, al atardecer del día siguiente habían conseguido cruzar el estrecho rocoso y nevado que separaba ambas regiones. El rubicundo Kyrill salió del lugar sin saber que el detective Morózov “quería su pellejo” por lo que hubiese hecho muy bien entregándose al capitán Igoriok o volver por donde había venido. Al caer la noche la Ojrana y sus soldados rastreaban cariacontecidos toda la región de Petrogrado, no se trataba de una acción bélica o represiva, sino más bien de encontrar a un destacado miembro de la alta sociedad muy rico, distinguido y amigo de la realeza rusa. Quién se atreviese a dañarlo tendría las horas contadas, al menos para la Ojrana. Los bolcheviques no pensarían lo mismo…

Finalmente encontraron un lugar escarpado donde esconder la carreta y los animales. Ellos se abrigaron haciendo fuego dentro de un recodo natural de la pared montañosa. La noche cayó y René se acurrucó junto al extraño y misterioso Kyrill Komarov llegando a besarle hasta despertarlo…

Cuando amaneció el carro y los mulos habían desaparecido, buscaron por la zona pero al parecer alguien debió robárselos. Caminaron hasta el anochecer por fortuna encontraron una posada de camino. El dinero no sería problema pues ambos lo llevaban encima cuando los ladrones robaron las provisiones y su medio de transporte. Iban cogidos de las manos como dos enamorados perdidos, alquilaron una habitación y pidieron comida…

Amanecieron abrazados doce horas después de llegar a la hospedería. Se miraban sin hablar, nunca lo hacían, Él pareció recobrar una lucidez que nunca existió y a René parecía gustarle la inocencia bonachona y “desperdiciada” de Komarov. Ambos eran marginales por circunstancias de la vida y esto servía de acicate para que se comprendiesen mejor. Solo que René comenzó a sospechar de Kyrill cuando éste no contestaba a ninguna de las preguntas sobre su pasado que le hacía la bonita y testaruda Vólkova.

- ¿De dónde saliste, Romakov? ¡Puedes confiar en mí! – Pero el joven guardaba silencio y luego intentó besarla, aunque antes añadió:
- Es Komarov…

Siguieron su camino con dirección a Petrogrado. Pagaron a un agricultor que se dirigía hacia allí para que les llevase a la capital rusa, trato que el cultivador aceptó de buena gana…

- Hace un día muy bello. ¿Qué haces?
- ¿Me dejas leerte la mano?
- ¿Eres gitano? Ja, ja, ja. ¿Eso es lo qué te avergüenza? Ja, ja, ja.
- No, no es eso. Aprendí estas artes de mi madre. Es muy estudiosa y sabia, no es una gitana cualquiera…
- Está bien, nunca soñé tener un mago rutilante de amante… Y ya sé que tu madre no es gitana eres muy blanco…
- No soy un mago, solo un caminante… Observo que no eres tan grosera…
- Bésame, por favor… Y no digas nada…

De repente el agricultor paró el carro. Un control de la Ojrana obstruía el camino. Ni René ni Kirill podían imaginar lo que estaba a punto de ocurrirles. Pensaron bajar del carro al ver a la policía del zar pero el granjero le conminó a confiar en él y le hicieron caso…

- ¡Alto ahí! ¡Deténgase en nombre del excelentísimo Zar! ¡Alto! ¡Les ordeno qué se detengan!

El agricultor, bolchevique huido de la justicia sacó un arma y comenzó a disparar sin orden ni concierto mientras relinchaba a los jacos imprimiendo velocidad al carruaje labriego. Logró sortear el control y escapar por el momento pero Komarov cayó del carro siendo apresado y fuertemente esposado por la “todopoderosa” Ojrana que le trasladó de inmediato a Petrogrado para interrogarle en las dependencias militares.

En el fuerte e intenso interrogatorio le dieron una brutal paliza para que confesase a que célula bolchevique pertenecía, antes de que le mataran de tantos palos, alguien del cuartel le reconoció y evitó lo inevitable.

- ¿Estamos ya en un estado bolchevique y caótico? Capitán Igoriok.
- ¿Qué ocurre sargento?
- Ese hombre es el mismísimo Vasiliev Bogdánov, lo conocí una vez en persona. Estoy seguro capitán. Aunque no comprendo que hay podido ocurrirle para ese cambio tan degradante de aspecto…

El capitán mandó parar el interrogatorio de inmediato y avisó al médico y una enfermera militar del acuartelamiento zarino.

- ¿Es usted el honorable don Vasiliev Bogdánov? Señor…
- Sí, señor. Yo soy. ¿Pueden llamar a un médico, capitán?
- De inmediato. ¡Ya lo han oído! Puede denunciarme al zar si quiere. Siento de veras el malentendido pero nadie podía suponerlo como Vasiliev Bogdánov, señor. Usted nos vio primero y no dijo nada…
- No se preocupe, capitán. Todo ha sido culpa mía.
- Hay muchas personas influyentes muy preocupadas por usted, señor.
- Bien, capitán. Ambos sabemos que todo ha terminado. Y no se preocupe, no le denunciaré…
- Me temo que sí, señor. Y puede denunciarme si quiere, señor. Una escolta le acompañará hasta Petrogrado.
- Gracias por todo capitán y perdone las molestias.
- No hay de qué. La Ojrana* manda, señor. ¡Vosotros cuatro acompañareis al señor Bogdánov hasta su mansión! ¡Los demás regresamos al acuartelamiento! ¡Teniente haga esa llamada! Diga que lo hemos encontrado y está un poco magullado pero bien de salud.

Morózov enseñaba a Isaías el comerciante fotos de sospechosos por si había suerte y reconocía a alguno de haberle visto el día anterior por el lugar de los hechos. Como no hubo manera, el jefe de policía se marchó a casa de Strélnikov, tuvo una buena corazonada…

Strélnikov volvió del mar hecho una furia. Aparte de no pescar nada, su ayudante había desaparecido llevándose consigo todo su dinero. Cuando Strélnikov vio entrar a Morózov le ofreció un trago…

- Voy con prisas, en otra ocasión, gracias. Me han dicho que tienes a un mozo nuevo un extraño mendigo que te hace los recados. ¡Contesta Strélnikov!
- No es un mozo es mayor y ya no trabaja para mí. Y no sabría que decirte, al principio, sí parecía un mendigo borracho, luego no sé…
- ¿Lo has despedido quizá? ¿Lo has maltratado?
- No, se ha despedido él llevándose mi dinero. Por suerte no lo guardé todo aquí.
- A las tres de la mañana vieron a René acercarse a la casa. ¿La llamaste tú?
- No, por Iván el terrible. Yo dormí anoche en el puerto. ¿Qué busca detective?
- ¿Tienes la dirección de ese mendigo retrasado?
- No. No sé nada de él.
- Está bien. Una pregunta más. ¿Ayer le mandaste recoger unas compras en casa de Asaía?
- Sí, así es. Volvió antes de lo esperado. Creí qué se emborracharía.
- ¿Sobre qué hora regresó?
- Sobre las diez. Creo.
- Gracias Strélnikov. Una cosa más. ¿Dónde lo encontraste?
- Ah, sí, ahora recuerdo. La mujer de los favores me lo recomendó por una moneda, yo necesitaba a alguien que no fuese muy exigente con el salario, aceptó.
- Entiendo…. La próxima vez paga lo que debes…

El objetivo primordial de Morózov era encontrar a René Vólkova, el agente de la ley ignoraba que su hermano no fue la persona que tuvo el altercado con la joven cuando lo mataron y mucho menos que Kirill tuviese nada que ver.

Dos semanas después de que Vasiliev perdiera de vista a René había vuelto a su vida normal. Las pocas amistades de confianza qué le quedaban lo trataron a su regreso como a un héroe. Vasiliev tuvo que inventarse la historia de un rapto del que salió victorioso contra sus raptores. Ya había comidilla de la que hablar a sus espaldas. Aunque no lo pareciera el señor Bogdánov tenía muchos enemigos… Aquel día organizó una cena con fiesta para todos sus conocidos de la alta alcurnia y allegados. No faltó nadie. Bogdánov dio un discurso digno de un gran anfitrión y después pasaron a divertirse.

Madame Catherine de la Turquoise había ido desde Francia para conocerle. La historia de su rapto cruzó fronteras y además, Vasiliev era muy apuesto y educado, además de uno de los hombres más ricos del planeta.

- Madame de la Turquoise. Gracias por venir, es un honor conocerla.
- Le he dicho a madame Maiwen que vengo con la firme intención de llevármelo a París. ¿Verdad querida? Le presento a madame Maiwen. Mi biógrafa.
- Madame. Encantado. – Vasili besó las manos a ambas –
- ¿Tiene publicado algo interesante madame Maiwen?
- No me queda tiempo. Solo escribo para aristócratas. Ahora pertenezco a ella. Bello palacete. Debe haberle costado una fortuna.
- No lo he pagado yo madame. Es una herencia.
- No ha contestado a mi oferta, M. Bogdánov.
- Sería un placer conocer París madame Catherine. – Madame Maiwen interrumpió -
- No le quepa duda Monsieur. Nuestra amiga es una excelente anfitriona como vos y de Paris que podemos decir, el amour, el amour, ja, ja, ja, ja, ja… Necesito absenta… Disculpen.

La orquesta comenzó a tocar una nueva pieza del nuevo genio ruso Rajmáninov y Vasiliev sacó a bailar a madame de la Turquoise.

- Querido, tu mayordomo te reclama.
- Oh, veo. Debe ser un asunto de importancia. Disculpe madame…

Al parecer la guardia personal de la casa Bogdánov con sus perros habían encontrado el cuerpo de una mujer desconocida en los jardines de la mansión. Querían saber si llamaban a la policía. Cuando Vasili oyó aquello de boca de su mayordomo echó a correr hacia la calle. Muy pronto estuvo en el lugar de los hechos. H***

- Señor. Antes de desmayarse me dio esto. – Dijo uno de los guardaespaldas -

Sin darle apenas tiempo a leer la breve nota, una voz familiar irrumpió en la noche.

- ¡Está bien! ¡Levanten las manos! Usted venga aquí. Agáchese junto a ella. ¡Vaya con el mendigo la choza qué tiene! Intuía que era usted uno de esos aristócratas locos que explotan a los obreros.

Strélnikov dio un golpe al guardia y lo dejó sin conocimiento. Luego ató a Vasiliev y se lo llevó junto a René y tras esto se perdió en la bruma de la noche con su carro. Kirill el mendigo alcohólico y René la señorita de favores medio dipsómana volvían a casa. A Strélnikov le importaba muy poco ya el dinero que Komarov le había robado y mucho menos tras haber comprobado de quién se trataba. Tampoco le interesaba Natasha, aquel rapto temerario era un trabajo para Morózov muy bien pagado. Sin embargo, el detective zarino no sabía quién era realmente Kirill Komarov e Igor no se lo diría, no le hablaría de su descubrimiento. Strélnikov se había visto obligado a raptarlos por puro chantaje. Ahora quedaba el largo camino hasta la frontera, donde esperaba Volodia Morózov con sed de venganza familiar.

El maestresala de la casa Bogdánov llamó a los gendarmes de inmediato cuando volvió en sí el jefe de seguridad de la casa. Ahora si era un rapto en toda ley. Sin embargo, la fiesta continuó como si nada pasase, así debía ser y así hizo el mayordomo. Comunicó a todos que Monsieur Vasiliev había tenido que salir urgentemente para atender un compromiso inesperado. Madame Catherine de la Turquoise resultó no conformarse y al enojada dijo al encargado de la casa si podía quedarse unas semanas con su biógrafa, sin duda no se iría hasta el regreso del señor y no podía volverá a París de inmediato tal cómo andaban las cosas en los frentes de guerra. Había arriesgado mucho para conocer a Vasiliev.

- Estoy seguro que el señor Vasiliev diría que sí, madame, en esta ocasión siento comunicarle qué debe marcharse cuando acabe la fiesta. Puedo buscarles una casa para ambas, sin duda.
- En cualquier caso nos quedaremos aquí. No creo que a un Bogdánov le importe eso. Gracias. – Agregó madame Maiwen -
- Cómo deseen. Usted manda madame. Ahora debo atender un asunto. Discúlpenme. Si me necesitan háganselo saber a alguien del personal.

A los tres días Strélnikov hizo su entrega. Cuando Vasiliev despertó tenía los ojos vendados y las manos y pies fuertemente atados. Había una intensa luz de velas, podía oler la cera quemada.

- Veo que ya ha despertado.
- Dónde estoy.
- ¿Por qué mató a mi hermano? Le diré algo, no pienso juzgarle, ni entregarle, es mío. Conteste.
- Su hermano estaba estrangulando a René. Es homicidio justificado. Nada personal. Lo siento, señor. Sólo le pido un favor, déjela libre y haga conmigo lo que quiera, ella es inocente.
- Lo sé, lo sé. Pero ignoras una cosa. Mi hermano se encontraba en casa de ella antes de morir. El muy vicioso e insulso se enamoró, ella lo estafó y por eso murió. No sé cuál de los dos es más culpable. Sin duda voy a mataros, antes disfrutaré un poco. Además, sospecho que ustedes dos tenéis algo… Y ahora te pondré esta inyección, nos cambiamos de casa. Puedes estar seguro qué te haré sufrir lo indecible…

Una cuadrilla de policía montada más toda la seguridad de la casa Bogdánov que eran más numerosos que la misma policía del Zar; comenzó a rastrear con perros la zona donde desapareció el señor Bogdánov. Madame Maiwen disfrutaba viendo tanto trasiego policial y se ocultaba entre los jardines para espiar. Madame de la Turquoise sin embargo sentía honda preocupación por el paradero de Monsieur Vasiliev. Aquella mañana de primavera pronta, el sol salió con sus alas y derritió las nieves. El corazón de la bella Catherine, latía por Vasili. Ella creyó adivinar qué era el hombre de su vida. Aunque al gustarle también las mujeres, dudaba por momentos. Necesitaba tiempo. Llamó a su biógrafa y se despidió de la casa Bogdánov con la educación y la clase qué la caracterizaba y nadie advirtió su salida de la casa, sin duda no quería verse involucrada en ningún escándalo y sintió miedo al ver peligrar su posición.

Komarov despertó con una hilacho de paja entre su entrecejo. Ahora, aunque vendado, intuía dónde se encontraba. Era la casa de su antiguo jefe. Morózov había calculado bien su estrategia de rapto. En su casa no podría retenerlos, pues tenía esposa e hijos. Así que hizo un trato con Strélnikov y acordaron pedir un rescate por él y por la chica, todo a espaldas de la ley.

- La familia no pagará por una extraña. – Dijo Igor al policía Volodia -
- La familia no pagará, llevas razón Strélnikov, pagará él. Está enamorado de ella. Lo sé. – Respondió el agente de la ley -
- No imaginas el dinero que tiene ese tío. Es de Petrogrado. Tenemos que ir a inspeccionar. – Finalmente Strélnikov no pudo retener su lengua -
- Hasta nueva orden nadie se mueve de aquí. Dales bien de comer y beber y que se diviertan un poco, pero sin soltar los nudos de las ataduras.
- Haré lo qué dice. Señor Morózov… - Strélnikov dijo esto con cara de pocos amigos –
- Yo volveré mañana cuando acabe mi turno. Pórtate bien…

Strélnikov recordó entonces el día que el capitán de la temible Ojrana salió de allí. Le dijo exactamente lo mismo. “Pórtate bien”… Serán cosas de militares y policías se expuso, y se marchó para ver a los prisioneros…

- ¡Un momento! ¡Qué ocurre aquí!
- Pégueme si quiere, pero tiene que llamar a un médico. Y rápido.
- ¿Qué le ocurre?
- Tiene mucha fiebre y está delirando, posiblemente se muera.
- Está bien, ahora vuelvo…

René se encontraba muy enferma debido a su mala vida y al alto consumo de vodka barato. Vasili la miraba con desvelo. No quería reconocer que le gustaba y tal vez nunca lo hiciera. También le gustó madame de la Turquoise, claro que la situación era muy diferente. El carcelero llegó una hora después con un médico de dudosa reputación, pues se rumoreaba que practicaba abortos ilegales por altas sumas de dinero a las jóvenes aristócratas de la región. La esculcó y tomó sus constantes vitales.

- Me temo que no sobrevivirá en este estado. Hay que llevarla a un hospital inmediatamente.
- ¡Llévela! ¡Me tiene a mí! Le daré lo que me pida, se lo juro. Sálvela. Por favor.
- Yo no quiero saber nada de vuestros líos. Me paga la consulta, por favor señor Strélnikov.
- ¡Cállense todos! Ahora vuelvo, usted espere aquí, voy por su dinero, doctor.

Al lejos se oía una tropa de caballos galopando al unísono. El capitán Igoriok recibió un telegrama de la policía de Petrogrado indicándole que el raptor era un cazador de la zona del río Nevá y envió un destacamento, al fin habían dado con el paradero del magnate Vasiliev Bogdánov, gracias a los sabuesos y a todos los testigos de la casa Bogdánov que quisieron testificar. El jefe de la policía del Zar Nicolás solía frecuentar y vigilar con asiduidad zonas donde se sospechaba o presumía se ocultaban bolcheviques peligrosos en las sombras y aunque no lo supiera uno de los principales sospechosos era Igor Strélnikov.

Strélnikov llegó agitado y azuzando a todos para qué se escondieran bajo el granero, aunque no le dio tiempo. La Ojrana apareció con diez hombres armados y mandó detener al patrón y al doctor. René fue enviada al hospital, Vasili se sentó junto a ella que se encontraba sin sentido y no le soltó la mano en todo el trayecto. Por suerte había suficientes camas aunque tiempos de guerra. Fue ingresada y operada. Vasiliev envió un telegrama a su casa para qué le enviasen algunas cosas. Estaría tres días cuidando de René y luego se iría a Paris a visitar a madame Catherine de la Turquoise por desplante y para reponer fuerzas. Solo faltaba organizar como sortear el frente de guerra Francés con Alemania a las puertas. Quedaba el caso Volodia Morózov. Igor Strélnikov fue interrogado por miedo a duras represalias no delató al detective zarino, se escudó de su culpa alegando el robo de su dinero y que solamente quería recuperarlo. Algunos testigos le vieron en la noche por los jardines de la casa Bogdánov allanar la morada, raptar por la fuerza y golpear a un hombre. Mínimo le caerían veinte años, misteriosamente Morózov logró sacarle de la cárcel con sus influencias. Sin temor alguno y con la cabeza erguida el detective Volodia pasó por el hospital. 

- Tiene usted mucho valor viniendo aquí señor Bogdánov.
- ¿Por qué no me ha delatado al capitán Igoriok? Es superior a usted, eh.
- No quiero llamar la atención. Bastante tengo. Váyase de aquí, o sí qué le delataré, sucia rata de alcantarilla. Malditos aristócratas con sus influencias.
- Oh, comienza a aprender hablar. Denúncieme o váyase, Morózov. O es qué quiere acabar también en la cárcel. Ya sabe quién soy y lo que puedo hacerle…
- Le mataré Vasili, no me importa esperar…
- Le estaré esperando inspector.

Minutos después de su encuentro con el jefe de policía, otros agentes irrumpieron en la sala de visitas del hospital y se llevaron detenido a Vasiliev. René se quedó desprotegida, seguramente la matarían. El sabueso Morózov insistiría en ello con su ansia de venganza familiar.

Inesperadamente todo daría un giro mayúsculo en la venganza privada de Volodia. Asaía el tendero judío apareció en la comisaría con gesto inquieto y algo nervioso. Buscaba al jefe. Pronto le pasaron con él.

- Ah, Asaía. Shalom.
- Shalom, Volodia.
- ¿Qué haces aquí?
- Llevabas razón, no había recordado todo lo de aquella mañana. Creo qué sé quién mató a tu hermano, lo vi…
- ¿Ah sí? ¿Y a quién viste, dime?
- Al mismo qué me encargo la compra.
- ¿Te refieres al señor Vasiliev Bogdánov? ¿Verdad?
- No, Volodia. Me refiero a Igor Strélnikov…

Corrían tiempos revolucionarios en Rusia. Hasta la vida del mismísimo Zar corría peligro, por momentos. Así qué se empezó a utilizarse la “mano dura” contra todos los sospechosos, delincuentes, extremistas políticos o bolcheviques en la sombra, a este respecto los jefes de policía fieles al Zar tenían “carta blanca”. La noticia del viejo Asaía, daba un cariz muy distinto a la intriga de Volodia, qué decidió oír la historia completa de los hechos de boca del judío.

- En qué estaría pensando. Perdóneme, jefe.
- Cuéntemelo todo y tranquilícese.
- En mi calle ocurrió algo esa mañana. Según me contaron mis vecinos, el hombre que trabajaba para Igor, dio con una pala a un borracho qué su vez maltrataba a una mujer de favores, muy popular. ¿Es cierto? Pero ese hombre no murió.
- Así es, Asaía. Ella también es sospechosa y ya me gustaría saber porque algunas noches la hemos visto entrar en tu tienda…
- A esas horas le doy algo de comida jefe. ¿Pero a su hermano lo mataron en la calle paralela al otro incidente?
- Exacto. De un disparo. El asesino huyó cubierto por una cogulla.
- Yo le vi la cara.
- ¿Desde dónde le viste, Asaía?
- Desde la ventanita de mi almacén, entré para reponer productos y me resultó familiar la cara del desalmado. Luego presencié el asesinato.
- ¿Irías a juicio y lo dirías al juez?
- Por supuesto, jefe…

Una hora después Volodia dejó libre de sospechas al potentado Vasiliev, qué regresó al hospital, una vez allí le informaron que René Vólkova había fallecido y que su cuerpo había sido incinerado prontamente por seguridad higiénica al no haber lugar para enterrarla. Por primera vez en su vida sintió una extraña desazón y profunda tristeza. Tomó cuatro o cinco vodkas seguidos. Cuando se repuso, envió otro telegrama a Dimitry Semiónov, mayordomo de su casa. Le informaba de su inmediato regreso a Petrogrado y su posterior peligroso viaje a Francia, debido al frente occidental. Pidió que se informara a madame de la Turquoise de su llegada a París en el plazo de una semana. En su retina emocional veía la viva imagen de la pobre René diciéndole adiós. Tal vez fuese él, qué se despedía a sí mismo…

Igor Strélnikov ignoraba la última declaración de Asaía el tendero de origen judío. Justo después de que Vasiliev partiese rumbo a París, los bolcheviques asesinaron a Morózov e incendiaron la comisaría. Esa noche murieron más de doscientas personas en las refriegas políticas. El ejército salió a la calle y puso orden, pero la semilla revolucionaria estaba muy arraigada entre tantos pobres de todo y tantos siglos de nada. Strélnikov quedó libre de cargos y regresó a sus quehaceres, entre estos, amparar reuniones secretas bolcheviques bajo su granero. Era muy probable que el asesinato del hermano del jefe de la policía, hubiese sido estrictamente por motivos políticamente revolucionarios. Mientras tanto Vasiliev había conseguido llegar a París sano y salvo. Madame Catherine lo recibió muy cariñosamente quedando gratamente sorprendida. Ambos se besaron las mejillas con champán. Esa misma noche había organizada una fiesta en su honor. Los últimos acontecimientos había incrementado el interés de madame de la Turquoise por el rico heredero ruso. Maiwen Bouffort salió corriendo de la mansión cuando vio a Vasiliev en los jardines acompañado de madame Catherine.

- Me alegra mucho volver a verle monsieur Vasiliev.
- El placer es mío, madame Maiwen. Me permite…
- No consigo entender cómo ha logrado sortear el frente alemán.
- Pues pensando en vos… - Maiwen Bouffort intervino -
- ¿Sabes qué me ha dicho, querido? Que desde qué estuvo en Rusia se siente elevadamente inspirada. Ji, ji, ji. ¿Qué opinas Vasili?
- Opino que la madre Rusia es tan bonita e inspiradora como vuestras mercedes.
- Ah, qué diplomático… - Repuso la escritora - Vasiliev Bogdánov sonrió –
- Regreso a mi tinta y mis opiáceos. Hasta después….
- ¿Qué te parece mi amiga?
- ¡Vayámonos a pasear por París! ¿Me acompaña, madame?
- Será un honor inusitado, monsieur. Pero me temo que oiremos cañonazos…

A pesar de la guerra y las cruentas batallas en el frente occidental, París los envolvió con su glamour y belleza, el resto lo pusieron ellos. Al atardecer, intimaban medio chispeados por el champán, en el café de la pintura, situado en la colina de Montmartre. A Vasili le gustaba mucho los bocetos que exponían los artistas por lo que adquirieron varios cuadros impresionistas de pintores desconocidos. El sol se marchó, la fiesta estaba a punto de comenzar. No podía decirle a madame Catherine que había visto la imagen de René Kuznetsova reflejada en el rio Sena… Como sueño que se aleja, una gota de recuerdo negra, llena de ansias la cordura, quien fuese atril de su hermosura, ser el dueño de su amor locura y más de mil millones de libras para gastar…

La Ojrana envió a tres hombres a la casa Bogdánov. Cumplían órdenes, si, aunque en cierta manera a todos le caía bien el señor Vasiliev. Dimitry el mayordomo los recibió y le comunicó que el señor se encontraba fuera del país. Uno de ellos contestó enérgicamente.

- Pues envíele un telegrama y qué regrese. Hay malas noticias. Comuníqueselo lo antes posible.
- Ahora mismo le telegrafiaré, señor. Vaya con cuidado.
- ¡Adiós! – Los tres guardias relincharon sus jacos tras beber un trago de vodka de su petaca y la tropa se alejó con él dirección Petrogrado, habían montado controles por caminos y villorrios. El Zar insistía.

Vasiliev se dio cuenta que ya no le harían falta piedras preciosas para regalar a sus conquistas, pues estas habían cesado en su devenir diario y sustituidas por un extraño sentimiento que nunca había experimentado. No era consciente de ello pues en su fuero interno cohabitaba un “león indomable” de orgullo y clasismo que aún sobrevivía en su espíritu aristócrata, este aserto elitista le impedía reconocer que se había enamorado de una pobre plebeya, prostituta para más inri y además, ella había muerto… ¿Qué hacía recordándola? Madame de la Turquoise era más bella si cabe que René, más sofisticada y educada, del mismo mundo adinerado que Petrov, madame no tenía la luz que vio en la Vólkova de ojos profundos y friolera… O eso sentía él…

La fiesta comenzó con la presentación oficial de monsieur Bogdánov a la clase alta francesa. Algunos querían conocerle después de saber su aventura. Maiwen se acercó a él.

- Por fin solo. Ja, ja.
- Pues sí, madame.
- Debería escribir un libro sobre su rapto. Sería fascinante y se haría rico.
- Ya soy lo bastante rico como para aburrirme toda la eternidad.
- Ja, ja, ja. Pues hágalo por diversión.
- Corren malos tiempos en la madre Rusia y en Europa, no es momento de libros.
- Confíemelo a mí, lo publicaremos aquí en Francia y quizá en Inglaterra cuando acabe la guerra.
- ¿Le apetece bailar esta pieza, madame?
- Será un placer y un honor… Espero que conteste a mi oferta. Mi lecho es tan perfumado y ardiente como el de madame Catherine. ¡No me mire así!
- Por el momento solo deseo bailar con madame, a sus pies un caballero sincero…
- Ja, ja, ja… - A la escritora parecía gustarle monsieur Vasiliev, madame de la Turquoise no perdía detalle de aquel baile -

La noche fue larga y no hubo romances…
A la mañana siguiente cuando madame de la Turquoise despabiló Vasiliev ya se había marchado, dejando escueta nota excusadora. En esta ocasión tuvo que hace un largo viaje para regresar a Petrogrado pues no podía salir de París con dirección a la frontera belga ni tampoco a Luxemburgo. Los alemanes habían invadido ambos países y el norte de Francia. Viajó hasta España y cogió un barco en las columnas de Hércules con dirección a Rusia bordeando toda la costa portuguesa y francesa hasta llegar a aguas Rusas…

Pensaba, sentía en ella, aún concebía muy de cerca los besos y abrazos en aquella posada de camino. Soñaba con el matiz y el suave tornasol de su piel y luego se desplomó en un profundo sueño. Veía su amada San Petersburgo en llamas y el trasiego de personas aterrorizadas huyendo por todas partes, el revisor ferroviario le despertó de la pesadilla premonitoria.

- Señor, Bogdánov, disculpe. Hemos llegado. Petrogrado.

Dio un largo trago de vodka y bajó del tren. Sin duda tenía fiebre y estaba enfermo. Vio a su mayordomo correr hacia él con gesto descompuesto. El tren siguió su ruta. Algo malo debía haber pasado. Pensó Vasili. Y así fue.

- Señor, han incendiado la mansión, señor… ¡La mansión de sus antepasados!
- ¡Quién! ¡Quién ha incendiado la mansión!
- Los bolcheviques señor, son muchos y están organizados. Le buscan para ejecutarle.
- Vamos a casa. Veremos que podemos recuperar…
- No puede ir usted allí, señor, hay gente esperándole para matarle y robarle su dinero.
- Comprendo, querido Dimitry, tranquilízate. Sentémonos allí en aquel banco.
- ¡No! Señor tiene que ocultarse lo están buscando. Ola la cocinera, ¿se acuerda? Me dejo esta nota para usted.
- Ah, si la buena de Ola. ¿Qué ha sido de ella?
- Ha tenido suerte y ha regresado a España.
- Los demás.
- Les he pagado a todos y ya está.
- Y la caja.
- - La caja está a salvo. ¡Una patrulla! Venga señor sígame conozco un agujero, cuando niño solía jugar por aquí.

Vasiliev y su mayordomo se ocultaron en una alcantarilla a pie de calle. Desde ella se podía ver a través del pequeño enrejado los pies de la gente caminando. La patrulla de mujeres bolchevicas iba desfilando con sus mujeres boinas negras, muchos comenzaron aplaudir, otros huían despavoridos y la vecindad atrancaba puertas y ventanas.

- Ahí llegan Dimitry. ¿Lo oyes?
- No quiero ni verlos señor. No puedo.
- Mira, son mujeres, que bien llevan el rifle. ¡Dimitry! ¡Dimitry! ¡Mira es ella! Mira es ella. ¡Dimitry!
- ¿De quién habla señor?
- De René Vólkova…
- ¿Está delirando señor? ¿Quién es René Vólkova? Tome, eche un trago.
- Sí, dámelo y otro necesito otro. Gracias Dimitry, ya estoy mejor.
- ¿Qué ha visto señor? ¿De quién habla?
- No está muerta, me engañaron en aquel hospital o ella misma impidió que yo…
- ¿Qué haremos ahora? Tiene fiebre, señor. Dice tonterías y suda…
- Sí, es cierto, no me encuentro muy bien. Tú vendrás conmigo. Tengo mis divisas en Inglaterra, mi padre supo bien lo que hacía esto se veía venir. Por mar o por tierra… Tú eliges.
- Elija usted por mí. Tampoco me encuentro muy bien.
- Ven conmigo, tengo un piso de lujo oculto, allí llevaba a mis amigos a beber la última copa. Vamos, Dimitry, tenemos que ver a alguien que no sacará de esta, antes dormiremos un poco. Algo de comer encontraremos.
- Bien, señor. Gracias por acogerme.
- De nada querido Dimitry. Me encanta tu compañía, ya lo sabes.

El millonario cumplió lo dicho y llevó a al mayordomo a lugar seguro. Comieron algo y cuando los velones se apagaron, todo quedó en silencio, como si fuera la muerte, todo se calló, como si fuera para siempre…

 Capítulo. II.
Atrapado en Petrogrado.
1916.

Tras dos años de duras contiendas entre las potencias beligerantes que se enfrentaban en la I guerra mundial, la miseria y la escasez de alimentos comenzaba a poner nerviosos a muchos rusos de las ciudades que comenzaron a padecer hambruna y escasez de casi todo. En 1916 los alemanes quisieron invadir Francia con un ataque a todos los niveles en el área Verdún, pero una nueva ofensiva rusa contra la Austria-Hungría derrotó a las tropas alemanas del Oeste. Fue la mayor batalla de la I guerra mundial.

La teocracia de los Románov se derrumbaba como míster Bogdánov, atrapado entre dos mundos opuestos. Una disyuntiva muy difícil tener que elegir si sobrevivir o renunciar a todo por amor a sus raíces, tal vez también por orgullo que todo mata. No era una cuestión de lograr salir de Rusia o si, con la fortuna que poseía podía comprar al mismísimo Lenin solo que dentro de él anidaba un anarquista reprimido por su educación un tanto dogmática, clasista y sectaria. Comenzó a barajar la seria posibilidad de afincarse en Francia, Inglaterra o reunirse con su madre en los Estados Unidos. El problema radicaba en cómo salir por aquellos días del mismísimo Petrogrado en auge de la revolución bolchevique. Se decía mintiéndose a sí mismo. ¿Cómo no iba a poder huir de Rusia el multimillonario Vasiliev Bogdánov?...

Gracias a Dimitry que se aventuró en la mañana por la ciudad consiguió un disfraz de proletariado con bigote postizo. La noticia del incendio de su mansión sonaba a venganza, ira, o extremo uso de la fuerza ilegitimada, más otras muchas cosas. Se rumoreaba que el millonario Vasiliev Bogdánov se halló muerto entre los escombros. Muchos del movimiento obrero celebraron el anuncio de su fallecimiento. Mejor para mí. Discernió. Esto me dará tiempo. Era la hora de encontrar…

Andrey Rocamonde vivía en un pequeño piso de los suburbios del otrora llamado San Petersburgo. Era el hombre “para todo” de la clase alta “moribunda”. Siempre vestía como un obrero y no hacía alardes de ningún tipo. Los domingos bebía té y cerveza con sus amigos y le encantaba tocar la balalaica. A parte de esto, no tenía esposa ni familia, su negocio le obligaba a vivir solo. Cuando el señor Vasiliev en persona llamó a su puerta aquella mañana, Andrey supuso el encargo.

- ¡Señor Bogdánov! Es un honor.
- Gracias. ¿Hace pasaportes falsos?
- Bueno, la verdad es que…
- ¡Los haces o no!
- Sí, es posible hacerlos, pero es muy caro.
- Con eso ya contaba, siempre me dicen eso, “le saldrá caro”… ¿Cuánto?
- Aquí en el papel está escrito. Dos días. ¿Destino?
- Inglaterra vía París. Necesito cuatro pasaportes. Dos ingleses y dos franceses.
- Póngase ahí, voy a fotografiarle… ¿Y la otra persona?
- Aquí tiene las fotos…
- ¡Vaya! Si es Dimitry. No creo que él se vaya de Rusia, señor Bogdánov, Semiónov es bolchevique. ¿No se lo ha dicho?
- No, no lo sabía. Hágalos de todos modos. ¿Se sabe algo de la condesa Petrova o del varón Vorobiov?
- Vorobiov ha huido y ahora vive en Nueva York según he oído. De la condesa Petrova no sé mucho, dicen que se ha refugiado en su casa de campo, no hay nada seguro.
- ¿Y los otros?
- Algunos han muerto. No sé, todo se ha dispersado y distorsionado. Cuando termine su encargo huiré al sur de Europa. No pienso vivir prisionero de la idea de otra persona.
- Espero su mensaje, Andrey. Gracias por su amabilidad.
- De nada, señor Bogdánov, el placer ha sido mío, vuelva si necesita alguna otra cosa...

Sentía hondas ganas de beber un vodka en el café del tranvía. Esto le traía nostalgias de la adolescencia y de la bonita y rica Koslova, que finalmente contrajo nupcias con un bolchevique sin saberlo. Algo muy similar a lo que le había ocurrido a Petrov Bogdánov con su querido Dimitry Semiónov. Durante tres siglos los Semiónov habían servido bien a la casa Bogdánov, pero la semilla revolucionaria rusa llevaba gestándose más tiempo y con muchas miserias mientras la aristocracia y su entorno próximo vivían como lo que eran, gente muy rica y poderosa a las que parecía no importarle el sufrimiento que durante tantos siglos había ahogado a las clases pobres.

Ahora se sentía una persona normal, sin prensa, sin calumniadores. Caminó durante largo rato por las calles despobladas de gente, retraídas en sus casas por miedo a los soldados del Zar Nicolás II; que habían asesinado a mujeres y a niños confundiéndoles con bolcheviques o eso decían ellos. El café del tranvía era bolchevique, allí quedó en verse con Dimitry, harto sorprendido por lo que dijo Andrey Rocamonde y algo preocupado por su destino final. Si Dimitry lo delataba sería carne de paredón. Solo tenía qué aguantar dos días más y saldría del país. Cuando cruzó el marco de la puerta miró al camarero y le pidió vodka, luego se sentó a una mesa que estaba junto a una cristalera desde donde se veía el escaso trasiego.

- Hola, señor Bogdánov.
- Váyase, no le conozco de nada. ¡Guardia! ¡Este hombre me está molestando!
- No haga eso, le estoy apuntando por debajo de la mesa.
- No es nada, déjelo. Gracias… ¿Qué quiere de mí? – Susurró –
- Muy pronto seré comisario político. Quiero un millón de libras o le denunciaré.
- No tengo tanto dinero. Lo siento, búsquese otro chantaje.
- Sí lo tiene y mucho más. Nuestros informes dicen que posee usted una fortuna que sobrepasa los cien millones de libras esterlinas. Todo está aquí. Quiero uno. Mañana le espero a la misma hora.
- ¡Mañana no puedo! Tendrá que ser pasado mañana.
- Le esperaré…

El millón de libras no le preocupaba. Seguramente intentarían vaciar sus cuentas y matarle después. Dimitry apareció sonriendo y diciendo:

- ¡Una nueva madre Rusia está naciendo!
- ¡Brindo por eso Dimitry!
- Con ese aspecto no le reconocería ni yo.
- Gracias por toda la ayuda qué me has prestado para salvar mi vida.
- Es mi trabajo, señor.
- En la nueva Rusia no habrá señores. Según he oído.
- Es cierto.
- ¿Y yo Dimitry? ¿Tendría cabida en la nueva madre Rusia?
- No lo sé, señor Vasiliev. No entiendo de política.
- ¿Eres un bolchevique, Andrey?
- Lo siento, ahora ya lo sabe. Me ha descubierto.
- ¿Me dejarás irme del país?
- No puedo hacer eso. Solo puedo ayudarle como amigo si se une a nuestra causa.
- Entiendo. ¿Y qué harás ahora? ¿Me detendrás?
- Le doy cuarenta y ocho horas, después tendré qué entregarle o presentarle bajo otro nombre. Ese es mi regalo a su familia por lo bien que se portaron todos con mis antepasados. Señor, esta revolución es brisa nueva y roja. Es un sueño maravilloso que se hará realidad….
- Querido, Dimitry, ese sueño es acosta de vidas humanas y sangre inocente…
- Los grandes sueños siempre tienen un alto coste.

Vasiliev se recordó como Kyrill, que hubiese sido perfecto para la nueva Rusia, solo que murió con René y ya no regresó, además, no poseía conciencia política, como casi todos. Hasta qué los obligan o los desamparan, se contaba esto a sí mismo mientras regresaba a su piso escondido y apartado dando un gran rodeo. Dimitry le dijo que él no volvería a la casa y esto le dio margen para beber vodka y mirar cómo se iba el día por la ventana oculta entre otras ventanas. Las sombras turbulentas del anochecer rojo parecían una herida indeleble un suspiro mágico y eterno flotaba en las calles, algo nuevo y fuerte que llegaba, no era otra cosa que el corazón unido de mucha gente. Pensaba. Ese sentimiento de unidad y camaradería le seducía peligrosamente. Cuando abordaban estos pensamientos le venía la imagen de su desaparecido patriarca y tras un breve trago cambiaba drásticamente de cavilaciones.

Siempre le encantó el café del tranvía, a sabiendas que era uno de los lugares más peligrosos para él incluso antes de la revolución en puertas. Según había oído, grandes poetas vendían poemas improvisados a los soldados de la guardia roja para sus prometidas, bolcheviques o no, la poesía no entiende de ideologías. La poesía del pueblo había llegado. Era demasiado tarde para convertirse en un artista de Montmartre o en un poeta del café del tranvía. Su vida había sido tan ligera de peso y penurias, que por momentos se avergonzaba de sí, hasta que la vio en aquel barrizal mirándole de aquella manera. El dinero no suponía nada para él, por el simple hecho que siempre lo había tenido sobradamente. Debía poner en orden sus pensamientos. Calcular los tiempos. Salir con vida del amanecer de un nuevo infierno ideológico, sin piedad. Amaba Rusia y su gente, pero tenía demasiado dinero para pasar desapercibido y debía con urgencia salir de allí. El tiempo iba en su contra.

Todas las conexiones para salir del país se habían roto o intervenido. Siendo así, para un Bogdánov no sería ningún problema. El dinero puede comprar la mayoría de las cosas. No todas. Aquella noche recibió la noticia de que la condesa Petrova había vuelto a la ciudad. Iría con ella a oír a Rajmáninov y vería a algunos antiguos amigos de su familia.

La condesa Petrova lo recogió en su lujoso coche, la noche era fría y el invierno parecía haber vuelto.

- ¿Cómo estás querido primo? Pareces desnutrido y cansado. ¿Va todo bien?
- Condesa. Es posible, he viajado mucho en los últimos días. ¿Y el conde?
- El conde es un cobarde, le da miedo salir de casa, aunque no lo reconoce. Si todos los zarinos fuesen como él, mejor sería capitular y entregar este país a los bolcheviques. – A Vasiliev le hacía gracia la irónica sinceridad de la condesa -.
- Parece que esta noche, todo ha vuelto a la normalidad.
- Siento mucho lo de tu palacio. Es una verdadera pena, pero estás vivo, todos creíamos que habías muerto. ¡Pare aquí por favor! Vamos Vasiliev, ayúdame un poco.
- Entren deprisa por favor, no se queden en la puerta, es peligroso.

Cuando bajó del auto vio a Andrey Rocamonde apostado en un portal haciéndole una señal disimulada. Algo no iba bien. No podía desaparecer y dejar a la condesa plantada allí en la puerta del teatro. Siguió como si nada y subió a los palcos. Minutos más tarde regresó a la calle…

- ¿Qué ocurre Andrey?
- La cosa se ha adelantado, señor Bogdánov. Cierro, me marcho esta misma noche. He oído que las cosas se van a recrudecer. Aquí tiene, los cuatro pasaportes. Su salida es por mar mañana por la noche. No olvide ser muy puntual. Saldrá camuflado en un barco de pesca y luego subirá a un barco grande en alta mar con destino Francia. Todo está preparado.
- Parece que la suerte me sonríe. Esto acorta mis plazos. Muchas gracias, Andrey.
- Adiós, señor Bogdánov. Hasta siempre. Tenga mucho cuidado, no se sabe quién es bolchevique y quién no…
- Lo tendré en cuenta, Andrey. Muchas gracias por tu labor…

Vasiliev volvió con la condesa Petrova. Aquella noche actuaba en San Petersburgo el nuevo talento musical ruso, Serguéi Rajmáninov. Las luces se apagaron y el joven compositor comenzó con una polka que encantó a todos. Cerrada ovación. * Tras el concierto de piano alguno de los allí presentes pasaron por casa de los Petrova para beber coñac francés y hablar de política, Vasili se encontraba muy cansado y declinó la oferta. La condesa tuvo el detalle de llevarle a casa pero él prefirió caminar y despedirse de la ciudad que lo había visto crecer. Se metió en un portal cambiándose de ropa tirando la de etiqueta. Era peligroso parecer un adinerado, cuando todos lo creían muerto, debió haberse quedado en casa, había cometido un grave error. A esas alturas los bolcheviques sabrían que estaba vivo. ¿Cuánto tardarían en detenerle? Veinticuatro horas puede llegar a ser demasiado tiempo cuando se va de huida. La nieve comenzó a caer de nuevo, veía al lejos el imponente estuario marítimo, salida para otros mundos. ¿Hay sitio en otros mundos para seres inconscientes cómo yo? ¿O soy realmente consciente y me aburro? Pensó, luego rio. Al día siguiente debía huir de la ciudad en la mañana y ocultarse en el campo por la tarde, hasta que cayese la noche. Gracias al azar había ganado un día clave. Decidió no dormir esa noche, prepararía todo y un coche le estaría esperando bajo el piso a las seis de la mañana. Temía encontrarse algún control bolchevique y no podía pedir ayuda vistas las circunstancias. Aunque había pagado por obtener información a este respecto no fue posible obtenerla. Tenía y debía arriesgarse, no le quedaba otra opción disponible. Posiblemente madame de la Turquoise habría intentado ponerse en contacto con él, pero quién podía predecir tales acontecimientos. Ya no tenía hogar, se lo habían quemado todo, incluso el panteón familiar. Por otro lado, sentía atracción por la nueva Rusia y por los bolcheviques, aunque su formación emocional producía rechazo y odio entre la mayoría de los proletariados, esto y la mala propaganda gratuita que siempre tienen los ricos. La idea más romántica del mundo, el poema más bello de hojas mojadas, el silencio de la guerra, el recuerdo sordo lamentable de un amor huido, su perfume en mi ropa y más de cien millones de libras para gastar.

Todo parecía despejado. Cruzó la calle y abrió la verja del portal, luego subió al piso, siempre cauteloso y desconfiado. Tenía poco tiempo para dormir, tres horas como mucho. Iría ligero de equipaje. Encendió un puro regalo de madame Catherine y fumó saboreando un vodka de buena reserva que quedaba por el piso. Creyó ver a René en el desfile del día anterior, no era muy seguro que así fuera. Aunque le pareciese idéntica, pues tenía fiebre y pudo ser una alucinación, entre otras cosas. ¿Aún la recordaba?...

Vasiliev nació en el seno de una familia muy rica tan poderosa que incluso el mismísimo Nicolás II había ido a cazar no en pocas ocasiones con el difunto señor Bogdánov. Su madre Alexandra Sídorova, hija también de ricos, había conseguido finalmente arribar al nuevo mundo y adaptarse a la vida aristócrata de la gran manzana. Siempre quiso viajar a las Américas incluso planeó un viaje a las minas de oro y plata que su padre había descubierto aumentando así la gran fortuna que el señor Petrov, ya había heredado de sus padres y abuelos una de la mayores fortunas de Rusia. Más de siete generaciones precedían a Vasiliev. En ningún caso pertenecía ni perteneció nunca a los llamados “nuevos ricos”. Para él, dinero significaba tener para lo necesario, pero sobre todo, para descubrir la falsedad del mundo en el que vivía donde casi todos fingían ante el destello del oro. Su padre solía decirle que el brillo del oro, era el “narcótico” más deseado, junto con las grandes mujeres. Tuvo una hermana que huyó a África con el jefe de una tribu rebelde. Su padre la desheredó por esta causa, pero a la joven le quedaba la herencia materna y su fondo familiar. El fondo familiar era una hucha intocable para que ningún aristócrata de la casa Bogdánov, se quedase nunca desubicado ni desheredado. Este dinero era una “bolsa” que recibían los nietos de los abuelos. Era la primera herencia en vida y así sucesivamente generación tras generación desde el descubrimiento de América. Alguien venía caminando de frente. Ojeó su aspecto disimuladamente. ¡Era el capitán Igoriok! ¿Qué haría en San Petersburgo?

- Creo que le conozco, capitán.
- Huya, no se pare, haga como si no me hubiese visto, soy prisionero bolchevique. Me tienen de cebo. No estaban seguros si era usted, ahora ya lo saben. ¡Corra!

Se oyeron unos disparos. El capitán fue herido en una pierna y a Vasili le rozó una bala, pero logró despistarlos gracias al conocimiento qué poseía de la ciudad. Alguien le abrió su puerta cuando huía:

- Estimado señor, Vasiliev.
- ¡Andrey! Tus compañeros me han descubierto.
- Pase y siéntese. Aquí no vendrán. ¿Quiere un té?
- Sí, gracias…
- Recuerde. Mañana acaba su plazo. Le espero en el café del tranvía a las siete y media de la mañana. Bien para unirse a nosotros, bien para ser fusilado. Si se une a nosotros, tendrá que entregar toda su fortuna a la causa, como buen ruso. Lo siento, señor Bogdánov, así están las cosas.
- Entiendo. No te preocupes Andrey, ya hiciste todo lo que podías por mí. Ahora debo llegar a mi piso como sea. Son las tres de la mañana. Adiós querido amigo. Nos veremos en el café. Muchas gracias…

Cojeaba un poco del pie derecho. La bala había rozado su muslo y requemado el pantalón. Se ocultaba en la sombra de la noche huyendo de cualquier luminosidad, es decir, escogió el camino más oscuro para así poder regresar sin ser apresado. Debía irse ya, pero aún restaban dos horas para las seis de la mañana. El disfraz de proletario ya no le serviría, era obligado improvisar otra cosa. Se preparó y se sentó en el sofá con un vaso de vodka mirando a la puerta de la calle. Era la única entrada posible para ellos si es que descubrían finalmente el piso. El reloj de cuco marcaba las cuatro y media de la mañana cuando oyó un susurró al otro lado de la puerta:

- Señor Vasiliev, abra. Por favor. Soy el sustituto. A su cochero lo han matado. Ábrame por favor.

No conocía la voz. No sabía de quién podía tratarse pero no le quedaba otro remedio que abrir la puerta, si era cierto saldría de allí de inmediato.

- Usted no es ruso. Siéntese y beba un vodka. ¿O prefiere té? Aquí tengo unos de la India, me lo trajeron por valija diplomática.
- No, gracias. Me llamo Charles Green. Trabajo para el servicio secreto británico. Veo qué habla muy bien mi idioma, señor Bogdánov.
- Por favor, dígame quién es usted y que hace aquí.
- El hombre asesinado también era inglés. Hay un cambio de planes importante. El barco de alta mar al que ha de subir no va a Francia.
- ¿A dónde se dirige?
- A Estados Unidos, quizá o a Oriente, nada es seguro. No le queda otra opción de momento. Una vez en América o Asia podrá ir donde plazca. Incluida Francia o el Reino Unido. Con la fortuna que tiene podrá comprar lo que quiera.
- ¿Qué pinta el servicio secreto inglés en todo esto?
- ¿Se acuerda de Andrey Rocamonde? Fue a verle al auditorio de música.
- Si. Lo recuerdo, adelantó mis planes veinticuatro horas.
- El también pertenece al servicio de inteligencia británico. Ahora va en un barco hacia Inglaterra. Debemos irnos.
- Está bien, no ha contestado a mi pregunta, lo dejaré porque vamos mal de tiempo. Me da la clave de recogida, señor Green.
- Por supuesto…

Igor Strélnikov creyó que Vasiliev iría al café del tranvía a entregarle el millón de libras, luego le robaría toda su fortuna para la causa roja, después lo fusilaría. A Rusia le había pasado con los bolcheviques como a Vasiliev con Dimitry. Siempre estuvieron ahí pero nadie los veía. Podía ser bolchevique el menos esperado. Toda la clase conservadora rusa, pequeños, medianos y grandes, todo lo que representase o tuviese algún tipo de relación con la familia real rusa, estaba condenado a caer. Lenin cada día era más fuerte, pero los hijos de Lenin, también necesitaban fortunas que sufragaran su revolución. Así que la extorsión comenzaba hacer de las suyas contra los pocos ricos que se quedaron. Igor no pensaba apropiarse ni de un penique de plata. Vasiliev Bogdánov moriría hiciese lo que hiciese. Aunque fuese inocente. Como casi todos los aristócratas…

Charles Green salió del piso con su protegido. Debía llevarlo a la zona acotada para los barcos de pesca cerca del estuario. Sin embargo, Charles, tomó otra dirección, Vasili no se percató porque quedó dormido en el trayecto debido a la intensa tensión y el cansancio que había acumulado en las últimas semanas. Cuando Green paró el auto, Vasili vio a la condesa Petrov saludándole con sonrisa ancha al otro lado de la ventanilla.

- ¿Qué significa esto míster Green? ¿Dónde estamos?
- Baje. Vamos asistir a una reunión. Mire, todos sus amigos aristócratas…

Era la casa de verano de la condesa Petrova. Vasiliev hizo lo que dijo Charles y se apeó del flamante auto. La condesa se cogió de su brazo.

- Que haríamos sin Charles. ¿No le conocías?
- No. Andrey nunca nos presentó. Ahora alguien puede explicarme que hago aquí en tu finca.
- Estamos todos querido Vasiliev. Ahí viene mi esposo y tú amigo el de los proyectos costeros en la ribera mediterránea.
- ¿Qué se supone qué vamos hacer aquí? ¡Señor, conde! Me alegra verle.
- Igualmente, señor Bogdánov. Un placer. Vamos, entre en la casa.

Cuando Vasili llegó al salón principal no creyó lo que vio. Menos mal que nunca padecí de corazón, se advirtió, aun así todas estas cosas dejan huella dolorosa. Había nueve bolcheviques uniformados dentro del salón de la señora condesa. Cuando entró el último revolucionario cerraron por dentro todas las puertas y ventanas. Encendieron velas y sacaron bebidas. Charles Green representaba a toda la oligarquía rusa en base de negociación con los bolcheviques, que necesitaban dinero para sufragar su revolución. Vasili se desplomó en un sofá y no dejaba de observar el llamear de la lenta candela. En cierta manera “tiró la toalla”. Ni siquiera preguntó a Charles porqué le había fallado. Aún tenía tiempo de llegar al estuario escapando de algún modo. ¿Pero cómo? Buscaba una respuesta en el fuego rojizo de finales de febrero del año 1917.

Strélnikov tomó la palabra:

Estimados camaradas muy pronto Rusia será liberada del yugo. Ahora cantaremos la internacional francesa…

Capítulo. III.
1917. Enero.
Heridas de amor y guerra.

Igor Strélnikov sonrió con vodka en mano cuando vio al aristócrata Vasiliev mirándole como asombrado tras decir aquellas palabras…

- ¡Señor Bogdánov!
- Oh, mi raptor. Se libró de presidio, eh. ¿Ha rebajado sus exigencias, señor Strélnikov? ¿O se quedará esperándome en el café del tranvía? Si voy le llevaré un poema para qué lo regale a su prometida. – En ese instante interrumpió la señora condesa -
- Oh, no querido. Este hombre es solo un soldado, tienes que hablar con Charles y conmigo. Me han nombrado representante de los bolcheviques en la aristocracia. No te preocupes, le damos un poco de dinero y nos dejan vivir. ¿Has oído qué bella la internacional? – Agregó la condesa Petrova - Estas palabras de la simpática y asustada aristócrata no hicieron sino poner más desconfiado al Bogdánov -
- No estaría tan seguro después de ver lo que hicieron con la casa de mis antepasados. – Vociferó Vasiliev -
- ¡Lo siento señor Bogdánov parece qué no lo entiende! ¡Todos los palacios de la madre Rusia pertenecen al pueblo! – Exclamó uno de los bolcheviques algo exaltado por el excelente vodka de la señora condesa –

El gran hombre no había llegado aún y la tensión iba en aumento. Esperaban a un abogado de la Sovnarkom que sería el encargado de tramitar las transferencias de las grandes fortunas rusas. Los que tenían los capitales en bancos rusos ya no estaban, se habían ido o desparecido sin dejar rastro. Una verde poesía, en el amanecer rojo, un recuerdo nevado que no muere, dos tragos de vodka, una lágrima y más de mil millones de libras para gastar…

Charles Green lo sabía. Sabía que Vasiliev Bogdánov poseía una fortuna muy superior a los mil millones de libras. Solo que solamente tenía descubiertos cien millones en bancos ingleses. ¿Dónde ocultaría el resto? Sin duda la maniobra roja para vaciar las cuentas aristócratas estaba en marcha. El servicio de la casa Petrova comenzó a sacar manjares de alta cocina, aunque ningún bolchevique probó nada solo el vodka. Finalmente el interventor Tarasov hizo acto de presencia con un abultado maletín. Una vez allí, pidió un poco de vodka y la señora condesa tomó la palabra. En total había nueve multimillonarios en la mansión éstos desembolsarían unos dos mil trescientos millones de libras por su libertad. La condesa dijo que como nueva bolchevica animaba al resto a seguirla. Era mejor ser pobre en la madre Rusia que rico lejos de ella. Sonrió a Strélnikov pero este le volvió la cara. Tarasov sacó una lista y dijo que fuesen pasando por su mesa. Así fueron firmando uno por uno menos Vasiliev al que le dijeron que debía esperar que llegase otro interventor. Charles Green cogió un cheque y se marchó sin despedirse. Vasiliev y los demás subieron a un camión militar que salió de allí con paradero desconocido. Doce horas después habían llegado a Moscú y llevados a una casa de las afueras. Allí coincidieron con otros ricos aristócratas y millonarios. Vasiliev fue llevado a la parte superior del edificio donde esperaba un alto cargo bolchevique con muchas influencias. Un comisario político fiel a Lenin. Algún experto debía hablar con él para hacerle entrar en razón.

- ¿Es usted? ¿Vasiliev Petrov Bogdánov? Sea breve y conciso.
- Si. Yo soy. Esas son mis credenciales.
- Por favor, siéntese ahí y esté en silencio hasta que yo le pregunté.
- Lo haré, gracias por la hospitalidad…
- Aquí tenemos unos documentos del banco británico con su saldo actual. ¿Puede confirmarlo? Por favor.
- Sí, ésta es mi cuenta.
- Diga en voz alta la cantidad a su favor.
- Ciento trece millones de libras esterlinas.
- ¡Entonces por qué me llama un superior diciéndome que usted se ríe de los bolcheviques! ¡eh, dígame de una vez donde guarda toda su fortuna! Me estoy enfadando. Camarada el de la puerta, llama al comisario Igor.
- No tengo nada más. Lo siento comisario. – El comisario le dio un puñetazo que hizo le caer de la silla con nariz sangrante –

A los pocos minutos Strélnikov apareció por la sala de interrogatorio y “tortura”.

- ¿Qué ocurre comisario?
- Tengo un problema, camarada Igor, y creo que puedes ayudarme. ¡Qué dices a eso!
- Lo que sea necesario, camarada comisario.
- Es más, Rusia te ascenderá camarada, si pasas esta prueba, te doy tres días, es todo tuyo.
- Colabore con el comisario, señor Bogdánov, nada podrá frenar el amanecer rojo… - El comisario político se marchó sin saber que Igor se frotaría las manos con el detenido. -Nada sabía la SNK de la pasada relación de Strélnikov con el potentado Bogdánov -

Igor se sentó frente a Bogdánov y le miro sonriendo. De repente Vasiliev se abalanzó sobre Strélnikov y le arañó la cara y los ojos, el bolchevique sacó un puñal grande y se puso en guardia, Vasili salió corriendo por los pasillos del edificio buscando la salida, ahora actuaba como un verdadero suicida. Consiguió huir de la casa pero a los pocos metros una patrulla lo interceptó y le dieron una paliza que lo dejaron medio muerto. Luego lo metieron en una celda aislada y cerraron la llave. Al caer la tarde el silencio se hizo en la casa labriega. ¿Dónde fueron todos? Desde su prisión en la tarde Vasili pudo oír el ruido de las ametralladoras en el campo que había tras la casa, cada descarga le producía ansiedad, rabia contenida y un hondo llanto. El sol fue cayendo y todos se fueron… Era la primera vez en su vida que lloró hondamente recordando a toda su familia, ahora desaparecida y también podía sentir todas esas personas anónimas y no tan ignotas ametralladas en la tarde.

No le habían dejado ni agua, triste y cansado se acostó enrollado en su manta mirando a la pared quedando dormido prontamente. Sobre las cinco de la mañana alguien apareció por allí y no era otro que Igor Strélnikov con una mujer que lo acompañaba vestida de bolchevica.

- ¡Despierta millonario! Venga, traemos el desayuno. ¿Firmarás hoy? Ja, ja, ja, ja… Me voy abajo a leer el periódico, oír la radio y beber vodka, allí estaré. Camarada Vocalís intenta convencerle y si lo consigues algún día te haré oficial de rango.
- Lo intentaré, camarada.
- Eso espero, no me defraudes.
- No, camarada. – El comisario encubierto regresó a su despacho y dejó a la extraña mujer a solas con el detenido -

- Hola, Vasili…
- No puedo moverme, por favor, puede llamar a un médico. ¿Qué eres bolchevique? Me suena su voz… René…

Perdió el conocimiento antes de reconocerla. René Vólkova había salido de entre los muertos y había resucitado, pues muchos la dieron por fallecida. Subió al despacho del flamante comisario y le dijo que Bogdánov estaba grave...

- Es cierto, ayer intentó huir y le dieron una gran paliza, yo la ordené.
- Camarada. ¿Va llamar a un médico?
- ¡No se morirá! No te preocupes.
- Camarada, tiene heridas infectadas y varios huesos rotos, se morirá.
- ¡No discutas mis órdenes camarada! ¡Entendido!
- ¡Entendido camarada!
- Está bien, iré a Moscú a traer un médico, quédate con él y estate atenta.
- A la orden, camarada.
- Nada de la orden, camarada basta…
- Sí, camarada…

Vocalís buscó agua, un recipiente y algunos trapos. Cogió mantas e hizo una cama en el suelo para limpiarle mejor las heridas. Estaba destrozado y sin conocimiento. Poco a poco fue retirando el pus y la sangre seca, desinfectó las heridas e intentó averiguar los huesos que podría tener roto. Habían transcurridos dos horas desde la marcha de Igor y Vasili abrió los ojos, viéndose acostado allí en aquella cama improvisada. No recordaba nada de cuando se desmayó.

- Hola niño bien. ¿Me recuerdas?

Intentó levantarse para abrazarla pero se quedó en la tentativa. Ella se agachó y se abrazaron como dos buenos amigos. Mientras la miraba medio embobado le toco un aladar de su bello pelo, como si no supiese o recordase qué se siente al tocar el pelo de una mujer bonita. Ella le ayudó a recostarse y sentó junto a él.

- Me dijeron que habías… - Vasili desfalleció -
- Lo sé, fui yo la que se lo dijo al médico.
- ¿Por qué lo hiciste?
- Para no acarrarte problemas. Cuando te vi en las portadas de los periódicos me sentí mal por la forma tan grosera cómo te traté, sabía que eras mucho para mí. Ignoraba por completo quién eras y a que te dedicabas. Yo solamente fui una borracha mal hablada. Era por el alcohol por lo que me vendí a algunos hombres, tenía más fama que cama.
- Di lo que tengas que decir…
- He terminado, gracias. ¿Van a matarte lo sabes?
- Supongo que sí. Lo sé. Además mírame, me quedaré en un carrito.
- En el momento que firmes te matarán. Y ya no puedo decirte nada más.
- ¿Quién te metió aquí?
- Fue Strélnikov, él fue. Quieres que te lo cuente.
- No es necesario… Todos tenemos miedo y hay que sobrevivir…
- Mira lo que tengo aquí. Esto te van encantar.
- ¿Qué es?
- La mejor morfina. Espera, espera, ya está. Ahora podrás descansar unas cuantas horas. No te preocupes, van a traer un médico y te llevarán a un hospital, si me es posible iré contigo. Duérmete, a ver, tienes mucha fiebre.

Vocalís le dio un beso en la frente y Vasiliev se durmió de inmediato, cuando despertó estaba en un hospital militar y había demasiados heridos. Aquel ensueño con René le dio ganas de llorar. ¿O le dolían más las heridas? El médico dijo que había tenido mucha suerte y que gracias a la cura que le hicieron la noche anterior salvaría una de sus piernas.

- ¿Quién limpió sus heridas, señor?
- No lo recuerdo, doctor. Estaba inconsciente.
- Hola doctor. ¿Cómo se encuentra el enfermo?
- De eso hablaba con él. Gracias a la cura de anoche salvará la pierna.
- Fui yo camarada doctor. Disculpe. Mi nombre es Vocalís Kuznetsova. Estas son mis credenciales.
- Encantado, no son necesarias las credenciales con ese uniforme, he de irme, encantado camarada Vocalís…
- ¿Vocalís?
- Sí, ese es mi verdadero nombre. Me lo cambié porque René era más comercial.
- Pues es bonito. Me recuerda una melodía enamorada de Sergi Rachmaninov.
- Gracias Vasiliev. Ahora debo marcharme, tengo guardia esta tarde y repartir propaganda por la noche. Sólo he venido para comprobar qué vas bien. Ya no tienes fiebre.
- ¿Dónde vives? Es decir. ¿Dónde pasas las noches?
- En instalaciones secretas. Hasta que el Zar no sea derrocado, todos andamos a escondidas.
- ¿Y este hospital militar? ¿No era del ejército?
- Adiós, Vasili, no quieras saberlo…
- ¡Volveré a verte!
- ¡No lo sé tal vez!... – Ella se alejó tan suave como una brisa con gesto pétreo, todos se apartaban para dejarla pasar -

Ninguna revolución surge de un día para otro y la rusa no sería una excepción. Por supuesto el zar Nicolás II estaba rodeado de traidores sino no hubiese sido posible una mutación tan radical en Rusia, incluso cuando todos creían en la supremacía del poder militar, eclesiástico y económica del régimen teócrata podía respirarse un ambiente enrarecido cómo si algo inevitable hubiese ocurrido ya, y así ocurrió, los obreros decidieron no dar más oportunidades a un sistema que nunca se acordaba de ellos, la miseria, la hambruna y muchas injusticias más rondaban por aquellos años cómo baladí por las calles rusas.

De monarquía a dictadura comunista. Vasiliev era un adelantado a su tiempo, siempre intuyó que esto ocurriría. Sin embargo a pesar de estar dispuesto a entregar los cien millones de libras a los bolcheviques, no daría su brazo a torcer con la idea de marcharse de Rusia. Si lo iban matar nunca entregaría ni un penique. Ahora se encontraba convaleciente de la bestial paliza y no lo tocarían. Después de marcharse Vocalís, Vasili rememoró en su corazón una de las nuevas melodías de Rajmáninov titulada: “Vocalise” Moriré entre melodías de pájaros fríos, Vocalís de mis amores. Tú eres mi verdadera herida de guerra, hastiado muerdo dones olvidados, entre algodones de pólvora y alquitrán muero, extasiado por su carmín de perlas plateado. Serénate invierno gris, ayer vi sus ojos de ojeras malvas, más te vale traer flores a este desierto, lamento febril, dame un largo trago de absenta, sus labios y mil millones de libras para gastar.

Bogdánov comenzaba a deprimirse en aquella cama vieja de hospital. Dos bolcheviques vestidos de paisano merodeaban por allí, le vigilaban sin perder detalle y sin llamar mucho la atención. Él ya los había advertido. De todas formas no podía caminar con las heridas y menos huir.

Transcurridas dos semanas fue trasladado a la misma casa de donde salió. No volvió a ver a Vocalís. En esta ocasión los bolcheviques cambiaron su modo de tratarle e Igor fue en su auto a recogerlo personalmente al hospital.

- Mire, señor Vasiliev. Este auto es de fabricación rusa, bueno creo que el motor es sueco o francés. – Vasili no dijo nada ni apartó la mirada del horizonte – El moscovita siguió hablando:
- Yo nací en Moscú, sabe. ¿Quiere un trago de Vodka? Nos lo ha regalado Lenin. Dicen que está ahora en Moscú. ¿Su familia es toda rusa?
- Ya no tengo familia.
- Lo siento, de veras.
- Quiero hablar con Lenin. Señor Strélnikov. ¿Es posible? Dígamelo cuando lo sepa. No hablaré con nadie más. Si queréis mi fortuna tendréis qué darme ciertas garantías y no trataré con subordinados.

Strélnikov sacó su pistola y la metió en la boca de Vasili.

- Oye bien, niño adinerado. Vas a darme a mí todas esas cuentas en el extranjero o te mataré lentamente. Te despellejaré vivo. Creerás que ha vuelto la Inquisición española. ¿Qué dices a eso? Luego de esto, Igor le dio un culatazo y lo dejó sin sentido en el asiento del copiloto. Los dos bolcheviques del hospital iban sentados en el asiento trasero con media sonrisa esbozada en el rostro, sabedores del explosivo carácter del camarada comisario.

Vasiliev sospechaba que los bolcheviques ocultaban algo relacionado con el dinero de los ricos rusos aunque no tenía pruebas. Cuando despertó le ordenaron subir a su celda a lo que le ayudó una enfermera bolchevica. En esta ocasión no era Vocalís:

- Disculpe, enfermera…
- No puedo hablar con usted.
- Por favor, enfermera. ¿Conoce a Vocalís Kuznetsova? También es bolchevique.
- No, no la conozco y cállese o llamaré a los camaradas…

Nadie quería ayudarle en absolutamente nada. Había una radio encendida cerca de su celda, podía oír las conversaciones del mando central y todos los detalles de las tropas del Zar. ¿Cómo era posible? Lo acostaron y le dijeron que una enfermera vendría todas las noches a curarles las heridas. Luego apagaron todas las luces y se fueron. El silencio era “ensordecedor”. Aquel lugar estaba situado en el centro de un inmenso bosque de abedules…

Los dolores de las contusiones y laceraciones no le dejaban conciliar el sueño. La noche cayó y ninguna enfermera apareció, solo veía ratas que merodeaban por los rincones desiertos y polvorientos de aquella estancia “hedionda”. En ocasiones oía en su corazón a Rachmaninoff, esto le ayudaba a soñar y a mantener la esperanza por una ilusión postrera. Finalmente bebió la ampolla que le dejaron y sucumbió al sueño narcótico. No había aullidos de lobos próximos solo silbidos de balas perdidas y explosiones lejanas. Pensó en su madre y también en su hermana Valentina, tuvo un hermoso sueño donde se reencontraba con ella en una estepa africana. ¿Qué estaría haciendo? Y al final soñó con Vocalís otra vez hasta la mañana lluviosa. Quedó extrañado. No oía nada, sin duda alguien había estado allí. La puerta de su celda yacía abierta y también le habían dejado comida, medicinas, unos rublos y una muleta. Parecía como si le hubiesen liberado. Era evidente que no podría andar al menos intentaría llegar hasta la ventana para ver los alrededores y respirar aire limpio. Sonrió. También habían dejado una botella de vodka. Tantos detalles le confundían aunque tenía muy claro lo que pretendían. ¿O habría sido cosa de Vocalís?...

Medio arrastrándose logró llegar a la ventana. Cada metro recorrido eran hálitos de dolor. Cuando logró por fin asomar la cabeza al ventanal quedó desconsolado. Todo el patio estaba cubierto de cadáveres y pudo reconocer a alguno de ellos. Se recostó en la pared sollozando de dolor y angustia. Ahora el silencio aterrador había vuelto debía sin duda intentar salir de aquel lugar. Hasta que por fin asimiló que en las condiciones actuales era imposible atreverse, ni siquiera plantearse la idea de la huida. Por esto regresó al colchón de su celda y a sus ampollas de morfina. Mirando a la techumbre se preguntaba donde habrían ido todos…

En los tres días siguientes nadie pasó a ver Vasiliev. La casa solariega quedó desierta como el cielo cuando desaparecen una bandada de pájaros. Intentó incorporarse pero estaba débil y hambriento. Por suerte siempre tuvo viviendas en Moscú, intentaría llegar a una de ellas si conseguía bajar las escalinatas. Con su muleta fue avanzando lentamente hasta asirse a la barra de la escalera. Tardó un poco pero consiguió llegar al piso bajo donde el hedor por los cadáveres le produjo una vomitera imparable. Por la puerta principal entraba humo negro tóxico de algún neumático ardiendo y el camino por donde debía ir ya no estaba nevado. Miró al cielo apoyado en la muleta. Por suerte no estaba muy lejos de la ciudad y conseguiría llegar si ningún bolchevique lo avistaba. Era casi imposible que se olvidaran de él así como así. Sin duda algo había cambiado. Comenzó a ilusionarse con la idea de regresar a Petrogrado e intentar localizar al patrón Lemyus. Poco a poco fue cogiendo confianza hasta que una de las heridas se le abrió y comenzó a sangrar en medio del camino sin apenas darse cuenta. Aquel día de marzo Vasili ignoraba que el zar Nicolás II había abdicado. La I guerra mundial daba signos de no terminar nunca y de repente el caos se apoderó también de la madre Rusia. Se hizo un torniquete mientras pensaba en la manera de salir del infierno y el aire le trajo el último aroma de Vocalís, una bruma lisa de abedules, sangre inocente gotea la mañana, dame solo un recuerdo gris de esta desgana y más de mil millones de libras para gastar…

Con las primeras casas divisó una explanada con una hoguera donde había hombres calentándose. Uno de ellos le pareció su antiguo mayordomo Dimitry Semiónov. Se acercó lentamente, todos le miraban y parecían enfermos o locos, sus rostros despintados de cenizas de guerra y sus ojos desorbitados eran el rostro de la miseria humana. Cuando los hubo escrutado fijó su atención en su antiguo mayordomo. Dimitry ya no hablaba solo gesticulaba y temblaba, a veces reía y también babeaba. En una refriega contra soldados de la Ojrana del Zar una bala perdida lo dejo inútil. Vasili miraba a su alrededor sin salir de su asombro. Preguntó a Dimitry con un susurro donde estaban las llaves de las casas de Moscú a lo que no recibió contestación. De repente giró la cabeza y a unos cincuenta metros le pareció ver a Lenin con las manos metidas en su abrigo y con la vista `puesta en él. Vasiliev echó andar para llamarle pero aquel hombre se dio la vuelta y se alejó. Se tocó la frente y notó el ardor de la fiebre que le atenazaba. Debía encontrar una de sus casas y refugiarse hasta recuperarse de sus heridas, así que se le ocurrió una idea. Intentaría preguntárselo por escrito. Sacó un lápiz y un papel de su bolsillo y escribió la pregunta, luego se lo enseñó y Dimitry lo cogió. La respuesta fue lúcida y Vasiliev agarró a su amigo por el brazo exclamando.

- Venga, amigo. Salgamos de este infierno, vienes conmigo…

Poco a poco se fueron acercando a los suburbios moscovitas. Lo que nunca imaginó Vasili es que se daría de “bruces” con Charles Green:

- Señor, Bogdánov. Está hecho una calamidad y su mayordomo también. Vengan conmigo.
- ¡Ya cobró su cheque! ¡Han muerto todos! Maldita rata embustera. ¿Usted no es inglés? ¿Verdad? Venga suéltalo camarada.
- Lo siento. Pertenezco a la Sovnarkom o SNK.
- ¿Qué es eso?
- Es el consejo de comisarios del pueblo. Camarada.
- Diré camarada si me place. Así que usted también es bolchevique.
- Podemos decir qué sí. Y ahora se lo diré una sola vez. ¿Quieren qué les ayude?
- No, gracias, preferimos andar entre ratas…
- ¡Sin mí no lo conseguirán!

Parecía haber espías por todas partes, pensó Vasiliev alejándose con Dimitry buscando la dirección adecuada para llegar a una de sus casas. Charles no le siguió y se perdió por otra calle…

El revuelo de la abdicación de Nicolás II trajo consigo una euforia desmedida por parte de aquellos que habían ganado el pulso, es decir, los comunistas. Las cifras de muertos en su natal San Petersburgo eran alarmantes como los destrozos asesinatos y bombardeos. Esto decían desde radio Moscú la guardia roja y luego ponían la internacional francesa. ¡Camaradas Rusia ha sido liberada! Antes de poner la radio Vasiliev echo todas las cortinas y un largo trago de vodka de su excelente bar privado. Había tenido mucha suerte de que los bolcheviques no cayeran en la tentación de destrozar la vivienda con todos sus carísimos contenidos, esto le resultaba extraño viendo como habían quedado las casas colindantes. Acostó a Dimitry en una de las habitaciones y resolvió curarse el mismo las heridas para después una vez aseado, echar un sueño profundo en una de sus camas. Antes puso música para relajarse tras ingerir la última dosis de morfina que le quedaba. Apenas hubo oído las primeras bellas notas del afamado músico y amigo de su padre Piotr Ilich Tchaikovski. Vasili se durmió. Soñando en ella, me fui con los cuervos y el laurel, no me despiertes, deja que té vea mejor, dispensa el beso soñado, con este amor de guerra, deja que me alíe con hordas de poesía traviesa, dame el aroma que te envuelve y vuela, el silencio de tus andares, irme contigo en tu sonrisa y más de mil millones de libras para gastar.

Cuando Vasiliev despertó, Dimitry se había “ido a la francesa”. La puerta de la casa se encontraba abierta de par en par. Lo volvió a cerrar todo, había pasado veinte horas profundamente dormido. Se encontraba algo repuesto pero las heridas le escocían y las luxaciones le impedían andar con normalidad. No había tiempo que perder se dijo y preparó todo para partir hacia Petrogrado y encontrar a su contacto en el estuario. Si seguía en Moscú, a esas alturas de la revolución no encontraría a nadie que le ayudase a salir del país. Su tierra natal era su única esperanza. Le vino a su mente Charles Green. ¿Fue casualidad ese encuentro o le vigilaba? ¿Dónde habría ido Dimitry? Todo era muy extraño. ¿Ya no querían su dinero? ¿Lo estaban observando? Tal vez esto último fuese lo más probable. El paradero de Vocalís comenzaba a turbarle más que su propia situación. Entonces el ánimo decayó. Sin ayuda en su estado de salud nunca saldría de Moscú.

- Hola. ¿Puedo pasar?
- ¡Vocalís!...

La aparición de la bolchevica le trastornó el corazón pero logró disimularlo.

- Hola, dame un beso. Veo qué estás mejor, me alegro mucho.
- ¿Quieres un café o té? Tengo uno estupendo. ¿Dónde has estado?
- No puedo decírtelo. He venido a pasar el día contigo.
- Entonces sabéis por donde ando. ¿Es así?
- Esta mañana vieron a Lenin paseando por Moscú. Me hubiera gustado verle de cerca y mirarle a los ojos.
- Sin duda sería un buen partido para una bolchevica.
- Si, seguro que sí. Ja. Pero ya no pensamos así querido amigo.

Vasili y Vocalís compartieron té y charla durante varias horas. La luz solar se fue y tras el almuerzo tardío Vasiliev encendió velas y colocó en el gramófono un disco de Rachmaninoff.

- Deja solo una vela encendida. ¿Te importa?...
- No claro que no…
- Bailas muy bien.
- Tú también…Tienes que ayudarme a salir de Moscú Vocalís…
- Me jugaría la vida si hiciese eso, Vasili.
- Lo comprendo. ¿Puedes llevarme a San Petersburgo? Solo te pido eso.
- En la capital corres más peligro. ¿Lo sabes?
- Sí, sí. Lo sé todo. Me gustaría bailar contigo esta pieza, se titula “Vocalís” tu nuevo nombre... Dime, ¿Cuál es tu verdadero nombre?... Eh…
- Será un placer bailar, respecto de mi nombre coge el que más te guste…
- Gracias, madame. El placer es mío… Vocalís está bien, suena más aristocrático…
- Modales de gente rica, yo soy una bolchevica, bésame…

Vasiliev se encontraba dolorido debido a las contusiones y las heridas mal cerradas. Al anochecer Vocalís se despidió, él le pidió que se quedase, ella aceptó.

La noche se cubrió oscura entre su pelo y yo, solo existieron nuestros labios, que paz quiero, sino tenerla a mi lado y olvidar la guerra y sus lágrimas de muerte, llegue la ternura de armonía… Vocalís… Mi amor revolucionario, la noche de mi vida entorno… En cuento su pelo versado en la mirada intensa, suenan tiros en mi corazón desterrado, ¿es ahí fuera? ¿O es dentro de mi corazón helado? Quién fuese la causa para que durmieras a mi lado y más de cien millones de libras para gastar….

- Vocalís…

Vocalís se marchó al amanecer. Bogdánov se hizo algo de café y salió a la calle en batín. Hacía demasiado frío pero encontró un periódico, también el día era hermoso y estaba mucho mejor. Solo que inmediatamente surgían de nuevo malos augurios en su pensar. Por suerte había agua en el parte trasera de la casa y pudo frotarse bien. Soñaba en ella y en cómo se había marchado. Cerró todas las ventanas echó las llaves y cuando estaba a punto de irse a la calle y arriesgarlo todo, Vocalís reapareció.

- No tengo mucho tiempo si quieres que te lleve. Es un día entero en auto por malos caminos.
- Gracias.
- Con esto estamos en paz.
- Tú no me debes nada.
- No eres tú quién decide eso, sube. Ponte esta ropa.
- ¿De bolchevique?
- Sí, es necesario. Si nos paran los Soviets o Bolcheviques tú solamente hazte el dormido y finge roncar.
- De acuerdo. ¿Y si me descubren?
- Entonces moriremos juntos. ¿A qué es muy romántico? Ni lo sueñes… Debo estar loca por alguien o estoy loca por mí misma si hago esto…

Capítulo. IV.
Rumbo al exilio. 1917.

Vasiliev ignoraba quién lo vigilaba y quién daba las órdenes. Por supuesto podría ser cualquiera de los que veía e incluso algún amigo o conocido. Comenzaba a dudar incluso de Vocalís, sin embargo no era este asunto lo que le torturaba en exceso.

- ¿Crees que acabará la guerra en Europa?
- Tal vez el año próximo, no estoy segura. Mira allí hay una patrulla del Sovnarkom SNK. Ellos son los que mandan junto con la guardia roja. Parece ya que se marchan, uf.
- ¿Qué es realmente el SNK? Charles me dijo que pertenecía a esas siglas.
- Son los verdaderos comunistas, los que ejercen más presión. Los bolcheviques son un producto de ellos, creo. Es el comité del pueblo y todos sus comisarios políticos. Existen otras facciones ocultas o en desarrollo. Hablo mucho de política con…
- ¿Con quién?
- ¡Agáchate! Uy. Bueno ya estamos a salvo hasta dentro de diez horas. Creí que no saldríamos de Moscú. Si nos hubiesen parado ahora yaceríamos muertos en la carretera.
- Puedes parar el coche. Por favor.
- ¿Qué ocurre? ¿Te encuentras mal por lo de anoche? Ja, ja, ja.
- Tú eres lo que ocurre… - Vasiliev la besó tan profundamente como sentía, hasta que ella lo apartó.
- No puede ser Vasili, lo que tú quieres es imposible…
- Solo quiero estar contigo.
- Yo pertenezco a la madre Rusia. Y así será hasta mi muerte. Y ahora te ruego me dejes conducir. Lo has mal interpretado todo, solo me siento en deuda contigo. Nada más. Intenta dormir un poco…

Llegó a la capital en un tiempo record de diez horas. No en vano René pasó sus primeros veinte años de vida recorriendo aquellas carreteras y atajos.

- ¡Despierta! Tengo que irme Vasili. He de volver a Moscú.
- Discúlpame por lo de antes. Tenía ganas de besarte. Adiós Vocalís, gracias por ayudarme.
- ¡Vasili!
- ¡Qué!
- ¡Te quiero! Siempre te he querido no lo olvides nunca…

Vocalís salió de Petrogrado y Vasiliev se pasó largo rato observando los astilleros pero herido en su desidia. Atrapado de amor. No podía culparse por nacer en un contexto tan bélico y puestos a elegir mejor nacer en tiempos interesantes, solía decir el patriarca Petrov Bogdánov a su heredero antes morir.

Qué belleza consigue el hombre con guerras frías, fuegos de crematorio son, esos barcos luminarias de almas perdidas, buscando el mar, huir con las corrientes quisiera cual ser mitológico de Homero, perder contigo el alma quiero, suspendido por cumbres de algodón blanco dramático, pues cargado de lágrimas y lluvia iré a tu encuentro… Vocalís…

Se había cambiado de ropa antes bajar del auto marca rusa. Ahora pensaba en Lemyus y donde podría encontrarle. Vio a un hombre joven lijando la cubierta de un barco. Le llamó y preguntó en voz alta si conocía a Lemyus y donde estaba, que traía noticias urgentes de Moscú. Sin duda tuvo un poco de suerte, debía caminar diez kilómetros hasta llegar a un enclave a orillas del rio Nevá, allí encontraría una taberna que regentaba la esposa del patrón. Caminó lentamente durante horas hasta que divisó la casita ribereña del pescador.

Dos muchachos regentaban aquel extraño antro con aspecto bolchevique. Había fotos de Lenin en las paredes y también alguien en la cocina. Era un bar lo suficientemente pequeño para que nadie te encontrase. La supuesta señora Lemyus miró con cara de pocos amigos a Vasiliev.

- ¿Le pongo algo camarada?
- Un poco de vodka. Gracias camarada.
- ¡Vaya camarada! Es usted la viva imagen de esa rata que mataron los compañeros hace días.
- ¡Es verdad madre! – Vociferó uno de los muchachos -
- Si ya me lo habían dicho. Lleváis razón ese tipo es una rata. – Repuso Vasili -
- Camarada.
- Si.
- Querrá decir era.
- Si eso, salud. ¡Brindo por Lenin!

Desde que apareció Vocalís por la casa de Moscú su suerte parecía haber cambiado muy a pesar de haberla perdido a ella. El esquivo patrón Lemyus surgió de repente como traído por el viento y nada más que vio a Vasili le dijo:

- Venga conmigo camarada. ¿Sabes qué van a instaurar un gobierno provisional?
- Oh, sí lo he oído en la radio…
- Venga detrás de mí y suba a ese auto. Nos vigilan. Nada es lo que parece olvide sus planes de huidas.
- ¡Arranque por Dios!
- Ya nos vamos…

El patrón Lemyus no era bolchevique. Ni la mujer del bar era su esposa ni aquellos sus muchachos; los tres eran miembros secretos del Sovnarkom SNK. Desde aquel bar se podía controlar el tráfico de barcos menores en el puerto. Subieron al pesquero de Lemyus, éste decidió soltar amarras y navegar un poco para charlar distendidamente con su invitado.

- ¿Se marea en barco?
- ¡No! ¡Tuve un velero!
- No puedo hacer nada por usted. Era Andrey Rocamonde el que organizaba todo.
- ¿Conoce a Charles Green?
- Nunca he oído ese nombre.
- ¿Si le doy dinero podrá organizarlo usted para esta noche?
- Como mucho podría meterlo de polizón, convenido de antemano con el capitán de algún barco. Será muy difícil. Primero hay que ver los grandes buques que hay fondeados en Petrogrado. ¿Tiene dónde esconderse?
- No. Tome, coja esto.
- No. No cogeré nada hasta solucionarlo, si es que puedo. Creo que le siguen, señor Bogdánov…

La huida del señor Bogdánov se estaba convirtiendo en “un amor imposible” pero encontró un lugar seguro para ocultarse. Tras amarrar la nave, Lemyus llevó Vasili a un escondrijo de pescadores huidos de la justicia, contrabandistas, simpatizantes del zar socialistas no radicales. Allí no le buscarían, al menos mientras nadie lo descubriese.

Aquel lugar era sitio de hombres prevenidos. Gente llana trabajadora enemiga de los extremismo y del bolcheviquismo, nada podían hacer con lo se avecindaba. Sin embargo la taberna parecía una fiesta, de repente le dio un vuelco el corazón al creer ver a Vocalís de espaldas hablando con un corpulento pescador. Pidió media docena de vodkas y bebió hasta perder el sentido. Cuando despertó vio a Lemyus fumando en pipa y mirando hacia el mar lejano.

- Lo siento, bebí demasiado.
- Un bebedor nunca pide disculpas. Señor, Bogdánov.
- ¿Ha logrado algo? Por favor, señor Lemyus dígame qué sí.
- Hay un barco que sale mañana antes de amanecer. Quieren mucho dinero por llevarle. Es un barco mercante de su propia empresa que vuelve a Inglaterra antes que lo requise el Sovnarkom SNK.
- ¿Cómo va a cobrarme mi propia gente? Conozco ese barco y a su capitán. “La Bella Roja” lo flotamos aquí en Petrogrado hace tres años.
- Así es, señor. Ese es su nombre. No les dije quién era el pasajero por motivos de seguridad, solo alguien distinguido, cuando le vean se alegraran. Duerma un rato, le despertaré…

Pasadas las tres de la mañana el pescador despertó a Vasiliev. Había que darse prisa a las cuatro era la cita con el capitán del buque de Bogdánov Industries World…

- ¿Lleva el dinero?
- Suficiente, señor Lemyus. No sé cómo agradecerle…
- No lo haga. Guarde mi parte para los necesitados yo tengo suficiente con lo mío.
- ¿Es usted bolchevique?
- ¿Está loco o qué? ¿Por quién me toma? ¿Por inculto? Todos los intelectuales más avezados afirman que esta revolución es retrógrada e indecente.
- Disculpe patrón. Solo que por momentos parece que todos son bolcheviques, ya no sabía en quién confiar…
- Le comprendo señor. ¿Es ese el capitán de “la bella roja”?
- Sí, es él. ¿Crees en las coincidencias Lemyus?
- No, no creo en ellas porque no existen, al menos eso afirma Freud, yo también opino cómo él.

Los tres hombres mantuvieron una rápida conversación y antes de salir el sol Vasili ya se encontraba ocultado en las bodegas de “la bella roja”. Le advirtieron que no saliese a cubierta bajo ningún concepto hasta nuevo aviso y así lo hizo. Con las primeras luces del día el capitán mandó soltar amarras proa a la mar. Pasadas dos horas y antes de que perdiesen de vista el puerto de Petrogrado una explosión tremebunda partió el barco en dos. Según los últimos rastreos de pescadores de la zona no había supervivientes ni se vieron cuerpos. Según fuentes socialistas la nave pertenecía a Bogdánov Industries Worlds de propiedad rusa y con sede en Londres. Cuando Vocalís oyó esto en la radio de la SNK rompió a llorar. Algo en su interior le decía que Vasili iba en ese barco, así que salió corriendo con dirección a Petrogrado jugándose con esta decisión todo lo poco que poseía… 

La magnitud de la explosión impedía albergar esperanzas de que hubiese supervivientes. El barco se rompió por el puente y se hundió en pocos minutos. Lemyus oyó el estallido desde su taberna en el Nevá pero no pudo escaparse de la vigilancia de Gertrudis Tretiakov y sus espías bolcheviques. El primer día de gloria para la revolución había llegado un gobierno provisional había establecido tras el derrocamiento del Zar Nicolás II.

Vocalís se dirigió con urgencia hacia Petrogrado con la esperanza de encontrar con vida a Vasiliev. Los medios de comunicación no habían confirmado la desaparición del millonario ruso ni tampoco de toda la tripulación de la “bella roja”. Lo más probable es que los tripulantes se hundieran con el buque y además, Vasili se encontraba en la bodega cuando tuvo lugar la deflagración. Había demasiados muertos esparcidos por las calles de Petrogrado como para fijar la atención en un leve suceso marítimo. Si Lenin y la Sovnarkom SNK habían lanzado un mísil contra la “bella roja” era una incógnita. La población había resuelto echarse a las calles tras la terrible explosión y muchos hacían preguntas, aunque en el puerto todos sabían que el barco que había explotado; la noticia corrió como la pólvora y muchos se alegraron. Del mundo revolucinario la mayoría…

Vocalís no tendría problemas para acceder a la zona de la tragedia. Tenía un salvoconducto bolchevique para inspeccionar lo que le pareciera más oportuno por el bien de la nueva Rusia. En aquellos instantes su bello rostro se compungió al ver como las aguas devolvían restos de cuerpos humanos desmembrados. Sorpresivamente Strélnikov se encontraba merodeando los alrededores del puerto junto a tres subordinados. Lemyus también intentaba obtener información y la obtuvo. Disparar a un barco con bandera Británica era entrar en guerra o estar en ella y siendo así no podían ser los rusos, ya que estos eran aliados de los ingleses en la guerra europea. Entonces alguien dijo haber visto un submarino alemán por la zona del hundimiento de la “bella roja” pero nadie sabía nada con certeza. Charles Green reapareció sonriendo y mirando a Strélnikov.

- Bien, parece que ya está resuelto. Un adlátere menos, ya era hora…
- No hay certeza que Bogdánov fuese en ese buque. Camarada. Además, necesitamos su dinero. Al camarada Lenin no le gustará…
- Pero es lo más probable. Nuestros espías lo vieron ayer en la taberna Lenin cerca del rio. Los infiltrados lo han confirmado, se fue con un tal Lemyus que según los informes nunca ha mostrado interés alguno por la revolución ni tampoco pertenece a ninguno de nuestros grupos de presión. Tampoco es un enemigo es pescador.
- Conozco al patrón Lemyus, camarada, nos criamos juntos, se gana la vida pescando y es feliz, es un hombre sencillo y no le interesa la política. Bórralo de tu lista.
- ¿Quién eres tú para darme órdenes? Yo diré quién es sospechoso o no lo es, camarada… Y no m amenaces con Lenin…
- ¡Vocalís! ¡Vocalís! – Igor Strélnikov la vio por la zona y la llamó -
- Camarada, Igor.
- ¿Qué haces en Petrogrado? ¿No debías estar en Moscú?
- Traigo órdenes de encontrar al millonario Bogdánov hacer posible con vida.
- ¿Quién te dio esa orden la terrible Ojrana? Ja, ja, ja, ja. ¡Mientes Vocalís!
- Tal vez tú quieras decírselo cara a cara a Lenin…
- ¿Pretendes hacerme creer que has venido por una orden de Lenin? A ver esa orden firmada.
- Así es, Igor, la dejé en mi maletín en el coche. Tengo prioridad absoluta, quiero un barco para ir al lugar de los hechos.

Charles Green quedó impresionado por Vocalís y le prometió conseguirle un barco para el amanecer. Ella lo aceptó. Igor sabía que no podía presionar demasiado a Vocalís pues su estrella había subido enteros en el entorno de Vladimir Lenin y se arriesgaba a perder su carrera dentro del partido.

- Pasaré la noche en la posada del marino francés cámara Igor por si me necesita.
- Os presento. Charles esta es la camarada Vocalís. Vocalís el camarada Charles.
- ¿Eres inglés camarada Charles?
- Mitad y mitad. Mi madre era rusa. ¿Te importa qué te acompañe camarada? Necesito una habitación y algo de comer.
- Yo viajo sola, pero como tenemos que seguir en contacto mejor dormir en el mismo lugar. Camarada Igor, nos veremos al amanecer…

Transcurridas veinticuatro horas desde la explosión del buque propiedad de Bogdánov Industries World no habían aparecido restos de Vasiliev. Vocalís pasó todo el día en un barco rastreando una amplia zona de la periferia del accidente pero no encontró ni el más mínimo indicio de restos, al atardecer desistió y regresó a tierra desconsolada y aturdida, Charles Green intuyó lo que ocurría.

- Camarada, no tienes la culpa de su muerte, no pueden castigarte…
- Lo sé, camarada, lo sé…
- Ven, te invito a cenar camarada. Hace horas que necesito un buen trago.
- Me vendrá bien comer algo… - Vocalís intentaba no llorar ni desmoronarse aunque sería difícil verla abatida delante de todos debido a su fuerte carácter –

El puerto de Petrogrado se fue despejando de curiosos y revolucionarios, éstos festejaban la explosión del barco con banderas rojas, litros de vodka y armas ligeras. En el café del tranvía otrora hogar de paso de todos los poetas y artistas de Petrogrado, ahora descansaban armas sobre la barra del bar y algunas prostitutas baratas se acercaban a los barrios céntricos intentado ganar unos rublos con los policías de la Checa* también bolcheviques…

Vocalís no podía dormir pensando en Vasiliev. Charles intentó acostarse con ella a pesar de su edad avanzada, pero ella lo esquivó aun sabiendo que tener descontentos a los jefes puede ser muy peligroso donde la vida no vale nada. No en vano sentía la causa obrera de una manera fanática y estaba dispuesta a matar si era necesario, menos a niños y a mujeres. Temía que se le presentara una situación bélica comprometida con inocentes adláteres del poder del zar. Por otro lado quería encontrar un compañero que fuese como ella, amante de la madre Rusia y un padre para el hijo que esperaba. Desde que Vasili se marchó no sentía ganas de reír ni oír la novedosa radio, tampoco leía ni iba por las necesidades básicas en algunas ocasiones.

Sobre las tres de la mañana salió apresurada de la fonda donde se hospedaba. Míster Green ni se enteró. A esas horas Petrogrado dormía menos los guardias de la Checa que vigilaban la noche. En la charla de la cárcel cuando ella le curó, recordó que habló de un contacto llamado Lemyus, pero no sabía dónde buscar. Así que regresó a la posada y despertó a Charles Green.

- ¿Qué ocurre? ¿Has cambiado de idea camarada?
- Eres un hombre atractivo pero no. Solo quiero hacerte una pregunta. ¿Conoces al camarada Vasiliev Bogdánov?
- Si, por supuesto. Yo sabía toda la trama de su huida, por eso lo lleve a la trampa de los Petrova.
- No quiero saber secretos del Sovnarkom SNK, ahórratelos. Tienes algún nombre. ¿Con quién tenía qué verse? Lenin espera respuestas…
- Con Patrón Lemyus. Es un pescador muy solitario que tiene una pequeña taberna en la rivera del Nevá.
- Con eso tengo suficiente. Gracias camarada Charles…
- Déjame dormir…

Vocalís tenía cada día más poder e influencia dentro del partido. Alguno de sus camaradas incluso querían proponerla para comisaria política, ella vivía ausente a toda esa comidilla dentro de su célula. Hacía tiempo que deseaba desprenderse de Vasiliev pero siempre estaba pensando en él y no entendía el porqué. El café del tranvía estaba abierto, algunas personas trabajadoras del muelle tomaban allí su café. Después de saborear una infusión habló largo rato en privado con el camarada que hacía las veces de camarero y bolchevique. Resultó que muchos conocían a patrón Lemyus y todos le respetaban, sería de los pocos que aun sin manifestarse abiertamente a favor de la revolución, seguía con vida, le dijo el poeta. Cuando llegó a la tasca no había amanecido y todas las luces se encontraban apagadas. Pero Vocalís…

- ¡Vive aquí el patrón Lemyus! ¡Vive alguien aquí! ¡Vengo de Moscú! ¡A la gente de la casa!
- Camarada, basta ya, por favor. Va despertar a todos.
- Buenos días, camarada. Identifíquese, aquí está la mía.
- Vaya, mensajera de Lenin. ¿Qué quiere de mí camarada?
- ¿Conocía al camarada Bogdánov?
- ¿Para qué quiere saberlo?
- Es mi amigo y además lo está buscando la Sovnarkom e de encontrarle yo antes sino lo matarán.
- Hable bajo. Pues olvídelo, su amigo ha muerto. Yo mismo le vi subir a ese barco. No tuvo la más mínima oportunidad, el buque navegaba a diez millas de la costa, esas corrientes son incluso insalvables para un nadador fuerte y luego está lo peor, la temperatura del agua, esto camarada en el mejor de los casos.
- Sí, intento asimilar que no volveré a verle. Adiós patrón Lemyus, gracias por su ayuda.
- ¡Camarada, espere! Tengo algo para usted.
- De qué se trata.
- Me dijo que si no salía con vida le diera esto, él supuso que vendría a buscarle.
- Una caja y un maletín, que hay aquí.
- Guárdelo y váyase, yo no quiero saber lo que contiene… Cuídese…

Cuando hubo enfilado la carretera hacia Moscú tuvo que parar el coche para gritar al viento su honda pena…

Vocalís se inventó lo de Lenin para tener más libertad de movimiento, si la descubrían sin duda la fusilarían, sobre todo por estar relacionada con un adlátere de la teocracia derrocada. Cuando llegó a Moscú dos bolcheviques la esperaban en su piso con cara de pocos amigos.

- Hola, camarada. Nos hemos tomado la libertad de echar un trago.
- Mi casa es la casa Rusia, camaradas.
- ¿Dónde has estado camarada?
- En Petrogrado. Vasiliev Bogdánov ha muerto en la explosión, iba en ese barco…
- Lo siento, camarada, pero esa información no coincide con la nuestra. Vasiliev ha sido visto esta mañana aquí en Moscú.
- Es imposible, eso es imposible… - Por un momento su corazón latió rapidillo –
- Dígame, camarada. ¿Encontró usted algo en Petrogrado de interés para la causa? ¿Qué hay en esa bolsa?
- No es nada, camarada. Un poco de pan.
- Déjeme verlo.
- Por supuesto, camarada. Aquí tiene.
- Lo siento, camarada Vocalís, es desagradable pero todo esto es necesario. La intimidad ha desaparecido en la nueva Rusia. Está bien, camarada.
- Hasta pronto, camarada comisario…

Sin albergar malas intenciones, Vocalís traicionaba a la revolución ocultando información vital de un enemigo del estado. Echó todos los pestillos llevando la caja y el maletín a su habitación. ¿Qué contendrían? No se atrevió a indagar y metió ambas cosas bajo la cama, luego salió y echó la llave aunque de nada serviría si la Sovnarkom o la Checa iban a por ella.

Capítulo. V.
Reencuentro en el Octubre rojo.
1917.

El terrible desgaste de las tropas rusas en la I guerra mundial acrecentó el descontento del pueblo con el emperador y sus aliados. La guerra civil como lobo hambriento y sediento de sangre destrozó lo poco del estado teocrático ruso tras demasiado tiempo de mala gestión.

Había muchas personas engañadas con la causa Leninista, entre ellas Vocalís; creyó poder cambiar las cosas para los hambrientos, necesitados y desprotegidos tras tantos siglos de autocracia. Gertrudis Tretiakov, asesina encubierta de los servicios secretos comunistas tenía la orden de matar a Vocalís en cuanto consiguieran vaciar las cuentas de Vasiliev Bogdánov. Ella lo ignoraba. Si el millonario había muerto como se presuponía, Vocalís ya no era necesaria. Sin embargo la bonita bolchevique contaba con otros apoyos dentro del partido, aunque el secretismo y el silencio impedían vislumbrar con claridad de qué lado estaba alguien. Antes de salir aquella mañana tras una noche de llanto después de descubrir que contenía el maletín y la caja de Vasili, el flamante comisario Igor Strélnikov apareció de repente con su aspecto sobrio y sus sonrisas bien calculadas.

- Buenos días, camarada. ¿Te interrumpo?
- Me marchaba ya. Camarada.
- Tienes profundas ojeras, camarada.
- Ayer fue un día muy duro. He de irme.
- ¿Estás enamorada del traidor? Te enamoraste entonces, cuando vendías tu cuerpo, no te lo reprocho.
- Juegas conmigo a la ruleta rusa, camarada. Y no vendía mi cuerpo, solo follaba.
- Ten cuidado, Vocalís. Vigila tu espalda. No todos son como yo, camarada.

Un mes más tarde consiguió sacar del piso el legado de Vasiliev y ponerlo a buen recaudo. Lemyus aceptó guardárselo al menos unas semanas, Vocalís, embarazada de tres meses pensaba tener el bebé. Respecto de quien era el padre ella se negó a decirlo y no pocos afirmaban que era Strélnikov que solía visitarla o Charles Green que pasó una noche en el “marino francés” con ella. La Kuznetsova y su grupo de presión fueron enviados a Petrogrado, poco a poco fue haciéndose la idea que nunca más volvería a verlo. Antes de dar a luz organizó una misa por Vasiliev en una capilla ocultada al bolcheviquismo. Al responso solo asistió el patrón Lemyus y Dimitry Semiónov, algo mejorado de sus heridas de guerra pero retirado ya de toda acción bélica debido a las graves secuelas. Después de aquello nadie excepto Strélnikov y Charles Green volvió a ver a la bolchevique. Tuvo a su bebé en un hospital de Moscú y luego dejó los frentes callejeros y la primera línea de acción para cuidar a su niño. Sin duda no le faltaría dinero para mimos, al menos por un tiempo, pues la guerra civil rusa no había hecho más que empezar. No eran tiempos propicios para procrear. Corría el año 1918.

Por algún motivo la dejaron con vida. Los sóviets intuían o sospechaban de ella, quizá esperaban descubrir algo relacionado con la fortuna del desaparecido Vasiliev o simplemente se vigilaban unos a otros, lo cierto es que Vocalís cayó muy enferma y Strélnikov no la abandonó. Tampoco el encaprichado Charles Green. Ambos bolcheviques se instalaron con ella provisionalmente hasta que mejorase su salud.

El pequeño piso tenía solamente cuarenta metros cuadrados y todas las paredes pintadas de rojo. Aquel lugar era propiedad de la guardia roja y se utilizaba para los sóviets que necesitasen un lugar donde instalarse mientras durara el conflicto bélico. Privilegio bolchevique. Un año después la guerra civil se había recrudecido en exceso. Ejércitos extranjeros entraron en Rusia para apoyar a Nicolás II y muchos rusos de uno y otro bando murieron. En febrero de 1918 la guerra europea tocó a su fin con la rendición de Alemania, sin embargo los hermanos rusos seguirían matándose hasta 1923. Petrogrado estaba sumida en el caos total, los asesinatos y las revueltas por parte de ambos mandos hacían la vida imposible en la ciudad qué creó Pedro el Grande en mayo de 1703. A partir de 1918 Moscú sería la capital de Rusia por orden expresa de Lenin, aduciendo que así la capitalidad estaría más alejada de los frentes de la guerra mundial.

Aquel otoño de 1917 el pueblo ruso se echó a la calle para celebrar el octubre rojo, amanecer de una nueva civilización socialista. El gobierno provisional había caído y Vocalís brincaba con Igor y Michael Green entre el tumulto eufórico por la victoria leninista del pueblo obrero. Todas las facciones comunistas se unieron al festejo de los proletariados. Igor giró la cabeza y dio un codazo a Green, aquel titiritero era un maestro en el arte de lanzar pelotas y recogerlas.

- Camaradas. ¿Dónde puedo encontrar a la camarada Vocalís?
- ¿Quién eres camarada?
- Soy el camarada Rojo, campesino. He venido andando del campo para celebrar el octubre rojo y alistarme a la guardia roja. El comisario político anda por ahí, dijo qué os entregara esto.
- Está bien camarada. Ella es la responsable del piso de zona, la camarada Vocalís Kuznetsova. Vaya, ha desaparecido. Esta es la dirección, ve dentro de unas horas. Ahora todos estamos celebrando la libertad…
- Gracias, camaradas…

La fiesta se perpetuaba y Vocalís se marchó con su hijo antes de tiempo. Cuando la turba se disolvió Kyrill con el sobrenombre de Rojo apareció en el piso concretado por los comisarios del pueblo o Sovnarkom.

- Pasa, Rojo. Ellos me hablaron de ti, sé bienvenido a Moscú, camarada.
- Gracias, camarada. ¿El niño es tuyo?
- ¿De quién si no? Camarada…
- ¿Y su padre?
- No tiene padre…
- Hola, Vocalís, he vuelto…
- Lo siento, camarada, no te conozco. ¿Quién té dejó esas marcas en la cara? ¿Tú ya has estado en la guerra, verdad?

Kyrill se quitó la gorra, los anteojos, el bigote postizo y la miró fijamente. Ella comenzó a lagrimear hasta sollozar en extremo mientras se abrazaban. Luego de esto se sentaron en una mesita con dos sillas, uno frente al otro, con dos vasos de vodka. No hablaban, solo se miraban, hasta que Kyrill la besó apasionadamente e hicieron el amor intensamente durante varias horas.

- No te reconocí por las marcas de tu cara. ¿Cómo lograste salvarte de esa terrible explosión?
- La explosión fue planeada por el capitán de la bella roja y yo. Recibimos señales de radio de otro buque de mi propiedad que navegaba rumbo a Suecia y solo estaba a veinte millas de distancia. Pusimos la dinamita en el puente y saltamos a una barcaza que nos llevó hasta el carguero, finalmente, días después arribamos a los muelles de Liverpool. Desde allí me marché a Londres, donde he vivido hasta que me ha sido posible venir a buscarte.
- ¿Y las cicatrices de la cara? ¿Cómo te las hiciste?
- Señales de aquella paliza. ¿Recuerdas?
- Sí, Vasili, lo recuerdo... Discúlpame, ahora vuelvo…

Vocalís salió de la cama y “huyó” a la cocina. Regresó al lloro intenso silencioso y no quería qué él la viera derrumbarse, tenía muy claro que nunca abandonaría su Rusia roja llena de esperanza. Amaba a Lenin y su causa…

- ¿Qué nombre le has puesto?
- Su nombre es…

Alguien desde las escaleras comenzó a disparar sin tregua contra la puerta del piso. Vocalís sacó su pistola y Kyrill fue detrás de ella. Los disparos cesaron y una mujer gritó:

- ¡Salga de la casa con las manos en la nuca!

Era la voz de Gertrudis Tretiakov. Kyrill valientemente salió a su encuentro para salvar a Vocalís y al pequeño Alexander, aunque no sospechara que fuese su hijo.

- ¡Camarada! ¡Soy miembro del partido! ¡Aquí están mis credenciales! No hay nadie más en el piso. – La Tretiakov apartó a Kyrill y entró en la vivienda pero no encontró a nadie.
- No es a ti a quién busco, camarada. ¿Has visto a la mujer que vive aquí con un niño pequeño?
- No, no los he visto.
- ¡Arriba las manos! Sé quién eres. Eres Vasiliev Bogdánov, voy a esposarte.

Por supuesto Vocalís eligió disparar contra Tretiakov, justo antes de apretar el gatillo Igor Strélnikov apareció por las escaleras con el comisario político de la zona. Kyrill aguantó el tipo e hizo gala de templanza.

- Camarada, dese la vuelta.
- Camarada, comisario. He descubierto a dos traidores… - El comisario político no la dejó seguir excusándose falsamente.
- ¡Cállese, camarada Gertrudis! Dígame. ¿Quién dio la orden?...
- No puedo decírselo camarada comisario.
- ¡Espósala, Igor! ¡Nos llevamos a ésta! ¡Camaradas! Seguid con vuestra rutina…

Vocalís cerró la puerta e hizo una señal a Kyrill para que guardase silencio durante largo rato. Éste echó un largo trago de vodka y luego se fue hacia la pequeña ventana de la salita…

- Si Tretiakov confirma sus sospechas no tardarán en volver. ¿Cómo te habrá descubierto?
- No llevaba mi disfraz, ha sido culpa mía, como siempre. Si me voy ahora me auto inculparé. Tengo la identidad de un agricultor y todo está perfectamente registrado, pagué una alta suma de dinero a uno de vuestros traidores para conseguir mis papeles. Entré de noche por Petrogrado y te puedo asegurar que nadie me vio.
- Esperemos que funcione, en caso contrario tendrás que huir. Si te detienen serás enviado a un campo de concentración del que nunca saldrás, esto en el mejor de los casos. No debías haber vuelto, Vasili.

Kyrill Kovalenko se unió a la revolución para luchar contra los de su “clase”, pensando que así estaría junto a Vocalís hasta convencerla de abandonar Rusia, pero los acontecimientos bélicos no llevan en su diccionario la palabra ternura, sin ala dura, la nieve cortará mis venas de frio, anclaré el mensaje receloso, del destino umbrío, moriré sin su despojo, antes de mi amor enojo, almíbar raptor de sus labios y más de mil millones de libras para gastar…

- Tienes que venir conmigo a San Petersburgo. ¿Te dio Lemyus mi encargo?
- Sí. Aún no pude tocarlo, me vigilan y no podemos ir a parte alguna porque nos seguirán.
- ¿Y nos quedamos quietos?
- Yo no tendré problemas, estoy cubierta, sálvate tú. Conozco un sitio en la fachada por donde puedes bajar y huir. Yo no iré contigo.
- ¿Y tú hijo? ¿Si la guerra se recrudece qué será de él?
- Oh, Vasili, no puedo más, vete por favor, no soporto la idea de verte fusilar.
- Lucharemos juntos. Me uniré a tu causa. Con mi dinero puedo hacer muchas cosas por este pueblo.
- Te creo pero Lenin y sus bolcheviques odian a muerte a la gente como tú. Albergo la extraña premonición de que los sóviets saben que has vuelto. En esta ocasión te torturarán hasta qué confieses y puedo asegurarte qué se lo dirás todo solo porqué te dejen morir. Desde que nació mi niño el miedo comienza a invadirme y nunca en mi vida tuve temor a nada. Dame tus manos. Prométeme que siempre me recordarás así.
- ¡No Vocalís, no! No podemos separarnos más... Tengo un sueño realizable…
- Esos sueños de amor no existen, son demasiado personales para el nuevo orden. Vasili, ahora vete, antes de que regresen…

Kyrill se quedó “marmoleado” y frio como una estatua, resignado, perdió su mirada en los ojos de ella. Luego, la besó y la abrazó, antes de marcharse, se despidió también del pequeño. La bolchevica echó la puerta con llave, cerró todas las ventanas y se acurrucó en el sillón con la vista puesta en una fotografía de su héroe, Lenin. El amor para ella terminó el día que creyó estar enamorada para siempre de la causa leninista y obrera. O al menos esa fue la excusa que dio a Kyrill para no abandonar Rusia. El tiempo se había agotado y Bogdánov dejó Moscú destino París. ¿Lo reconocería madame de la Turquoise? Una huida hacia delante, necesitaba salir de aquella ilusión. Se fue con la duda de saber que jabón utilizaba y frustrado al verse despreciado de nuevo por personas que él siempre amó, su tierra, su pueblo, su gente, incluso por algunas horas pensó darle toda su fortuna a los sóviets, pero ella amaba más a Lenin. Desistió y por vez primera lagrimeó mientras pasaban ante su turbia mirada los campos elíseos.

En el tren que le llevaba a la ciudad del Sena oyó que los Estados Unidos habían entrado en la I guerra mundial para ayudar a sus aliados a vencer al imperio astro húngaro y Alemania. Por supuesto no esperaba encontrarse en el restaurante del ferrocarril a Charles Green y menos, vestido tan elegantemente.

- Me permite, míster Bogdánov.
- No creo en fantasmas, señor Green. Ni en la camaradería fundamentada en saquear a otras personas. ¿Qué estáis haciendo en mi Rusia? Canallas…
- Guarde las formas, se lo ruego. Estuvo usted en Moscú, lo he sabido por Igor, él si le reconoció. Ahora toda la guardia roja le anda buscando.
- Si Lenin le viera vestido así con los bolsillos llenos de francos… - Por favor, traiga dos coñacs -
- Enseguida, señor. – Respondió el selecto camarero ferroviario –
- No soy bolchevique ni comunista.
- ¿Cómo me ha encontrado?
- En realidad trabajo para el servicio secreto británico.
- De alguna manera, siempre lo he sabido, aunque no alcanzo a comprender que papel tiene usted en toda esta trama revolucionaria.
- Se lo diría con gusto, señor, pero no puedo. Solo advertirle, que le encontrarán allá donde vaya. Vocalís ha desaparecido y su hijo también. Los sóviets sin embargo dicen que no. Afirman que la camarada y heroica combatiente Vocalís Kuznetsova había pedido ser enviada al frente de los Urales. No podemos asegurar que no haya sido ejecutada por su relación con usted Monsieur. Todos son hipótesis e incógnitas. Mi misión en Rusia ha concluido, vuelvo a mi hogar. Pensé qué le gustaría saberlo…

Vocalís se alistó para combatir en primera línea contra los soldados blancos de Nicolás II, del que se rumoreaba había sido ejecutado junto a su familia y el servicio de la casa real. Tras seis años de duros combates la guerra civil rusa concluyó con la victoria de los comunistas. Lenin quitó la capital a Petrogrado y se la llevó a Moscú… La unión de repúblicas socialistas soviéticas comenzaba su andadura histórica, pero el dictador no lo vería mucho más allá de 1924… 

Capítulo. VI.
La clave SIS.
1917.

El chófer personal de madame de la Turquoise esperaba a monsieur Bogdánov a la salida de la estación ferroviaria, el cochero no le reconoció aunque Vasiliev si se acordaba de él. Cuando llegó a la mansión, madame Catherine tenía preparada una fiesta de bienvenida con más de una sorpresa. Cuando la bella francesa lo vio apoyado en una muleta se enterneció, lo abrazó durante unos minutos y le ayudó a subir a su aposento…

- Vasiliev, despierta. Llevas cuatros días inconsciente, Vasiliev. ¿Me oyes? Quiero presentarte a mi marido…

Vasili se dio un baño y se visitó adecuadamente, los días de miseria y humillaciones se habían acabado. Antes de bajar al salón de la mansión volvió a remirar sus ojos en el espejo. Vocalís le había dejado una herida tan profunda, doliente e intensa que todas esas cicatrices de la guerra, más nadie de su círculo debía notarlo ni podrían jamás saberlo aunque lo sospecharan…

El esposo de madame de la Turquoise no era otro que Charles Green. Sorprendentemente coincidió con Vasiliev a su llegada a París. En realidad Charles siempre protegió a Vasiliev y muy pronto se lo diría. Coincidieron en una de las terrazas del palacio de invierno con vistas al hermoso bosque de Vincennes. El servicio trajo el desayuno.

- Buenos días monsieur Bogdánov, de nuevo un honor inesperado.
- Debí suponerlo. Buenos días, Charles.
- No digas a mi esposa que nos conocemos, ella no sabe nada de mi trabajo, cree que hice fortuna en África con el marfil.
- A veces creo que no lo sabes ni tú, Charles.
- Es posible. Ja, ja. Ahí viene…
- Buenos días a mis des messieurs. ¿Me dais un beso? Oh, Vasiliev qué te ha pasado, tienes qué contármelo.
- No, por el momento.
- Te presento a mi marido, nos casamos el año pasado, desapareciste y elegí al rey de los elefantes. Vasiliev Bogdánov te presento al conde Lombard de Magné. Querido, te presento a uno de los hombres más ricos del mundo, heredero único de la fortuna Bogdánov y presidente de Bogdánov Industries World.
- ¿Café o té condesa? – Intervino el mayordomo -
- Tráelo todo, hoy me siento muy feliz… Qué día más bello en Vincennes.
- ¿Ha dicho condesa?
- Sí, mi esposa ha comprado un título con mi dinero chevalier Bogdánov.
- ¿Señor conde, le apetece dar un paseo? Me gustaría hablar con usted de negocios.
- Será un placer y un honor. Querida, volveremos al medio día.
- Qué os divirtáis, yo me voy de compras con madame Maiwen, nos veremos en la cena.

Charles Green lucía con orgullo su tumultuoso bigote. En ocasiones pensativo se tocaba los pelillos de los bordes del mostacho y esto parecía inspirarle mientras perdía su mirada ensimismada en algún pájaro febril o una nube blanca viajera. Aquella mañana de marzo de 1918 la primavera asomaba a París con cierta “desgana”. Lo que debía transmitir a monsieur Vasiliev era trágico y triste. En realidad Charles de flema británica y nacido en Londres, afirmó siempre trabajar para el servicio secreto británico solo que en los últimos tiempos estuvo en nómina del difunto Petrov Bogdánov. Finalmente tras un paseo por los jardines de la Turquoise un chófer los llevó hasta una taberna cerca del Sena. Allí pidieron vino. Tras ingerir dos copas cada uno del espléndido Burdeos, Charles se “lanzó”:

- Estimado, señor Bogdánov, le pido disculpas por lo que voy a decirle, pero solamente he realizado mi trabajo. No me llamo Charles Green. Ni he trabajado nunca para el servicio secreto británico.
- Sabe, Charles, me da absolutamente igual, no puedo creer nada de lo que me diga. Me encuentro imposibilitado para creer o amar. A todo esto hay que sumarle mis secuelas de guerra.
- Le entiendo. Tome, en este maletín está todo.
- ¿Cómo ha logrado engañar a mi querida madame de la Turquoise?
- Dejemos las cosas como están. En la mansión tendrá tiempo de meditar las últimas voluntades de su padre.
- ¿De mi padre dice?
- Mi verdadero nombre es Bryant Books y este bigote es simulado.
- Si… Ahora le recuerdo. Hace años estuvo en nuestra mansión. Es extraño no haberle reconocido antes, es usted un artista. Me alegra saludarle, señor Bryant.
- Siento lo de Vocalís, sé que usted la quería. Ella ha muerto, me lo han confirmado esta mañana desde Petrogrado. Beba, eche un trago. ¡Camarero! ¡Traiga otra botella!...
- No quiero hablar de eso y no quiero más vino o tal vez si…

El excelente vino los “chispeó” sobremanera aunque inexplicablemente el corazón de Vasiliev voló de París. Buscaba su rostro en las nubes, su perfume en el aire, su mirada profunda y preciosa en algún reflejo. Bryant tuvo que ayudarlo a subir las escaleras y muy pronto quedó dormido anclado en sueños de Rusia. La veía con un fusil disparando a soldados blancos pero no lograba ver al pequeño. La llamaba como un grito, una queja de corazón que se dilata y se evapora, al lejos la muerte de las rosas, el sol manchado de sangre, aún soñaba con ella, con su huida, con su amor quejido y más de mil millones de libras para gastar.

Se enjuagó el rostro con el agua de la palangana de oro y escrutó su aspecto en el espejo de marco ambarino, antes casi nunca lo hacía, él jamás fue narcisista miraba en el fondo de sus ojos el mapa que la guerra dejó marcado en su alma para siempre…

- Buenos días, querido. ¿Me das un beso?
- Claro, todos los que quieras.
- Siéntate, Charles se retrasará un poco. ¿Prefieres desayuno inglés o ruso?
- Francés, madame, gracias.
- ¡Oh, sí! Te, una pasión rusa. Buena elección…
- ¿No es Charles un poco mayor para madame?
- Estoy con él por su dinero, pero no se lo digas a nadie. Mira quién viene ahí, le gustas mucho y ahora con esas cicatrices de guerra, no sé, no sé…
- ¡Madame, Maiwen!
- Monsieur, Vasiliev, me alegra verle por París. Hola, querida, tu libro saldrá a la venta para el próximo verano, vengo de la editorial. Esta guerra nos ha retrasado a todos.
- Siéntate, hablábamos de ti…
- ¿Bien o mal?
- El bien y el mal no existen. ¿Verdad Vasili? – Susurró madame de la Turquoise -
- No estoy para filosofías. Si me disculpáis me voy a dar un paseo por Vincennes.
- No deberías hacer eso, Vasiliev. Ya sabes que los bolcheviques andan en tu busca. – Exclamó con gesto serio la condesa –

Vasiliev sonrió y dio las gracias a su amiga por preocuparse, el ruso sin embargo no esperaba que Maiwen le siguiera y se cogiera de su brazo.

- Soy una libra muy testaruda. ¿Qué signo zodiacal es el tuyo?
- ¿En cuál sistema? ¿Oriental u occidental?
- ¡Vaya! Es extraño un hombre como tú sabiendo esas cosas.
- Mi madre era una fanática de la astrología, incluso sospecho que perteneció a una sociedad secreta de la que nunca nos habló.
- ¿Y cómo lo sabes? ¿Puedo tutearte?
- Si, madame. Lo sé porque de pequeño me llevó a un lugar muy extraño donde se encontraban gran parte de los más ricos y aristócratas de Europa. Yo tendría unos cuatro años, creo.
- Así que tu madre es una bruja, lo que nos lleva a la sana conclusión qué tú tienes muchas posibilidades de ser un mago…

Ella lo besó allí mismo y él no rehusó el refugio de los labios de madame Maiwen, lo acarició con ternura una de las cicatrices de la cara, pero él le retiro la mano con suma suavidad mientras volvía a besarla brevemente.

- Sigamos paseando, Maiwen.
- Veo que por fin me tuteas…

Vasiliev palpó cierta decepción en la faz de la joven y bonita biógrafa. Tan bloqueado se sentía que ni siquiera podía mediar palabra. Aun así ella continuó paseando de su brazo invitándolo a pasar el día en el bello París; donde tenía muchos amigos de la bohemia. La noche Parisina se encendió con luminarias de angosta ilusión despeñada. Vasiliev parecía mudo por momentos, catatónico, pero no dejaba de sonreír a madame Maiwen ni a sus amigos escritores, poetas, pintores, actores. El café del tranvía versión la France… “ Voulez-vous boire avec moi? Toujours”…

El día pareció pasar veloz entre buenos amigos, canciones, vinos y otras dádivas exquisitas. Un estudiante de solfeo interpretó con su violín en honor a Vasiliev Bogdánov, “Vocalise” del compositor ruso Sergei Rachmaninoff. Madame Maiwen lo invitó a cenar después de la farra en un restaurante apartado del centro de París cerca del bosque de Vincennes y limítrofe con la mansión de madame de la Turquoise.

El ahora conde Lombard de Magné fumaba su pipa cerca del llamear de la chimenea mientras repasaba documentos de Bogdánov Industries World. Bryant solicitó la presencia de su invitado en el salón principal éste no tardó en aparecer. Antes, despidió aceleradamente a madame Bouffort que insistió en regresar al día siguiente para montar a caballo.

- Hola, Bryant. Qué tal va todo.
- ¿Viste el contenido de lo que te di?
- No. No he podido mirarlo.
- Vasiliev, me temo que ha llegado el momento de qué tomes una decisión, quizá la más importante de toda tu vida.
- Creo saber qué quieres decir.
- No, no lo sabes. Tu padre era mi amigo y desde que murió he tenido que cuidar de ti. Ha llegado el momento de separarnos y cumplir las últimas voluntades de Petrov.
- ¿De qué voluntades hablas? Recibí mi herencia, alrededor de mil cien millones de libras esterlinas. ¿Qué ocurre?
- Mañana, en el tren a Zúrich te revelaré el resto.
- ¿Zúrich? ¿Para qué tenemos que ir a Suiza?
- ¿Tú quieres ser presidente de la empresa? ¿Verdad Vasiliev?
- Nunca me lo he planteado.
- Pues habla con la almohada y deja el vodka, bebe te. Salimos a las seis…

La mañana levantó su luz entre las sombras parisinas. A esas horas Bryant y Vasiliev degustaban un espléndido café en el tren destino Basilea, desde allí irían en automóvil hasta Zúrich.

- Debo decirte que en Zúrich conocerás a alguien muy importante.
- Ya conozco a los más ricos, ellos son los más importantes. La casa de mi padre siempre era visitada por personas como nosotros los Bogdánov, una de las estirpes más antiguas de Europa.
- El vodka te sienta bien en la mañana. La persona de la que hablo quizá sea la más enriquecida del planeta tierra, querido Vasili.
- Me siento impresionado, Bryant. Pero en realidad me da igual. Tal vez entregue mi fortuna a los bolcheviques y me una a su causa, estoy seguro que me aceptarían.
- No te engañes. Vocalís ha muerto, del bebé no se sabe nada.
- No es por ella.
- ¿Te refieres al pequeño?
- Sí.
- Es hijo de Igor Strélnikov, supongo que él se habrá encargado de cuidarle.
- Él parecía no saberlo.
- Pues mi información es de los archivos de la Sovnarkom. Recibí un telegrama ayer. Han encontrado su cuerpo en el frente, entre el frio barro de la mañana.

Vasiliev no dejaba de mirar el paisaje mientras oía a Bryant decir todas esas cosas que no quería o no podía creer. Sentía una honda nostalgia por la ciudad donde nació y creció y un embrujo misterioso por la nueva Rusia obrera. Aunque en realidad se engañaba a sí mismo, buscaba su aroma como un perro, no podía dejar de pensar en ella a todas horas y tampoco a deshoras, cuando su recuerdo lo acuciaba echaba su mente a soñarla más intensamente, su pelo angosto, su genio, su celo, su mirada brillante, la seda de su piel, su beso, su abrazo… Y más de mil millones de libras para gastar…

La estación de Basilea se encontraba controlada por la gendarmería francesa. Sin embargo, Bryant demostró a su protegido lo que el dinero y la influencia podían llegar a comprar. Había un control de pasajeros pero ellos dos pasarían de “largo”…

 

Capítulo. VII.
Y más de diez mil millones de libras para gastar.
1917- 1923.
(Guerra civil rusa)

 

La mañana era muy fría en la capital Suiza. Tras un largo viaje en automóvil desde Basilea, ambos encontraron un lujoso hotel para hospedarse.

Según contaban sus allegados el eminente doctor Lemin era un prestigioso médico y hombre de negocios al que nunca nadie había visto el rostro. Llevar a Vasiliev hasta él era la última misión de Bryant Books en la casa Bogdánov. Luego de cumplir su último encargo tal como prometió y firmó al desaparecido Petrov, Bryant regresaría a Londres, su ciudad. Allí se retiraría de los mercados y cesaría su cargo como presidente de Bogdánov Industries World. Sin embargo las cosas no serían tan sencillas para Bryant ni nada era lo que parecía para el potentado Vasiliev.

Hacia el otoño de 1918, casi un año después del octubre rojo y el comienzo de la guerra civil rusa, llegaría el fin de la I guerra mundial con la victoria de los aliados y una derrota humillante para los alemanes, esta humillación terminaría siendo el germen que daría lugar al nazismo Germano. Vasiliev cruzó la verja de entrada a la suntuosa mansión, el doctor le estaría esperando. Justo antes de llegar a su destino, Bryant que iba en otro vehículo desapareció dejando solo en Zúrich a su protegido con cara de pocos amigos, honda tristeza y harto sorprendido.

Una imponente mujer de tez muy blanquecina y de medidas cuasi perfectas recibió a Vasiliev. Ella sirvió té y ambos iniciaron una charla en francés sobre el ansiado fin de la contienda europea y otras nimiedades. Le comunicó que el doctor le recibiría en breve, pero finalmente el galeno no apareció y la bella intelectual tuvo que acomodarle en una de las mejores habitaciones del lujoso castillo. Allí conocería a personas de las más altas instancias mundiales, todos los más poderosos del planeta habían pasado alguna vez para asistir a reuniones que se llevaban a cabo en el más absoluto secretismo. ¿Quién sería esa imponente mujer que no quiso darle ni su nombre? Ébano le aseguró que no podía decirle su identidad que en cierta manera la tomara por un cuento de hadas…

Sobre las tres de la mañana alguien abrió sigilosamente la puerta de la habitación de Vasiliev Bogdánov y luego cerró tras de sí…

Al lejos veía la hoguera donde encontró al malogrado Dimitry, luego se durmió en su piso oculto de Moscú y ella apareció desabrochándose su blusa roja, besó sus senos e hicieron el amor, una ráfaga de disparos y un suspiro de mujer le despertaron del más bello de los sueños y la más horrible de las pesadillas… Vocalís, Vocalís… Aún me duele…

Se salió del camastro y encendió un candelabro y un cigarrillo, también echó un trago, sin duda aquella estancia era mucho más que una habitación para invitados. Se acercó a un bello escritorio donde sorpresivamente halló una fotografía de sus padres cuando fueron jóvenes y otra de su madre con un apuesto hombre al que nunca había visto. Comenzó a abrir todos los cajones y archivadores donde también encontró una foto de su hermana Valentina huida hacia años y del hombre con el que se casó. Su supuesto cuñado se llamaba Sócrates Romance y era un poeta muy reconocido del África más occidental. No era lo que le contaron. Era un hombre de piel oscura, muy apuesto y además solía viajar a Europa y Estados Unidos. Entonces tuvo una visión de su hermana visitando Nueva York con Sócrates Romance…

Quedó Vasiliev como petrificado, sus articulaciones no le respondían. Frente a él en la pared había colgada la pintura de lo que se suponía era una bella aristócrata del pasado, tal vez dueña del castillo. En ese instante sintió un mareo y se desvaneció.

A la mañana siguiente despertó esposado a una camilla dentro de lo que parecía un quirófano. Varios hombres y mujeres con batas blancas le extraían sangre y le sonreían diciéndole que no tenía nada que temer. En cierta forma aquello le recordó cuando fue apresado por los bolcheviques y apaleado. Sentía que todas esas heridas habían merecido la pena solo por tenerla cerca curándole sus laceraciones, aún podía rememorar su aroma y sentir su mirada amplia y cristalina…

Vasiliev fumaba un pitillo mientras oteaba el jolgorio pajarero del cielo próximo.

- Amatistas y turquesas. Buenos días, míster Bogdánov.
- Oh, señorita. Aún no sé su nombre y tengo preguntas. ¿Dónde se encuentra mi anfitrión?
- Me temo que el doctor se retrasará más de lo acordado. Se encuentra atrapado al otro lado del frente occidental. Habrá que esperar, alguien ya está trabajando para traerle lo antes posible.
- Oh, cuánto lo siento… La guerra siempre es terrible. Me pregunto en qué pensarían ciertos dioses cuando la inventaron.
- ¿No es cristiano, señor Bogdánov?
- ¡Arriba las manos! ¡Los dos! Usted apártese de Vasiliev Bogdánov y tú ven conmigo. No se mueva la estamos apuntando…

Alguien dejó sin sentido a la encargada del castillo y se llevó al millonario Vasiliev con destino desconocido.

Pasadas unas horas despertó con las vibraciones de un tren de carga. O esto le pareció cuando abrió los ojos. Lo primero que vio fue el rostro del capitán Igoriok y tres soldados más, solo que en esta ocasión iban uniformados del ejército rojo.

- ¿Le apetece un cigarro camarada Bogdánov? – Igoriok le puso el cigarrillo en la boca y le dio lumbre. Vasiliev no lo rehusó –
- ¿Qué hace vestido así? ¿Y el zar y su familia?
- Fueron ejecutados por el bien del pueblo.
- ¡Canallas! ¡Asesinos! Sois muchos peores que ellos, malditos.
- Le ruego se tranquilice o alguno de estos camaradas le hará daño…
- ¿Adónde me llevan?
- Por el momento no es de su incumbencia, duérmase, aún restan tres días de trayecto.

Vasiliev fue cambiado de coche no sin antes haberle colocado un chaperón. Una vez cerradas las puertas del vagón le retiraron la capucha. Al fondo del coche ferroviario vio a alguien sentado en la sombra. La tarde había caído y el extraño personaje encendió una vela que delató su rostro.

- ¿Quién es usted?
- Para ti, Vasiliev, soy Lemin Kainen, tu hermano masónico, del mismo linaje divino que tu familia. Siento todo esto pero es absolutamente necesario.
- ¿Por qué lleva esa máscara Veneciana? Lo cierto es que posee una misteriosa belleza sombría con esas pequeñas gemas turmalinas.
- Es muy antigua. Esto no importa pues nunca me verás el rostro. Contésteme. ¿Por qué ha dado la espalda a los negocios? ¿Qué le ocurre con Rusia? Ya nada podemos cambiar allí. Los zares y sus descendientes han sido asesinados. El capitán Igoriok lleva un disfraz aunque los otros son bolcheviques, los cuales no saben nada de esta reunión. Creen que soy un comisario político de la Sovnarkom* y de la Checa*.
- Vaya, doctor. Aquí todos se vuelven espías y compran cualquier cosa, hasta mi apreciado Bryant que desapareció en Zúrich.
- Bryant Books nunca ha salido de Londres, señor Vasiliev. – Vasili palideció – El doctor siguió hablando. –
- El que siempre se ha hecho pasar por su presidente no es otro que Andrey Rocamonde. Un espía comunista con dotes de transformista, es un maestro del disfraz. Dicen también que es homosexual, pero eso no importa.
- No puede ser, conocía a Bryant… ¿Qué queréis de mí?
- Creo que la pregunta sería qué quieres usted de nosotros…
- Absolutamente nada, fui a Zúrich por expresa recomendación de ese espía. ¿Es cierto lo de la fortuna oculta de mi padre?
- Lo es. Los bolcheviques creen que usted va entregarles su dinero por vivir con ellos y tener un cargo ministerial.
- No me importaría si ella estuviese con vida. Tanta riqueza pudre al hombre.
- Su padre llevaba razón, posee usted un comportamiento romántico adolescente muy impropio de sus responsabilidades, siento decirle que esto le incapacita para dirigir una de las empresas con más volumen de ventas del globo.
- ¿Y qué debo hacer para ser digno de la herencia? Doctor…
- En primer lugar viajar a Rusia para rescatar unos documentos secretos de nuestra logia que encierran claves poderosas de poder desconocidas e incomprensibles para usted, pero accesibles para los cabalistas judíos de Rusia. La codiciada clave SIS. Luego, viajará a Londres y se afincará allí, si finalmente triunfa el comunismo, no podrá regresar a Rusia por mucho que intente sobornar a los miembros del partido comunista. Es por su bien y una orden de su padre, señor Bogdánov. Si transcurrido un año comprobamos que se ha hecho responsable y puede con la dirección de Bogdánov Industries World le daré su inmensa fortuna, mientras tanto solo me queda despedirme…
- No acato órdenes de nadie y menos de desconocidos con la cara tapada…

Vasiliev se incorporó como pudo para alcanzar al misterioso enmascarado de voz grave y acuciadora pero no lo logró, alguien le golpeó dejándolo sin sentido. Cuando despertó se encontraba echado sobre una estrecha y vieja cama bajo un hueco de escalera. Se oían voces por todas partes y hacia un intenso frio demoledor. Desde que falleció su padre se había sentido como una pelota de trapo en manos del destino, porque nadie le habló de amor en su niñez, porque su madre se interesaba más por aquellas reuniones secretas en Suiza y sus caballos de pura raza que por su hijo y porque su padre pareció no quererle nunca. Ahora que sentía odio y amor intenso por todo lo que le rodeaba no sabía en realidad que es lo que significaba ese nuevo entramado emocional dentro de su alma, un alma educada para fabricar dinero y acumularlo. Sí, he vuelto a mi casa que ahora es roja, como yo, llena de cicatrices y grandes vacíos, te fuiste al cielo, estás en el frente. ¿Por qué aún me “suena” su aroma? Quisiera ser ángel negro del destino y rescatarte de la muerte ficticia, contigo y tus labios y más de diez mil millones de libras para gastar…

Vasiliev muy en contra de las órdenes del doctor Lemin Kainen intentaría llegar a un trato con los rusos para quedarse en su patria. Desde comienzos de la revolución y tras la muerte de su progenitor le había dado muchas vueltas a esta drástica decisión. Si lo hacía toda su fortuna, sus empresas y todo su patrimonio pasarían a manos de su madre y él quedaría desheredado, expulsado de la familia y de todos los círculos aristocráticos europeos. Ahí es nada. A Vasiliev no le importaba nada el dinero y mucho menos desde que encontró a la bonita René en medio de aquel pastizal que le pareció una isla blanca cuando lo deslumbró con su mirada y su sonrisa. Podría parecer un acto adolescente de amor subyugado pero para él era una vida nueva solamente por haberla conocido, debía hacerse a la idea de que ella nunca volvería y aún con vida no dejaría ni abandonaría su causa, su gran causa y su gran amor, la madre Rusia.

Ahora se hallaba en una casa de Moscú a buen seguro expropiada a algún rico tras el estallido de la revolución en octubre de 1917. La inteligencia rusa había actuado de una manera notable en el caso Vasiliev Bogdánov. La trampa de Andrey Rocamonde surtió efecto, el espía sabía que Lemin Kainen se encontraba atrapado en el frente norte aún con la guerra mundial concluida. El espionaje ruso sospechaba de la fortuna oculta de nueve mil millones de libras que Petrov Bogdánov había legado a su hijo bajo el protectorado del dragón dorado, como apodaban al doctor, aunque solamente seguían teniendo pruebas de la primera herencia de algo más de mil millones de libras esterlinas si el nuevo Bogdánov no abreviaba en su salida de la Unión Soviética tarde o temprano descubrían su verdadera fortuna y lo torturarían o lo chantajearían de un modo desmedido y cruel, solo por ser rico.

Ya no necesitaría disfrazarse de obrero como antaño, ni tampoco volverse loco perdido entre pastizales por avergonzarse de ser un hombre rico. A sus treinta y cuatro años su aspecto era la de un hombre acabado, marcado para siempre, sin embargo, en su interior latía un ser nuevo e imparable, en ocasiones sentía que él sólo podría ganar aquella guerra. ¿Y contra quién lucharía? ¿Contra los suyos? Entonces recordó el mito indo de Arjuna el guerrero que al saber que debía dar muerte a sus más queridos familiares y amigos en el campo de batalla desfalleció en su carro, pidiendo ayuda a los Dioses.

Se enfundó el viejo abrigo que le dejaron, cogió una botella de vodka que escondía y una bolsita con diamantes y se echó a la calle en busca de la clave SIS. Sin embargo ni por unos breves instantes se iría de Rusia, nunca jamás, a pesar de que ya no volvería a verla. Para Vasili en aquellos momentos lo más importante era morir luchando por arreglar las cosas entre los rusos y en caso necesario emplearía toda su fortuna para impedir aquella barbarie. Mientras caminaba sobre la nieve miraba espantado algunos cadáveres abandonados en las aceras, la mayoría habían muerto de hambruna o frio debido a la falta de víveres y leña para calefacción.

Aquella fría mañana de principios de 1919 Vasiliev debía encontrar al contacto masónico de su albacea en Moscú. Sin duda el joven potentado poseía una vasta cultura y muy diversa, aunque sobre masonería, su madre Alexandra prefirió mantenerlo al margen y ocultarle desde muy niño todos los libros, grimorios o tratados de ocultismo que discurrían por la biblioteca de la mansión Bogdánov y lo hizo para protegerle de los ignorantes. Tal vez la matriarca siempre supo que su Vasiliev no estaría interesado en esas cosas o tal vez no quería que se viese implicado en los conflictos de intereses que pululaban en aquellas reuniones secretas de los más ricos del globo. El enigmático doctor Lemin Kainen necesitaba la clave SIS para un proyecto secreto de altas miras que hacía algún tiempo llevaba preparando la poderosa orden masónica que presidía. Vasili ignoraba todo lo del proyecto y otros asuntos que le competían directamente, como el hecho de no poder heredar sus casi diez mil millones de libras por la desconfianza de su padre hacia su persona. De todas maneras ya las había dado por pérdidas, tras aceptar la muerte de Vocalís su corazón se endureció y enfrió como el mármol y lo demás era como el viento cortante del frío ruso, duro de sobrellevar pero llevadero con vodka y sueños imposibles.

Moscú acababa de ser nombrada capital de la República Soviética de Rusia en detrimento de Petrogrado antigua San Petersburgo. La ciudad de su vida, sus inicios y sus amores quedaban ahora tan lejos para él como encontrar aquella valija ocultista por las calles hambrientas y frías de la nueva capital. Sin embargo allí estaba ella de ojos negros profundos, esperándole en el resguardo de un viejo y oscuro portal. Cuando lo vio llegar lo conminó a seguirla. Bajaron unas escaleras hasta un diminuto sub sótano que hacía de guarda muebles. Allí se encontraba esperándole un Rabino judío entrado en años y sin su vestimenta religiosa habitual. La muchacha, hija del clérigo semita sería la intérprete entre su padre y Vasiliev, ya que el sefardita solo sabía hablar hebreo.

Al parecer surgió un problema. Lemin Kainen debió haber entregado a Vasiliev una clave para la recogida de aquellos manuscritos y la codiciada clave SIS, pero el masón no le habló de ello.

Aquel judío nunca entregaría nada sin la clave, además el semita era muy testarudo y tenía mucha prisa, también se encontraba algo nervioso y su hija le insistía para que salieran de allí. El temor no era baladí, si la policía roja los descubría los matarían al instante mismo, por supuesto no a míster Bogdánov, que tras salir de la fallida reunión fue apresado educadamente por la guardia personal de Lenin y llevado ante lo que parecía un consejo de guerra con el mismísimo káiser rojo presidiendo el tribunal, compuesto en total por diez personas. En principio solo sería un severo interrogatorio…

La clave SIS y la gran fortuna Bogdánov. Ambas cosas eran vitales, la clave SIS para un poder oculto que emergía en la vieja Europa, la gran fortuna Bogdánov para Lenin y su causa. Muñeco del destino, baldío regreso, le matarían sin duda, al menos tendría el orgullo de poder mirar a Lenin a la cara, no tenía nada que esconder y por lo tanto nada que temer, aunque comenzaba a sospechar y mucho del enmascarado del tren y sus proyectos, debería de haber ido a Londres, seguro que todo esto es una gran estafa. Pensó. Por fortuna todas sus documentaciones, poderes, apuntes de sus cuentas bancarias, títulos, acciones, joyas, cuadros y otras muchas cosas de valor, hacía tiempo que fueron puestas a buen recaudo por el ahora desaparecido Dimitry Semiónov.

Ni siquiera le hicieron registrar, cuando llegó le ofrecieron de inmediato un buen trago de vodka y té conminándole a pasar dentro de una iglesia abandonada que ya no recibía cultos pero bien cuidada, ya que los bolcheviques la utilizaban para ocultarse de los soldados del zar y su terrible Ojrana. Allí se encontraba Lenin charlando con un clérigo gregoriano de aspecto siniestro o al menos eso le pareció a Vasiliev por el hábito sacerdotal aunque el rostro del monje denotara otra cosa. Posiblemente, se dijo el potentado ruso, aquel lugar sería un centro camuflado del espionaje soviético.

Sorpresivamente Vladímir Lenin ordenó a todos que salieran de la capilla y le dejaran a solas con Vasiliev Bogdánov. El carismático y hermético dictador de rostro pétreo y mirada brillosa observaba el exterior a través de una vidriera de colores. Luego se volvió hacia el reo y le invitó a sentarse.

- Su padre fue amigo mío, por eso está usted aún con vida.
- Es un honor conocerle, señor. Aunque me temo que mi padre y yo fuimos dos extraños. Lo único que recuerdo de él son sus salidas y sus llegadas. Nunca se preocupó de mí personalmente. No tuvo tiempo, no se lo reprocho, supongo que como todos hizo lo que pudo…
- No tengo tiempo para esas cosas. ¿Le apetece un cigarrillo?
- Sí, gracias. ¿Qué hago aquí? Creí que todo quedó resuelto…
- Aún no firmó los papeles para que la madre Rusia herede todo el capital Bogdánov. Tome, lea estos documentos…
- He pagado una desorbitante suma de dinero a uno de sus adláteres para poder estar en mi patria sin ser molestado.
- Modérese y lea esos papeles, los redactó su propio padre…

Aquella documentación era un testamento firmado de puño y letra por Petrov Bogdánov en favor de la revolución rusa…

- Esto no es posible, mi padre ha sufragado parte de la causa roja… No puedo creer lo que estoy leyendo…
- El dinero ya está en nuestro poder solo necesitamos su firma para desbloquearlo y créame, hay muchos millones de personas esperando víveres. Por favor, firme. Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños, señor Bogdánov.
- Aquí dice que mi padre os ha legado cinco mil millones de libras pero bajo mi estricta supervisión y aprobación. ¡Señor, Lenin! ¡No estoy obligado a firmar esto! Pero lo haré. Lo haré porque él era más comunista que usted mismo…
- Sí, es cierto. Su padre asistía a nuestras reuniones secretas y siempre aportó grandes sumas de dinero a la causa roja. También dejó esta carta para usted adjunta a esos documentos. Léala cuando crea más oportuno.

Vasili firmó y calló. El origen de aquellos cinco mil millones era desconocido para él. Descubrió que su padre había ayudado a la causa bolchevique desde sus inicios y también fue preso del sueño comunista. Como él. Lenin, sin embargo, aún no había dicho su última palabra…

- Ahora por favor, firme estos papeles, es una orden para la trasferencia de sus otros mil cien millones. Los que heredó directamente.
- ¿Me dejáis sin nada?
- Si no firma no podrá salir vivo de Rusia, en cualquier caso, camarada Bogdánov, yo también me debo al partido y me harán preguntas que debo contestar. Me temo que los tiempos de gloria acabaron para su familia.
- Algún día también acabaran para su sueño… ¿No cree?
- Cuando apenas era un chaval veía a la gente como vosotros y me alegraba de que en el mundo hubiese personas muy felices. Después, llegó el mundo real, es decir al que pertenezco ahora.
- ¿Qué garantías tengo de no ser tomado por un contrarrevolucionario? Muchos me conocen en Rusia y también conocían a mi familia que relacionaban con la familia de los Zares.
- No se preocupe. ¿Qué tiene que hacer en Rusia? ¿Por qué no se va?
- Primero necesito algún tiempo para viajar a los Urales, luego si sobrevivo me uniré a vuestra causa. Podría ayudar en el ministerio de economía.
- Si decide todo eso será mi camarada y le protegeremos. Es usted un socialista silvestre…
- Aquí tiene, mi última fortuna.
- No nos inmiscuiremos en lo que haya ocultado. He visto en sus ojos que nació también para la causa más importante de la historia de la humanidad. Camarada Vasiliev. Aquí tiene. Son varios salvoconductos, no los pierda, son su seguro de vida hasta que regrese o se aliste. ¿Necesita alguna otra ayuda? He pensado que dos guías de la checa* le vendrán bien. Ellos llevan lo que puedan necesitar. Podéis pasar. Conocen la Unión Soviética como el aire…

La vida de Vasiliev Bogdánov nunca fue locuaz ni conoció el amor. En su mundo aristocrático extramuros ya lo consideraban un loco de atar y casi todos lo etiquetaron y expulsaron de sus círculos en la alta sociedad de la vieja Europa. Aunque si bien es cierto, nadie sabía con exactitud que había sido de la gran fortuna Bogdánov. Lenin permitió secretamente a Vasiliev construir un búnker para guardar sus recuerdos salvados y a su vez este subterráneo se utilizaría como refugio para algún protegido de los soviets que corriera peligro. Finalmente desistió de la búsqueda del cuerpo de Vocalís, pues había varias versiones de su muerte y ninguna certeza, esto lo descubrió tras su trato con Lenin lo que le dio acceso a ciertos archivos donde no existía registro alguno de la muerte de Vocalís pero si varios telégrafos comunicando su fallecimiento en el frente, aunque estas misivas procedían de lugares diferentes…

Se alistó y se fue a luchar junto a sus camaradas contra el imponente ejército blanco de la alianza, aunque más evolucionado seguía siendo inconsciente de su estado de cosas. Los infiltrados del dragón dorado en Rusia comenzaron a forjarse la idea de que Vasiliev había obtenido la clave SIS para sus propios fines. Nada más lejos de la realidad pues él nunca estuvo al corriente de los conocimientos y la sabiduría necesaria para interpretar el conjunto de claves SIS y tampoco le interesaba el asunto. Aun así una terrible amenaza se cernía sobre su persona. Nunca se le ocurrió pensar que los ricos se volverían contra él, creyó que dentro de Rusia estaría a salvo de las complicadas vorágines que siempre azotan a los dueños de las grandes fortunas. No creía en la herencia bloqueada de los casi diez mil millones de libras esterlinas y prefirió olvidar a Lemin Kainen y su misteriosa clave SIS. Esto sería el comienzo de una nueva etapa en su vida tan enrevesada y profunda como el abismo sombrío de la pura realidad.

La noche caerá cruenta por los valles verdes y nevados del devenir. El día nacerá doliente entre mares espejados de sal roja valiente. Yo quiero vivir para encontrarnos aunque sea entre espinos de acero y llanto desgarrador e inocente… Y salvarnos el alma, a fuerza de besos calma y pasiones urgentes Olvidadas ya por la gente, que buscaron sus alas en mustias simientes cansadas. Para amarte necesitaré un barco alado y cruzar las nubes blancas hasta el fin… Y luego de besarte morir… Y más de diez mil millones de libras para gastar…

Vasiliev Bogdánov no daría ni un tiro ni mataría a nadie entre otras cosas porque Lenin prohibió su salida de Petrogrado. Ahora vagaba por sus calles desiertas en la noche con su aspecto de hambriento y su lastre amado, caminaba mirando siempre hacia el suelo, encorvado, hambriento de anhelo, aunque nada calculado…

Muy pronto vería a un viejo amigo que le ayudó en el pasado si es que lograba mantenerse con vida, antes, conocería a un destacado miembro de los comisarios del pueblo.

La guerra civil se había recrudecido y los soldados del bando blanco lograban ciertos grados de victoria pero nunca definitivos. El empate técnico de la guerra era a costa de miles y miles de muertes que como siempre eran sangre inocente. ¿O todos somos culpables? Los verdaderos causantes de la guerra nunca están allí. Estas palabras casi le cuesta la vida a Vasili, cuando las dijo bebiendo unos vodkas con unos bolcheviques que le reconocieron enseguida por la sobre vigilancia a la que el ex aristócrata era sometido. Todos los cabecillas de las distintas facciones rojas tenían orden directa de Lenin de protegerle a costa de su propia vida. Esto enfadaba mucho a los bolcheviques y a los socialistas más extremistas de la revolución del octubre rojo que sin dudarlo lo matarían gustosamente. Así que incluso habiendo aportado su fortuna a la causa roja era odiado y repudiado por la clase obrera. Por suerte conoció a Champa Ivanovich, el ingeniero que proyectó y dirigió las obras del bunker que Lenin mandó construir.

Champa Ivanovich era ruso de madre India, aunque a su padre no lo conoció, su rostro sin duda era de etnia India, piel oscura, nariz picuda, delgadez casi de asceta, ojos huevones de color celeste como los de su desconocido progenitor. Champa sería un hombre clave en la vida de Vasili, como lo fue en el pasado su amada Vocalís. Desde que la perdió aquel día que salió del piso el puzle de su vida se deshizo como un dragón dibujado por las nubes blancas…

Vasili conoció a Champa un día en el que intentaron asesinar al ex millonario unos encapuchados que le sorprendieron al salir de un “abrevadero” de vodka y té. Cuando los tapados asesinos vieron a Champa corrieron despavoridos… ¿Pero quién era exactamente el misterioso Indo-Ruso Champa Ivanovich.

- Camarada, Vasiliev.
- Es un placer conocerle, camarada.
- Has tenido mucha suerte que yo estuviese por aquí. Deberías ocultarte un tiempo.
- Creo que iré visitar a un viejo amigo. Acepta este vodka, camarada. Gracias infinitas por salvarme la vida, aunque no valga nada. Disculpa, mi renuncia, estoy cansado de tantas guerras e ideologías sangrientas que nos llevan a la destrucción.
- Es normal, camarada.
- He de irme, nos veremos el día de la inauguración del bunker.
- El placer es mío camarada, adiós. ¡Un momento! Espere. He decirle algo de su interés.
- Sí, camarada Champa.
- Todo está dentro de este sobre, léalo cuando esté solo…

Un intenso escalofrío le recorrió el cuerpo cuando abrió el sobre de Champa. Más allá de toda duda había infravalorado al doctor Lemin Kainen. Había una nota del Dragón, éste le conminaba a verle aquella misma noche en un piso del centro de Petrogrado. Lo primero que pensó fue no acudir a la cita y pedir ayuda a Lenin, si era necesario, tras esto recapacitó, había casi diez mil millones de libras para gastar…

Cuando asomó la cabeza a la calle donde se encontraba el piso, vio a un bolchevique armado apostado en un portal; echando un cigarrillo. Por suerte el soldado no le vio. Lo que pasó a continuación cambiaría la vida del renegado aristócrata, primero oyó murmullos de soldados y mujeres chispeados por el vodka, era un grupo de bolcheviques y bolchevicas que salían del portal donde estaba el soldado rojo. De repente se dirigieron hacia la posición de Vasili, que asustado se ocultó en un portal tras una de sus gruesas puertas marrones, lo que le permitiría ver pasar al grupo bolchevique, si le descubrían en el estado ebrio en el que se encontraban, le matarían sin duda. Cuando los bolcheviques llegaron al portal todo el grupo se detuvo, charlaban sobre pintura y los nuevos talentos socialistas. Quedó petrificado, marmóreo, su respiración se aceleró y comenzó a tener sudoraciones, el corazón iba a reventarle dentro del pecho. Una de las mujeres boinas rojas se giró hacia el portal, junto con otro bolchevique que parecía su pareja. Vocalís… ¿Eres tú? Me estoy muriendo… He muerto ya… Intentó mantenerse en pie, iban a descubrirle, no era posible, debía estar delirando, entonces perdió la consciencia…

Un agradable aroma a tabaco de pipa embargaba el ambiente. Abrió los ojos. Aquel lugar no parecía ruso, la decoración era exquisitamente inglesa. Alguien lo había atado de pie y manos en un cómodo sofá junto a la chimenea. Un señor uniformado como su desaparecido Dimitry apareció con una excelsa copa y una botella de la mejor coñac. Dejó la bandeja sobre la mesa y desató al millonario. Vasili se lo tomó bien pero estaba intrigado. ¿De quién era aquella suntuosa mansión? Y lo más importante. ¿Dónde estaba?... El mayordomo se marchó y debido su aturdimiento olvidó preguntarle que hacia allí de quien era la casa. Entonces apareció la bella mujer que le recibió en Zúrich y comprendió lo que ocurría.

O querían como los rojos su dinero, o simplemente eran poderosos amigos que custodiaban para llevarlas a efecto, las últimas voluntades del patriarca desaparecido. Sus padres pertenecían sin duda a esa secta, todos aquellos secretos familiares encerrados en la habitación de aquel frio castillo le producían confusión en el mejor de los casos. Le avergonzaba que su familia estuviese relacionada con masones, magos, ocultistas o como quiera que se les llamara. Pero su único dinero se encontraba allí, pues según supo minutos después:

- Debería usted viajar lo antes posible a Londres, señor Bogdánov. Nos ha sorprendido y decepcionado como desapareció sin avisarnos. Sus empresas se hunden, señor Bogdánov y usted juega a ser un bolchevique mimado que se ha comprado un sitio en un sueño inviable o de poca duración. Sigue sin madurar…
- No me dio el código para recoger la clave SIS y el rabino se negó a darme los libros, pensé que me utilizó, no comprendo, no pudo olvidársele ese detalle. Yo cumplí mi parte, usted eminente enmascarado ha fallado.
- Ahora se ha parecido usted a su padre. Todo tiene explicación…
- Hace un rato me he desmayado a los pies de Vocalís, sus informadores decían que había muerto.
- Esa bolchevica no era Vocalís. Era Ébano Azul.
- ¿Ébano Azul? ¿Quién es?
- Ya la conocerá… Ahora debe regresar a la rutina Bogdánov e iniciarse con los maestros de la logia. Se divertirá y será feliz. Volverá a enamorarse no lo dude y duplicará su fortuna estoy seguro, pero todo esto no es posible si no hace lo que le digo. El otro día le puse a prueba en Rusia. Ahora se acaba el tiempo. Un ilustre miembro muy poderoso está dispuesto a pagar una suma impresionante de dinero para que le ayudemos en su proyecto. No puede hacerlo sin nosotros y usted le guste o no es socio. Pasa de padres a hijos y no se puede negar ni salir. ¿Comprende el alcance de su compromiso con nosotros? Es así desde hace siglos.
- ¿Quién era la mujer de la pintura en mis aposentos del castillo? Me causó una honda impresión. Me desmayé.
- Aún no está usted preparado para saberlo. Más adelante quizá.
- Quiero conocer en persona a Ébano Azul.
- Tampoco será posible hasta que no consiga la clave SIS y sacarla de Rusia. Solamente tendremos una sola oportunidad, los libros están a punto de salir para Jerusalén. Hoy hemos hablado con el rabino…

El potentado heredero dio una honda calada a su cigarro sin apartar la mirada de los ojos del Dragón Lemin Kainen. Entonces habló:

- Ya soy ciudadano de la nueva Rusia. Gracias a que firmé la renuncia de todos mis bienes dentro del país, aún hay algo que me sorprendió más que el hurto, diría que me aturdió. Lenin me contó que mi difunto padre sufragaba con importantes sumas de dinero a la causa bolchevique, lo vi en los documentos y hablé con Lenin. ¿Qué harán ahora qué saben que mi padre era comunista y ayudó a levantar la causa roja? – El doctor rio abiertamente -
- No hay causa roja ni azul, ni nada que ocurra en el globo que no se decida en el castillo. Vamos dando los primeros pasos, muy bien señor Vasiliev, muy bien. Haremos de usted el aristócrata que ya es, más otras cosas.
- No haré nada más hasta que usted me devuelva mis diez mil millones.
- Traiga la clave SIS y los tendrá.
- No. Usted hace la transacción ahora mismo yo me marcho a la ciudad y le traigo esa clave o vosotros la recogéis.
- No está usted en Rusia, está en Suiza. Vaya a descansar, mañana saldrá para Rusia al amanecer, yo le acompañaré. El mayordomo le llevara a la planta Bogdánov. Buenas noches, señor.
- Buenas noches, doctor…

El jefe del servicio lo condujo a la misma estancia donde se hospedó la vez anterior. Todo se encontraba muy ordenado y limpio pero el cuadro de la misteriosa mujer había desaparecido de la pared. No se interesó demasiado en el porqué.

Algo más sosegado y más consciente de lo que le trascendía como persona, decidió hacer caso al doctor. Bebió un poco de vodka, puso Vocalise en el gramófono y cuando quiso darse cuenta, el mayordomo del castillo lo llamaba con insistencia para que se levantase. Lemin Kainen le esperaba para desayunar y ultimar los detalles del viaje suicida a Rusia.

- ¿Ha dormido bien? Señor, Bogdánov.
- Si, gracias doctor. ¿Y usted?
- Bien, gracias. Aquí tiene, un pasaporte falso, antes de salir ella le transformaremos para que nadie pueda reconocerle. El rabino le espera en el barco de su contacto el patrón Lemyus.
- ¿Cómo sabéis eso?
- Se lo diré llegado el momento propicio. Mientras desayuna lea esos papeles. Yo iré a prepararme. Buena suerte, nos veremos en unos minutos…
- ¡Un momento! ¡Espere! ¡No ha desbloqueado mi fortuna!...

El Dragón Dorado desapareció entre los árboles del inmenso jardín del castillo y Vasiliev tuvo que aceptar su destino. La incertidumbre de la guerra, dramático amor. La brisa no lleva consuelo, la nieve cambió de color, donde estás que quise amarte, viajar contigo en un carro de estrellas, dormir tu seno, besarte, para siempre tu boca bella y más de diez mil millones de libras para gastar…

No terminaba de asimilar el hecho de que aquella sexta estuviese manipulando la guerra rusa. Había espías e infiltrados por todas partes. Siendo así, él debía ser uno de los hombres más poderosos del planeta. Esto lo motivó para erguirse en defensor de la paz. Hacía mucho tiempo que Vasiliev no sonreía. ¿Quién sería el poderoso maestro que necesitaba esas claves? ¿Qué clase de proyecto se “traían entre manos” los de la logia? Muñeco del destino…

Champa Ivanovich esperaba a ambos junto a un aeroplano. Desde allí volarían hasta la costa de Hamburgo y aquí subirían a un barco que los llevaría hasta el puerto del mismísimo Petrogrado. Del éxito de esta misión dependía el futuro de todo el planeta, que dos décadas después entraría en la guerra más cruenta de la historia de la humanidad conocida. Vasiliev ignoraba la trascendencia de aquella misión, solamente pensaba en Vocalís y en recuperar su fortuna por si la encontraba con vida. Sin embargo aprendió a fingir muy bien lo que realmente pretendía, como hombre de alta alcurnia sabía perfectamente, pues estaba educado para ello, mantener siempre la compostura y ser un negociador intratable, entre otras cosas. La guerra ayudaba a Bogdánov a madurar. ¿O era el desamor?

En todos aquellos años nunca hizo nada por ponerse en contacto con su familia ahora americana. Gran parte del grueso de los negocios con el oro y las joyas de Bogdánov Industries Worlds fue trasladado a Nueva York, donde residía Alexandra Bogdánov con todo su séquito y las familias de estos. Sin ser aristócrata muy pronto hizo grandes amigos y acudió a fiestas, en una de ellas conoció a su nuevo marido un eminente científico colaborador de Albert Einstein, Vasiliev ni siquiera fue invitado a la boda al estar en paradero desconocido o dado por muerto. Su madre decidió olvidarle para siempre por consejo médico. La matriarca no viajaría más a Europa ni siquiera al club Zúrich, donde ya había fado las pertinentes instrucciones para que Vasiliev cogiera el testigo familiar en la poderosa logia. Su hijo tampoco hizo nada por contactar con ella. En las familias muy adineradas las madres no suelen criar a sus hijos. Vasili no parecía un Bogdánov con aquella mentalidad proletariada que le caracterizaba, había rumores que decían que era hijo de un amante que tuvo en unas largas vacaciones en Andalucía, estas y otras historias sobre la paternidad de Vasiliev circulaban en los corrillos de los bailes distinguidos y en las charlas de los casinos vips. De un modo muy sutil por supuesto, nadie opinaba abiertamente, estaba tan mal visto que podían llegar a repudiarte en ciertos círculos si oían de tu boca la más mínima grosería, claro qué, susurrando se podía llegar a destrozar vidas, barrios, ciudades o países, según el oído y la sapiencia de quien lo portara. Todo pendía siempre de un hilo tan delgado que no todos podían distinguirlo y mucho menos caminar por él. El nuevo jefe Bogdánov lo había pisado demasiada veces, claro qué él, siempre pudo permitírselo…

El aeroplano sobrevoló Alemania aterrizando solo para repostar cerca de .Berlín. Vasiliev iba sentado tras el piloto. Lemin Kainen no dio pista alguna de su destino. Cuando tomaron tierra, Vasiliev se iría camuflado en un pesquero ruso donde el patrón era amigo de Lemyus y lo llevaría hasta su casa cerca del rio Nevá.

Todo transcurrió con normalidad hasta que recibieron la terrible noticia del fallecimiento de Lemyus, Vasili no lo creyó. De todas maneras el rabino estaba allí esperando con su bella hija y ambos muy nerviosos, esto intranquilizaba a Vasili que desconocía el peligro que corría su vida. Horas más tarde apareció Champa Ivanovich para llevarse los libros ocultos y la clave SIS, ésta solo podía trasladarse siendo memorizada. El indo ruso las memorizó de boca de Vasiliev y luego se marchó prometiéndole en volverse a ver para charlar sobre filosofía inda. Aquel buen judío que vendió una copia de la clave SIS al Dragón Dorado, no imaginaba que aquella clave serviría para propósitos funestos codiciosos de gente carente de moral y escrúpulos que daría lugar al terrible holocausto de la II guerra mundial.

Nadie se lo había dicho aún, intuyó sin embargo que Champa sería su maestro para iniciarlo en la logia. Una vez cumplida la misión debía comprobar si su dinero había sido desbloqueado, pero lo más importante para él era volver a la ciudad y espiar el portal donde tal vez soñó despierto a Vocalís, la encontró tan atractiva y cambiada…

¿Quién sería ese apuesto hombre de la policía roja? De todas maneras, pensó, quiero conocer a Ébano Azul. ¿Sería todo una estratagema de Lemin Kainen? Hasta que no comprobara su cuenta en Londres no lo sabría. Se metió en un tugurio rojo donde servían vodka del malo y alguien tocaba la balalaica en un salón repleto de revolucionarios y humo; del intenso trasiego de fumadores y bebedores empedernidos que trataban de olvidar por un rato su propia desgracia ideológica y sangrienta. Al final, la conciencia pasa su factura lenta, como el buen vino, se acrecienta, como ramal vivo de rosa cierta y amor esquivo. Cuan sala tan desierta sin su mirada vivo, confundido, echado en la pared amarillenta de olvido, con mi vodka herido, quien sabe dónde estaré, cuando haya fallido, y tú mi amor regreses de la muerte o iré a buscarte en levas aladas de poesía… Y más de diez mil millones de libras para gastar.

FIN

Fin primera parte.
Continuará

 

Epílogo.

Teniendo en cuenta las condiciones tan duras en las que la escribí; espero de todo corazón que esta novela os haya gustado, entretenido y culturizado. Pido disculpas por los errores que hayáis podido encontrar.

Sin más dilación me despido de vosotros y vosotras con la esperanza de poder publicar algún día la segunda parte de esta obra inédita; que como ya dije antes va desde la institución de la Unión Soviética hasta la conclusión de la II guerra mundial.

Un fuerte abrazo.
Jorge Ofitas.

 

Banda sonora: Sergei Rachmaninov. Tema central. Vocalise. (Otras)

Autor novela: JorgeOfitas.
Todos los derechos reservados.

Spain. 2015. Europe. 2020. ®.

Sinopsis.

Un aristócrata ruso inmensamente rico queda atrapado dentro de la nueva unión soviética en plena ebullición del Octubre Rojo. Ante tal contingencia mueve todos los hilos para salir de Rusia lo antes posible pues todos querían matarle, sin embargo, no entraba en sus planes enamorarse de una enemiga bolchevique que conoció antes de estallar el conflicto. Durante sus devaneos intentando huir es apresado por los soviets.

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