LA CAMA MISTERIOSA. ®. Léela gratis.

 
 

LA CAMA MISTERIOSA. ®. Léela gratis.

Género: Novela. Ficción.
Temática: Ciencias Ocultas. Romance.
Una novela de Jorge Ofitas. ®.

Esta obra literaria está protegida por derechos de la propiedad intelectual.
Nº expediente: SE- 956-11. Año expediente: 2011.
Nº Registro: 201199901199401.
Sevilla. 2011. Todos los derechos reservados. ®.

Introducción:

Estimados amigos/as y lectores/as.

Os presento mi quinta publicación en orden de edición no de creación. Esta novela breve trata de la existencia de una cama misteriosa que cae en manos del gerente de una empresa portuaria; dedicada a vender y distribuir suvenires a través de un pintoresco grupo de vendedores donde destacan tres mujeres el jefe de ventas y el encargado del almacén y alguno más que irá apareciendo en la trama novelística. Ganimedes Violet, el protagonista de nuestra historia encuentra fortuitamente una cama muy antigua que cambiaría para siempre su vida y su muerte…

Esta obra de tintes esotéricos y parapsicológicos está redactada de un modo jovial y ameno, no encontrará el lector lugar para la violencia grosera en ella ni tampoco para la pornografía ni el terror, quizá un poco de romance y erotismo.

La cama misteriosa en resumidas cuentas es una fábula de entretenimiento con nociones de ciencias ocultas al alcance intelectual de todos los públicos y en ningún caso escrita con acritud. No sabréis nada del desenlace hasta el final de la novela…
Espero que os divirtáis con su lectura. ¡Es gratuita!

Jorge Ofitas.

Capítulo I.
María Jazmín.

Ganimedes Violet poseía un precioso ático frente al parque portuario de las palmeras del sur. Tenía una motocicleta chopper marca Honda Shadow aunque siempre soñó poseer una Harley Davidson. Su trabajo consistía en jefe de ventas del “Escorpión Dorado”; una empresa ubicada en el puerto que traía a Europa desde América vía marítima y otras lejanas latitudes, como China o India, manufacturas; regalos baratos, cartas de tarot, figuritas esotéricas, y un sin fin de artículos para suvenires de tintes un tanto extraños y esotéricos. Ganímedes era el encargado cada mañana de reunir a los vendedores en nómina y comisión para que patearan la ciudad con el fin de vender todos los artículos en los más de mil establecimientos de la provincia que exponían y ofrecían ese tipo de cosas. Su hombre de confianza, Jápeto Juno, que secretamente le apodaba “El Gani”, aunque no siempre le llamó así…

 Ganimedes, ya sé qué te sientes mayor y te aburres, pero hoy es la comida de la empresa y todos esperamos que aparezcas con esa mujer de la que tanto me hablaste. 

 Es imposible. 

 ¿A qué te refieres Ganímedes? 

 Qué cortó conmigo anoche. Resulta que encontró a un motorista más 
joven qué yo con una moto de esas de carreras, ya sabes cómo es, se 
quejaba que mi moto no corría nada, no me gustan los cuatro tiempos…
 Qué borde. Lo siento, amigo. Ella pareció quererte…
 No es nada. Lo llaman querer a mi manera…

Tengo una buena noticia. - Dijo Jápeto –

 Dímela.
 Se ha vendido todo el contenido del barco, es decir no quedan existencias y cómo 
portavoz de los vendedores te felicito y nos felicitamos. Los compañeros me han propuesto que te diga si sería posible cobrar la comisión por la venta antes de fin de mes, ya sabes cómo está la situación. 


Ganimedes Violet miró ensimismado hacia las aguas del puerto, un ferris estaba a punto de salir rumbo a las islas afortunadas y las gentes como era tópico y costumbre saludaban desde las barandillas de estribor a los que fueron a despedirles y a los curiosos sonrientes, rememoraba su último baile antes de amanecer con aquella mujer francesa mientras sonaba la penúltima canción antes de que todos se fueran a casa. Aún llevaba registrado en su corazón aquel misterioso perfume narcótico, a saber cualquier era que aún lo tenía hechizado o quizá era el murmullo y la tonalidad de aquel susurro maravilloso…

 ¿Ganimedes? ¡Estás aquí!...
 ¿Y quién me firmará los vales? ¿Se han marchado sin saber mi contestación? Es eso. 
A veces me dan ganas de mandarte al paro…
 No puedes hacerlo, me quieres y me necesitas. Mira, ya lo hemos hecho otras veces, me das el dinero a mí y yo firmo por todos. 

 ¿Y dónde están ahora los vendedores/as? 

 En la marisquería del parque con las compañeras, al parecer ha llegado 
una mujer nueva para el almacén, aunque yo la pondría en nuestro grupo, sabes, esa chica tiene un magnetismo especial para las ventas. ¿Te vas sin darme el dinero?
 Vamos a esa marisquería, como jefe supremo, debo conocer a mi nueva empleada. 

 No es tu estilo, no te gustará. 

 No voy a mirar eso mujeriego, quiero ojear otro asunto. ¿Y la bruja?
 Ah, Zahorí, allí estará sentada sumando sus comisiones tan bonita y misteriosa cómo siempre.
 Nunca se lo digas pero ella es nuestro amuleto de la suerte...
 Ah, ya, claro es la que más figuritas esotéricas vende, pillo.
 No es solamente por eso sínico Jápeto Juno...
 Prefiero no seguir hablando de esto, tengo prisa…

Ganimedes Violet tenía a su cargo a diez vendedores/as, contando al portavoz que era el qué más vendía, Jápeto Juno. Cada vendedor/a tenía su cartera de clientes y hacían un equipo compacto y sin fisuras, si había el más mínimo indicio de que un traidor se escondía en el grupo, Ganimedes le daba largas en el mismo instante que se descubría la prueba de la verdad y para esto no era nada diplomático ni muchos menos empático.

Ese mañana no había desayunado nada y caminó hacia la pulpería pensando en pedir un poco de pulpo a la gallega con un vaso de vino blanco, ahora empezaba a digerir la alegría por el éxito de ventas conseguido, pronto le llamarían desde la central para felicitarle.

 ¡Nuestro jefe! Exclamó Rosi. 

 Hola Rosi qué tal la mañana.
 Récord jefe, los últimos artículos de regalo han gustado mucho. 

 Eso, y que estamos a primeros de mes. 

 Cierto jefe. 

 ¡Jefe! 

 Hola Zahorí. ¿Cómo está tu hijo? Creí que no vendrías hoy. 

 Llamé a mí ex y la llevamos a urgencias a eso de la una, no era nada 
 sólo un constipado. 

 Me alegro por ti. ¿Dónde está el resto de la gente? 

 En la terraza frente a los barcos. 


Sus empleados le profesaban cariño porque era indulgente cuando había que serlo y nunca informaba a sus superiores sobre algún comportamiento incorrecto de los que estaban a su cargo, si alguien debía ser culpado se auto inculpaba, sabiendo que no le haría falta excusarse demasiado, pues mientras los índices de ventas fuesen bien, todo marcharía viento en popa y a toda vela. Sin quejas. H***

 Le buscaba, jefe. 

 Enhorabuena Chily. 

 Gracias Ganimedes. Ven voy a presentarte a la nueva, no te va a 
gustar. 

 ¿Por qué? 

 Ya lo verás. Llevo cinco años trabajando aquí, sé que no la contratarás.
 ¿Dónde está? 

 Es aquella mujer u hombre que sostiene una cerveza en la mano y fuma 
con la otra mientras mira al mar cómo catatónica. 

 Qué nadie me moleste voy a hablar con, ¿cómo dices qué se llama esa joven? 

 Se llama María Jazmín. Jefe. 

 Tiene nombre de florista. ¿Verdad Chily?
 Ja, ja, ja, ja que gracioso es usted... 
- Ganimedes caminó hacia la palmera y la abordó. –
 Hola, tú debes ser María Jazmín, bonito nombre.

 Hola señor, encantada. Me lo puso mi padre. Al menos eso me dijo mi madre.

 Discúlpame debí presentarme. Mi nombre es Ganimedes Violet soy el gerente y director de ventas del Escorpión Dorado aunque ya lo sabrás. Puedes llamarme Ganimedes. Leímos tu curriculum y mi portavoz te avala hasta el punto que quiere que formes parte del equipo de ventas. Un placer conocerte María Jazmín.

 Jápeto ya me ha explicado todo lo que debía saber, me encanta esta empresa. La verdad es que vender en la calle se me da muy bien, sí, mucho mejor que el almacén.
Además, me resultará fácil vender esas cosas tan bonitas y misteriosas que taréis de América.
 Muy bien. ¿Estás de acuerdo con el sueldo?

 Sí.

 El horario de trabajo es de 6 de la mañana hasta las dos. Así tendrás toda la tarde para hacer otras cosas. ¿Tienes coche?

 Sí, uno francés, me ha salido muy bueno.
Los autos franceses son buenos coches, se les cae la chapa y siguen funcionando. Je, je.
 Vaya, también entiendes de coches… - Concluyó simpáticamente el director de ventas -

Ella lo miró y regresó a su cerveza. Él no le apartaba la vista.

 ¿Qué edad tienes María? 

 Veintinueve, jefe. 

 Bien, pues ya sabes, el lunes te espero, aquí tienes mi mano, el trabajo 
es tuyo. Solo una cosa, para ir a vender, sería más apropiada otro tipo de ropa. Nuestros clientes se fijan en todo y por aquí la gente que posee negocios es clásica y religiosa. 

 ¿Le gusta mi peinado jefe? 

 No es de mi incumbencia vuestra manera de adornaros, pero ya te lo he 
dicho.
 Está bien esperaré a cobrar para comprar algo de ropa. 

 ¿No tienes dinero? 

 No, tenía que habérselo dicho. Lo siento. 


Ganimedes descolgó su móvil y llamó a Chily Tamales una de sus vendedoras, que era propietaria con su marido de una pequeña tienda de ropa ubicada en un barrio obrero. La mujer llegó al lugar casi de inmediato. 


 Sí jefe. Me ha llamado. 
Gracias por la cerveza y las comisiones adelantadas.
 No es nada Chily, enhorabuena por tu índice de ventas, es sorprendente. Necesito que facilites alguna ropa a María hasta que pueda pagarte, yo 
me hago responsable.
- María Jazmín miró muy tiernamente a su nuevo patrón, en parte chispeada por el contenido de su copa y en parte sorprendida -
 María he de irme, acompaña a Chily ella te pasará lo que necesites. ¿Dónde te hospedas? 

 En un hostal del casco antiguo. 

Chily llévala hasta su hotel cuando volváis de la tienda. 

 Gracias jefe, es usted muy bueno. – Exclamó la recién llegada. -
 No es nada, quiero que demuestres al grupo la confianza que he 
depositado en ti, de todas maneras el lunes no saldrás a la calle, debo instruirte sobre ciertos aspectos donde creo que andas muy verde. Te adelanto estos cien euros. Qué bueno es. Concluyó diciendo Chily Tamales.

Tras marcharse las dos vendedoras Ganimedes Violet dio las comisiones del mes a Jápeto Juno portavoz de ventas, tras esto subió a su moto para darse una vuelta cerca de la costa arenosa, necesitaba beber algo a solas buscando algo de introspección, asunto para el que apenas contaba con tiempo. Llegó a una de sus tabernas preferidas, pasadas las tres de la tarde, se quitó el casco y una de sus amigas fue a saludarle. 


 Hola Ganímedes, qué tal cariño…
 Qué tal tú gata de noche. 

 ¿Me invitas a un trago ejecutivo? 

 Será un placer, preciosa, un besito… 

 Um. Pareces demasiado alegre. Te conozco, te has vuelto a enamorar…
 No del todo. ¿Ha llegado esa gente? 

 No, salieron temprano, se quedaron esperándote. 

 Se me olvidó llamarles. ¿Y tú nueva amiga? ¿Volvió a venir?
 Se marchó con ellos. 

 Bien. Entremos a beber algo, estoy seco. 


La taberna la cuaderna servía como lugar de reunión para algunos amantes de las motos también montaban partidas de cartas y dominó algunos domingos. Todos los socios debían tener una moto chopper. A ser posible, Harley Davidson, la preferida del lugar, motor cuatro tiempos de sonido inconfundible.

 ¿Cuándo saldrás del “armario” Ganimedes? A tus cuarenta vas siendo sospechoso…
 ¿Y tú cuando te casarás conmigo preciosa? 

 Deja las galanterías, ya te conocemos. Tú no crees en casarte y yo estoy casada con tu amigo por si lo olvidaste…Me llamo 
Dione. Dame un beso.
 Eso está hecho gustosamente…
 ¿Qué os sirvo? – Exclamó la tasquera Tiana Bar. -
 Una cerveza sin alcohol, para mí, volveré con prontitud a la ciudad y no deseo 
jugársela a nadie en la carretera. 
- Respondió Ganímedes -
 A mí me pones un cubata de “petróleo”. ¿Quieres qué vaya contigo a la ciudad? No tengo nada que hacer, dijo Tiana. 

 No estoy muy seguro, este fin de semana debo repasar algunos asuntos 
de la empresa y no podremos salir a divertirnos, además, ha llegado una 
chica nueva y quiero hablar con ella. 

 Seremos tres. 
- Dijo medio en broma la bonita Dione. A ella le encantaba incomodar a Ganimedes para al final hacerlo reír -
 No me van los tríos. Ja, ja. 

 ¡No le van los tríos mientras no sea en el póker! ¿Verdad Dione? 

 A saber lo que hará este allí en su ático. Dijiste qué darías una fiesta 
pero no la diste. 

 Ya la daré Tiana. 
A propósito hoy estás muy bonita y serena…
 Dame un beso. 
No sé cómo estás soltero todavía andando por ahí a las claras del día…
 Son las cosas de la vida y tú eres mi tasquera preferida…
 ¿Y a mí? ¿No me besas?
 A ti cuando te cases conmigo. Tengo que irme, dile a esta gente que 
vendré el domingo a la partida de por la tarde. 

 ¿No vas a venir a la fritada del medio día? 
Haremos pescaditos y pondremos buenos vinos… Después copas música, cartas y karaoke.
 A lo mejor. Hasta luego... 
No puedo decir nada, tengo asuntos entre manos chicas, besos, ciao…

Mientras viajaba en su moto a través de las marismas tuvo la idea de ir a ver a María Jazmín a su hospedaje. Cuando arribó preguntó al conserje del hostal por la joven, aquel le contestó que no había vuelto, aunque afirmó conocerla. Ganimedes se sentó en el sofá del hall y prendió un estorbado cigarrillo que llevaba varios días rulando por el bolsillo de su sudada camisa fragante de perfume italiano.

 Lo siento. Señor aquí no se puede fumar. 

 ¿En este cuchitril? 

 Puede seguir con su pitillo en el patio. 
Y no es un cuchitril…
 ¿Ah no? Gracias. 


Aquel hostal parecía un sitio agradable y en suma la entrada del verano daba al matiz de la tardecita una vislumbre blanca del sol marino, parecía un hotelito de playa pero en el centro de la ciudad, del ojo patio provenía un agradable aroma a jabón. 


 Señor, le llaman, al parecer la mujer por la que pregunta regresó hace rato, justamente cuando fui a beber un café. 

 ¿Qué habitación es?

La puerta estaba entreabierta y una tonalidad carmesí manchaba el ambiente, alguien había encendido una barrita de incienso, al fondo de la estancia se veía una cama bastante grande y muy antigua que en nada entonaba con aquel mobiliario vanguardista de diseño. Parecía no haber nadie allí pero de la puerta del baño provenía aquel aroma a jabón que cató abajo. De repente apareció ella. 


 Hola Jefe. ¿Ocurre algo? Le he visto mirar hacía aquí. ¿Le gusta la ropa qué me he comprado? 
Chily es maravillosa.
 Siento haberme presentado así, no sabía... 

 ¿Quiere una cerveza? Estaba a punto de abrir una, las he comprado, 
gracias a su bondad. 

 ¿De dónde eres María? 

 Soy de aquí o tal vez de allá no lo sé, je, je.
 En tu documento de identidad pone qué eres de un pueblo del norte, me duele algo la cabeza... 

 No. Mire aquí está. 

 Es cierto, debe ser ese incienso que no me ha sentado bien, tengo que 
irme ya. Me gustaría que mañana sábado nos viéramos y habláramos 
de trabajo. 

 ¡Claro jefe! ¿A qué hora? 

 Sobre las diez en el bar frente a la empresa, junto al puerto. 

 De acuerdo. 

 Adiós... 


Luego de visitar el hostal se fue al cine y vio un estreno. Salió confortado y más repuesto. Las golondrinas chillaban por las azoteas mientras hacían círculos imposibles en las calles, la mampara celestial se había vuelto añil, tenía apetito, así qué, se acordó que poseía una espléndida ducha e hilo musical. Al fin y al cabo no todo el mundo tenía eso, dinero para gastos y algunas chicas que conocía eran simpáticas, nunca se liaría con alguna del trabajo, pues debido al puesto que ocupaba no podía ni debía ligar con ninguna subordinada, era su regla número uno. Con este pensamiento sonrió un poco antes de saludar a su vecino que bajaba con su perrito faldero y orgulloso le espetó:

 Hoy hay partido televisado Ganímedes. ¿Lo vemos juntos?
 No lo sabía. Pues no sé Ambrosio te llamaré.
 Se te ve muy ocupado, cierto. 

 Hasta luego, vecino... 


Colocó algo de música jazzística y se adormeció un poco bajo la ducha recostado en la pared mientras intentaba reponerse de toda la semana: – Pedidos devueltos, comisiones que no pueden ser reembolsadas y al final el lógico descuadre, si bien es cierto que el placer de dar es el mayor de los placeres para el hombre caduco, la bondad, es el mayor de los regalos, solo que en su caso practicarla le salía algo caro. Prefería ver sonrisas, solamente se rebelaba si le fallaban en el trabajo o le mentían, en la calle en sus ratos de ocio se convertía en otra persona, aunque claro está, que con los años ambos comportamientos acababan entremezclándose... 
Alguien tocó el timbre. Se acercó a la mirilla y no vio a nadie a través del orificio, hubiese prometido que alguien llamó a su portón, sin embargo, el teléfono sí qué sonó. Era Tiana Bar. La invitó a ver el partido de fútbol televisado, pedir una pizza o comida casera. Descorchó una botella de vino y se adelantó un vaso de un solo trago que supo a poco, ella no había llegado y el match estaba a punto de iniciarse... Por fin la motera hizo acto de presencia.

 Creí que no llegarías. ¿Qué traes ahí Tiana?
 No es nada especial, me he traído la cena. Tienes profundas ojeras. ¿Te 
encuentras bien Ganimedes? 

 Mejor que mejor he abierto un vino y alcaparras con aceitunas, toma tu 
copa. Gracias por acordarte... 

 Deberíamos vivir juntos alguna vez. 

 Soy insoportable en ocasiones Tiana. Y tú, algo promiscua. 

 Es cierto, pero al menos podríamos consolarnos. 

 ¿Nunca has pensado cómo será lo que sienten esas personas cuando 
afirman estar enamorados? 

 Es un vil invento, el mejor sustituto para esa mentira es sin duda el sexo. 
Me marcho. Ahora soy yo la que no se encuentra muy bien. Adiós... 

 Te llamaré. ¿Qué te ocurre?
 Procura descansar amor... No tengo ganas de fútbol…
 Un besito. Cuídate.


Ella se marchó antes de tiempo y Ganímedes no se molestó lo más mínimo en retenerla, algo había molestado a Tiana y ella no se lo dijo y nunca se lo diría, lo cierto es que nunca se consideró promiscua solo que ocultaba con celo el amor qué sentía por el gerente del escorpión dorado.

No durmió casi nada esa noche y tenía fiebre, una inusual tormenta de verano limpió la arenilla acumulada, que el viento arrastraba usualmente hasta uno de los ventanales con vistas al puerto. Eran las nueve y media y alguien tocaba el timbre de la calle. Unos transportistas traían algo para él. No esperaba recibir pedido alguno, recordó que no llamó a ningún sitio, incluso repasó su agenda. El frenazo del montacargas le alertó. La nota venía a su nombre. Era la misma cama que la tarde anterior vio en aquel hostal. La puso junto a la ventana y echó las cortinas, una nota acompañaba al catre:

– “Me he marchado de la ciudad para siempre Ganimedes. Te dejo esta cama en compensación por la nota, la cama está perfumada y limpia. Móntala, y duerme en ella tu salud mejorará. Ha sido muy bueno para mí Ganimedes. María Jazmín”. – Así concluía la nota.

Miró hacia el restaurante eran casi las diez y el cielo parecía despejarse. Se vistió y bajó a beber un café, pero tropezó al salir del piso y se mareó, por lo que se asustó un poco y subiendo casi a gatas se acostó, seguía con su indecente desidia inesperada y sudorosa. ¿Qué le había ocurrido? No era el malestar propio de un catarro o una gripe, se sentía débil y muy extraño, entonces vio su figura casi desnuda entre la armadura de la cama y oyó: ¡Móntala! ¡Móntala!... No tenía fuerzas pero lo consiguió, tras esto se acostó bajo aquellas sábanas limpias bordadas a mano, pronto quedó embriagado de aquella textura que desprendía un extraño aroma, quedando dormido profundamente, soñando tal vez con aquella misteriosa mujer, María Jazmín, sin embargo en su sueño salía otra mujer de una intensa bruma a la que no podía ver el rostro… ¿Quién sería?... La voz de esa mujer le atormentaba y además le parecía familiar.

Durmió de un tirón hasta pasadas las doce del domingo, no tenía apetito y se encontraba muy débil, cuando se vio en el espejo se asustó hondamente y decidió llamar al médico, pero cómo en los vicios, no pasaron más de cinco minutos hasta que regresó a la cama. Ni siquiera era ya consciente de lo que le ocurría, una flojera extrema le maniataba los sentidos y su cuerpo se consumía. A esas alturas no era capaz de articular ya ninguna conjetura, ni siquiera se acordaba de telefonear, sonrió y volvió a meterse en aquel “camastro fangoso” bordado que lo atraía y lo suspendía en un extraño éxtasis indoloro, una elipse de vueltas y vueltas, mareos, gemidos e inconsciencia, soñando su nombre y un perfume imaginario que lo volvía loco…

Le pareció despertar repentinamente y vio entrar a toda esa gente que desmontaban su mobiliario como si él no existiera. Gritó y gritó: –

 ¡Hola estoy aquí! ¿Quiénes sois? ¿Por qué se lleváis mi mobiliario?

Nadie le veía, ni oía. Poco a poco todo el inmueble quedó diáfano y solamente la misteriosa cama presidía aquella noche de luz blanca de jazmín, el espléndido ático de Ganimedes. Entonces entreabrió los ojos y vio aquella luz de lazareto. Estaba atado a la cama, alguien hablaba por un teléfono móvil a su lado, era María Jazmín muy bien vestida. Ella se volvió hacia él, pero Ganimedes cerró los ojos. ¿Qué significaba todo aquello? Lo último que recordaba es que se duchaba y después de esto, su memoria no resistió el esfuerzo sobrehumano por recordar. La visión de un gotero vía intravenosa, acabó por alertarle, sin duda había sufrido un ataque de algún tipo, debía esperar, el ruido de alguien aporreando la puerta le devolvió de aquella levedad sufridora.

 ¡Soy Jápeto ábreme!

Muy difícilmente logró llegar hasta la puerta del ático y retirar el pestillo. Estaba empapado en sudor, vio el rostro de Jápeto, su segundo de abordo en la empresa, que alertado al no descolgar Ganimedes el teléfono se lanzó a su búsqueda. Estás empapado en sudor. – Exclamó el subordinado. Llamaré al médico. -

 Creo que tendrás que ayudarme para llegar hasta la cama. 

 ¿Quieres qué llame al médico? 

 No, no, creo que me repondré. 

 Me llamó esa tal María Jazmín, la nueva, me dijo que estuviste con ella ayer en la 
tarde y qué se quedó esperándote en la marisquería hasta pasadas las 
dos. 

 ¿Qué hora es? 

 Son las nueve de la mañana del domingo. Se veía venir, has sufrido un 
bajón. 


Sin duda. Miró su cama, recordaba la ducha que se dio el día anterior y 
tras esto todas esas pesadillas producidas por la intensa fiebre y la falta 
de descanso y alimento. 


 Te haré un café, exclamó Jápeto. 


Sin embargo estaba algo acongojado por la intensa pesadilla con aquella extraña cama que vio en la habitación de María, cosas de la psique, demasiado tiempo solo, agotado, abandonado y estresado. Sentía un fuerte dolor de cabeza, al fondo de la salita apareció su compañero con una bandeja bien repleta de algunas delicatesen y una humeante taza de café solo. Ganimedes lo apuró todo mientras Jápeto ojeaba la prensa junto al ventanal marítimo.

 ¿Viste el partido de fútbol? 

 No, por lo que puedo recordar caí rendido tras el baño, no sé. 

 Ganamos. 

 Genial. 

 Bébete ese efervescente, te hará bien. 

 Comienzo a sentirme mejorado. Llama a María y excúsate por mí. 

 Lo haré. Me pidió tu dirección y el número de teléfono. 

 ¿Se lo diste? 

 Sí. 

 Bien hecho. Muchas gracias Jápeto, eres un amigo... 


Transcurridas dos horas despertó, su amigo se había marchado, la fiebre cesó y el sol se colaba por una de las ranuras de la cortinilla. Descolgó el teléfono de la mesita de noche, era María Jazmín para interesarse por su estado. 


 Hola jefe. 

 Disculpa mi plantón María, tuve algo de fiebre. 

 Jápeto me ha informado de todo, no se preocupe, estuve preocupada 
me dijeron que usted no acostumbraba a dar plantones y menos relacionados con trabajo ¿Quiere que vaya y le prepare algo de almorzar? La cocina se me da muy bien. 

 No lo dudo, ya estoy mejor. 
Gracias de todos modos.
 ¿Me deja ir a visitarle? 

 No creo que sea una ocurrencia buena para ti. Diviértete, María. 

 Eso no cambia nada, jefe, iré a verle. - Exclamó la joven que parecía testaruda y tras esto colgó el teléfono. 


Ganimedes conocía muy bien la ciudad y nunca había visto ni oído hablar de María Jazmín. Debía preguntarle dónde se crio y porqué vivía de aquella manera tan nómada, a pesar de esto, le gustaba íntimamente su forma hippy de vestir, ella era muy parecida a sus amigos de las motos; vaqueros, camisa por fuera y sencillez en el trato. Para pasar sus ratos de ocio, prefería a estas personas llanas a las otras, casi siempre embutidas todo el día en trajes 
figurativos, los negocios son así, él era uno de ellos, de esos ejecutivos de ventas trajeados. Las motos, la pesca, las reuniones amigables de cartas los domingos cerca del mar, eran otra cosa y María Jazmín encajaba muy bien en todo aquello, pero se conocía, cuando lograra acostarse con ella sería una más, como Tiana a la que profesaba respeto y cariño, muy pronto sonó el portero electrónico, para entonces se había cepillado los dientes y colocado un chándal aunque antes de acomodarse sonó el timbre de la casa. Era María Jazmín.

 Hola jefe. ¿Me deja pasar? 

 ¿María? 

 Sí jefe, yo misma.
 ¿Te gustan las motos? 

 ¡Me encantan! ¡Mi moto preferida es la Harley! ¿Por qué ríe jefe? 

 Espera abajo voy a vestirme...

Capítulo II.
La cama misteriosa.

Ganímedes invitó a almorzar a María Jazmín en un bonito restaurante a cincuenta kilómetros de distancia del puerto. Una vez distendidos le preguntó sobre su existencia:

 ¿María dónde naciste? 

 En una casa muy humilde cerca del malecón de madera. 

 ¿Te refieres al barrio de pescadores? 

 Sí jefe. 

 No me llames así por favor. Lo soporto algunas veces…
 Es qué Ganimedes es un nombre muy “largo”…
 ¿Cómo te gustaría llamarme? 

 No sé jefe. ¿Viejito te vale? A mí me gusta, me gusta, viejito me gusta… Ja, ja, ja, ja…

Sonrió, apenas rozaba la treintena pero parecía una chica de veinte años, su piel cuidada, su dentadura de nácar, su pelo encrespado…

 Lo siento, no es usted tan mayor. 

 No, no, es verdad soy ya viejo. Pero no me llames así, ambos 
compartieron una sutil carcajada, el camarero que conocía a Ganímedes 
rio mientras descorchaba una botella de vino blanco de buena cosecha.
 ¿Sabes María? Con ese peinado estás más bonita. 

 Verá jefe, lo he hecho por el curro, pero no soy de ese tipo de chica, en 
realidad soy bisexual. 

 No me importa eso, además no intento cortejarte, yo soy bastante liberal 
también. Si deseo acostarme contigo te lo diré no creo ni en el amor ni 
en los casamientos, ni en las uniones para siempre. 

 Vale, uy, qué rico este vino. 


Hablaron de trabajo, de los clientes, de la empresa y se bebieron un par de botellas de vino blanco acompañadas de pescado y ensalada, también algo de marisco, tras esto se bañaron y regresaron a la ciudad, de buena gana la hubiera invitado a pasar la noche con él, pero en el “tintero” se le quedó una pregunta, resolvió no contarle aquel sueño que tuvo con la cama que vio en el hostal el día anterior... 
El lunes amaneció apacible y con las temperaturas algo calurosas en todo el litoral, todos llegaron a fichar a justa hora, incluida María que muy pronto se vio rodeada de aquellos compañeros, más de uno quedó embobado con su belleza sencilla y algo bruja, sobre las siete se reunieron a tomar el desayuno, no había existencias en stock y los clientes estaban servidos, pero Ganimedes los envió a patear las calles y conversar con los clientes, a María la ordenó quedarse con él para enseñarle las instalaciones, luego de esto le presentó a Mercucho García el jefe de almacén. 


 María este es nuestro salvador y el responsable de las existencias. 
Mercucho te presento a tu nueva compañera, María Jazmín. María, este es Mercucho, nuestro mago de almacén.
 ¿Mercucho? ¿De Mercurio? 

 Exacto preciosa. 
Encantado. Mi padre es Inglés de ahí mi devoción por Williams Shakespeare.
 A Mercucho le gusta mucho la literatura clásica y especialmente William Shakespeare. 

 Hola Mercucho. 
A mí me cae más simpático el Quijote, mi padre es…
 Enséñale cómo va el almacén y la entrada y salida de pedidos, a las dos 
y cuarto os veo en la marisquería. 
- Dijo Ganímedes antes de marcharse -
 Ok Gani. 
- Respondió Mercucho -
 ¡Ok Gani!, le dijo ella también mirándole mientras le sonreía, cosa qué le agradó y provocó una leve sonrisa que disimuló.
 Mercucho sabes que no me gusta que me llaméis así que no se repita por favor….

De la nevera de su despacho sacó una botella de vodka casi helado y mezcló un poco con limonada casera regalo de Zahorí, miró a las aguas estancadas del puerto a través de las cristaleras, un barco de contenedores hacía su entrada con los prácticos, revisó las cuentas, un mes más debería evitar un pequeño descuadre. Tecleó el número de la central y muy pronto el director general de la multinacional atendió la llamada.

 Hola Ganimedes. 

 Qué tal don Rea. ¿Cómo está? ¿Y la familia señor?
 ¡Muy bien, acabo de ser padre por séptima vez! 

 Felicidades don Rea. 

 Gracias hombre. Quiero que invites a almorzar a toda esa buena gente. 

 Sí señor. 

 Oye Ganimedes felicidades por las ventas. 

 Gracias. Le enviaré un regalo por el nuevo miembro de la familia. Recuerdos a su esposa.
 No te afanes, estamos muy lejos, pero si mandas algo mi mujer no lo 
olvidará, ya sabes cómo son ellas. Además, te tiene en especial afecto. 

 Le he llamado para saber cuándo enviará otro barco casi no tenemos 
existencias. 

 Pues al menos tardará quince días, deberás aviarte. 

 Muy bien. Así lo haré. 

 Oye tengo que dejarte, feliz verano. Invita al personal. 

 Sí don Rea. 

 Hasta la próxima, Ganimedes. 

 Adiós señor... 


Algunos expusieron motivos familiares para escaquearse de la comida, así qué, Ganimedes la aplazó para dos días después. María Jazmín se marchó con Mercucho a la playa y el resto a sus hogares por lo que el gerente se apresuró a retirarse a su ático, aún no se encontraba repuesto del todo y debía andar con cautela pues sentía algún que otro escalofrío. Cuando iba de regreso tuvo la descabellada idea de dirigirse al hostal donde residía María Jazmín, quería comprobar in situ si las imágenes de la cama, que tuvo en aquellos sueños del día anterior, coincidían. El recepcionista no era el mismo y en su lugar había una mujer algo ligera de ropa y muy risueña que le creyó cuando Ganimedes le pidió la llave de la habitación como si él fuese el residente. Subió los escalones de dos en dos, por supuesto, se aseguró que no había nadie en el interior y con estas giró la llave, cuál fue su sorpresa cuando comprobó que la cama ya no estaba en el habitáculo. Seguramente María tendría una explicación y se volvió hacia las escaleras con inquietud sudorosa, el termómetro marcaba treinta y cinco grados centígrados, claro que, no contaba con toparse de frente con la empleada que volvía del paseo con Mercucho. 


 ¡Qué hace aquí jefe! ¡Y con qué permiso pide la llave de mi habitación! 

 Puedo explicártelo. ¿No habías ido a la playa con Mercucho? 

 Lo que me temía, un “moscón”. 

 Lo siento de verás María, es que debí decírtelo ayer. 

 ¿El qué? 

 ¿Qué ha sido de la cama qué había en la habitación? 

 La he vendido a un anticuario a muy buen precio. ¿Eso era lo que 
querías preguntarme? 

 Sí. Sólo eso. 

 La verdad no lo entiendo. 

 Creo que ya no tiene importancia. 

 Tú has venido porqué andas salido perdido te gusto mucho y quieres follarme. ¿Crees 
que soy tonta? 

 No es eso María, de veras. ¿A dónde vas?

 Mercucho me ha invitado a pasar el verano en su casa, vengo por mis cosas.

 Me parece bien. Mercucho es un buen tío. Cuídate, mañana te veo.

Ganímedes salió de allí ahuyentado y sonrojado por haber invadido la intimidad de María Jazmín pero sobre todo por haber sido sorprendido… - Ella lo llamó por las escaleras. María Jazmín intentó retenerle…

 ¡Espera jefe!
Pero él algo avergonzado ya no miró atrás...

El lunes era mal día para perderse entre brumas de alcohol y playas mediterráneas. Los escalofríos habían cesado, como el viento. Miró su moto y se enfundó el casco enfilando la avenida de la playa con dirección a la taberna, “las cuadernas”. Seguramente encontraría consuelo en su amiga Tiana, que cada vez que le veía le atizaba con su dulzura picarona y casi sincera animándole a vivir. Si tenía suerte la cocina estaría encendida y Dione le serviría algún ágape para almorzar. Cuando se retiró el casco su rostro chorreaba sudor, Tiana que había oído el sonido precioso del motor cuatro tiempos y era experta en ellos; salió a su encuentro y le abrazó, él le devolvió más someramente el cariñoso saludo y le preguntó si había algo de comer.

 ¿Qué te pasa Ganímedes? 

 Ayer estuve “malito” y me acordé de ti. 

 ¿Por qué no me llamaste? 

 Da igual... 

 ¿Cuándo nos rebujamos? 

 Si no es por la iglesia nada de nada. 
Soy cristiano y lo sabes.
 Entonces olvídame.
 Seguiremos igual entonces.
 Estás pálido y te noto extraño e ensimismado.
 No puedo vivir sin ti. 
- Sonrió. Sabía que ella no lo tomaría en serio -
 Ja, ja, ja. 

 Al menos te hago sonreír... 


Dione le preparó algo de comer y le puso una mesa cerca de la orilla de la playa, Tiana bebió un mojito mientras le acariciaba viéndole comer.

 No puedes seguir así Ganímedes, tienes cuarenta años. 

 ¿Y qué esperas qué me haga? ¿Una liposucción? Ja, ja, ja.
 Deja que me vaya contigo un tiempo. 
Te cuidaré y te amaré.
 Me conozco Tiana, acabaríamos tirándonos los trastos. 

 Quién lo sabe, tal vez, te enamores perdidamente de mí. 

 Creo que estoy enamorado de una empleada nueva. 

 ¡Traidor!...

Tiana le tiró la bebida a la cara y echó a correr hacia su coche, Ganimedes nunca esperó una reacción como esa de su amiga y, aunque sospechaba que le gustaba mucho por los roces del pasado entre ambos se sintió mal y culpable al haberle confesado a bote pronto aquel nuevo sentimiento. Ni siquiera estoy seguro de eso. Pensó. Solo que el recuerdo de María Jazmín y la huida de esta con Mercucho, provocó en él una ansiedad desconocida. A pesar del desplante de Tiana siguió sentado allí frente al Mare Nostrum, la brisa se encendió un poco y Dione le acercó un café con güisqui, ella le acompañó con un zumo de frutas. 


 No se lo tomes demasiado en cuenta, ya conoces a la pelirroja…
 Es culpa mía, le di esperanzas. 
Tiene mucho carácter.
 A mí también me las distes pero no las creí, aunque me gustabas mucho…
 Nunca creí en esas parejas de toda la vida, no puedo evitarlo…
 Ten en cuenta que tú y yo somos casi de la misma edad y ella nos lleva algunos años.
 Cierto. ¿Qué le vamos a hacer?

 Bueno comenzaré a cerrar, mañana es mi día de descanso. ¿Vas a querer alguna otra cosa?

 ¿Vienes al cine?

 Estoy muy cansada, otro día, quizá. Pero. ¡Qué cara! ¡Salgo con tu amigo!
Los hombres son unos traidores no deberíamos fiarnos de vosotros.
 Solo fui un beso para ti.

 Éramos muy jóvenes, así es la vida…
 En tal caso arrancaré mi preciosa moto e iré de compras.
Cuídate Gani, un beso.

 Ciao, Dione... Beso…

Dio un acelerón largo, vio con claridad con su mirada fijada en el horizonte salino lo qué quería hacer. En la ciudad no había muchos anticuarios y si María no mintió daría con esa cama y la compraría. Rio mientras adelantaba a otros vehículos lentos y arribó a la urbe marinera dispuesto a pagar lo que hiciera falta por aquel camastro antiguo...

El asunto, a priori, no parecía muy complicado de resolver. Visitó tienda por tienda de las diez que venían anunciadas en las páginas amarillas y en Internet, en ninguna encontró la cama ni a nadie que la hubiese adquirido, ni datos ni imágenes ni nada, contrariado llamó al móvil de María Jazmín que contestó tras varios intentos de su jefe por localizarla.

 ¡Jefe! ¿Ocurre algo? 

 ¿Cómo te va con Mercucho? 

 No es lo que imagina, tampoco voy a darte muchas explicaciones. ¿Me 
has llamado para echarme? Te aseguro que no te imagino tan machista. 

 María. Dime una cosa. ¿A quién vendiste tu cama? 

 Pues a un anticuario familia del dueño del hostal. 

 Entiendo. ¿Te pagó mucho? 

 Más de lo que imaginé. 

 Te importa decirme cuánto. 

 Diez mil euros. 

 ¡Diez mil! 

 Sí. No dudé ni un segundo. 

 Mañana nos vemos. Adiós. 

 ¡Espera jefe! Diez mil de las antiguas pesetas. Era una broma. 

 ¿Quieres decir sesenta euros? 

 Sí Gani. 

 Me habías asustado. 

 Ja, ja, ja. 

 Si, si, ya, estás muy contenta. 

 Jefe. ¿Por qué ese interés en mi cama antigua? 

 Mañana hablaremos de eso... 


Resolutamente estacionó la moto frente a la puerta del hotelito. Allí estaba, el hombre de la primera vez. 


 Buenas tardes. 

 ¿En qué puedo ayudarle? 

 Verá soy amigo de una chica que estuvo hospedada aquí hasta esta 
mañana y que vendió su cama a alguno de esta casa. Es una cama 
antigua, muy llamativa, dorada y caoba.
 ¡A sí! Ahora le recuerdo el hombre del cigarrillo ¿Se refiere a la guapa joven? 

 María Jazmín es su nombre.

 Sí, ahora recuerdo, se la he comprado yo.

 Verá es qué necesito recuperarla, la tenía apalabrada para mi nuevo piso y si llegamos a un acuerdo ambos quedaríamos más que satisfechos.

 Bueno, no creo que sea posible.

 ¿Cómo dice?

 La he vendido a un anticuario del polígono industrial, de todas formas puedo darle una tarjeta comercial por si quiere localizarle.

 ¿En cuánto la vendió?

 Lo siento no puedo darle esa información.

 Entiendo. ¿Por cien euros me lo diría?

 La vendí por doscientos euros, parecía muy interesado, incluso aseguraría que quedó entusiasmado con la nueva adquisición.

 Muchas gracias, hasta otra.

 A usted, buenas tardes... ¡Cariño tenemos para ir de fiesta!... – Exclamó risueño y desaliñado el hospedero -

La empresa para la que trabajaba Ganímedes poseía una pequeña nave industrial en aquel polígono. Allí se guardaba la mayor parte de las manufacturas que llegaban vía marítima, por esto dio con prontitud con la dirección reseñada en la tarjeta comercial. Un hombre de mediana estatura y con porte elegante abrió la puerta metálica, desde su posición contempló gran variedad de antigüedades, como muebles, mecedoras, camas, cuadros, figuras, estatuas, etcétera.

 ¿En qué puedo ayudarle señor? 

 Verá estaba interesado en adquirir una cama antigua que vaya a juego 
con la decoración de mi apartamento, me han dicho que ustedes tienen 
un interesante stock. 

 Espere aquí. – Muy pronto apareció la gerente, una mujer de aspecto distinguido y muy guapa llamada Tatiana Vega. -
 ¡Ganimedes! Qué sorpresa, no esperaba que fueses tú. – Se dieron un 
cálido abrazo -
 Pasa, elige lo qué quieras, te haré un precio de amigo. 
Él la sonrió y se entretuvo observando como si no estuviese interesado en algo en concreto. Ella le siguió. 

 ¿Buscas una cama antigua?
 Sí. Algo de época, de barrotes dorados. 

 Tú nunca fuiste clásico Ganímedes. Ah, entiendo te has enamorado por fin y ha sido de una chica conservadora como yo. ¿Sí?...
 Bueno, mi decoradora me ha pedido que busque algo así, la verdad, me 
ha dicho que quiere sorprenderme. 

 Si entiendo, mira esta. ¿Te gusta? 

 No, espera creo que he visto algo. 

 ¿Aquella de allí? 

 Sí, creo que esa me gusta. 

 Llegó esta mañana. Está apalabrada para un buen cliente, lo siento 
tendrás que elegir otra cama.
 ¿Otra? 

 Sí. 

 ¿En cuánto pensabas venderla? 

 En mil euros. 

 ¿Y si yo te ofreciera dos mil? 

 Me olvidé qué era un experto en convencer a la gente, le diré a ese 
cliente qué la cama tenía un defecto. 

 ¿Trato hecho? 

 Por supuesto, efectivo o tarjeta. 

 Tarjeta 

 ¿Traes una furgoneta?

 No, he venido en mi motocicleta.

 Bueno, no te preocupes ahora mismo la cargamos en nuestro vehículo y la llevamos donde nos pidas.

 Es aquí cerca, frente al puerto.

 ¿Por qué no volviste a llamarme?

 Te vi al día siguiente en aquel Porsche descapotable mimando al conductor.
Je, ja, ja.
 Como si eso te importara, solo nos habíamos visto una vez.
 Eres demasiado inteligente para mí, ¡y más alta!

 Um, dame un beso, esta es mi tarjeta personal, llámame y cenaremos un día de estos.

 Ciao Tatiana. Ah, sigues teniendo esa sonrisa preciosa.
 Ahora tengo cosas que hacer encanto. Llámame, adiós Ganimedes.

Tatiana le dejó algo tocado. Recordó el intenso perfume francés que la anticuaria solía ponerse y en su día le hubiese gustado volver a verla la deseó sobremanera. Ahora se sentía algo mayor. Archivó sus recuerdos como buenamente pudo, era tan bonita y elegante, tal vez le cogiera la palabra para cenar con ella unos de esos días veraniegos...

Creyó haber encontrado el regalo perfecto para don Rea. Algo así no se encuentra en tiendas de regalos ni en grandes almacenes y se había quitado un peso de encima con aquel compromiso. Transcurrida una media hora la cama ya estaba en su ático, en el lugar donde indicó que la colocaran. El camastro en cuestión traía un colchón muy bien enrollado y protegido por una funda con cremallera. Antes de enviarla como regalo decidió sacar una pasta especial que tenía entre sus herramientas para pulir el armazón que ilustraba manchas de humedad y otros pequeños arañazos o desperfectos. El único problema radicaba en que no podía ser desmontada y seguramente le costaría un buen dinero su transporte hasta el otro lado del mediterráneo, don Rea y familia pasaban el verano en una mansión de la costa azul por lo que en cualquier caso le costaría más barato, que enviarla a América, donde su jefe pasaba los inviernos. Aquello le sirvió para olvidar otros asuntos, como el enamoramiento ilusorio por María Jazmín, los labios de Dione, la dulzura de Tiana o la figura elegante y sofisticada de Tatiana, rio un poco cuando se vio el “paquete” marcado en el pantalón corto, sin duda estaba más caliente que la cafetera del “virginiano”. Se volcó un poco de güisqui de malta y siguió con la ardua tarea de niquelar aquel armazón, aunque quedó extrañado, pues cuando fue a abrillantar todos los desperfectos habían desaparecido, que raro, me pareció ver arañazos, se dijo… Pero así fue.

Faltaban poco más de quince días para el primero de agosto y la empresa cerraba todo el mes por vacaciones, antes claro está, debían distribuir el último barco que vendría hasta los topes de mercancías. Sorbía un poco de whiskey cuando sonó el teléfono.

 ¿Quién es por favor? Conteste… 

 Buenas tardes. ¿Es Ganimedes Violet?
 Buenas tardes. 
Sí, ¿quién es usted? 

 Le llamo desde la capital, al parecer se me ha adelantado en la adquisición de una cama. 

 Lo siento, identifíquese. 

 Eso no importa, le ofrezco medio millón de euros por ese camastro, 
píenselo, mañana volveré a llamarle. 

 Oiga… - Pero aquella voz misteriosa colgó el auricular -

Colgaron, por supuesto no había rastro del número entrante. Bebió un trago y marcó el de doña Tatiana Vega, alguien debió irse de la lengua, en un principio creyó a pie juntillas que había sido una broma de la elegante anticuaria, pues la voz del interlocutor era la de una mujer, pero Tatiana no estaba disponible y decidió seguir con su whiskey un rato más, la llamaría pasado una hora y de paso la invitaría a cenar. Quién sabe se dijo, ¿por qué a una mujer como Tatiana no podría gustarle un hombre como él?...

El resto de tarde de aquel lunes de julio lo pasó sacando “brillo” con la mirada a su regalo. Al oscurecer había olvidado la idea de telefonearla y tras una ducha, pidió comida china al restaurante que había en los bajos del edificio, pronto quedó dormido, mientras visualizaba una película de misterio en blanco y negro de Humphrey Bogart titulada el Halcón Maltés…

El martes apareció en la oficina más elegante que de costumbre, las gaviotas se arremolinaban en el cemento cerca de los grandes atraques, fumaba un pitillo, aún no había llegado Jápeto que solía adelantarse al resto, por indicación expresa de Ganimedes, quería reunirlos a todos para repasar y poner en orden las distintas directrices a seguir en el mes corriente y dejarlo todo bien atado antes de que todos se marchasen de vacaciones...

 

Capítulo III.
Malos presagios.

Jápeto Juno no se retrasó. Ganimedes le dio una palmada cariñosa y ambos fueron hasta el bar para beber café. El sol aún dormía tras las colinas de espuma muy pronto la luz encendería la bruma y el espejo de las olas.

 ¿Qué hacías ayer tarde en el polígono industrial Ganimedes? 

 ¿Quién te lo ha chivado? 

 Bueno, pareces olvidar que esto es como un pueblo y casi todos te 
conocen, es decir nos conocemos… 

 Je, je. ¿Te apetece esta mañana una copa? 

 Pero ¿cómo es esto? Mi jefe invitando a una copa por la mañana a uno 
de sus subordinados. 

 No sé, tal vez algo haya cambiado. Quiero que corrijamos esos 
descuadres. 

 Llevo tiempo intentado que cada vendedor se haga cargo de sus 
devoluciones eres tú el que pasa la mano. Creo que te estás 
ablandando. 

 Reúne a todos después del desayuno, tengo que ver antes a alguien, os espero a 
las ocho de la mañana en la sala de reuniones. 

 Muy bien jefe... 


Arrancó su moto, quería pasear por el mercado de mañanero, sabía de antaño que Tatiana solía madrugar y hacer la compra en la plaza de abastos, quería sorprenderla, estaba casi seguro que fue ella la que hizo esa llamada ofreciendo quinientos mil euros por la cama. Dio tres vueltas alrededor de la plaza, luego estacionó el vehículo y se bajó a disfrutar del segundo café, el cielo destellaba los primores albores luminosos. El gentío se acrecentaba mientras él buscaba con su mirada la distinguida figura de la anticuaria, entre sorbo y sorbo la vio mezclarse entre hombres, mujeres, vendedores, cantores de mercancías, relatores de productos del día y otros comerciantes y paseantes. No se inquietó y esperó un rato a que ella saliese del mercado, pero pasada una hora decidió entrar, 
hasta que por fin…

 ¿Me buscabas? 

 Al parecer me has encontrado antes tú a mí. He venido a beber un café. 

 ¿Fue todo bien con la cama? 
- Dijo ella -

La miró profundamente. Quería adivinar si decía la verdad, pero ella tenía la mirada escondida tras aquellas gafas de sol de alto diseño. 


 Sí, todo perfecto. 

 Me alegro, ahora debo irme. 

 ¡Tatiana! 

 ¡Qué! 

 Tienes el bolso abierto.
 Ah. Gracias. Hasta otra. 

 Hasta otra. 


Ahora estaba seguro que ella se lo hubiera dicho, le gustaban las bromas mas no solía mentir. Encendió nuevamente el ronroneo de su motocicleta con intención de regresar al puerto, Jápeto y los demás le estarían esperando para la reunión. Justo antes de meter la primera velocidad sonó su teléfono móvil.

 ¿Sí? 

 Subo mi oferta por la cama a un millón de euros, le espero a las doce de la noche 
en la playa de las caracolas de oro, traiga la cama en una camioneta y no diga nada a nadie, queda advertido, adiós señor Ganimedes. 


La inesperada llamada le provocó una carcajada sonora e infrecuente, la moto se caló y se quitó el casco para echar un cigarro. ¿Quién se estará mofando? Pensó. La principal diferencia entre la llamada de la noche anterior y esa no era solamente de orden cuantitativo, la voz que de la última llamada era la de un hombre...

 Buenos días a todos. Jápeto pasa los informes de devolución a cada uno. 

 Sí Ganimedes. 

 Cuando veáis el informe y halláis comprobado esos datos yo os daré 
facilidades para que os pongáis al día. María si así lo quieres puedes 
dejar la sala hasta que hayamos terminado. 

 Será mejor que se quede jefe, así irá aprendiendo. Agregó Mercucho. 

 Tú como jefe de almacén puede salir con ella, que se queden solamente 
los vendedores. 

 Si director, dijo Mercucho que salió con María Jazmín. 


Cuando todos llegaron a un acuerdo en la forma de abonar las comisiones que no habían sido cobradas por la empresa hubo algo de distensión, pero Ganimedes tenía la mente en otra parte, algo en su interior le decía que aquella oferta no era una broma, por otro lado, empezó a rondarle por la cabeza la idea de que tal vez la cama tuviera algún valor desconocido para él, por esto cuando salió llamó a María Jazmín, ésta andaba en la mañana con una sonrisa limpia y ojos brillantes, sus labios relucían por el carmín. 


 Tengo que hablar contigo, pero no aquí, acompáñame a la cafetería. 

 Por supuesto, le espetó ella que le siguió casi sin rechistar. – Una vez 
pedidas las consumiciones ella habló -
 ¿Qué ocurre? 

 María tiene que ser totalmente sincera, quiero que me digas de dónde 
sacaste la cama que vendiste a ese anticuario. 

 Me la regaló un antiguo amante. 

 ¿Cómo es eso? 

 Lo siento, jefe, hace algún tiempo me dediqué a la prostitución… 

 Continúa. 

 El hombre en cuestión era muy mayor para mí pero yo por aquellos días 
andaba desamparada y triste y fue tan bueno conmigo que decidí irme a su casa a vivir por un tiempo, a cambio me compraba todo lo que yo necesitaba. Un día dio una fiesta en una mansión que poseía y en una de las salas estaba esa cama, como adorno, la noche de la fiesta yo bebí más de la cuenta, conocí a un apuesto joven muy rico que no me dejó en toda la noche, embriagados abandonamos la estancia donde estaba teniendo lugar la fiesta y nos escaqueamos a la sala contigua, nos sentamos en esa cama y comenzamos a besarnos, de repente apareció mi protector que se puso furioso y me echó de aquel sitio, me dijo que no quería volver a verme, que me mataría. Como recuerdo me obligó a llevarme el camastro, me quitó todo lo demás, no me dejó ni recoger mis cosas. 

 ¿Y que hizo el joven rico? 

 Se rio de mí, se quedó tan impasible que me eché a llorar, intenté 
pedirle perdón pero me expulsó a patadas. 

 De veras que siento lo que me estás contando. Continúa. ¿Cómo 
sacaste de allí la cama en plena noche? 

 Una amiga mía tenía un novio que era transportista, la llamé y se apiadó, al cabo de una hora apareció con él y me ayudaron a cargarla en 
la furgoneta. Me trajeron hasta aquí y lo demás ya lo sabe. 

 ¿Qué sabes de esa cama? 

 Bueno, solo sé qué era muy valiosa, me contó que tenía doscientos o trescientos años.

 No entiendo. ¿Por qué ese regalo?
 Una noche sentados los dos en esa cama le prometí que nunca lo dejaría, un error por mi parte. No debí darle esperanzas, él pensó que yo le cuidaría hasta su muerte, creo que me la regaló por orgullo, al verme besándome con otro en la misma cama.
 No pensaste ni un momento que ese poderoso estaba muy enamorado de ti, aquella cama representaba mucho para él.
No estoy juzgándote, los dioses me libren de tal cosa, solo que podías haber sido más sensata.
 No hicimos nada el joven y yo, solo nos besamos, él quería hacer el amor conmigo allí y yo me negué, cosa que no le importó demasiado. ¿A qué vienen todas esas preguntas sobre la cama? Jefe…
 Curiosidad, ayer la compré.

 ¿Cómo dice?...

Ganimedes Violet la miraba con una mezcla de tristeza y admiración, le cogió la mano y se la acarició.


 Vaya, no sabes cuánto siento todo eso.

 No lo sienta, por favor, se lo ruego jefe. No quiero que nadie sienta nada por mí.
 No deberías ir por ahí diciendo a los demás lo que tienen que sentir, eso es algo ineludible.

 ¿Por qué ha comprado la cama?

 Me gustó, tenía que hacer un regalo especial y vi el cielo abierto. Una última cosa. Ese hombre, ¿has vuelto a saber de él?

 ¿No me estarás preguntando eso por celos o algo así?

 No, no, ni por asomo.

 ¿Entonces?

 Es por tú bien, si vuelves a saber de él quiero que me prometas que me llamarás de inmediato.

 ¿Por qué he de hacer eso jefe?

 Por tú bien, ya lo sabes, ahora no puedo decirte más.

 ¿Ha ocurrido algo que yo no sepa? ¿Le ha llamado para dar malos informes míos?

 No, María, de verdad que no se trata de eso, vuelve con Mercucho y espérame allí, he de hacer algunas averiguaciones.

 Me ha dejado muy intrigada.

 Lo siento no era mi intención, solo que a la persona que voy a regalarle la cama es muy especial y quiero cerciorarme sobre todo lo relacionado con esa antigüedad.
 Conozco a los hombres, me oculta algo.

 Márchate curiosa, ya hablaremos...

Encendió otro cigarro, había aumentado el consumo, no las tenía todas consigo, seguía pensando que aquellas llamadas eran bromas de mal gusto, también creyó todo lo que María le contó, sin embargo, si aquella cama era tan valiosa, porqué la vendió tan tirada de precio, ya no se encontraba con fuerza moral para seguir interrogándola, en cierta manera María Jazmín le gustaba demasiado, pero nunca le propondría nada, suponía que a esas alturas ya tendría un rollo con Mercucho que era casi de su misma edad. Debía localizar a Tatiana, si aquel camastro era tan preciado, la anticuaria debía saberlo, las prisas no son buenas consejeras, claro que, dos mil euros no están nada mal para aquel montón de chatarra, necesitaba una garantía de que efectivamente era tan antigua como había afirmado su empleada, en ningún caso acudiría a la cita en la playa de las caracolas de oro, aquella oferta del millón de euros no había quién la creyese y podría ser una trampa…

Pasó el resto de la mañana en su despacho poniendo en orden los archivos de ventas, hacía algún tiempo que prescindió de secretaria por motivos económicos, los descuadre en la contabilidad tuvieron la culpa, pero ahora había tomado la firme determinación de ponerse firme y estaba algo bien humorado pues nadie puso objeción a devolver aquellas comisiones de productos que ni siquiera se habían cobrado. Perdonó todo lo anterior y ese fue el detonante para que nadie se quejara. Pasadas la 13:30 llamó a Zahorí. Zahorí se había divorciado y tenía un niño. Era muy misteriosa y callada, todos decían que con los clientes hablaba más que siete juntos, por las tardes tiraba el tarot a gente de su barrio. Ganimedes no creía demasiado en las artes adivinatorias, pero se le ocurrió consultarla en el asunto de la cama. También mandó llamar a María Jazmín, más bonita cada día, esta representaba a la perfección su nuevo papel y lo que le contó de su pasado conquistó su confianza. Acudió de inmediato, también había intentado localizar a Tatiana con varias llamadas a su móvil pero no obtuvo respuesta. H***

 ¿Se puede pasar, jefe? 

 ¡Claro! Siéntate. ¿Te gustaría ser mi secretaria María? 

 ¿Por qué no? 

 ¿Tienes algunas nociones de contabilidad? Manejar archivos, papeleo, 
ordenadores, programas, en fin, ¿te manejas bien con eso? 

 Sí, todo eso se me da bien pero la verdad es que prefiero seguir con 
Mercucho en el almacén y aprender lo de las ventas. 

 Entiendo. Tendrías un despacho, justamente ese que está cerrado y te 
subiría el sueldo. 

 ¿Cuánto? 

 Un veinte por ciento más. 

 Lo que usted diga. 

 ¿Ahora me hablas de usted? 

 Si voy a ser su secretaria será mejor que le hable de usted porqué así 
será para todos. 

 Oh no, no. No quiero que hagas esas cosas. 
Aquí somos sencillos en el trato tendrás que adaptarte. Tu jornada comienza a las seis te iré guiando y orientando el trabajo los primeros días, luego 
te manejarás tú sola. 

 ¿Puedo pasar? 

 ¡Hola Zahorí! Espera, ya termino.
 ¿También vas a ofrecerle el puesto a Zahorí? 

 Ja, ja, ja. No. Tira muy bien el tarot y debo consultar un asunto 
importante, para orientarme un poco. 

 Yo también tiro el tarot jefe. 

 ¿A sí? 

 Zahorí es una profesional. 

 Y yo. 

 Ella me cobra. 

 Y yo también. Veinte euros. 

 Será mejor que lo dejemos. ¿Aceptas el trabajo? 

 ¡Pues claro! Estoy loca de contenta. Un besito. Gracias. 

 A ti. A las 5:45 en la puerta mañana... 


Zahorí quedó con él a las seis de esa tarde para tirarle las cartas en casa de ella. Cerró la oficina, lamentó no haber invitado a almorzar a su nueva secretaria. No tenía ganas de sexo lo que era bueno para la empresa y malo para él. No quería violentarla, era una mujer que sabía de la vida y cada vez que estaba con ella temía que le descubriese en sus ojos ciertas intenciones, tampoco llegó hasta esos extremos. No la vio irse. Cruzó hasta su portal, subió, se duchó picó algo y durmió un rato hasta las cinco. 
Zahorí le estaba esperando. Las cartas muy pronto hablaron. 


 ¿Has adquirido recientemente un mueble o un amuleto poderoso? 

 Si una antigua cama. 

 ¿Lo ves sale aquí? 

 No entiendo nada.

 Te lo iré desmenuzando. Vas tener complicaciones si no te deshaces de esa cama, que raro, aquí sale como un amuleto que posee una fuerza poderosa.

 ¡Venga ya!

 Sí. Lo dice esta carta. Alguien está dispuesto a matar por esa cama. ¿Tienes una cita con alguien?

 Sí esta noche.

 No vayas.

 Eso he pensado.

 No me gusta esto jefe. Tira esa cama o devuélvela es muy codiciada por gente muy poderosa de las altas esferas, a decir verdad la andan buscando.

 ¿Dicen esas cartas algo de su antigüedad o a quién perteneció?

 Más que eso. Alguien hizo un poderoso conjuro o filtro de amor, salen dos amantes inmortales que buscan la cama.

 Tengo los pelos de punta.

 No es para menos, mira las velas, se han apagado.

 Qué “cague”.

 No pasa nada, tú tienes mucha energía, tus ángeles protectores te avisan del peligro. Ya está. Sigamos. Alguna persona de tu círculo laboral va a desaparecer.

 No jodas.

 No blasfemes, no ayuda.

 Vale. ¿Quién?

 Puedo ser yo o cualquiera. Incluso tú. Será mejor que vayas a la policía y entregues esa cama.

 No es para tanto, la compré en una casa de antigüedades, es una operación totalmente legal.

 Eso te parece a ti, quién te la vendió no sabe lo que te vendió.

 Entiendo.
Basta, por hoy, no me encuentro bien.

 Como quieras, qué me aconsejas.

 Vete a casa y deshazte de esa cama lo antes posible o entrégala a su dueño.

 Para eso era la cita. Me piden que esta noche lleve la cama a la playa de las caracolas de oro, a las doce de la noche, a cambio un millón de euros.

 Es una trampa, te matarán, ellos han sido robados por la misma persona que va a desaparecer.

 ¡María Jazmín! Ella fue la que trajo la cama.

 Haberlo dicho antes jefe. Tienes que actuar con rapidez. ¿Quieres qué vaya contigo? El crío está hoy con su padre.

 ¿Me acompañarías a esa cita a media noche?

 No. Te acompaño a sacar la cama de allí cuanto antes.

 No. Gracias Zahorí, ha sido muy alentador y no sé si creerme todo eso.
 Las cartas están ahí, hazle una foto y llévala a otro tarotista, te dirá lo mismo.

 Un beso, mañana nos vemos en la oficina.


Vale Gani, cuídate, llámame a cualquier hora.

 Así lo haré Zahorí, ha sido muy interesante... 

La curiosidad comenzó a azotarle más allá de lo aconsejable. Justo cuando se disponía a coger la motocicleta sonó el móvil. Era Tatiana Vega la elegante anticuaria.

 Te he llamado varias veces. 

 ¿Tienes aún esa cama Ganímedes? 

 Sí. 

 Te doy cien mil euros por ella, pero no quiero preguntas ni nada. Me das la cama te doy el dinero y si te he visto no me acuerdo.

 Creí que querías cenar conmigo.

 Esto son negocios, tú lo sabes igual que yo.
 Vaya, cien mil. ¿Qué tiene esa cama?
 ¿Aceptas o no?

 Déjame pensarlo una hora.

 No.
 Está bien. Cuándo y dónde.

 Enviaré a alguien a recogerla dentro de una hora, llevará dinero en metálico, me firmas la venta y asunto concluido. ¡Puedes hacer muchas cosas con ese dinero!

 Cierto. Ok, dentro de una hora en mi ático.
Ha sido un placer, llámame uno de estos días.
Adiós...

Capítulo IV.

María Jazmín secuestrada.

Zahorí esperaba a Ganimedes en el portal con gesto de preocupación.

 Hola Gani. 

 ¿Qué haces tú aquí en mi casa? Y lo de Gani no me gusta. No me llames así…
 Pues sí lo haré, eh… Cuando estuviste antes en mi casa desde mi balcón te oí hablar por el móvil de la cama, después arrancaste tu moto. ¿Me dejas ver esa 
cama misteriosa? Luego te prometo qué me iré. 

 No digas eso, Zahorí. Sabes que me resulta muy agradable tu compañía.
 ¿Te gusta mi nuevo perfume? Es ámbar gris. El más caro y exquisito, lo mandé traer de Florencia.
 Dijo un eminente psiquiatra y no le faltaba razón que las mujeres sois 
para los jóvenes, además, eres casada, bella y con ese perfume tan intenso te haces aún más deseable.
 Me haces sonreír y sonrojar.
 Por favor, Zahorí, ciérrate un poco esa camisa, si no mi conserje tendrá mareos.
 Ja, ja, ja. 


Ocurrió algo. Cuando Ganimedes se disponía a sacar la llave, Zahorí lo estaba mirando fijamente con deseo, él intentó besarla y ella le rechazó. Se excusó y le echó la culpa al perfume, ella dijo que para eso se lo había puesto, aunque hasta ahí llegó el flirteo. Zahorí se quedó como estática cuando vio la cama se acercó y se sentó frente al camastro observando cada detalle, en ningún momento giró la mirada, ni siquiera para mirar a Ganimedes que se situó a su lado hasta que ella le ordenó que se fuera un rato al balcón o la cocina. A la media hora regresó a la estancia. 


 Ven, acércate. Ella estaba recostada en una de las varillas de la cama. Le miró y le dijo: 
Acércate y dame un beso como si me amaras de verdad. Ven…

Ganímedes Violet sonrió un poco pero volvió a besarla de una forma extrañamente pasional y suave, Zahorí le correspondió cómo si realmente estuviese enamorada. Instantes después un secreto cajoncillo que había bajo la base del arcaico armatoste de bronce se activó. Ambos se percataron y luego de esto una rara tos los azotó. Algo extraño les estaba ocurriendo, sin duda, hasta que Ganimedes consiguió extraer un libreto de cobre antiquísimo pero impecable; tallado con la imagen de un viejo alquimista una venus de milo desnuda una pintura muy gastada de Leonardo Da Vinci junto a un texto escrito en latín my antiguo en su reverso.

 Espera, dámelo, vamos a ponerlo en la mesa. 

 Pronto estarán aquí para recoger la cama, debes darte prisa. 

 ¿Lo has visto? El libreto bronce se ha abierto solo, increíble, a ver, es una cajita con un papiro. ¡Por todos los 
Dioses Ganimedes! 
Esto es asunto muy grande para nosotros…
 ¿Qué es eso Zahorí? 

 Un collar cósmico, lo leí en una antigua leyenda, pero, espera, el papiro 
tiene mucha fuerza, ¿has visto eso? Ha cambiado de idioma al abrirlo y de tonalidad…
 Yo estoy algo asustado. Lo he visto. 
Será mejor que guardes todo eso…
 No seas miedica. Leamos:

“Esta cama y todo su contenido pertenece a un Ser Superior Inmortal y a de ser 
devuelta por quién la encuentre, a cambio, los Maestros Invisibles y Arcángeles del Sur, regalarán el collar a la pareja que la devuelva. El collar desaparecerá si se intenta hacer negocios con él. Quién a sabiendas haga negocios con la cama sin devolverla a su verdadero dueño perderá el amor para siempre y fallecerá de muerte repentina. La pareja que encuentre esta misiva y cumpla el mandato nunca perderá el amor y vivirá largos años”... – Fin de la nota.

 ¿Has oído bien lo qué he leído? 

 He oído el portero electrónico. Mis cien mil. 
Y además, estoy totalmente acojonado.
 No cojas ese dinero, tenemos que buscar nosotros a su dueño. ¿No lo 
entiendes? No tenemos otra opción. 
Moriremos…
 No, esta vez lo tengo claro. No perderé esta oportunidad de poseer una Harley, no, no.
 Hagamos otra cosa, pon el libro de cobre en su sitio, cojamos el dinero y en agosto nos vamos los dos de vacaciones como consuelo.
 No, tú tienes un crío, me iré con otra. Ya están ahí.
 No abras.

 ¿Pero qué estás diciendo? Mi casita de la playa está detrás de esa puerta.

 Abre y diles que rompes el trato, aún no has firmado nada.

 No te creas eso, a lo mejor esa tos era de alguna droga embriagadora que nos ha hechizado.

 Qué rebuscado eres.

 Pase, pase. Ahí tiene la cama, deme ese papel y mi dinero.
Hay 200 billetes de 500 euros, todos “nuevecitos”.

 No lo hagas Ganimedes, te arrepentirás. Señor dígale a la persona que ha comprado esta cama que averigüe a quién pertenece y la devuelva de inmediato.

 Señora yo solamente soy el transportista.

 Zahorí tú y yo no somos el uno para el otro y no estoy para aventuras imposibles
Ya está. Oye, ven y, ayúdenme.

Alguien más subió y ayudó a bajar la cama muy cuidadosamente no sin antes de haberle colocado un envoltorio y protegido debidamente. Zahorí ocultó el libreto de cobre en su ropa y no le dijo nada a Ganimedes que estaba entusiasmado por el trato, le costó dos mil y la vendió por cien mil. Ya se veía a la mañana siguiente en la tienda Harley y todo el mes de agosto por delante.

 Adiós Zahorí, te haré un regalo. 

 No hace falta, la cama era tuya, nosotros no teníamos ningún trato. 


Ganímedes se asomó al ventanal para verla salir del edificio. 
Desde la calle Zahorí le tiró un beso, él le dijo adiós con la mano... 


Con todo ese dinero desparramado por la mesa de cristal y atiborrado de güisqui oía música. Ganímedes hacía proyectos mentales de pasión, lo primero sería comprarse la Harley, si bien, no se desprendería de la que tenía y alquilaría una bonita casa en un risco marítimo, rodeada de pinos o algo así. Pronto quedó dormido, hasta que a las doce y media de la noche sorpresivamente el sonido del teléfono lo despertó. 


 Ha hecho usted muy mal, señor Ganimedes. Y le diré algo, no volverá a ver a María Jazmín hasta que no traiga la cama, le volveré a llamar. Voy a darle una última oportunidad.

La resaca febril se volatilizó a velocidad luz. La cosa iba muy en serio. ¿Qué haría ahora? Debía llamar a Zahorí, ella le miró de una forma que le atravesó las entrañas. En el contestador del teléfono había registrado un mensaje de ella: - “Soy Zahorí, ya no iré más al trabajo, prepáreme el despido. Gracias por todo, fue muy bueno conmigo pero ya no deseo verte nunca, me iré de la ciudad en breve. Adiós”.

La noche comenzaba ahí, la larga noche, hasta las 5:45. Se hizo un buen café y bebió un poco de coñac. Se contuvo, disfrutó de una taza de café que le repuso y cuando miró el reloj eran las dos de la mañana. Fuera soplaba una fuerte tramontana y el mar encrespado se veía desde su posición. Seguramente María Jazmín aparezca en la mañana con Mercucho. Dedujo. Entonces sonó el timbre de la puerta de abajo. A esas horas sería un error o una broma de borracho adolescente. Sin embargo la sonería del amanecer le hizo incorporarse de su sofá hasta el aparato.

 ¿Sí?
Soy Zahorí. Ábreme, debo decirte algo.

No lo dudó por supuesto y pulso el botón...


 ¿Qué te ocurre en la cara? Pareces sudorosa.

 Dame un abrazo, por favor.

La abrazó, ella tenía fiebre, la misma fiebre que le atenazó a él. Zahorí le pidió unos comprimidos y un poco de café.

 Espera en el sillón iré a la cocina... Y no sabes lo peor.

¿El qué?


Han secuestrado a María Jazmín.

 No.
 Sí. Dicen que volverán a llamarme, si no llevo la cama la matarán.
Las cartas no se equivocaron. Siento haber dudado de ti, nunca creí en esas cosas, aunque las venda.
 Siéntate aquí a mi lado, vamos a leer esto.
Debemos mantener la calma, esperaremos a la mañana, a lo mejor María aparece con Mercucho.
 ¡Has robado el papiro y el collar!
 ¡Por qué has hecho eso!
 No lo creo, no creo que esté mal lo que hice. Tiré el mazo de cartas antes de venir. Solo tenemos la opción de este collar de piedras cósmicas y este papiro. Dice así: Tenemos hasta el amanecer de mañana para entregar la cama.
Debemos localizar a Tatiana.
 ¿Sabes dónde podría estar guardada la cama?

 Sí, en el polígono industrial.
Cogemos la camioneta y vamos.
 ¿Y cómo entraremos? Hay alarmas y la puerta es de acero blindado. Llamemos a la policía.

 Ni lo sueñes.
Se complicaría todo aún más. Otra cosa, tendrás que devolver ese dinero.
 Ni borracho.

 Tienes que devolvérselo a esa anticuaria. No podemos comerciar con la cama, es la muerte. Lo encontré.

 ¿El qué?

 Lo que imaginé. Busqué en Internet.

 No te entiendo nada, además, tienes fiebre y estás sudando.

 La fiebre está menguando. Aquí habla de un aristócrata. Escucha esto Ganímedes.

 Espera un segundo. ¿Y si echan en falta ese libreto?

 Es poco probable.

 ¿Qué quieres decir?
A no ser que conozcan la historia completa. Al parecer, el cajoncito se activó con nuestra energía. Te dije que había oído una leyenda sobre esta cama, hace años que lo leí en un libro francés.
Tarde o temprano el que ha pagado buscará ese collar y el papiro. De cualquier forma es una baza a nuestro favor.

 De cualquier forma creo que huiré con mi moto nueva y el dinero.

 ¿Abandonarás a la pobre María Jazmín a su suerte?

 Soy vendedor de suvenires no Indiana Jones.

 Es una lástima...

 ¿El qué?

 Nada, será mejor que no te diga nada más. Eres un incrédulo que solo piensa en el dinero. ¿Conoces el mito del alquimista inmortal y la venus de milo?

 Pues no.

 Escucha atentamente: - “Y conseguido el Dragón Verde decidió hacer inmortal a la mujer de sus sueños”.

 ¿Qué significa eso?

 Algo salió mal... “Al qué no se puede nombrar consiguió el Dragón Verde”.

 ¿Qué es el Dragón Verde?
 Algo que todas las mujeres quisieran tener en su botiquín querido. Continúo. “Al principio Él vivió entre las cortes Europeas del medievo, pero todos envejecían y él seguía igual, por esto solía cambiar de país, hasta qué un buen día lo dieron por muerto y desapareció y nadie volvió a verlo. Sin embargo regresó a por ella, la encontró y huyó con él, luego de esto, él le dio a beber del Dragón Verde y embriagados por el amor perfecto e inmortal, decidieron construir el amuleto de los amantes, la conexión cósmica de los corazones y mentes enamoradas. La cama misteriosa. Si dos enamorados se acostaban en ella se activaría un conjuro que provocaba que ese amor durara hasta el final de sus vidas con la misma intensidad de los primeros besos” Que bonito Ganímedes, cuánto romanticismo en esta trágica y bruja historia.
 Me estoy atascando Zahorí. Y ya sabes que no soy ni de Shakespeare ni de Cervantes.
 ¡Calla! Y escucha esto...
 ¡Hay más! ¿Quieres un trago? Zahorí.
 Si, ponme un poco de vino tinto.
 Aquí está…

Capítulo V.

Zahorí y la cama misteriosa.

La bonita Zahorí dio un trago de copa y sacó de su bolso otro mazo de tarot.

 Ganímedes, cariño. Cierra los ojos, concéntrate y saca una de las cartas del manojo, pero antes tienes que centrar toda tu energía mientras tocas las epístolas de tarot. 

 ¿Si te regalara diez mil estarías dispuesta a dejar este asunto?
 ¡Qué vergüenza esas palabras viniendo de ti con lo serio qué es este asunto!
 Está bien, está bien, tal vez me hayas convencido y colabore. No te enfades…
 Si me marchara ahora mismo no me ocurriría nada, sabes, estoy aquí ayudándote, ya que la cama 
es tuya y eres tú el que la ha vendido y vas a morir si no la devuelves. Conociéndote no sé cómo te ayudo, tú y tú promiscuidad… Ganimedes por dios…
 Cierto Zahorí, dame un beso, lo siento. ¿Me besas o no?...
 Eso se acabó ni lo sueñes Ganimedes. Ahora por favor extrae la carta. 
- Ganimedes extrajo la carta y la colocó delante de ambas miradas - Luego exclamó: 

 ¿Qué opinas? No entiendo nada…
 Júpiter, Venus, Plutón. Um, conjunciones poderosas…
 ¿Quiere decir qué estamos a salvo? 

 No, no dice exactamente eso, dice que la fortuna nos acompañará en esta 
aventura, otra cosa, uno de los dos morirá cuando se consiga el mandato de este papiro pero habrá contribuido a mejorar las cosas en el planeta. 
Qué extraño…
 ¡Haremos una cosa! 

 Te escucho.
 Me encargaré del transporte, de la guerra, de los itinerarios, de la 
comida, de morir por ti y tú de descifrar toda esa historia de mitos y leyendas 
imposibles de creer. ¿Qué te parece preciosa?
 La primera buena idea que has tenido esta noche, pero aquí no dice cuál de los dos morirá. Si no hubieses vendido la cama ya 
estaríamos buscando a su dueño.
 Aún no sabemos dónde hay que llevarla. 

 Cierto Ganimedes, en eso estoy y vete un ratito, trae otro café. 

 Yo me tomaré otra copa. Menudo problema. 
Y solo es una cama…
 Si la cama ha sido robada o está extraviada y Los Enviados necesitan 
localizarla, el collar tiene un sistema de la tecnología de los sabios atlantes, que localizará la última posición de la cama”. ¡Has oído esto Ganimedes! ¡Ganimedes! Ahora debo ponerme el collar. ¡Dios mío! Todas las piedras se han encendido. Oye esto: “La dama que haya recibido el beso será envestida por los poderes venusianos y el hombre que bese a la dama será envestido con los poderes de Júpiter, ambos estarán protegidos por la protección de Plutón”. Acércate y mírame a los ojos. ..

 Venga, esto no me está gustando Zahorí… Estoy asustado de veras cariño…
 Tienes que decir qué me amarás para siempre y yo responderé y luego 
nos besamos. 
No queda otro remedio para salvar nuestras almas.
 Y luego qué. 

 Bueno aquí dice que tenemos que hacer el amor y yo debo llevar ese 
collar puesto pero si no tienes ganas o estás cansado lo intentamos sin eso. Luego el collar nos servirá de guía hasta la cama y luego hasta su dueño. Y si realmente los dos sentimos algo entonces Venus y Júpiter nos protegerán. ¿Comenzamos? Bien. No me desagrada, aun así me parece una historia increíble. Dilo. Tienes qué decírmelo ya Ganimedes.
 Zahorí. Te amaré para siempre mi vida…
 Ganimedes te amaré para siempre amor mío…
 Bésame en el cuello despacio. 

 Hueles muy bien.
 Esto ya lo sabías y no hables nada, no vaya ser que los Dioses se irriten.

Allí estaban los dos, parecían enfermos lujuriosos de pasión y amor, quién lo hubiera dicho, una música secreta comenzó a pulular por el ambiente misteriosamente, durante más de dos horas les pareció que no existía tiempo ni lugar; caricias lentas, besos profundos, gemidos interminables... Cuando todo acabó la atmósfera que los envolvió desapareció de repente y ellos regresaron a su estado normal, Ganimedes intentó quitarle importancia a tanta pasión siendo un poco grosero cosa muy poco habitual en él. ¿O realmente estaban enamorados?... Quién lo sabe…

 Un buen polvo, por los Dioses que sí. 
- Zahorí se irritó -
 Cuando te lo propones eres ser despreciable. Sigamos, son las cuatro, 
pronto sabremos si lo de María Jazmín era una broma o un “farol”. 

 ¡Mira las piedras y el papiro Zahorí! Impresionante…
 ¿Conoces esta dirección Ganimedes? 

 Sí, es la nave industrial donde trabaja Tatiana, bueno creo que es la 
dueña con otro socio al que nadie ha visto por aquí, dicen que es de la 
capital del país.
 Sea como fuere nos vamos ya. Ve a vestirte. 

 Son las cuatro y media. ¿No sería mejor esperar a las ocho e ir 
directamente a hablar con ella? 

 Tal vez, vamos a dar una vuelta por allí. Mete el dinero en el sobre 
ya estoy lista, me daré un repaso en tu bonito aseo. 

 Adiós a mi Harley... 

 Y adiós a mí cuando todo esto termine no me verás jamás… - Concluyó la bonita y misteriosa Zahorí -

Minutos después se subieron a uno de los furgones de la empresa, las calles aún estaban “dormidas”, los pocos viandantes eran turistas que regresaban de sus juergas más toda esa juventud que regresaban a casa tras una noche de copas.

 No ha estado mal y me hacía mucha falta hacer el amor... 

 Siento lo que dije del “polvo”, ha sido bonito, tal vez lo más bonito que jamás sentí…
 No te enamores tonto. Gira a la izquierda. 

 Sé dónde es. Esa es la nave industrial. 
Para aquí Zahorí.
 ¡Mira eso! La puerta está abierta y hay un coche de policía. 

 Larguémonos. ¡Espera! Ahí llega Tatiana en su lujoso coche. 

 Ha habido un robo. Se complica todo... 

 Esperemos que nuestra cama siga ahí. Estaciona aquí, observaremos qué ocurre. Joder. Debí olvidar esa cama. 

 No tenías ni idea de lo que tenías y puedes estar seguro qe lo peor está por llegar…
 Tú y esas leyendas oscuras que lees. 

 Me faltó muy poco para ser parapsicóloga. Voy a bajarme. 

 ¡Ni lo sueñes! ¡Espera ahí sale! La policía se marcha ya. 


Tatiana Vega ojeaba lo que podía faltar en el almacén a consecuencia del posible hurto, alguien había forzado la puerta, por fortuna parecía que no se llevaron nada. Ellos bajaron del auto y fueron al encuentro de la anticuaria ella los vio de inmediato. 


 ¡Ganimedes! 

 Buenos días Tatiana.
 ¿Qué haces aquí a estas horas? 

 Te presento a Zahorí una empleada mía. 

 Hola, es un placer. 

 Lo mismo digo. 

 ¿Qué ocurre? 

 ¿Dónde está la cama qué te vendí? 

 A estas horas a punto de entrar en un avión destino incierto. 

 Tienes que llamar de inmediato y hacer que la vuelvan a traer aquí, hay 
cosas importantes que no sabes. Es una cuestión de vida o muerte. 

 Han raptado a nuestra compañera, no sabemos quién lo ha hecho, si no llevamos esa cama la matarán. - Agregó Zahorí -
 Creo que es tarde para eso. He cerrado la transacción, esa cama ya no me pertenece. Y ahora os ruego salgáis de mi almacén. Tengo sueño y mañana he de madrugar.
 Lo que imaginaba la codicia perfumada. – Exclamó Zahorí clavándole su mirada profunda a la bella Tatiana -
 ¡Fuera he dicho! ¡A los dos!

 ¿Nos dirás al menos que vuelo es?
- Agregó Ganimedes -
 Esa información vale cinco mil.
 Aquí tienes.
Sabía que eras cara ahora se confirma, adiós Tatiana.
 Es un avión privado, modelo FG777 y despega dentro de una hora.

 ¡Aprisa, Ganímedes!

 No conseguiréis nada.
´Concluyó la bella Tatiana -
 Qué disfrutes de ese dinero, date prisa en hacerlo zorra, agregó Zahorí en la despedida mirando a Tatiana con harto desprecio...

De repente unas nubes negras que venían del poniente acompañadas de rayos y truenos comenzaron a “poblar” el cielo y seguidamente un aguacero incesante; provocó que Ganimedes no pudiese circular a más de cincuenta kilómetros por hora.

 Tranquila Zahorí. Hay tiempo. 

 No sabemos que avión privado es. 

 Si lo sabemos es un CB489. Además. ¿No dijiste que el papiro nos 
ayudaría? Y lo de Venus, Júpiter, Plutón, protección, buenas cartas…
 Eres un cielo recordándomelo. Gracias por un segundo no me acordé, gracias. ¡Espera! El papiro no dice nada, esperaremos a llegar a las inmediaciones de la pista de 
despegue, tal vez allí nos revele algún dato.
 Qué manera de llover y creo que te…
 ¡Está granizando! ¿Qué decías?...
 Esto es muy raro en pleno mes de julio, Zahorí…
 Te dije que los dioses nos ayudarían, con este tiempo ningún avión 
podrá despegar. 
La verdad es que los meteorólogos no daban lluvia. 

 ¿Podré ahora quedarme con los noventa y cinco mil? 

 No, ni en sueños y ve con cuidado, el asfalto está muy resbaladizo. 
Ese dinero debe ser devuelto…
 Nunca llegué a pensar que eras tan versátil y tan bruja. Dime 
una cosa Zahorí, ¿qué es todo eso de la magia y la brujería? ¿Tiene la 
cama algo qué ver con ese mundillo? Porque no lo entiendo. 

 Ten cuidado con el coche ese, casi chocamos.
 Tranquila. ¿Me cuentas algo o no de este asunto? No cambies de tema…
 Está bien. Hace algunos siglos hubo gente muy sabia en Europa, médicos 
eminentes, gente aristócrata, filósofos, se auguraba el fin del mundo, muchos de estos investigadores de la vida practicaban e investigaban concienzudamente como descubrir el Dragón Verde. 

 ¿Me dirás de una vez qué es eso del Dragón Verde? 

 Un elixir que curaba todas las enfermedades y dotaba al hombre o mujer con el 
poder de la inmortalidad física, le llamaban el elixir de la eterna juventud. 

 ¿Es cierto eso? 

 Bueno, todos son leyendas, pero toda leyenda contiene parte de verdad. 

 ¿Y qué ocurrió? 

 Al parecer este aristócrata que frecuentaba las cortes europeas, 
consiguió la panacea inmortal, la piedra filosofal de la medicina y el 
bienestar humano. 

 ¿Cuál es su nombre? 

 El sin nombre. Aunque no fue al único que le atribuyeron el 
descubrimiento. No. 

 ¿Él es el diablo de la tradición cristiana? 

 No.
No creo que lo sea, ni tampoco sé si existe o existió ese elixir, todos son conjeturas y más conjeturas…
 Este asunto se me queda grande, si descubres esa panacea te compraré la patente.

 Hoy día es imposible producirla.

 ¿Tú crees en eso?

 Sí.

 ¿Entonces quién es el ilustre personaje?

 Un atormentado que busca su disolución en la totalidad. Pasó muchas décadas feliz, transcurridos dos siglos, ella se alejó de él, tuvieron muchos problemas.
Ahí se distinguen las luces del aeropuerto.
La lluvia cesa. Gira por ahí.

 Conozco el atajo te lo enseñé yo.
 Es aquel avión. Puedo ver su numeración.
 ¿Cómo lo haremos?

 Para el coche junto a aquellos matojos.
Comienza a diluviar de nuevo.
 ¡Mira! Llevan la cama al avión y solo es una persona. Creo que tenemos una oportunidad. ¡Acelera! Frena en seco cuando llegues a su altura, nos bajamos la metemos en la camioneta y salimos pitando de aquí.
 Cosas de películas, propio de ti. Ahí voy. Agárrate…

Gracias a la lluvia consiguieron su objetivo, el hombre que trasladaba la cama al avión quedó tumbado sin terminar de creer lo que había sucedido. Aunque tal como previno Zahorí la tragedia se cernió sobre ellos y un segundo hombre que salía del avión disparó a Zahorí que quedo tumbada en la pista herida de muerte bajo la lluvia que arreciaba, cuando Ganimedes fue a comprobar porque no había subido al auto la encontró allí mirándolo con los ojos brillantes que parecían emanar alegría, él la cogió y la apoyó en sus rodillas…

 Aprisa debes irte ya o te dispararán, adiós amor, fue precioso…
 No, no puedes irte, tenemos que estar juntos tal como dijo el papiro…
 Lo estaremos, cariño, lo estaremos… - Finalmente Zahorí expiró y el la besó apasionadamente exasperado y tal vez hundido para siempre ella pareció abandonar el mundo siendo feliz -

Un nuevo disparó rozó a Ganimedes llevándose finalmente la cama consigo salió huyendo con su faz cubierta de lágrimas mezcladas con el agua de lluvia, aún no podía creer lo que le había sucedido y seguramente, pensó, María Jazmín haya corrido la misma suerte… Salió del aeródromo sin ser visto pues la lluvia incesante hacía imposible la visibilidad, decidió en su desidia esconderse en los bosques de la sierra, hasta tener noticias de María Jazmín...

Con todo no paró de llorar de rabia e incluso pensó por un momento en regresar por el cuerpo de Zahorí pero arriesgaría demasiado. Aún no poseía revelaciones certeras de quién podría ser el hombre que llevaba más de tres siglos viviendo. Zahorí, tampoco supo decirle con exactitud para qué se construyó la cama ni porqué, por esto ella siguió investigando aquel papiro y el collar de piedras atlantes, o eso parecía... Ganimedes mientras tanto echó una cabezada al amparo del canto de los pájaros y el aroma a pino aromático...

Jápeto Juno confirmó lo que ambos temían. María Jazmín no apareció en la oficina y Mercucho afirmó desconsolado qué no la veía desde el día anterior. A las nueve de la mañana sonó el móvil del jefe de ventas que dormía vencido bajo la mampara verde del bosque oculto en su camioneta con la cama misteriosa. Ganimedes no quiso decirle a Jápeto qué Zahorí había muerto asesinada en la pista de despegue del aeropuerto los noticiarios a esas horas ya habrían dado a conocer el fatal desenlace. Cuando el sueño estaba a punto de rendirle para siempre su teléfono móvil sonó:

 Señor Ganimedes. 

 Sí, yo soy. 

 ¿Tiene usted la cama? 

 Así es. 

 Bien. Ahora hará exactamente lo que le diga.
 ¿Dónde está María Jazmín? Han matado a mi compañera Zahorí…
 María Jazmín está bien. Y no sé nada de esa mujer de la que habla. ¿Se encuentra bien? Ahora haga lo que yo le indique. Él dice que lamenta 
lo que ha ocurrido, les recompensará. 

 ¿Quién es él? 

 No es necesario que sepa su nombre. Regrese como si nada hubiese 
ocurrido, usted no devolverán lo que se han quedado, el 
papiro y el collar atlante. 

 ¿Cómo sabe eso? 

 Deje la cama en el aparcamiento subterráneo del centro comercial del 
mare Nostrum, gire a la derecha, baje una planta y en el estacionamiento 
número 77 estará esperándole María Jazmín. 
Ella por la cama. El intercambio será breve…
 De acuerdo. 
Así lo haré.
 Hágalo ahora, no vaya a su casa. Tiene treinta minutos. 


El hombre misterioso colgó. Él seguía hablando a Zahorí cómo si aún estuviese allí dentro del coche… -

 ¿Zahorí? ¿Qué opinas? 

 Haremos exactamente eso. 

 Estoy de acuerdo.
 ¿Sabes por qué nunca conseguiríamos devolver esa cama a su dueño legítimo?

 No. ¿Por qué?

 Según pone en el papiro es por no estar enamorados uno del otro. No se activó el hechizo subliminal.

 Ya me conoces, no creo ni en religiones ni en el amor. Y mucho menos en encantamientos ni brujerías.

 No te preocupes y no estás mal, me gustas mucho, aunque yo tampoco he sentido nada diferente a lo que suelo sentir.

 Te dejaré en tu casa Zahorí, no tienes porqué arriesgar más en este asunto.

 No, déjame ir contigo a comprobar que todo sale bien.

 No. Ya te he comprometido bastante, ahora debemos separarnos.

 Debo recoger a mi niñita en el colegio.
Adiós.
 ¿Sigues queriendo el despido?

 Sí. Voy a mudarme a otra ciudad, será muy difícil olvidarte Ganímedes.
 Añadiré un buen regalo a tu indemnización por el despido, sin tu ayuda ahora estaría muerto.

 No hará falta, adiós Ganimedes fue muy bello, sabes, nunca imaginé que fueses tan...

Zahorí echó a correr sin decir nada más, parecía afligida o tal vez solo fuese cansancio por la tensión vivida., pero en realidad tenía sus ojos empañados de llorarla aún el intenso y bonito perfume de ella absorbía la zona metafísica del habitáculo…

Capítulo VI. 

El dragón verde de la buenaventura.
Capítulo final.

Hizo exactamente lo que aquella voz telefónica le indicó. Entonces vio dos hombres trajeados muy corpulentos dar vueltas en la entrada del parking. Bajó hasta la primera planta y al torcer en la curva vio un coche oscuro atravesado en la vía. Un hombre corpulento de aspecto elegante le hizo una señal para que parase, otros dos abrieron el furgón y sacaron la cama, otro se acercó hasta la ventanilla y le conminó a que le entregara el papiro y el collar de piedras cósmicas. Luego le dijeron que esperase con el motor parado. A los pocos minutos le invitaron a bajar del coche y acercarse hasta las inmediaciones donde había dos vehículos mono volumen de color negro con los cristales tintados del mismo color. Caminó hasta allí, había una mujer muy hermosa de pie mirándole fijamente, también estaba María Jazmín. La mujer bella que lo miraba resultó ser...

 ¡Zahorí! ¿Qué haces aquí? ¡Estás viva! ¿Por qué me miras así no pareces la misma?
 Olvida lo nuestro y por favor entra en el coche Ganímedes, alguien quiere hablarte. Quizá le conozcas.
 ¿De dónde ha sacado esa ropa? María Jazmín. ¿Estás bien? Al menos estas viva. - María Jazmín rio con Zahorí. – Entonces entró en el coche. Ahora se encontraba totalmente desorientado…
 ¿Quién es usted? ¡Don Rea!
 Sí, Ganimedes yo soy. El auténtico dueño de la cama misteriosa, es decir, podrías llamarme padre 
Júpiter, Paracelso, Conde Saint Germain, también con otros muchos nombres, Simón Mago, Jesús de Nazaret, Belcebú, ángel de las tinieblas, también Drácula, de alguna manera tengo algo de cada uno de ellos. No mires a mi rostro. 

 No lo haré señor. ¿Qué ocurre Don Rea?
 ¿Te has enamorado de Zahorí, verdad? 

 No. Solo fue un acto pasajero, señor, lo más bello que jamás tuve. - Ganimedes 
dijo esto mientras clavaba su mirada en los preciosos ojos de Zahorí que le correspondió con una mirada de puro amor, si es que estas cosas se pueden describir con palabras, aunque la verdad es que realmente todo era demasiado confuso ahora para Ganimedes Violet –
 ¿Qué ocurrió en el aeropuerto señor?
 Ya se lo he dicho todo fue un montaje. Ahora deme los noventa y cinco mil euros que guarda usted ahí. No le pertenecen. Antes beba un trago de este refresco, le aliviará el dolor que le acongoja, apúrelo todo refrésquese recupere fuerzas…

Ganímedes muy sediento, accedió a la invitación y se bebió todo el contenido de la botellita que le ofreció el enigmático personaje, luego de esto sacó el 
dinero de su bolsillo devolviéndolo sin queja.

 Aquí tiene el dinero, no lo quiero don Rea.
 Tal vez usted no lo entienda y espero no se enoje demasiado con lo que voy a decirle. Todo lo que te ha ocurrido ha sido cosa de 
Zahorí. Ella es una Venus, al igual que María Jazmín, ambas son musas verdaderas capaces de inspirar al más cerrado de los corazones, comprenderá porque compartí con ellas mí elixir. Zahorí se enamoró por vez primera en tres siglos y fue a por usted desde hacía algún tiempo su obsesión era convertirlo en su pareja eternal en su acompañante en el tortuoso camino de la inmortalidad ahora todo se ha roto señor Ganimedes, pero tranquilo a lo mejor no cierro la empresa…

 No lo entiendo, señor. Hace tres años que trabaja para mí es decir para nosotros…
 Es muy sencillo, querido Ganímedes. Yo di a María Jazmín a beber del Dragón Verde, hace 
siglos, estaremos juntos hasta que concluya el ciclo de esta raza.
 ¿El ciclo? ¿Qué ciclo? ¿Qué raza? ¿Y cuál es mi relación con todo este entramado? Sigo sin entender nada, me siento muy mareado…
 Se le pasará… Eres solamente un capricho por decirlo de algún modo. Vinimos aquí hace tres años a disfrutar del mar y las noches estrelladas, alquilamos una casa en los riscos, un día Zahorí se acercó a la ciudad de compras y te vio, se encaprichó contigo. Yo abrí el Escorpión Dorado y lo demás puede imaginarlo. Tenemos más de trescientos años cada uno, señor Ganímedes, poseemos todas las riquezas, sabiduría, en los últimos tres siglos todos se fueron menos nosotros y algunos otros que andan por ahí, pocos, a los que yo seleccioné para que bebieran mi elixir, ya no sentimos casi nada. Cuando alguno de nosotros descubrimos algún ser que se distingue de los demás, será mejor que lo olvide...
 ¿Puedo irme? Todo me da vueltas… Entonces Zahorí será su esposa hasta el fin de los tiempos.
 María Jazmín es mi esposa, Zahorí es nuestra hija.
Nacida de la inmortalidad…
 Todo fue una pantomima para enamorarme. Les parece correcto jugar con las personas. Le seré sincero, no le creo. Y aunque no pueda explicarlo, aquí ocurre algo extraño de lo que intentaré olvidarme.
Y tú Zahorí eres un ser despreciable engañarme de esa manera durante tanto tiempo…
 Si lo desea puede irse.

 Lo haré con sumo gusto don Rea…
 Y no hable de esto con nadie. Adiós señor Ganímedes, nos hemos divertido mucho, es usted un hombre noble y agraciado, le deseo una larga vida y mucha ventura... Adiós…
 Adiós don Rea…

Ganimedes había vuelto a la vida lleno de rabia e ímpetu un odio intenso por Zahorí le turbaba las entrañas, ella se despidió con una de esas miradas qué matan…

Las puertas de los vehículos con los cristales tintados se cerraron. Ganimedes quería salir de allí, no pudo, María Jazmín le cortó el paso lo abrazó y le dio un beso en los labios, luego se despidió. Zahorí lo miraba intensamente mientras se introducía en el vehículo, tras ella María Jazmín. Pronto se quedó solo con el furgón del escorpión dorado en aquel parking vacío, sin Zahorí, sin María Jazmín, sin dinero, sin Harley, entre otras cosas y el corazón roto por Zahorí, todo aquel tiempo que la tuvo en la empresa no le prestó atención y ahora se había ido para siempre, todo aquello era imposible de asimilar para Ganímedes, que regresó a su ático montando su moto y circulando a muy baja velocidad, pensando que tal vez se hubiese vuelto o loco o era preso de un sueño hipnótico y extraño, todo había terminado. Cuando llegó a su casa se desnudó y comenzó a beber hasta quedar extasiado y medio moribundo hasta perder completamente el sentido.

Ganimedes Violet despertó lúcidamente y muy repuesto sobre el medio tras los extraños sucesos del día anterior relacionados con la cama misteriosa. No recordaba nada y lo cierto es que se notó muy extraño cuando se miró en el espejo de su aseo. Tenía más pelo, ninguna entrada, ninguna cana y además su cuerpo era al menos cinco años más joven. ¿Qué le había ocurrido? Ni siquiera recordaba el vicio del tabaco y veloz y medio feliz aunque aún muy desconcertado se marchó hacia el puerto. Ojeaba por los alrededores del almacén de suministros por si veía a Jápeto Juno. No había nadie por allí. Todos le esperaban en la marisquería, la comida se presumía animada, Ganimedes llamó a su mano derecha.

 ¿Qué ocurre jefe? Estás estupendo. Y pareces más joven. ¿Y tus canas? Has perdido peso, no me digas como…
 Son casi las tres de la tarde. Vamos a comer. ¿Y Zahorí? Trabaja para nosotros desde hace tres años. 

 ¿Quién es Zahorí? No, no tenemos a nadie en nómina que se llame así. 

 ¿Y María Jazmín, Jápeto? 

 ¿Quién es María Jazmín, Ganímedes? ¿Qué té ocurre? 

 Me estás mintiendo... 

 ¿Por qué me mira de esa manera? ¿Le ha comprado las flores? 

 ¿A quién tengo que comprarle flores? 

 ¿A quién va a ser? ¡Un momento! ¿Qué hora es? 

 Las tres. 

 Ella la está esperando en el aparcamiento del Mare Nostrum, planta dos, 
número 77. Lo siento, se me olvidó. 

 ¿De quién hablas y quien me espera?
 Una mujer anónima me llamó al móvil a las cinco de la mañana y me dio ese recado para ti. Vuelvo a la mesa. Esto es de locos. 
Aunque creo que es cosa de su esposa, es bastante rara su señora…
 ¡Jápeto! ¿Qué dices qué tengo esposa?
 ¡Qué jefe! 
Creo que te has vuelto loco. Si te has metido algo invítame… Ja, ja, ja…
 ¿Y mi moto? La dejé aparcada aquí la pasada madrugada. 

 Delante de sus narices jefe, la compró hace poco… Bueno se la regaló su esposa…
 ¿Y quién es mi esposa Jápeto?
 Nunca nos la presentó señor…
 Está bien Jápeto, voy a creerte e iré a ese lugar…
 Vaya, es preciosa jefe… Y maravillosa…

Delante de sus narices había una Harley Davidson flamante, se buscó en los bolsillos, sacó una llave y arrancó, no se puso el casco, empezaba a sospechar que algo extraño ocurría, algo realmente muy misterioso que en ningún caso podría contar a nadie. Debía seguir buscando la verdad como fuese y recordó a Zahorí, a la impostora…

El día era perfecto en meteorología. Aquella sorpresa inesperada también podría llegar a serlo, pero tenía un serio problema, no sabía si se había vuelto loco. Estacionamiento número 77. Sentía algo muy intenso por Zahorí, ahora desaparecida en sus sueños o en sus recuerdos, pues nunca existió en realidad. ¿O tal vez si? Se sentía más joven y apuesto y con mucha energía... 


Cruzó la puerta del parking en su nueva motocicleta, bajó hasta la segunda planta, pronto vio el estacionamiento 77, aunque allí no había nadie. Paró la moto y prendió un cigarrillo. Estaba a punto de llamar a Jápeto Juno. Debería marcharme para siempre y no mirar atrás, se decía, nadie podría demostrar jamás que él no había vivido aquello. Apagó el cigarrillo con ímpetu contra el cemento del parking. Entonces oyó el sonido de una motocicleta qué alguien había puesto en marcha muy cerca del lugar donde se encontraba. Sin duda era otra Harley, el sonido del motor es inconfundible, sonrió. Aceleró hasta la carretera costera, enfiló la vereda arenosa con dirección incierta. Debía comprobar si la taberna las cuadernas existía y también sus entrañables amigas Dion Honda y Tiana Bar, entrañables para él…

Una motocicleta similar a la suya con un dragón verde dibujado en el depósito le adelantó muy cerca, Ganímedes se sobresaltó, decidió alcanzarla, el límite de velocidad aún le permitía ir mucho más veloz. Agachó un poco su mirada y de repente sintió un leve estremecimiento al comprobar que en el depósito de su nueva e inesperada motocicleta había dibujado un dragón verde igual al de la moto que le había adelantado. Una Harley similar a la suya. Eran los mismos dragones, que también llevaba dibujada la botellita de la que le dio a beber el misterioso hombre antiguo…

Suavemente, la brisa le trajo un perfume idéntico al que llevó puesto Zahorí la noche que se enamoró perdidamente de ella cuando hicieron el amor sobre la cama misteriosa y quedaron unidos para siempre. Todo parecía confabularse y seguramente alcanzaría a esa motorista que le adelantó para invitarla a beber algo en el pueblo siguiente, seguiría la pista de su perfume pero al levantar la vista vio la moto aparcada en el arcén, él también paró la suya y desmontó, sentía curiosidad por saber de quién podría tratarse… La motera se quitó el casco y se soltó el pelo, luego se quedó allí parada, mirando donde estaba Ganímedes. De un bar próximo provenía una melodía lenta jazzística titulada: “What a difference a day made” o en español “cuando vuelva a tu lado”…
Parece ser que finalmente Ganimedes Violet y Zahorí Poirot se encontraron frente a frente y quizá enamorados para siempre; apasionadamente amor, vivirían su inmortalidad con larga ventura y otra cosa; poseían la cama misteriosa…

FIN

Nota: 
Espero que la lectura de La Cama Misteriosa os haya complacido. A continuación os dejo el índice y los personajes de la obra. Gracias por vuestra confianza. Saludos cordiales.

Jorge Ofitas.

LA CAMA MISTERIOSA

Género: Novela. Ficción.
Temática: Ciencias Ocultas. Romance.
Una novela de Jorge Ofitas. ®.
Sevilla. 2012. Spain. Europe. 2018. ®.

Esta obra literaria está protegida por derechos de la propiedad intelectual.
Nº expediente: SE- 956-11. Año expediente: 2011.
Nº Registro: 201199901199401.
Sevilla. 2011. Todos los derechos reservados. ©. ®.

Índice.

Portada.
Introducción.
Sinopsis.
Capítulo. I. María Jazmín.
Capítulo. II. La cama misteriosa.
Capítulo. III. Malos presagios.
Capítulo. IV. María Jazmín secuestrada.
Capítulo. V. Zahorí y la cama misteriosa.
Capítulo. VI. El dragón verde de la buenaventura.
Índice.

 

 

Personajes de la obra.
Contraportada.

LA CAMA MISTERIOSA.

Personajes claves de la obra

Ganímedes Violet.               Gerente del Escorpión Dorado.
Jápeto Juno.                         Jefe de ventas.
María Jazmín.                     Vendedora y tarotista.
Zahorí Poirot.                      Aprendiz de almacén. Supuesta bruja.
Rosi Milán.                        Vendedora de suvenires.
Chily Tamales.                   Vendedora de suvenires.
Tatiana Vega.                      Anticuaria sofisticada.
Mercucho Ancla.               Encargado de almacén.
Tiana Bar.                          Hostelera.
Dione Honda.                    motera y tasquera.
Rea Gold.                          Dueño del Escorpión Dorado.

 

 Muchas gracias por vuestras lecturas y comentarios. 

Jorge Ofitas Creative. ®.

 

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