La cama misteriosa. ®.

 
 

LA CAMA MISTERIOSA

Género: Novela. Ficción.

Temática: Ciencias Ocultas. Romance. Suspense. 

Una novela de Jorge Ofitas. ®. Esta obra literaria está protegida por derechos de la propiedad intelectual.

Nº expediente: SE- 956-11. Año expediente: 2011.

Nº Registro: 201199901199401.

Sevilla. 2011. Todos los derechos reservados. ©. ®.

Introducción:

Estimados amigos/as y lectores/as.

Os presento mi quinta publicación en orden de edición no de creación. Esta novela breve trata de la existencia de una cama misteriosa que cae en manos del gerente de una empresa portuaria; dedicada a vender y distribuir souvenirs a través de un pintoresco grupo de vendedores donde destacan tres mujeres el jefe de ventas y el encargado del almacén y alguno más que irá apareciendo en la trama novelística. Ganímedes, el protagonista de nuestra historia encuentra fortuitamente una cama muy antigua que cambiaría para siempre su vida y su muerte…

*

Esta obra de tintes esotéricos y parapsicológicos está redactada de un modo jovial y ameno, no encontrará el lector lugar para la violencia grosera en ella ni tampoco para la pornografía ni el terror. Tampoco hallaréis un desprecio hacia la religión de los creyentes de algunas de las religiones monoteístas. Los datos relacionados con las ciencias ocultas que incluye este libro son meras leyendas especulativas dentro de la parapsicología y las nociones que se presentan ya han sido contadas y leídas por la mayoría del público culto de Occidente y de Oriente. La cama misteriosa es una novela para el divertimento de cultos lectores sin creencias limitantes, que no busque el cristiano, el mahometano o el judaico ningún demonio en ella, no lo encontrará, pues desde el punto de vista gnóstico lo demoniaco no existe, es más una pura metáfora que ciencia cierta y además, lo que aquí puede parecernos oscuro o maléfico representa otros misterios y sabidurías bien conocidos en Asia mucho antes que existiera lo que hoy conocemos como Occidente. La cama misteriosa en resumidas cuentas es una fábula de entretenimiento con nociones de ciencias ocultas al alcance intelectual de todos los públicos y en ningún caso escrita con acritud. No sabréis nada del desenlace hasta el final de la novela…

Espero que os divirtáis con su lectura si os place adquirirla.

El autor. 

 

LA CAMA MISTERIOSA.

Personajes de la obra.

Ganímedes.                             Gerente Escorpión Dorado.

Jápeto.                                     Jefe de ventas.

María Jazmín.                         Vendedora y tarotista.

Zahorí.                                    Aprendiz de almacén.

Rosi.                                        Vendedora.

Chily.                                      Vendedora.

Tatiana.                                   Anticuaria.

Mercucho.                               Encargado de almacén.

Tiana.                                      Amiga de Ganímedes.

Dione.                                     Motera y tasquera.

D. Rea.                                Dueño del Escorpión Dorado. 

 

*

Capítulo I.

Ganimedes poseía un precioso ático frente al parque portuario de las palmeras del sur. Tenía una motocicleta tipo “chope” marca Honda Shadow, aunque siempre había soñado poseer una Harley Davidson. Su trabajo consistía de jefe de ventas en el “Escorpión Dorado”; una empresa ubicada en el puerto que traía a Europa desde América, vía marítima y otras lejanas latitudes, como China o India, manufacturas; regalos baratos, cartas de tarot, figuritas esotéricas, y un sin fin de artículos para souvenirs de tintes un tanto extraños y esotéricos.  Ganímedes era el encargado cada mañana de reunir a los vendedores en nómina y comisión para que patearan la ciudad con el fin de vender todos los artículos en los más de mil establecimientos de la provincia que exponían y ofrecían ese tipo de cosas. Su hombre de confianza, Jápeto, secretamente le apodaba “Gani”, aunque no siempre le llamaron así…

  • - Ganímedes, ya sé qué te sientes mayor y te aburres, pero hoy es la comida de la empresa y todos esperamos que aparezcas con esa mujer de la que tanto nos hablaste. 

  • - Es imposible. 

  • - ¿A qué te refieres Ganímedes? 

  • - Qué cortó conmigo anoche. Resulta que encontró a un motorista más 
joven que yo con una moto de esas de carreras, ya sabes cómo es, se 
quejaba que mi moto no corría nada. 

  • - Lo siento, amigo. Ella pareció quererte mucho. 

  • - No es nada. 

  • - Tengo una buena noticia. - Dijo Jápeto -
  • - Dímela. 

  • - Se ha vendido todo el contenido del barco, es decir no quedan existencias y cómo 
portavoz de los vendedores te felicito y nos felicitamos. Los compañeros me han propuesto que te diga si sería posible cobrar la comisión por la venta antes de fin de mes, ya sabes como está la situación. 
Ganímedes miró hacia las aguas del puerto, un ferris estaba a punto de salir rumbo a las islas afortunadas, las gentes como era tópico y costumbre saludaban desde las barandillas a los que fueron a despedirles y a los curiosos sonrientes... 

  • - ¿Y quién me firmará los vales? ¿Se han marchado sin saber mi contestación? Es eso. 

  • - Lo hemos hecho otras veces, me das el dinero a mí y yo firmo por todos. 

  • - ¿Y dónde están ahora los comerciales? 

  • - En la marisquería del parque con las compañeras, al parecer ha llegado 
una mujer nueva para el almacén, aunque yo la pondría en nuestro grupo, sabes, esa chica tiene un magnetismo especial para las ventas. ¿Te vas sin darme el dinero?
  • - Vamos a esa marisquería, como jefe supremo, debo conocer a mi nueva empleada. 

  • - No es tu estilo, no te gustará. 

  • - No voy a mirar eso mujeriego, quiero ojear otro asunto. 


Ganimedes tenía a su cargo a diez vendedores/as, contando al portavoz que era el qué más vendía. Cada uno tenía su cartera de clientes y hacían un equipo compacto y sin fisuras, si había el más mínimo indicio de que un traidor se escondía en el grupo, Ganimedes le daba largas en el mismo instante que se descubría la prueba de la verdad.

Ese mañana no había desayunado nada y caminó a la taberna pensando en pedir un poco de pulpo a la gallega con un vaso de vino blanco, ahora empezaba a digerir la alegría por el éxito de ventas conseguido, pronto le llamarían desde la central para felicitarle.

  • - ¡Nuestro jefe! 

  • - Hola  Rosi que tal la mañana.
  • - Récord jefe, los últimos artículos de regalo han gustado mucho. 

  • - Eso, y que estamos a primeros de mes. 

  • - Cierto jefe. 

  • - ¡Jefe! 

  • - Hola Zahorí. ¿Cómo está tu hijo? Creí que no vendrías hoy. 

  • - Llamé a mí ex y la llevamos a urgencias a eso de la una, no era nada 
             sólo un constipado. 

  • - Me alegro. ¿Dónde está el resto de la gente? 

  • - En la terraza frente a los barcos. 


Sus empleados le profesaban cariño porque era indulgente cuando había que serlo y nunca informaba a sus superiores sobre algún comportamiento incorrecto de los que estaban a su cargo, si alguien debía ser culpado se auto inculpaba, sabiendo que no le haría falta excusarse demasiado, pues mientras lo índices de ventas fuesen bien, todo marcharía viento en popa y a toda vela. Sin quejas. 


  • - Le buscaba, jefe. 

  • - Enhorabuena Chily. 

  • - Gracias Ganímedes. Ven voy a presentarte a la nueva, no te va a 
gustar. 

  • - ¿Por qué? 

  • - Ya lo verás. Llevo cinco años trabajando aquí, sé que no la contratarás.
  • - ¿Dónde está? 

  • - Es aquella mujer u hombre que sostiene una cerveza en la mano y fuma 
con la otra mientras mira al mar cómo catatónica. 

  • - Qué nadie me moleste voy a hablar con, ¿cómo dices qué se llama esa joven? 

  • - Se llama María Jazmín. Jefe. 

  • - Tiene nombre de florista.  ¿Verdad Chily?
  • - Ja, ja, ja, ja que gracioso es usted... 
- Ganimedes caminó hacia la palmera y la abordó. –
  • - Hola, tú debes ser María Jazmín, bonito nombre.

  • - Hola señor, encantada. Me lo puso mi padre. Al menos eso me dijo mi madre.

  • - Discúlpame debí presentarme. Mi nombre es Ganimedes así me llaman todos, soy el gerente y director de ventas de la empresa, leímos tu curriculum y mi portavoz te avala hasta el punto que quiere que formes parte del equipo de ventas. Un placer conocerte María Jazmín.

  • - La verdad es que la calle se me da muy bien, sí, mucho mejor que el almacén.

  • - ¿Estás de acuerdo con el sueldo?

  • - Sí.

  • - El horario de trabajo es de 6 de la mañana hasta las dos. Así tendrás toda la tarde para hacer otras cosas. ¿Tienes coche?

  • - Si, un Renault, me ha salido muy bueno.
Los Renault son buenos coches, se les cae la chapa y siguen funcionando.

 

  • - Ella lo miró y regresó a su cerveza. Él no le apartaba la vista.
  • - ¿Qué edad tienes María? 

  • - 29, jefe. 

  • - Bien, pues ya sabes, el lunes te espero, aquí tienes mi mano, el trabajo 
es tuyo. Solo una cosa, para ir a vender, sería más apropiada otro tipo de ropa. Nuestros clientes se fijan en todo y por aquí la gente que posee negocios es clásica y religiosa. 

  • - ¿No le gusta mis rizos “rasta” jefe? 

  • - No es de mi incumbencia vuestra manera de vestir, pero ya te lo he 
dicho. 

  • - Está bien esperaré a cobrar para comprar algo de ropa. 

  • - ¿No tienes dinero? 

  • - No, tenía que habérselo dicho. Lo siento. 


Ganimedes descolgó su móvil y llamó a Chily que era propietaria con su marido de una pequeña tienda de ropa ubicada en un barrio obrero. La mujer llegó al lugar casi de inmediato. 


  • - Sí jefe. Me ha llamado. 

  • - Necesito que facilites alguna ropa a María hasta que pueda pagarte, yo 
me hago responsable.
María lo miró muy tiernamente, chispeada por el contenido de su copa. 

  • - María e de irme, acompaña a Chily ella te pasará lo que necesites. ¿Dónde te hospedas? 

  • - En un hostal del casco antiguo. 

  • - Chily llévala hasta su hotel cuando volváis de la tienda. 

  • - Gracias jefe, es usted muy bueno. – Exclamó la recién llegada. -
  • - No es nada, quiero que demuestres al grupo la confianza que he 
depositado en ti, de todas maneras el lunes no saldrás a la calle, debo instruirte sobre ciertos aspectos donde creo que andas muy verde. Te adelanto estos cien euros. Que bueno es. Agregó Chily. 


Tras marcharse las dos mujeres, Ganimedes dio las comisiones del mes a Jápeto portavoz de ventas, tras esto subió a su moto para darse una vuelta cerca de la costa arenosa, necesitaba beber algo a solas buscando algo de introspección, asunto para el que apenas contaba con tiempo. Llegó a una de sus tabernas preferidas, pasadas las tres de la tarde, se quitó el casco y una de sus amigas fue a saludarle. 


                        

  • - Hola Ganímedes, “perrito mío”
  • - Qué tal tú gata de noche. 

  • - ¿Me invitas a un trago Ganímedes? 

  • - Será un placer. 

  • - Pareces alegre. 

  • - No del todo. ¿Ha llegado esa gente? 

  • - No, salieron temprano, se quedaron esperándote. 

  • - Se me olvidó llamarles. ¿Y tu nueva amiga? ¿Volvió a venir?
  • - Se marchó con ellos. 

  • - Entremos a beber algo, estoy seco. 


 

La taberna la cuaderna servía como lugar de reunión para algunos amantes de las motos “chope”, también montaban partidas de cartas y dominó algunos domingos. Todos los socios debían tener una moto “chope”. A ser posible, Harley Davidson, la preferida del lugar, motor cuatro tiempos de sonido inconfundible. 


  • - ¿Cuándo saldrás del “armario” Ganimedes? A tus cuarenta vas siendo sospechoso…
  • - ¿Y tú cuando te casarás conmigo preciosa? 

  • - Deja las galanterías, ya te conocemos. Tú no crees en casarte y yo estoy casada con tu amigo por si lo olvidaste…Me me llamo 
Dione. Dame un beso.
  • - Eso está hecho 

  • - ¿Qué os sirvo?
  • - Una sin alcohol, para mí, volveré con prontitud a la ciudad y no deseo 
jugársela a nadie en la carretera. 

  • - A mí me pones un cubata de “petróleo”. ¿Quieres qué vaya contigo? No tengo nada que hacer, dijo Tiana.  

  • - No estoy muy seguro, este fin de semana debo repasar algunos asuntos 
de la empresa y no podremos salir a divertirnos, además, ha llegado una 
chica nueva y quiero hablar con ella. 

  • - Seremos tres. 

  • - No me van los tríos. Ja, ja. 

  • - ¡No le van los tríos mientras no sea en el póker! ¿Verdad Tiana? 

  • - A saber lo que hará este allí en su ático. Dijiste qué darías una fiesta 
pero no la diste. 

  • - Ya la daré Tiana. 

  • - Dame un beso. 

  • - Claro, toma. 

  • - ¿Y a mí? 

  • - A ti cuando te cases conmigo. Tengo que irme, dile a esta gente que 
vendré el domingo a la partida de por la tarde. 

  • - ¿No vas a venir a la fritada del medio día? 

  • - A lo mejor. Hasta luego... 


 

Mientras viajaba en su moto a través de las marismas tuvo la idea de ir a ver a María Jazmín a su hospedaje. Cuando arribó preguntó al conserje del hostal por María Jazmín, este le contestó que no había vuelto, aunque afirmó conocerla. Ganimedes se sentó en el sofá del hall y prendió un estorbado cigarrillo que llevaba varios días rulando por el bolsillo de su sudada camisa. 


  • - Lo siento. Señor aquí no se puede fumar. 

  • - ¿En este cuchitril? 

  • - Puede seguir con su pitillo en el patio. 

  • - 
Gracias. 

 Aquel hostal parecía un sitio agradable y en suma la entrada del verano daba al matiz de la tardecita una vislumbre blanca del sol marino, parecía un hotelito de playa pero en el centro de la ciudad, del ojo patio provenía un agradable aroma a jabón. 


 

  • - Señor, le llaman, al parecer la mujer por la que pregunta regresó hace rato, justamente cuando fui a beber un café. 

  • - ¿Qué habitación es?

La puerta estaba entreabierta y una tonalidad carmesí manchaba el ambiente, alguien había encendido una barrita de incienso, al fondo de la estancia se veía una cama bastante grande y muy antigua que en nada entonaba con aquel mobiliario vanguardista de diseño. Parecía no haber nadie allí pero de la puerta del baño provenía aquel aroma a jabón que cató abajo. De repente apareció ella. 


  • - Hola Jefe. ¿Ocurre algo? Le he visto mirar hacía aquí. ¿Le gusta la ropa qué me he comprado? 
Chily es maravillosa.
  • - Siento haberme presentado así, no sabía... 

  • - ¿Quiere una cerveza? Estaba a punto de abrir una, las he comprado, 
gracias a su bondad. 

  • - ¿De dónde eres María? 

  • - Soy de aquí o tal vez de allá no lo sé, je, je.
  • - En tu documento de identidad pone qué eres de un pueblo del norte, me duele algo la cabeza... 

  • - Mire aquí está. 

  • - Es cierto, debe ser ese incienso que no me ha sentado bien, tengo que 
irme ya. Me gustaría que mañana sábado nos viéramos y habláramos 
de trabajo. 

  • - ¡Claro jefe! ¿A qué hora? 

  • - Sobre las diez en el bar frente a la empresa, junto al puerto. 

  • - De acuerdo. 

  • - Adiós... 


Luego de visitar el hostal se fue al cine y vio un estreno. Salió confortado y más repuesto. Las golondrinas chillaban por las azoteas mientras hacían círculos imposibles en las calles, la mampara celestial se había vuelto añil, tenía apetito, así qué, se acordó que poseía una espléndida ducha e hilo musical. Al fin y al cabo no todo el mundo tenía eso, dinero para gastos y algunas chicas que conocía eran simpáticas, nunca se liaría con alguna del trabajo, pues debido al puesto que ocupaba no podía ni debía ligar con ninguna subordinada, era su regla número uno. Con este pensamiento sonrió un poco antes de saludar a su vecino que bajaba con su perrito faldero y orgulloso le espetó: 


  • - Hoy hay partido televisado Ganímedes. 

  • - No lo sabía.
  • - Se te ve muy ocupado, cierto. 

  • - Hasta luego, vecino... 


Colocó algo de música y se adormeció un poco bajo la ducha, recostado en la pared, mientras intentaba reponerse de toda la semana: – Pedidos devueltos, comisiones que no pueden ser reembolsadas y al final el lógico descuadre, si bien es cierto que el placer de dar, es el mayor de los placeres para el hombre caduco, la bondad, es el mayor de los regalos, solo que en su caso practicarla le salía algo caro. Prefería ver sonrisas, solamente se rebelaba si le fallaban en el trabajo o le mentían, en la calle en sus ratos de ocio se convertía en otra persona, aunque claro está, que con los años ambos comportamientos acababan entremezclándose... 
Alguien tocó el timbre. Se acercó a la mirilla y no vio a nadie a través del orificio, hubiese prometido que alguien llamó a su puerta, sin embargo, el teléfono sí qué sonó. Era Tiana. La invitó a ver el partido de fútbol televisado, pedir una pizza o comida casera. Descorchó un botella de vino y se adelantó un vaso de un solo trago que supo a poco, ella no había llegado y el match estaba a punto de iniciarse... 


  • - Creí que no llegarías. ¿Qué traes ahí? 

  • - No es nada especial, me he traído la cena. Tienes profundas ojeras. ¿Te 
encuentras bien? 

  • - Mejor que mejor he abierto un vino y alcaparras con aceitunas, toma tu 
copa. Gracias por acordarte... 

  • - Deberíamos vivir juntos alguna vez. 

  • - Soy insoportable en ocasiones Tiana. Y tú, algo promiscua. 

  • - Es cierto, pero al menos podríamos consolarnos. 

  • - ¿Nunca has pensado cómo será lo que sienten esas personas cuando 
afirman estar enamorados? 

  • - Es un vil invento, el mejor sustituto para esa mentira es sin duda el sexo. 
Me marcho. Ahora soy yo la que no se encuentra muy bien. Adiós... 

  • - Te llamaré. 

  • - Procura descansar amor... 

  • - Un besito. Cuídate.


Ella se marchó antes de tiempo y Ganímedes no se molestó lo más mínimo en retenerla, algo había molestado a Tiana y ella no se lo dijo y nunca se lo diría, lo cierto es que nunca se consideró promiscua…

No durmió casi nada esa noche y tenía fiebre, una inusual tormenta de verano limpió la arenilla acumulada, que el viento arrastraba usualmente hasta uno de los ventanales con vistas al puerto. Eran las nueve y media y alguien tocaba el timbre de la calle. Unos transportistas traían algo para él. No esperaba recibir pedido alguno, recordó que no llamó a ningún sitio, incluso repasó su agenda. El frenazo del montacargas le alertó. La nota venía a su nombre. Era la misma cama que la tarde anterior vio en aquel hostal. La puso junto a la ventana y echó las cortinas, una nota acompañaba al catre:

– “Me he marchado de la ciudad para siempre. Te dejo esta cama en compensación por la nota, la cama está perfumada y limpia. Móntala, y duerme en ella tu salud mejorará. Ha sido muy bueno para mí Ganimedes. María Jazmín”.– Así concluía la nota.

Miró hacia el restaurante eran casi las diez y el cielo parecía despejarse. Se vistió y bajó a beber un café, pero tropezó al salir del piso y se mareó, por lo qué se asustó un poco y subiendo casi a gatas se acostó, seguía con su indecente desidia inesperada y sudorosa. ¿Qué le había ocurrido? No era el malestar propio de un catarro o una gripe, se sentía débil y muy extraño, entonces vio su figura casi desnuda entre la armadura de la cama y oyó: ¡Móntala! ¡Móntala!... No tenía fuerzas pero lo consiguió, tras esto se acostó bajo aquellas sábanas limpias bordadas a mano, pronto quedó embriagado de aquella textura que desprendía un extraño aroma, quedando dormido profundamente, soñando tal vez con aquella misteriosa mujer, María Jazmín, sin embargo en su sueño salía otra mujer de una intensa bruma a la que no podía ver el rostro… ¿Quién sería?... La voz de esa mujer le atormentaba…

 

Durmió de un tirón hasta pasadas las doce del domingo, no tenía apetito y se encontraba muy débil, cuando se vio en el espejo se asustó hondamente y decidió llamar al médico, pero cómo en los vicios, no pasaron más de cinco minutos hasta que regresó a la cama. Ni siquiera era ya consciente de lo que le ocurría, una flojera extrema le maniataba los sentidos y su cuerpo se consumía. A esas alturas no era capaz de articular ya ninguna conjetura, ni siquiera se acordaba de telefonear, sonrió y volvió a meterse en aquel “camastro fangoso” bordado que lo atraía y lo suspendía en un extraño éxtasis indoloro, una elipse de vueltas y vueltas, mareos, gemidos e inconsciencia, soñando su nombre y un perfume imaginario que lo volvía loco…

Le pareció despertar repentinamente y vio entrar a toda esa gente que desmontaban su mobiliario como si él no existiera. Gritó y gritó: –

  • - ¡Hola estoy aquí! ¿Quiénes sois? ¿Por qué se lleváis mi mobiliario?

Nadie le veía, ni oía. Poco a poco todo el inmueble quedó diáfano y solamente la misteriosa cama, presidía aquella noche de luz blanca de jazmín, el espléndido ático de Ganimedes.  Entonces entreabrió los ojos y vio aquella luz de lazareto. Estaba atado a la cama, alguien hablaba por un teléfono móvil a su lado, era María Jazmín muy bien vestida. Ella se volvió hacia él, pero Ganimedes cerró los ojos. ¿Qué significaba todo aquello? Lo último que recordaba es que se duchaba y después de esto, su memoria no resistió el esfuerzo sobrehumano por recordar. La visión de un gotero vía intravenosa, acabó por alertarle, sin duda había sufrido un ataque de algún tipo, debía esperar, el ruido de alguien aporreando la puerta le devolvió de aquella levedad sufridora.

  • - ¡Soy yo ábreme!

Muy difícilmente logró llegar hasta la puerta del ático y retirar el pestillo. Estaba empapado en sudor, vio el rostro de Jápeto, su segundo de abordo en la empresa, que alertado al no descolgar Ganimedes el teléfono se lanzó a su búsqueda. Estás empapado en sudor. – Exclamó el subordinado. Llamaré al médico. -

                      

  • - Creo que tendrás que ayudarme para llegar hasta la cama. 

  • - ¿Quieres qué llame al médico? 

  • - No, no, creo que me repondré. 

  • - Me llamó esa tal María Jazmín, la nueva, me dijo que estuviste con ella ayer en la 
tarde y qué se quedó esperándote en la marisquería hasta pasadas las 
dos. 

  • - ¿Qué hora es? 

  • - Son las nueve de la mañana del domingo. Se veía venir, has sufrido un 
bajón. 

  • - Sin duda. Miró su cama, recordaba la ducha que se dio el día anterior y 
tras esto todas esas pesadillas producidas por la intensa fiebre y la falta 
de descanso y alimento. 

  • - Te haré un café, exclamó Jápeto. 


Sin embargo estaba algo acongojado por la intensa pesadilla con aquella extraña cama que vio en la habitación de María, cosas de la psique, demasiado tiempo solo, agotado, abandonado y estresado. Sentía un fuerte dolor de cabeza, al fondo de la salita apareció su compañero con una bandeja bien repleta de algunas delicatesen y una humeante taza de café solo. Ganimedes lo apuró todo mientras Jápeto ojeaba la prensa junto al ventanal marítimo.

 

  • - ¿Viste el partido de fútbol? 

  • - No, por lo que puedo recordar caí rendido tras el baño, no sé. 

  • - 

  • - 

  • - Bébete ese efervescente, te hará bien. 

  • - Comienzo a sentirme mejorado. Llama a María y excúsate por mí. 

  • - Lo haré. Me pidió tu dirección y el número de teléfono. 

  • - ¿Se lo diste? 

  • - Sí. 

  • - Bien hecho. Muchas gracias Jápeto, eres un amigo... 


Transcurridas dos horas despertó, su amigo se había marchado, la fiebre cesó y el sol se colaba por una de las ranuras de la cortinilla. Descolgó el teléfono de la mesita de noche, era María Jazmín para interesarse por su estado. 


                      

  • - Hola jefe. 

  • - Disculpa mi plantón María, tuve algo de fiebre.  

  • - Jápeto me ha informado de todo, no se preocupe, estuve preocupada 
me dijeron que usted no acostumbraba a dar plantones y menos relacionados con trabajo. ¿Quiere que vaya y le prepare algo de almorzar? La cocina se me da muy bien. 

  • - No lo dudo, ya estoy mejor. 
Gracias de todos modos.
  • - ¿Me deja ir a visitarle? 

  • - No creo que sea una ocurrencia buena para ti. Diviértete, María. 

  • - Eso no cambia nada, jefe, iré a verle. - Exclamó la joven que parecía testaruda y tras esto colgó el teléfono. 


Ganimedes conocía muy bien la ciudad y nunca había visto ni oído hablar de María Jazmín. Debía preguntarle dónde se crió y porqué vivía de aquella manera tan nómada, a pesar de esto, le gustaba íntimamente su forma hippy de vestir, ella era muy parecida a sus amigos de las motos; vaqueros, camisa por fuera y sencillez en el trato. Para pasar sus ratos de ocio, prefería a estas personas llanas a las otras, casi siempre embutidas todo el día en trajes 
figurativos, los negocios son así, él era uno de ellos, de esos ejecutivos de ventas trajeados. Las motos, la pesca, las reuniones amigables de cartas los domingos cerca del mar, eran otra cosa y María Jazmín encajaba muy bien en todo aquello, pero se conocía, cuando lograra acostarse con ella sería una más, como Tiana a la que profesaba respeto y cariño, muy pronto sonó el portero electrónico, para entonces se había cepillado los dientes y colocado un chándal aunque antes de acomodarse sonó el timbre de la casa. Era María Jazmín.  

  • - Hola jefe. ¿Me deja pasar? 

  • - ¿María? 

  • - Sí jefe, yo misma.
  • - ¿Te gustan las motos? 

  • - ¡Me encantan! ¡Mi moto preferida es la Harley! ¿Por qué ríe jefe? 

  • - Espéreme abajo, voy a vestirme... 
FIN DEL CAPÍTULO 1º
 
Esta obra literaria está perfectamente reescrita y concluida se pondrá a la venta lo antes posible. 
El autor. ®. 

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