Flor de Hada.

(Cuento romancero de la Sevilla medieval)

Autor cuento romancero: Jorge Ofitas.

Primer acto.

 Itamar: Poeta. (Oasis en Hebreo)

Jessenia. Hada (Flor en Árabe) 

En una villa muy hacendada, donde convivían, musulmanes, judíos y caballeros cristianos, existió un solitario poeta qué componía versos floridos, romances y poemas del alma sentidos.

La noche mirando el cauce del Wadi Al-Kabir pasaba el trovador de odas, cantando a la luna, sus versos poetas. No se enamoró de una mujer rica y bella, tampoco de una estrella desposada, había un rumor qué decía, qué su amor era una hada. Más se armó una conjura, para matarlo a él y a su poesía pura. Y aunque el hada era pobre, a su amor aspiraban todos los nobles. Y he aquí una historia de amor, que ocurrió en Sevilla, hace mucho, mucho tiempo, antes de qué existieran las palmas y el tiento…

Llega la que lleva cuentos al mercado, le dice al dueño de la almazara:

• He oído que hay una hada en Sevilla. Que a todos los hombres maravilla. Dijo la cotilla. 

• No sé de que hablas, contestó el almazarero. Y no te fiaré el aceite. Aunque tus ojos verdad dicen, me engaña tu afeite. 

• Está bien, si la ve un rey moro, nadie sabrá de ella. Si la ve el judío la seguirá con sus monedas, más si la ve el caballero cristiano, matará por su amor temprano. 

• Anda, vete de mi aceitera. Y no lleves fantasías embustera. 

Por el barrio Santa Cruz en la calle judería se oía un canto temprano todos los días. Era una voz tan bonita, que al compás trinaban las aves pequeñitas. Era primavera, el mes de abril, que la sangre altera. Y no hay mal que por bien no venga: Decía un mendigo mañanero también por el hada hechizado, en un naranjo en flor apostado. Antes de que cesara aquella voz angelical, apareció el poeta Itamar con un verso musical, rendido ante el mendigo, sin mirarle, le dijo:

• El romanticismo nunca será extinto. Aunque largas colas asolen, a los trovadores de la noche oscura. Oh poesía, quieren matarte. Dime mendigo, quién canta, dime de qué parte, de dónde sale esa voz qué a mi alma conmueve e inspira…

• Dame una moneda, para quif, vino y posada, y yo te chivaré donde vive el hada. 

• Te daré más mendigo. Solo promete si es cierto, y no solo te daré pan y posada, hambriento. 

• Pues suelta tus maravedíes, y esta sucia boca te dirá donde habita, el hada más bonita y llena de maravilla, que nunca habitó en Sevilla. 

Itamar el poeta dio las monedas al mendigo y este indicó el balconcillo florero, donde vivía verdadera, una hada que no sabía que lo era. El canto precioso había cesado, más al ser el poeta advertido, fue a parar bajo aquel balcón, y unos versos recitó, esperando respuesta sus latidos:

 ¿Quién vive ahí? 

¿No es una luz perfumada, 

solo propia de las hadas? 

Es el amor mismo. 

Un beso alado de las estrellas. 

Una luna bonita de Sevilla 

que ha bajado. Que maravilla. 

Mi corazón se sale. Oh. 

Si me cantas, el día será 

ligero para mi latir romancero. 

He venido eres mi amor. 

Lo he sabido antes, esta mañana, 

un azahar me sonrió, 

sé que eres una Diosa. 

Ilumíname la vida por Dios. 

Mi corazón es una rosa.

Se me nubla la razón.

Dame la vida con tu talle

vida mía. Que lo sepa

toda la calle judería… 

Trastornado por su hondo amor, recitó esto Itamar el poeta Andalusí, a su hada maravillosa, Jessenia flor de Hada por nombre llevaba. Mas la supuesta hada, no contestó a la oda, y triste se marchó el rapsoda, buscando una posada, para ahogar en vino y quif su poesía enamorada… Y solo la vio una vez....

Si este hondo cuento de amor te dejó estupefacto, espera al segundo acto... 

 

Continua en SEGUNDO ACTO. 

 

Autor cuento romancero: Jorge Ofitas. 

Sevilla. 2013. ©. ®. 

Todos los derechos reservados. Sevilla. 2013. ©. ®. 

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