358 SNIFF. ®.

358 SNIFF. ®.
Novela. Suspense.
Investigación médica.
Policiaca. Novela negra.
Autor: Jorge Ofitas. ®.

Introducción.

Un eminente doctor y excéntrico psiquiatra judío llamado Robert Farach, busca concienzudamente en sus ratos libres una vacuna contra el cáncer por el amor profundo que siente hacia a la humanidad y también para curar a la mujer de su vida; de la que ninguno de sus allegados tiene constancia ya que nadie la ha visto jamás, sin embargo él siempre habla de ella con impetuosa admiración en las numerosas reuniones médicas y también a su círculo de amigos. Ninguna persona de su entorno está al corriente de sus investigaciones pues el doctor guarda en el más absoluto secretismo sus arduas indagaciones. Una noche recibe una llamada urgente en su laboratorio desde el hospital psiquiátrico para el que trabaja, avisándole de que una mujer ha ingresado en estado de hipotermia y catatónica, al parecer el encargado del cementerio que la encontró afirma que Bhria Selena despertó de entre los muertos. A partir de aquí se inicia una trama de intrigas e investigaciones que conducen al psiquiatra junto a la policía de homicidios y narcóticos a buscar la verdad de tan enrevesado surrealista y misterioso asunto. Mientras tanto Robert tiene que abandonar sus experimentos científicos.

Personajes de este extracto.

Robert Farach.
Bhria Selena.
María Stradivarius.
Roland Makensie.
Michael Brouwer.
Alan Rodriguez.
Tito Pandela.
Mirto Caledonia.

Capítulo. 1º.

El doctor Robert Farach vivía una extraña vida haciendo experimentos en su estudio laboratorio. Poseía un espléndido ático que anteriormente había sido un palomar ahora reconvertido. Trabajaba para el manicomio privado “Paracelso” situado a solo dos manzanas de su casa.

Robert descendía de judíos sefarditas pero él no iba nunca a la sinagoga ni rezaba, en realidad su intenso trabajo le impedía pensar en Dios. Esa misma noche le avisaron del hospital propiedad de un hombre de las finanzas que nunca iba por allí. Cogió su maletín y salió aprisa corriendo entre las calles llovidas y desiertas de octubre, una extraña muchacha había sido ingresada de urgencias con síntomas muy preocupantes de hipotermia y completamente catatónica.

Cuando entró por la puerta trasera del hospital la doctora de guardia lo estaba esperando. Ésta le clavó la mirada cuando vio las pupilas de Robert aunque no dijo nada. Sin duda el doctor se inyectaba alguna sustancia para alargar sus largas horas de trabajos y experimentos o al menos ella lo intuía poderosamente. El doctor Farach buscaba un remedio para el cáncer y nunca lo diría, tampoco nadie sabía que el eminente psiquiatra judío investigaba la enfermedad más mortífera de la era moderna en todas sus variantes ni cómo de avanzadas iban esas investigaciones.

Roland Makensie era el hombre que llevó a la chica hasta el hospital; debía esperar a que llegara la policía para interrogarlo. La doctora María Stradivarius se lo presentó a Robert y tras esto el doctor se encerró con él en una habitación aislada para conocer todos los detalles escalofriantes de aquella historia a priori totalmente increíble.

Roland se encontraba muy nervioso y Robert consintió inyectarle un calmante tras reconocerlo, pasada una media hora la droga hizo su efecto y al encargado principal del cementerio municipal comenzó hablar. Al parecer la chica según decía había salido de un panteón preguntando dónde se encontraba su familia y qué sitio era ese. Al principio el terapeuta pensó que Roland estaba enganchado a algún alucinógeno así qué salió un momento de la estancia y pidió a la doctora que pidiese un informe toxicológico del sospechoso, la supuesta zombi se encontraba en esos momentos amarrada a una cama y drogada hasta las cejas pues intentó sacarle los ojos a un enfermero.

Cuando el jefe de detectives llegó al hospital Robert aún estaba reunido con Roland. Subió con el inspector de homicidios hasta la habitación de seguridad donde estaba recluida la chica, para entonces ya habían pedido todo tipo de informes sobre ella y sobre Roland Makensie. Pero todo parecía muy incierto…

La chica se llamaba Bhria Selena y según el informe había fallecido hacia tres días de una sobredosis de cocaína pura inyectada vía intravenosa, no tenía familia y se ganaba la vida vendiendo coches de alta gama para gente del mercado bursátil. Alta, elegante, de piel blanquecina pelo rubicundo y ojos verdes pardos. Una muñeca inteligente y preciosa que conocía a gente de las altas finanzas y hacia negocios con ellos.

Robert se marchó con Alan Rodriguez a la cafetería del hospital, el jefe de detectives descartó la posibilidad de que Bhria hubiese resucitado de entre los muertos y pidió tiempo para esclarecer la verdad, por esto dos policías de paisano custodiarían a la supuestamente “resucitada” hasta saber con certeza con qué estaban tratando, cuando por fin la mujer espabiló un poco, Farach subió a observarla y revisar el informe médico. Una vez lo hubo leído quedó si cabe más desconcertado el rostro del psiquiatra se tornó pétreo y frio. El capitán Alan se llevó detenido al sepulturero hasta nueva orden, quedando en verse con el doctor a la mañana siguiente.

Sin dilación y sobre las cuatro de la mañana Alan Rodriguez comunicó al psiquiatra que habían soltado a Roland. Todo había sido cotejado y tal como se preveía la chica había fallecido tres días antes y enterrada ante numerosos testigos muchos de ellos de prestigioso renombre en el mundillo de las finanzas. El capitán preguntó a Robert que había averiguado y éste le respondió que habían encontrado arenilla en sus pulmones y ni un resto de cocaína en su sangre, tampoco señales ni arañazos por lo que era improbable que ella sola hubiese podido salir de la caja y mucho menos partir la tapa, necesitaba saber algo más de cómo la bella mujer hubo conseguido salir del ataúd y abrir desde dentro la pesada puerta del panteón y por supuesto quedaba totalmente descartada la muerte por cocaína. El condecorado detective le dijo que el forense y otros agentes junto al sepulturero se encontraban inspeccionando la cripta y los alrededores del cementerio intentando encontrar pruebas fiables, también habían ido en busca del equipo médico que certifico su muerte. Ambos llegaron a la misma conclusión. Estaba muy claro que alguien debió ayudarla a salir de allí o nunca fue enterrada. Y si era así. ¿Cuál era el móvil de aquel misterioso asunto? A cada minuto que transcurría la situación se enrevesada más si cabe. Robert esperó a la mañana para volver a ver Bhria pues aún se encontraba muy sedada y no articulaba palabra, además continuaba completamente catatónica. ¿Estaría implicada o la habían utilizado con algún propósito?

Tal vez solo fuese una venganza y tampoco nadie podía creer que hubiese salido de la muerte cómo el bíblico Lázaro por obra de un milagro de Jesús de Nazaret, lo cierto es qué lo más razonable era pensar que todo había sido un montaje con algún oscuro propósito y en esta dirección se dirigió la investigación médica y policial.

 

Capítulo. 2.

Sobre las cinco de la mañana el doctor se marchó a su estudio a descansar. Una vez allí y tras darse una ducha reconfortante sonó el teléfono. Una voz masculina muy elegante apareció al otro lado del auricular, dijo: - Sé quién es usted y también lo que ha ocurrido a Bhria pero no puedo decírselo, si quiere saber algo más busque a un hombre llamado Tito Pandela tiene un local de copas para gente vips en el 358 de Rotterdam Avenue, el sitio se llama “358 Sniff”. No le dejarán pasar diga que va de parte de Brouwer y no se le ocurra decirle nada la policía o le matarán. Tras esto el desconocido colgó…

Tendría que aparcar sus intensos experimentos sobre el cáncer, sin duda aquello era un nuevo reto para la curiosidad del eminente psiquiatra, no sabía qué hacer, se sentía muy agotado, tampoco podía demorar aquel asunto demasiado, así que cogió su jeringuilla y se inyectó una dosis de aquel estimulante creado por el mismo, a saber que droga era, el caso es que quince minutos más tarde un taxi le llevaba en dirección al barrio más caro de la ciudad muy cerca de la bolsa y de los grandes entidades bancarias…

Allí estaba el local y el cartel discreto del 358 Sniff, dos hombres trajeados de aspecto elegante y gran corpulencia blindaban la puerta del local que se encontraba cerrada a cal y canto. Los dos guardias le vieron venir y no se movieron, Farach poseía un buen porte y también elegancia. Dijo, vengo de parte de Brouwer y sin dilación le abrieron la puerta y le dejaron pasar sin rechistar. ¿Quién será Brouwer? No dejaba de preguntarse, por momentos se arrepentía de haber hecho caso a la misteriosa voz del teléfono sin ni siquiera investigar la llamada. Ahora ya no podía volverse atrás…

Una chica de perfume narcótico y pelamen hechizante fue a su encuentro con una sonrisa capaz de descongelar a Walt Disney. Era la relación pública del local y se llamaba Rose McCormack. Robert quedó embelesado durante unos segundos no supo que decir luego exclamó que iba de parte de Brouwer y quería ver al señor Pandela. La exótica mujer le preguntó de parte de quién, él contestó que de Robert Farach, psiquiatra del manicomio Paracelso.

Tito Pandela rozaría la cincuentena. Alto, con traje a medida de seis mil euros y buenos modales, echaba de comer a sus peces en una gigantesca pecera que destellaba en el suntuoso despacho de unos cien metros cuadrados, desde una cristalera controlaba todo el local junto Rose que se fue de allí por indicación de su jefe. Robert le miró a los ojos y le estrechó la mano, seguidamente el dueño del local vips le preguntó en que podía ayudarle. El doctor sacó una fotografía de Bhria y le preguntó si conocía a la chica, Pandela dijo que sí, que ella le vendió un Ferrari 550 maranello hacia algún tiempo y que también solía cerrar sus tratos de ventas de coches allí normalmente a gente muy rica, solían ser modelos exclusivos difíciles de encontrar ¿Qué ha ocurrido? Exclamó el hostelero de lujo. Robert le comentó que Bhria había resucitado de entre los muertos la tarde anterior, Pandela sonrió y ofreció una copa a su anfitrión… - El sagaz doctor Farach quería ver que reacción tenía Pandela con su pregunta aunque no encontró nada anormal y aceptó de buen grado la copa de exquisito coñac carísimo. Tras servirle la copa lo miró algo más serio y le pidió sus credenciales antes le espetó: - ¿Conoce personalmente a Brouwer? El doctor sacó su documentación y dijo que no era asunto suyo si lo conocía o no, Pandela asintió y sentándose frente a él; le explicó que la bonita y sofisticada Bhria solía ir todas las noches y que consumía mucha coca, que a ninguno de los que la conocían les extrañó aquella sobredosis pero que ahora la cosa había cambiado, era de suponer que Bhria hiciese algo así. ¿Algo así? Dijo Farach. ¿A qué se refiere? Ha dicho usted que ha resucitado de entre los muertos. ¿No? Bueno, quería decir que no está muerta, aún no sabemos con certeza lo que ha ocurrido, lo estamos investigando. Respondió Robert. Pandela comenzó a sentirse inquieto algo le preocupaba y le aseguró al doctor que no diría más sobre ese asunto hasta no hablar con Brouwer. Está bien. Respondió Robert. ¿Puedo pedirle una última cosa? Dispare, doctor. ¿Me permite tomar una copa en su local ahora? Beba lo que quiera pero no hable de esa chica ahí abajo, ella debía mucho dinero a algunos prestamistas que se han quedado sin cobrar. En ese instante el móvil de Pandela comenzó a sonar… Espere doctor no se marche…

El dueño del 358 Sniff recibió una llamada inesperada de Michael Brouwer invitando a Tito a llevar al psiquiatra en busca de cierta persona de los bajos fondos que podría saber algo, uno de los de seguridad del local les acompañó, Farach no declinó la oferta, serían las siete de la mañana y el sol ya había salido de las tinieblas.

Cuando llegaron a casa de Mirto Caledonia este yacía muerto en la alfombra frente a su televisor. El propio Farach certificó su fallecimiento. Debemos irnos ahora doctor, tiene que acompañarnos ellos no tardarán en llegar. No, dijo él, me quedo a esperar a la policía, no se preocupe ya me advirtió Brouwer pero tengo que informar de alguna manera, Bhria esta custodiada en el hospital, lo entiendo dijo Tito, muy inquieto y con mucha prisa, ambos se estrecharon la mano y Pandela le dio una tarjeta para que entrase cuando placiese en el 358 Sniff…

Robert comenzó a curiosear mientras llegaba la brigada de narcóticos por supuesto no encontrarían nada que no fuese el cuerpo de Mirto, pero Robert si encontró algo. Una fotografía de Bhria junto a Mirto, en esta ambos iban en un yate abrazados por la Riviera italiana y parecían muy felices, también unos doscientos gramos de cocaína pura que el doctor guardó en su chaqueta, estuvo indagando por el apartamento y cuando comenzó a oír las sirenas vio algo que le puso la carne de gallina, en la estancia anterior a la salita que daba acceso a la puerta de atrás de la casa vio un pequeño laboratorio a saber para manipular sustancias pero también vio a un hombre muerto conservado en formol, varias cabezas de seres humanos y pequeños animales, todos metidos en enormes recipientes de cristal. Así que salió algo aterrorizado por la puerta de atrás a toda prisa. ¿Qué le diría a al jefe de detectives? No podía revelar la fuente de Michael Brouwer y todo aquello comenzaba a ponerse demasiado macabro y espeluznante con su vida en juego, apresurado echó a correr saliendo por la puerta trasera que lindaba con la autopista, tuvo algo de suerte y logró parar un taxi…

Cuando arribó al hospital la entrada se encontraba atestada de coches de policías y toda la zona acordonada, algo grave había ocurrido, Farach se apresuró hacia la puerta trasera, el capitán Alan Rodriguez le vio llegar. Tiene usted mal aspecto. ¿De dónde viene? Farach dijo que de tomar una copa y cambió de conversación con la maestría que le caracterizaba. Al parecer dos encapuchados habían irrumpido en el manicomio con gases lacrimógenos y habían raptado a punta de pistola a Bhria Selena. No sabemos nada más. Agregó el detective. Robert preguntó si hubo víctimas en el asalto Alan respondió que no, que todos estaban bien, algunos locos intentaron huir pero todo ha sido controlado, concluyó. ¿Le apetece un café doctor? No capitán, me marcho a descansar. Bien mañana le espero en la comisaría sobre las doce, no falte hay asuntos que debemos tratar, la investigación está bloqueada, en principio todo apunta a que la chica había sido enterrada, las pruebas así lo determinan, cómo lo han hecho lo ignoro. No hay túneles, ni nada que indique pensar que todo ha sido un montaje. ¿Cree qué ha podido resucitar medicamente hablando? ¿Qué hay de los médicos qué le diagnosticaron la sobredosis? Infirió Farach. Todo está en orden, las muestras de sangre de la fallecida indicaban sobredosis y hay restos alarmantes de cocaína pura, no hemos podido determinar ningún tipo de chanchullo, los médicos que la atendieron están libres de sospechas, nos encontramos en un callejón sin salida doctor, tal vez usted pueda ayudarnos. Si no me quedará otro remedio que archivar el caso. Mis análisis no muestran restos de ningún tipo de droga detective, debería investigar a esos médicos, sus índices muestran los de una chica sana, no lo entiendo. Agregó el psiquiatra. Lo sé respondió Alan que conminó al médico a presentarse en la comisaría al día siguiente a las doce sin darle más importancia a los datos analíticos que le hizo Farach a la chica.

Robert Farach quedó desconcertado logró disimularlo y guardó silencio. Al jefe de detectives se le había pasado por alto los análisis que el doctor hizo a la joven cuando ingresó y en los que constaban claramente que la paciente no tenía restos de cocaína en la sangre ni ningún otro tipo de sustancia sospechosa. Así es que a priori no había callejón sin salida. Qué extraño, pensó. Comprendió sin embargo que los buenos detectives siempre guardan sus pistas más valiosas. Tenía miedo tras ver todo aquello en casa de Mirto Caledonia y además llevaba doscientos gramos de cocaína en su chaqueta, sin demorarse regresó apresurado y algo asustado a su apartamento debía descansar y poner sus ideas en orden si es que lograba conciliar el sueño.

 

 

 

Fin capítulo 2º. Continuará...

Autor novela: Jorge Ofitas. ®.
Europa. 2015. 2017. ®.
Todos los derechos reservados. ®

Nota del autor: Esta obra literaria está protegida por derechos de la propiedad intelectual ante su inminente edición. Se publicarán más contenidos en función de las peticiones DE LOS LECTORES. 

Nº visitas

20508

Mis ebook en

  • Icon 01
  • Icon 04
  • Icon 05
  • Icon 01
  • Icon 04
  • Icon 05
UA-99982081-1
Las cookies facilitan que puedas leer mis obras. Para poder leerlas, usted debe aceptar que utilizo cookies.
Más información De acuerdo Rechazar