Las acelgas de doña Justa de León. ®.

Las acelgas de doña Justa de León y venta manchega las lentejas.

Iba el hidalgo don Quijote buscando a su fiel Sancho; que se había extraviado por aquellas tierras de almazaras y castillos vencidos. Hizo fuego pues le sorprendió la noche entre aquellos prados molineros y comió un conejo asado que capturó con un gazapo casi oxidado que aseguraba haber heredado del mismísimo don Rodrigo Díaz de Vivar. ¿Dónde habrá ido mi escudero que hace días qué no le veo? Exclamó a los vientos el Hidalgo. - Al amanecer apareció el gordete doblado de cerviz y soltando estridencias humosas desapacibles y con atisbos de caldillo refulgente y vigoroso, fue por estos ruidos anales de su inseparable por lo que despabiló y despeinado y paliducho se levantó para esparcir por la tierra, los caldos asentados de la nocturnidad. Don Quijote aprovechó la sonata del escudero para intentar romper con un pedo ventolera su mal asado conejo, que se le quedó pegado en su estómago como a Sancho Panza se le embadurnó las nalgas de diarreas traidoras y menguantes, por las acelgas mal cocinadas de Doña Justa de León. 

- Sancho ahí cerca está la venta de la que os hablé cuando andabas con el paladar adormecido por las acelgas de Doña Justa de León. -

- Espero amado Don Quijote que sean menos sabrosas y más llevaderas. 

- Estas lentejas llevan chorizo y morcilla y vino de valdepeñas. ¿Será posible que mi amada Dulcinea del Toboso esté en esa venta?

- Dulcinea no es aficionada a las lentejas y vos noble caballero sigue que sigue... 

- Echo de menos mi Toboso leal escudero. 

- Y yo que pensé que volveríamos a nuestros campos molineros.

- Acemilero, acemilero. Soy yo, el gran Hidalgo don Quijote, ah de las cuadras. 

- Don Quijote, aquí no hay cuadras solo un abrevadero en la puerta de la venta. Ahí viene el mozo de los jamelgos. –

- Amado Sancho, le esperaré dentro, pediré las lentejas y un barro de vino de valdepeñas.

Esto no es la venta las lentejas es venta las tejas. Dijo el despachador de la alhóndiga. -

- Embaucador de caminantes te atravesaré con mi lanza si no me pones esas lentejas con chorizo que guardas.

No creo, dijo el ventero, que arreó un martillazo al Hidalgo en una de sus hombreras que a punto estuvo de descalabrarlo. - Sancho lo sacó de allí riéndose y afirmando que tendrían que dar por buenas las acelgas de doña Justa de león. 

FIN

Autor fábula Quijotesca: Jorge Ofitas. 

Sevilla. 2011. ®. ©. 

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