Robin Hood en su pelo. ®.

Martes, 19 Octubre 2021. Articulo en Filosofia y parasicologia Visitas : 272

 

 

Robin Hood en su pelo. ®.
Fantasía Multiverso.
Relato cómico surrealista.
Jorge Ofitas. ®.

Serenato vio su melena preciosa y aromática como un bosque abundante y encrespado, más al acercarse en silencio por un aroma robado, encontró en su pelo a Robin Hood enamorado: Él le apuntaba con su arco y se encontraba colgado de un mechón. Por supuesto su tamaño era diminuto.

- ¿Qué miras Serenato? – Dijo ella –
- No es nada, tenías una pelusa en el pelo.
- Gracias, había notado un cosquilleo.

Sin embargo Serenato sí que había visto algo dentro del pelo de Augusta sólo que no podría investigarlo porque no tendría muchas más oportunidades de estar tan cerca, aun así seguía mirando de reojo a Robin Hood escondido en un rizo seguía apuntándole con su arco con su bien ganada fama de no fallar ni una flecha.

- ¿Te gusta Robin Hood? Augusta…
- ¿Qué es eso? Serenato.
- Fue un rebelde inglés medieval que se escondía…
- Ah, ya lo recuerdo. Ese que robaba y se lo daba a los pobres.
- Así es, Augusta. Y tenía una pandilla de amigos arqueros que le apoyaban.
- Es tan antiguo y aun se habla de eso…
- Es que Robin Hood está escondido en tu pelo…
- Ja, ja, ja. Qué lindo eres, que romántico. Creo que me gustas… Tú nombre no mucho, gracias…

Aprovechando el cumplido Serenato fue a pillar a Robin Hood con su mano pero este le disparó una flecha que le dio de lleno en un párpado y oyó una lejana vocecilla proveniente de la melena aromática.

- ¡Eh! Tú. ¡Ni se te ocurra acercarte al bosque de Augusta! He podido dejarte tuerto, estás avisado y dale todo el dinero que tengas, ahora ya o te quedarás ciego. Presuntuoso ricachón…
- ¿Qué te ha pasado en el ojo lo tienes turbio? – Dijo la bonita Augusta -
- Robin Hood me ha disparado una flecha desde tu pelo.
- Ja, ja, ja, ja, ja... 

Tras reírse Augusta besó con tanta pasión a Serenato que este perdió la noción de la realidad sin darse cuenta que le disparaban cientos de flechas desde la melena aromática de Augusta y no era otro que el propio Robin Hood y sus amigos. Así es que Serenato perdió el conocimiento y quedó con muchos moratones que parecían picaduras de mosquitos Augusta creyó que era una urticaria o una reacción somática a su intenso beso pasional.

Estaba muy claro que Augusta ignoraba que su pelo era el bosque de Sherwood lo que no imaginaba Serenato es que en su pelo se estaba erigiendo el castillo medieval de Nottingham. Augusta tampoco veía lo que estaba aconteciendo en el pelo de Serenato.

- ¿Te veo cariacontecido?
- Solo falta que aparezca Juan sin Tierra.
- ¿Por qué estás así? Amorcito. – En el momento que ella dijo amorcito a Serenato Robin Hood lanzó una flecha certera a la entrepierna de Serenato que no pudo evitar exclamar:
- Ay, ay, ay. Maldito hijo de…
- ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado?
- Quitando que me ha salido un castillo medieval de Nottingham en mi cabeza lo demás no va mal…
- Bésame cómo sabes hacerlo… Señor de Nottingham… Ja, ja, ja…
- Noooo. Ahora no puedo besarte. Debo ir al médico después te veré…

Serenato ansiaba besarla no podía porque Robin Hood le miraba con su arco desde el pelo de Augusta, él y todos sus compinches del bosque de Sherwood. Y así fue como Serenato se fue en busca de un psiquiatra para contarle su grave problema aunque las sorpresas no habían hecho más que empezar.

- Pase, acomódese. Bueno, dígame. ¿Qué le ocurre?
- Doctor, quizá no lo vea pero me está creciendo un castillo de Nottingham en mi cabeza.
- Si, lo veo, perfectamente.
- ¿Puede verlo, doctor?
- Coja su abrigo, salgamos de aquí, debo contarle algo de hombre a hombre, vayamos a la cafetería. Este asunto supera todas las expectativas y todos los análisis clínicos que pueda hacerle.

Antes de contarle nada el psiquiatra exigió a Serenato que relatase todo lo que le había acontecido desde que se inició aquel misterioso asunto, cuando concluyó, el psiquiatra se quedó mirándole fijamente y se le escapó una lágrima fugitiva.

- Doctor, doctor. ¿Se encuentra bien?
- Sí. Serenato, gracias es al recordar.
- ¿Recordar? ¿El qué? Doctor.
- En mí pelo un buen día se creó el octubre rojo, ya sabe la famosa revolución bolchevique y mi esposa tampoco podía verlo. Por entonces ella no tenía en su melena ningún ocupa ilustre de las historias y leyendas humanas, hasta que un día…
- ¿Qué ocurrió?
- Comenzó a fundarse en su pelo enrevesado el III Reich.
- No puedo creer eso.
- Créalo.
- ¿Y qué hizo, doctor?
- Hitler en miniatura estaba todo el día observando los movimientos de mi cabeza con Stalin al mando de todos aquellos revolucionarios rusos en mi hondo pelamen que soltaban cañonazos de piojos contra el pelo de mi mujer, mientras tanto Hitler envió una compañía de las SS para ocupar mi cabeza, fue terrible mi mujer y yo acabamos tirándonos de los pelos pues ella no veía nada de esos seres que anidaban en la cabellera al final acabé en la cárcel por unos arañazos, solo quería explicarle lo que ocurría.
- ¿Desaparecieron?
- Cuando consiguieron su objetivo que no era otro que provocar el divorcio enemistado entre nosotros, yo la amaba, sabes Serenato.
- No hay medicinas, tratamientos. ¿Y si consigo que se rape el pelo? Al lavarlo se irán todos por la cañería.
- Imposible. Si rapas la cabeza siguen allí pues saben que solamente tú puedes verlos. No sirve de nada rapar el pelo.
- ¿Y si me pongo un exterminador de piojos? Doctor.
- Se multiplican a velocidad luz, no se irán hasta conseguir su cometido.
- Pues estoy apañado, perderé a Augusta para siempre…
- A lo mejor su destino no es el mismo que el mío, no tire la toalla e intente no entrar en provocaciones ni de Robin Hood ni de nadie.
- ¿Y mi vida amorosa y sexual? Él y sus amigos no me dejan acercarme.
- Tendrá que adaptarse aguantar el dolor o perderla. Usted verá. Le veré dentro de un mes y no cuente esto a nadie o lo ingresarán en una clínica.
- ¿Para el pelo?
- No para el pelo, para la cabeza… Te pondrán una camisa de fuerza. Procure mantener esto en el más absoluto secreto porque tampoco estoy seguro de que sea contagioso…
- Muy bien, doctor. Le veré dentro de treinta días.
- Suerte, Serenato. ¡Llámeme si me necesita! ¡Y no olvide que la solución está en la unión de los opuestos!

Serenato veía el castillo y también al señor de Nottingham vestido de negro que se le colocó con su espada en la punta de la nariz exclamándole:

- Siento ocupar tu testa romántico idiota una vez hayamos acabado con Robin Hood y su pandilla te dejaremos en paz pero si lo ayudas te aseguro que te quedas sin huevos. Soy el señor de Nottingham, está vez no te haré daño, notarás cosquilleos en tu cabeza o en tus orejas y si te da por raparte nos esconderemos en esas dos bolitas que tienes en la entrepierna y creerás que en vez de cojones tienes una fábrica de micro pellizcos.

Serenato dijo que sí a todo y el señor de Nottingham le dio un beso cínico y desapareció entre el pelamen del joven enamorado pues esa tarde se iría con Augusta a hacer el amor a un monasterio retirado y reconvertido en balneario y centro de descanso. Lo bueno es que nadie podía ver a Robin Hood ni a al señor de Nottingham con sus guerreros y sus brujas. Entonces pensó, que debía ser un ser despreciable para que le hubiese tocado vivir aquella experiencia. ¿Se habría vuelto esquizofrénico? Posiblemente no, pues el psiquiatra había sido víctima de una situación similar. ¿Qué quiso decir con que la solución estaba en la unión de los opuestos? ¿Sería que Augusta y el debían darse un cabezazo y así desaparecería toda aquella ilusión que hacia pupa?... Lo peor estaba por llegar porque un diminuto fraile se le colocó en la oreja y le susurró:

- Lady Marian, busca a Lady Marian y tras esto el monje chiquitito desapareció…

¿Quién era Lady Marian se preguntó? Si Augusta lo pillaba buscando a otra mujer seguramente la cosa le iría mucho peor que con Robin Hood y el señor de Nottingham. Olvido al monje y fue en busca de su amorcito entonces el señor de Nottingham le susurró en una oreja.

- Necesito que te acuestes con esa mujer que amas para así poder coger a ese bandido. ¿Me ayudarás? Se cree ese Robin Hood que va a quitarme el trono y además quedarse con Lady Marian ni se lo sueñe…
- Por supuesto señor de Nottingham, por supuesto… Lo que usted diga… ¿Me permite una pregunta?
- Una sola, bribón.
- ¿Quién es Lady Marian y dónde está?
- Eso, no puedo contestarlo. Haz lo qué te digo…

Así es que Serenato se marchó con Augusta a pasar un fin de semana al monasterio de relax y finalmente comenzaron a besarse ajenos a que sus cabelleras se habían enredado entre sí debido a la lucha que comenzó entre Robin Hood sus amigos y el señor de Nottingham. Estaban tan enamorados que ni siquiera se percataron de la batalla de poder que anidaba en sus pelos y después de amarse durante varias horas quedaron dormidos.

Cuando Serenato despertó oía cantos de pájaros y aromas de bosques y flores y Augusta no se encontraba a su lado. ¿Dónde habría ido? Porque aquello no era el monasterio sino el bosque de Sherwood. Abrió los ojos y a su lado había un arco con flechas. De repente un fraile barrigón se le acercó junto a todos sus amigos del bosque de Sherwood, no había visto a ese hombre en su vida pero si conocía a un rey que se acercaba con Augusta de su brazo. Ella, se acercó y le dijo a Serenato.

- ¡Despierta Robin! El mismísimo Ricardo corazón de león ha venido a agradecerte haber vencido al señor de Nottingham que quería usurparle el trono.
- ¿Augusta? ¿Qué ropas llevas? ¿No sé de qué me hablas?
- ¿Augusta? ¿Quién es esa? Me llamo Lady Marian y soy prima del rey Ricardo que ha vuelto de las cruzadas para cazarnos en el bosque de Sherwood. Te amo Robin.
- Había soñado que vivía en tu pelo amada Marian pero nunca soñé que desearas casarte conmigo. Me siento aturdido.

Cuando el rey Ricardo corazón de león fue a tenderle la mano a Serenato que seguía sin comprender como se había convertido en Robin Hood, comprobó que su majestad era la misma persona que el psiquiatra que fue a ver supuestamente en su pesadilla para tratar sus visiones violentas en el pelo de su amada y en el suyo, pero el monarca no lo reconoció en ese instante y finalmente fue acuciado para que se levantase de la hojarasca y se dirigiera al altar donde le esperaba su amada Augusta, perdón quería decir Lady Marian. Así fue como el famoso arquero; se convirtió en el amor de la bella Lady Marian siendo, Robin Hood en su pelo.

FIN

Autor relato: Jorge Ofitas. ®.
Spain. 2019. ®. Europe. 2021. ®.

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